segunda-feira, 28 de fevereiro de 2022

1943

1 de agosto Dice Jesús: «Cuando una criatura es realmente hija de su Señor, sufre tanto las injurias que ven que le hacen, que ninguna alegría de la tierra, ni siquiera la más santa y grande, puede consolarla. Mi Madre, y con ella tantas santas madres de la antigua y nueva Ley, no se sentía felicísima en su felicidad de madre y Madre de Dios, porque veía que Dios no era amado en espíritu y en verdad más que por unos pocos. La gracia que le inundaba el alma con su plenitud, le anticipaba el conocimiento del sacrilegio con el que la verdadera arca de la Palabra de Dios habría sido tomada, profanada, asesinada por un pueblo enemigo de la Verdad. No ha muerto por este conocimiento, como la nuera de Elí, porque Dios la socorrió, debiéndole ahorrar el dolor total, pero por él agonizó durante todo el resto de la vida. Mi Madre llevó la cruz antes que Yo. Mi Madre conoció las torturas atroces de los crucificados antes que Yo. Comenzó a llevarla y a conocerla desde el momento en que le fue revelada su misión y mi misión. Yo con mi Sangre, María con sus lágrimas, os hemos obtenido el perdón de Dios. ¡Y lo tenéis en tan poca consideración! Las criaturas que aman a Dios de amor verdadero sufren por las injurias hechas a Dios como por espadas traspasadas en el corazón e incluso mueren por ello: víctimas cuyo holocausto es como incienso suave que perfuma el trono del Señor y como agua que lava las culpas de la tierra. "Si volvéis a Dios con todo el corazón, quitad del medio a los dioses extranjeros; preparad vuestros corazones para el Señor y servidle sólo a El, y El os librará de las manos de los Filisteos" dice el Libro. A un pueblo no le basta, para ser salvado, el sacrificio inocente de quien muere de dolor por ver ofendido a su Dios y heridos los culpables por la justicia divina. Es necesario que todo el pueblo vuelva al Señor. Yo he dicho: "No los que dicen: Señor, Señor, sino los que hacen las obras que digo que hagan, serán escuchados y entrarán en mi Reino". Entonces: ¿hacéis vosotros las obras que Yo os digo que hagáis para vuestro bien? No. Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón no está conmigo. No soy Yo quien reina en vuestros ánimos. El puesto está ocupado por falaces deidades que os malogran y no sabéis libraros de ellas. Vuestra soberbia impide que vuestro corazón se deshaga en el dolor por haber ofendido a Dios y exprima, en el dolor, el agua del llanto que limpia. Vuestra incontinencia ante los estímulos de la carne impide que salgan pensamientos puros de vuestro corazón. Vuestra dureza impide que vuestro corazón sea misericordioso y quien no tiene misericordia no recibe misericordia de Dios. ¡Cuántos dioses tenéis en vuestro corazón en lugar del Dios verdadero! Y así Yo no puedo liberaros de las manos de los Filisteos. Liberaros de ellos con la plenitud de la liberación. Cae uno de vuestros enemigos, pero surgen dos 69. ¿Quizás soy injusto? No. ¿No hacéis vosotros lo mismo, vosotros que leváis, si lo leváis, un vicio de vuestro corazón y metéis otros siete y tres veces siete? 69 Sobre una copia mecanografiada, la escritora anota al pie de la página, a lápiz: efectivamente ahora tenemos dos (28-9) 130 ¡Oh! hijos ¡hijos que me obligáis a castigaros! ¡A castigaros a todos, porque para sancionar a un Pueblo que ha caído en el triple y séptuplo pecado, debo sancionar también a los santos que están entre ellos! Pero Yo enjugo las lágrimas de los santos, mientras que las lágrimas de los rebeldes, arrancadas no por el santo dolor del espíritu, sino por el pesado dolor de la carne que sufre como en los seres inferiores y que en el llanto se rebela e impreca a su justo Dios, serán enjugadas por el hálito de los demonios. Y os aseguro que el fuego que ahora os quema., bajando desde lo alto sobre vuestras máquinas de infierno, no es nada respecto de la llama que os rodeará del peor tormento: no ver nunca a vuestro Dios». Dice Jesús: «Si tomáis en consideración mi expresión: "En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os precederán en el reino de Dios" podéis entender cuál sea la potencia del creer, cuando es absoluto y recto en la intención. También por esto os digo que no juzguéis a ninguno de vuestros hermanos y no digáis, neciamente: "Yo estoy tranquilo acerca de mi alma porque no he cometido culpas graves". No, en verdad vosotros cometéis una culpa mayor que la del publicano y la de la meretriz porque ellos están dominados por la pasión de la carne mientras que vosotros sois desordenados en las pasiones de la mente. Faltáis a la caridad y por esto ofendéis a Dios, faltáis a la humildad y por eso le disgustáis, faltáis a la contrición y por eso hacéis que se vuelva severo. El pobre publicano, la pobre meretriz, que han podido ser llevados a ser tales por tantos motivos, cuando se encuentran con la mirada de Dios creen en Él y van a Él con toda su fuerza de fe, de amor, de humildad, de arrepentimiento. Y entonces no se trata sólo de un lavado superficial, sino que es una saturación de mi Poder la que les cura y les convierte en héroes. ¡Pero vosotros!... ¡Sois tan pocos los capaces de permanecer firmes en la fe en su Dios! Mira, María: como la nieve que cae en copos de las nubes, así caen las almas por falta de fe. Y si antes era una nevada lenta, ahora se repite cada vez más como tormenta. ¡Pobres almas! Tendrían tanta necesidad de creer para salvar algo de su espíritu ya tan herido. En cambio ya no saben creer. ¿Y entonces en qué creen si no creen en Mí, eterno? Vivir sin creer es imposible. Quien no cree en Dios, en el Dios verdadero, creerá por fuerza en otros dioses. Quien no cree en ningún dios creerá en los ídolos, creerá en la carne, creerá en el dinero, tendrá fe en la fuerza de las armas. Pero en definitiva, no se puede estar sin creer en nada. La oscuridad del alma que no tiene fe en ninguna cosa humana o sobrehumana es peor que la oscuridad que envuelve al ciego. Sólo le queda matar el alma y el cuerpo con muerte violenta. Cuando Judas no creyó más en Mí, ni en la satisfacción del dinero, ni en la protección de la ley humana, se mató. ¿Remordimiento por el delito? No. Si hubiera sido eso se hubiera matado inmediatamente después de darse cuenta de que Yo lo sabía. Pero no entonces, ni después del beso infame y mi saludo amoroso, no entonces, ni cuando vio que me escupían, me ataban, me arrastraban entre mil insultos. Sólo después de haber entendido que la ley no le protegía -la pobre ley humana que con frecuencia crea o instiga al delito, pero después se desinteresa de sus ejecutores y cómplices, y llegado el caso se vuelve contra ellos y tras haberles usado les hace enmudecer para siempre suprimiéndoles- y sólo después de haberse dado cuenta de que el poder y el dinero no le llegaban o eran demasiado mezquinos como para hacer felices, sólo entonces se mató. Estaba en la oscuridad de la nada. Se lanzó a la oscuridad del infierno. 131 El mundo se está convirtiendo en un caos sin luz porque la luz del creer se apaga cada vez más en los corazones. Es una muerte espiritual que horroriza a los espíritus que viven en Mí. Por eso os digo que si un publicano o una meretriz creyeran en Mí, os precederían en mi Reino. Porque quien realmente cree en Mí vive obediente a mi Palabra. Si es pecador se redime, si está sin culpa se preserva de la misma. De un modo y del otro, Yo, Perdón y Amor, espero a quien cree en Mí para coronarlo de gloria». 2 de agosto «Tenlo por seguro. Quien me tiene a Mí lo tiene todo. No tendrá más hambre ni más sed, según mi promesa, porque cree en Mí. No hablo del hambre y de la sed del pobre cuerpo. Hablo del hambre y de la sed de vuestro corazón, de vuestra alma, de vuestro espíritu. Tan sólo el pensamiento de que me tienes cerca te consuela, te sostiene, te nutre totalmente. No, no me canso de estar cerca de ti. Jesús no se cansa nunca de estar cerca de sus pobres hijos que sin Él son tan infelices. Mira si me canso acaso de estar en las iglesias esperándoos, encerrado en un poco de pan para asumir una forma visible para vuestra materialidad. Las almas que el Padre me ha dado son el tesoro más dulce que Yo tenga. ¿Puedes dudar de que Yo trate con amoroso respeto cuanto me ha sido dado por mi Padre? He bajado del Cielo, donde estaba beatífico en la divinidad excelsa de mi Esencia, para cumplir este deseo del Padre de salvar el género humano creado por Él. Circunscrito, Yo el Infinito, a un poco de carne; humillado, Yo el Potente, con figura de hombre oscuro; pobre, Yo el Dueño del Universo, en un pueblecillo cualquiera; acusado, Yo el sin Mancha, el Purísimo, de todas las culpas morales y espirituales como rebelde ante la autoridad humana, subversor de los pueblos, violador de la ley divina, blasfemador de Dios; todo lo he padecido, todo lo he cumplido para hacer realidad el deseo del Padre. No, no me canso de estar contigo. Te espero. Cuando llegue tu hora, subirás conmigo a la vida eterna, porque está reservada para quien cree en Mí. Ya te he dicho 70 cómo aquel que cree, que realmente cree, se salva. Porque la fe lleva consigo las otras virtudes y hace practicar las virtudes y la Ley». Siempre el 2 de agosto. Dice Jesús: «Di al Padre 71, que pide un signo para persuadir a los hermanos de ciertas verdades que no se pueden negar, que le doy la misma respuesta que al rico Epulón: "Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco escucharán aunque un muerto resucite". Si no escuchan la voz de su conciencia inspirada por Mí, que grita sus advertencias indiscutibles y verdaderas, si sofocan bajo la incredulidad incluso el resto de sensibilidad que les queda, ¿cómo quieres que escuchen otras cosas? Si no inclinan la frente ante la realidad que les sorprende y no recuerdan, no entienden, no admiten nada, ¿cómo quieres que crean en un signo? Incluso me niegan a Mí, a pesar de que dicen que no me niegan; ellos son los "doctos" y han sofocado la bella, santa, sencilla, pura capacidad de creer, bajo las piedras y los ladrillos de su ciencia, demasiado embebida de tierra para poder entender lo que no es tierra. 70 En los dictados del 18 de julio y del 22 de julio 71 Padre Migliorini 132 ¡Ah! ¡María! ¡Cuánto dolor tiene tu Jesús! Veo morir lo que Yo he sembrado a costa de mi muerte. Pero ni aunque Yo apareciese me creerían. Pondrían en movimiento todos los utensilios de la ciencia para pesar, enumerar, analizar la maravilla de mi aparición, exhibirían todos los razonamientos de su cultura, molestando a profetas y santos para citar, al revés y en el modo en que les es más cómodo, las razones por las cuales Yo, Rey y Señor de la Creación, no puedo aparecer. También ahora, como hace veinte siglos, los sencillos, los niños me seguirían y creerían en Mí. Los sencillos, porque tienen el mismo corazón, virgen de racionalismo y de desconfianza y de soberbia de la mente, de párvulos. No. No encontraría en mi Iglesia a los capaces de creer. Es decir, en el gran ejército de mis ministros encontraría algún alma que ha sabido conservar la virginidad más alta: "la del espíritu". ¡Oh santa virginidad del espíritu! ¡Qué preciosa eres, querida, predilecta de mi Corazón que te bendice y te prefiere! ¡Oh santa virginidad del espíritu, que conservas el candor del Bautismo en las almas que te poseen, que conservas el ardor de la Confirmación en las almas que te conservan, que mantienes la nutrición de la Comunión en las almas que a ti se abandonan, que eres Matrimonio del alma con Jesús Maestro y Amigo, que eres Sacerdocio que consagras en la Verdad, que eres Aceite que limpias en la hora extrema para preparar la entrada en la morada que os he preparado! ¡Santa virginidad del espíritu que eres luz para ver, sonido para entender, cuán pocos te saben conservar! Ves, alma mía. Son pocas las cosas que Yo condeno severamente como esta del racionalismo que viola y desconsagra y mata la Fe, digo Fe con mayúscula para decir Fe verdadera, absoluta, real. Yo lo condeno como mi sicario. Es el mismo que Me mata en los corazones y que ha preparado y prepara tiempos muy tristes para la Iglesia y el mundo. He maldecido otras cosas. Pero ninguna maldeciré como ésta. Ha sido la semilla de la que han venido otras, otras, otras doctrinas venenosas. Ha sido el pérfido que abre las puertas al enemigo. En efecto ha abierto las puertas a Satanás que nunca, como desde que reina el racionalismo, ha reinado tanto. Pero está dicho: "Cuando el Hijo del hombre venga no encontrará fe en los corazones". Por ello el racionalismo hace su obra. Yo haré la mía. Bienaventurados los que, como cierran la puerta al pecado y a las pasiones, saben cerrar en la cara las puertas del templo secreto a la ciencia que niega, y viven, solos con el Solo que es Todo, hasta el final. En verdad te digo que estrecharé contra el corazón al desgraciado que ha cometido un delito humano, y se ha arrepentido de él, con tal de que haya admitido siempre que Yo lo puedo todo, pero tendré rostro de Juez para aquellos que, en base a una doctrinaria ciencia humana, niegan lo sobrenatural en las manifestaciones que el Padre quisiera que Yo diera. Uno nacido sordo no puede oír, ¿verdad? Uno que tenga los tímpanos rotos por infortunio no puede oír, ¿verdad? Sólo Yo podría darles el oído con el toque de mis manos. Pero ¿cómo puedo dar oído a un espíritu sordo si este espíritu no se deja tocar por Mí? Respecto a las preguntas del Padre sobre el antagonista último, dejamos el Horror envuelto en la sombra del misterio. De nada os sirve conocer ciertas cosas. Sed buenos y basta. Vuestra bondad dadla, con anticipo al momento, con el fin de abreviar la duración del reino monstruoso sobre la raza de Adán. Respecto al tiempo... 1000,... 2000,... 3000, son formas para dar una referencia a vuestra mentalidad circunscrita. Es tan cruel la bestial soberanía del hijo del Enemigo -"hijo no de querer carnal" sino de querer de alma que ha alcanzado el vértice y la profundidad de la ensimismación con Satanás- que cada minuto será día, que cada día será año, que cada año 133 será siglo para los vivientes en aquella hora. Pero respecto a Dios cada siglo es milésima de segundo, porque la eternidad es un ser de tiempo cuya extensión no tiene límite. Es tan desmesurado ese horror para los hijos de los hombres sumergidos en él, que, en comparación, la oscuridad dé la noche más oscura será luz de sol meridiano. Su nombre podría ser "Negación". Porque negará a Dios, negará la Vida, lo negará todo. Todo, todo, todo. ¿Creéis estar ya? ¡Oh! ¡Pobrecitos! Lo que vivís es como un lejano murmullo de trueno. Entonces será estruendo de rayo sobre la cabeza. Sed buenos. Mi misericordia está con vosotros». Por la noche del mismo 2 de agosto reaparece Jesús doloroso ensangrentado, Aquel que se ha estrujado a Sí mismo para hacerse licor de vida por nosotros. Está tristísimo. Sólo me dice dos palabras: "¡Sufro tanto!". Pero me las dice prácticamente moviendo los labios. No es como las otras veces que le veo triste o sonriente pero siempre con la boca cerrada, aunque su palabra toca mi espíritu. Ahora mueve los labios y dice: "¡Sufro tanto!" y el acento es tan triste, tan abatido, que me hiere como una espada. ¿Por qué sufre, especialmente esta noche mi Jesús? ¿Quién lo ha herido, haciéndole sangrar y llorar? ¿Qué puedo hacer para hacerle sonreír? Entiendo que una culpa grave, no sé por parte de quien ni dónde, se ha cometido esta noche. Y no entiendo nada más. Hoy he podido rezar poco, ocupada con los deberes de la hospitalidad. Pero la caridad hacia los peregrinos es siempre oración, ¿verdad? Por lo cual no pienso que sufra por mí, y esto me tranquiliza. 3 de agosto Mañana He estado con Jesús en la tortura. Esta noche he creído tener que morir por sofocación. ¡Qué sufrimiento! Menos mal que estaba El que me ayudaba. Mirando su sufrimiento me daba ánimo para sufrir. ¿Habrá servido mi agonía para consolar a mi Jesús? Si hubiera servido, quisiera sufrirla todas las noches para enjugar su llanto y no oír más ese lamento, dicho con tanto dolor: "Sufro tanto". 4 de agosto Dice Jesús: «Perder la vida, suma desgracia para el hombre que vive en la carne y en la sangre, no es una pérdida, sino una ganancia para el hombre que vive de Fe y de espíritu. Por esto Yo he dicho: "No temáis a los que pueden matar el cuerpo". Yo estoy junto a los inocentes, matados por cualquier causa de crueldad humana; estoy junto a los mártires como junto a los soldados; estoy junto a los oprimidos bajo un yugo familiar que llega al delito, como junto a los suprimidos con medios maldecidos por Mí en las guerras sacrílegas y feroces. Digo: sacrílegas. ¿Y qué otra cosa podría decir? ¿No es violar mi ley actuar con prepotencia usando y abusando de la fuerza por motivos de orgullo humano que tienen como fruto la destrucción de vidas y de conciencias? ¿Y qué mayor templo que el corazón del hombre por Mí creado y donde Yo debería habitar? ¿Pero puede habitar el Dios de la Paz donde hay pensamientos de guerra? ¿Habitar donde bajo la éjida de la guerra el hombre se 134 permite licencias culpables? ¿Habitar donde bajo la ráfaga de la guerra muere la fe y es remplazada por la no fe, muere la esperanza y es remplazada por la desesperación, muere la caridad y es remplazada por la ferocidad, muere la oración y es remplazada por la blasfemia? ¿No son, éstas, profanaciones de un corazón? ¿Y quién profana no comete sacrilegio? Por esto Yo he dicho: "No temáis a quien mata el cuerpo y no puede hacer nada más". Yo consuelo en la hora de la prueba a los matados injustamente, y ello es garantía de que después de aquella hora viene la Luz que beatifica. Pero os digo: "Temed a aquel que, después de haberos matado, os puede echar en la gehenna". ¿Matar cómo? ¿Matar qué? Vuestra alma y vuestro espíritu. El alma que es el arca, el arca santa, el sagrario que contiene el espíritu, que es la gema tomada por la mano de Dios de los inmensos tesoros de su Yo para ponerla dentro de la criatura: signo que no se puede negar de vuestro origen de hijos míos. Como la sangre en las venas, está el espíritu en el interior de vuestra carne. Y como la sangre da vida a la carne para vivir los días de la tierra, así el espíritu da vida al alma para vivir los días que no tienen fin. Por lo tanto la pérdida, sin límite de medida, es la del espíritu y no de un poco de carne. No hay delito más grande y más condenado por Dios que este de matar un espíritu privándolo de la gracia que lo hace hijo de Dios. Como un hijo crece y se forma en el seno de la madre, alcanzando la edad perfecta de la vida intrauterina, nutriéndose por órganos que lo tienen en contacto con los órganos de nutrición de la madre, así el que sabe vivir la vida del espíritu y conservar el espíritu es como un hijo en mi seno y crece y alcanza la edad perfecta de la vida intra-Mí, sacando de Mí nutrición y fuerza. ¿No te da alegría y seguridad pensar que vives de Mí, en Mí, por Mí, conmigo? Aquel que deja que el Enemigo mate su espíritu se hace cómplice del mismo. Éste tiene abierto, con sus propias manos, el saco en el cual el Maldito encierra vuestra alma, privándola primero de la Luz, después de la Vida, hundiéndola en su abismo infernal de donde no se sale y sobre el cual pesa la maldición eterna de Dios. ¿Y podré acaso, Yo que digo: "No matar" y condeno la matanza de una carne, no pronunciar condena sobre quien mata el espíritu? Sobre quien. Seguro. Porque tenéis una voluntad y, si no queréis vosotros, el Enemigo no puede. Por ello sois vosotros los que matáis vuestro espíritu. Y sobre quien mata el espíritu, en verdad en verdad os digo que con ira justa y terrible resonará mi Voz de Padre renegado por un hijo, de Rey defraudado por un súbdito, para pronunciar la palabra de condena. Por lo tanto en tu sufrir está segura: por la carne que muere, cada vez más crece tu espíritu: como víctima de amor, se alimenta del morir de tu cuerpo. Qué hermoso será el día en que, rompiendo la arcilla del vaso terreno, tu espíritu brotará libre y fuerte para la gloria eterna de tu Jesús, en el Cielo». 5 de agosto Dice Jesús: «Esta ira de las naciones es el signo precursor de mi ira, porque así debe suceder. Hora penosa, pobres hijos míos que la padecéis, pero es inevitable que exista porque todo debe estar cumplido, de Bien y Mal, sobre la Tierra antes de que llegue mi hora. Entonces diré: "Basta" y vendré como Juez y Rey para asumir también el reino de la tierra y juzgar los pecados y los méritos del hombre. 135 Cuando leéis en el libro de Juan las palabras: "la hora de juzgar a los muertos" pensáis que se refiera a los que, incluso desde hace siglos, ya han cruzado a otras esferas de misterio que será conocido sólo cuando uno será introducido. Sí. Muerte quiere decir transmigración del alma a otras zonas distintas de la tierra. Pero hay un sentido más amplio en la palabra de Juan: los muertos de que habla pueden estar incluso vivos, según la carne, pero en verdad ser, a los ojos de quien ve, Muertos. Son los grandes Muertos, porque no habrá ninguna resurrección para ellos. Muertos a Dios no tendrán nunca más, para siempre, el bien de poseer la Vida, es decir, a Dios, ya que Dios es Vida eterna. Igualmente, con sentido más amplio del que pueden suscitar las simples palabras, los profetas, los siervos, los santos de que habla Juan, simbolizan, bajo esas tres denominaciones, a todas las criaturas que han sabido vivir en el espíritu. Cuántas humildes viejecitas, cuántos pobres niños, cuántos sencillos e incultos hombres, cuántas mujeres analfabetas, desconocidas a las muchedumbres, están escondidas y comprendidas en las palabras: profetas, siervos, santos. De señalarlas al mundo éste reiría. Pero en verdad, en verdad os digo que es más profeta, siervo y santo mío, uno de estos pobres, según la carne, que un docto soberbio, un gran presuntuoso, un mismo ministro mío, en los que falte aquello que os hace santos a mis ojos: saber vivir según mi Palabra y saber hacer mi Voluntad con fe, con caridad, con esperanza constantes. Mi sonrisa a mis bienaventurados en la hora de mi venida como Rey y Juez encenderá un sol siete veces mayor que el sol común y resplandecerán mis cielos de él, mientras los coros angélicos cantarán mis alabanzas y las de mi siervos que tendrán en aquella hora, proclamadas por Mí, contra el mundo necio y ciego, sus virtudes que les hacen hijos míos. Pero para los que tales no son, y especialmente para los que con su actuar han llevado a perdición a la tierra y a los débiles de la tierra, mi mirada será fulgor que precipita en el abismo, ya que es inevitable que exista el Mal, pero malditos para siempre los que se hacen siervos y administradores del Mal». Éste es el comentario a los versículos 17-18 del capítulo 11° del Apocalipsis, como me lo comenta Jesús.) 6 de agosto Dice Jesús: «Mi Sangre, llamada con ira sobre sí mismos por mis enemigos y acusadores, no ha perdido su doble cualidad de perdón y condena. Pasan los siglos, hija, pero Yo y todo lo que es mío permanece en un eterno presente. En la hora de las tinieblas, en la que resplandecía sólo la púrpura de mi Sangre divina como un faro que quería salvar al género humano, pero que fue visto solamente por pocos, sucedió lo que se repite a través de los siglos y se repetirá mientras exista la Tierra. Infundido con amor infinito, produjo milagros de redención donde encontró amor, pero se hizo condena sobre quien respondió con ira y odio al sacrificio de un Dios. Pero ¿qué dices de esto? Yo era Dios y los profetas habían anunciado mi venida, y habían convalidado su palabra los milagros que Yo había realizado, y Yo mismo había confirmado mi naturaleza divina,'en una hora de juicio extremo en la cual el acusado no miente. No obstante me han matado. No tienen para su disculpa, esos enemigos de Cristo, el haber ignorado quién fuera Aquel que, acusaban y querían muerto. Y por ello más severa fue su condenación porque, recuerda siempre, a aquél a quién más es dado de amor, de beneficios, de conocimiento, más le es pedido. La idea de mi Bondad no debe exoneraros del 136 deber del respeto. Pero también ahora, hija mía, pero también ahora ¿no es lo mismo? Tampoco ahora el mundo ignora que para ser salvado, para estar en paz, para ser felices, es necesaria mi ayuda. Y bien ¿qué hace el mundo? Me acusa y me maldice. Me acusa de no amarlo, de ser cruel, de ser indiferente, y me maldice por estas culpas de las que soy inculpable. ¿Y qué? ¿cómo puede el mundo acusar a Dios? ¿Cómo puede el hombre maldecir a Dios? Como hormiga que intente derribar una roca de monte, así son los necios esfuerzos del hombre que odia a Dios. No hace sino destruirse y despeñarse en el esfuerzo sacrílego. Esto para aquellos que son los modernos nietos de los antiguos hebreos. Los otros, luego, los menos culpables en la masa de los culpables, no maldicen y no acusan abiertamente, pero no oran con confianza, no viven con sacrificio, no aman con ardor. Son maquinitas aún bien movidas por el mecanismo espiritual, pero sin fuerza propia de movimiento. Son aguas que van bajo el empuje de siglos de cristianismo, pero que van únicamente por esto. No por propia voluntad. Y como todas las aguas, llegadas a una llanura plana y demasiado alejada de la montaña manantial se estancan por demasiado poco movimiento, corrompiéndose. No es corrompiéndose o rebelándose como se salva el mundo. Y en verdad te digo que si no vienen males mayores a esta pobre raza por la que he muerto, no es ciertamente gracias a las oraciones sin alma y a las existencias planas. Sino que quien salva el mundo, y hasta ahora lo ha salvado, son los pocos sobre los cuales mi Sangre ha obrado los milagros del amor, porque los ha encontrado cálices de amor alzados al cielo. Pero veo con tanto dolor que estas criaturas en las cuales arraiga el Amor son cada vez menos. ¡Las víctimas! ¡Mis víctimas! ¡Oh! ¿quién da al Redentor, a la gran Víctima, un ejército de víctimas para salvar al mundo, que acusa a Dios de pecado y no piensa que su mal viene de haber pecado el hombre contra Dios y contra el hombre?». . 7 de agosto Dice Jesús: «Se lee en el Libro: "Él (el impío) será conducido al sepulcro y velará entre la multitud de los muertos: grato para los guijarros de Cocito arrastrará tras sí a todos los hombres y ante sí una muchedumbre innumerable". Toda la humanidad es pecadora. Sólo una criatura no ha gustado, no digo el amargo sabor, sino incluso digo: el amargo olor, del pecado. Y fue María, mi dulcísima Madre, Aquella que no me hizo añorar el Paraíso dejado para hacerme carne entre vosotros y redimir vuestra carne, porque en María Yo encontraba los eternos candores y los resplandecientes amores que están en el Cielo. En Ella el Padre que la mimaba como la Perfecta entre las criaturas, en Ella el Espíritu Santo que la penetró con su Fuego para hacer de la Virgen la Madre, alrededor de Ella las cohortes angélicas adorando a la Trinidad en una criatura. ¡El seno de María! ¡El corazón de María! No. La mente más arrebatada en Dios no puede bajar hasta la profundidad, o levantarse hasta el vértice de estas dos perfecciones de pureza y amor. Yo os las ilumino, las ilumino a los más queridos entre los queridos. Pero sólo cuando estéis donde está la Ciencia perfecta, entenderéis a María. Toda la humanidad es pecadora. Pero existe el pecador únicamente pecador, y existe el impío, es decir, aquel que lleva el pecado a una perfección demoníaca. Porque, en el Mal, el Demonio sabe alcanzar la perfección, y sus discípulos más fieles no son menos que su maestro. Te lo he dicho ya: "Lucifer se esfuerza por imitar a Dios, en el mal naturalmente. Asume 137 las formas, diré así, de vida y de corte que ha tenido el Hijo de Dios. El demonio toma la actitud de Cristo, y como Cristo tiene apóstoles y discípulos. Entre ellos escogerá el perfecto para hacer de él el Anticristo. Por ahora estamos en el período preparatorio de los precursores del mismo". Esto ya lo he dicho 72. El impío será conducido al sepulcro. Es natural. Lucifer puede dar todas las ayudas a sus predilectos, a sus fieles, a sus esclavos, pero no la inmunidad de la Muerte, porque sólo Yo soy Vida y sólo Yo he vencido la Muerte. Por ello, cuando la suma del mal cometido por el impío está cumplida, Yo doy orden a la Muerte de tomar posesión de aquella carne. Esa carne conoce por esto el horror del sepulcro. y para el impío será verdadero sepulcro. Para los buenos, para los redimidos, para los perdonados no es tal, porque creen y saben en base a la fe. Aquél es el lugar donde el vestido mortal vuelve a su naturaleza de polvo, desencarcelando al espíritu en espera de la hora en que lo que fue creado se reforme para entrar en la gloria o en la condenación con la perfección de creación que Dios creó para el hombre: es decir con la unión de un espíritu a una carne. Espíritu inmortal como Dios su Creador y Padre, carne mortal como formada por un animal terreno, rey de la tierra, heredero del Cielo, pero que demasiado a menudo prefiere la tierra al Cielo y es animal no tanto porque esté dotado de "alma" sino porque vive la misma animalidad, y a veces más, que los animales propiamente dichos. Las almas, separadas de los cuerpos, tienen tres moradas. Y las tendrán hasta que no queden más que dos, después del Juicio que no errará. Los bienaventurados gozan inmediatamente del eterno reposo. Los purgantes activamente cumplen su expiación pensando en la hora de la liberación en Dios. Los condenados se agitan en la rabia del bien perdido. No, que tanto menos reposo encuentran en su terrible tortura, cuanto más impíos han sido. Pero el Impío, que con su impiedad ha arrastrado a otros a la impiedad y empujado a otros al pecado, (he aquí los hombres y las muchedumbres de las que habla el Libro), será como una torre insomne en un mar en tempestad. Ante sí la muchedumbre de los matados (en el alma) por él, ante sí el recuerdo vivo de tantos homicidios de almas por él cometidos, y el remordimiento, que no da paz a quien mata, desde el día en que Caín derramó la sangre de su hermano, lo flagelará más atrozmente que los flagelos infernales. Velará sobre su Delito, que se lanzó contra Dios en las criaturas de Dios y que como fiera enfurecida llevó destrucción a las almas. ¡Qué tremendo tener ante sí la prueba del mal hecho! ¡Castigo añadido a los castigos! Horror sin número como sin número son las culpas del Impío entre los pecadores. Pero ahora, María, para consolación de tu corazón que se abate ante desgarros de otro mundo donde no reina el Amor sino el rigor de Dios, alza el espíritu escuchando esta palabra toda para ti y para las almas como tú. ¿Sabes lo que representan para Mí los corazones dados al Amor? Mi Paraíso sobre la tierra. Sois vosotros los que traéis un trocito de cielo a este pobre mundo, y sobre ese trocito apoya los pies el Hijo de Dios para venir a encontrar sus delicias entre los hijos del Padre. Abre el corazón a tu Jesús. Y dame tu corazón. Dónalo del todo a Mí. Lo quiero. Como Médico y Amigo del espíritu y de la carne, como Esposo y Dios que te ha elegido por tu fe y por tu audaz sentimiento de amor». 8 de agosto 72 En el dictado del 19 de junio 138 Jesús me da consejos íntimos que no son para escribirse. 9 de agosto Dice Jesús: «Temen la muerte quienes no conocen el amor y no tienen la conciencia tranquila. ¡Y son la mayoría! Éstos, cuando por enfermedad o por edad o por cualquier otro hecho, se sienten amenazados por la muerte, temen, se afligen, se rebelan. Intentan también, con todas las fuerzas y medios, huir de ella. Inútilmente, porque cuando la hora está señalada ninguna precaución sirve para hacer retroceder a la muerte. La hora de la muerte siempre es justa porque es dada por Dios. Sólo Yo soy el Dueño de la vida y de la muerte y si bien no son míos ciertos medios de muerte, usados por el hombre por incitación demoníaca, siempre son mías las sentencias de muerte, dadas para quitar a un alma de demasiado tormento terreno o para impedir mayores culpas de aquella alma. Ahora observa: el don de la vida, de una larga vida, ¿por qué puede ser dado por Mí? Por dos motivos. El primero: porque la criatura que goza de él es un espíritu iluminado que tiene misión de faro para otros espíritus aún envueltos en las nieblas de la materialidad. Muchos de mis santos han llegado a la ancianidad precisamente por esto. Y sólo Yo sé cómo anhelaban en cambio venir a Mí. Segundo: doy larga vida para proveer el medio, todos los medios, a una criatura informe para formarse. Estudios, amistades, encuentros santos, dolores, alegrías, lecturas, castigos de guerras o de enfermedades, todo viene dado por Mí para tratar de que un alma crezca en mi Edad que no es como la vuestra. Porque Yo quiero decir que crecer en mi Edad quiere decir crecer en mi Sabiduría, y se puede ser adultos en mi Edad teniendo la edad de niños en la vuestra, o viceversa ser niños en mi Edad teniendo cien años en la vuestra. Yo no miro la edad de vuestra carne que muere: miro vuestro espíritu, ¡y quisiera que fuerais espíritus que saben caminar, hablar, actuar seguros, y no balbucientes, tambaleantes e incapaces de hacer como niños! Esto explica el por qué Yo diga mi "Basta" muy rápidamente para criaturas que encuentro adultas en la Fe, en la Caridad, en la Vida. Un padre desea siempre reunirse con sus hijos y ¡con cuánta alegría, terminada la educación o el servicio militar, les estrecha contra su corazón! ¿Hará de otro modo el buen Padre que tenéis en los cielos? No. Cuando ve que una criatura es adulta en el espíritu, arde por el deseo de tomarla consigo y si, por piedad del pueblo, deja algunas veces a sus siervos sobre la tierra a fin de que sean imán y brújula para los demás, otras no resiste y se da la alegría de poner una nueva estrella en el Cielo con el alma de un santo. Son dos atracciones y dos aspiraciones que vienen de un agente único: el Amor. El alma, aquí donde tú estás, atrae a sí a Dios, y Dios desciende a encontrar sus delicias junto a la criatura amante que vive de Él. El alma aspira a subir para estar eternamente y sin velos con su Dios. Dios, desde el centro de su ardor, atrae a Sí al alma así como el sol atrae la gota de rocío, y aspira a tenerla junto a Sí, gema encerrada en su triple fuego que da la Bienaventuranza. Los brazos levantados del alma encuentran los brazos tendidos de Dios, María. Y cuando se tocan, se rozan velozmente, es el éxtasis sobre la tierra; cuando se aprietan duraderamente es la Bienaventuranza sin fin del Cielo, de mi Cielo que he creado para vosotros, amados míos, y que me dará un sobreabundar de alegría cuando esté colmado de todos mis dilectos. 139 ¡Qué eterno día de inmensurable alegría, de nosotros que nos amamos: Nosotros, Dios Uno y Trino; y vosotros, los hijos de Dios! Pero los que para su desgracia no han entendido mi Amor, no me han dado su amor, no han entendido que sólo una ciencia es útil: la del Amor, para aquellos la muerte es temor. Tienen miedo. Más miedo tienen aún si sienten que han actuado poco bien o mal del todo. La boca mentirosa del hombre -porque raramente la boca del hombre dice la verdad tan bella y bendita, la verdad que Yo, Hijo de Dios y Palabra del Padre, os he enseñado a decir siempre- la boca mentirosa del hombre dice, para engañar y consolar a sí mismo y engañar a los demás: "Yo he actuado y actúo bien". Pero la conciencia, que está como un espejo de dos caras bajo vuestro yo y bajo el ojo de Dios, acusa al hombre de no haber actuado y de no actuar para nada bien, como proclama. . Por lo tanto un gran miedo les oprime: el miedo del juicio de Aquél a quien los pensamientos, los actos, los afectos del hombre, no le están ocultos. Pero si me teméis tanto como Juez, oh desgraciados, ¿por qué no evitáis tenerme como Juez? ¿Por qué no me hacéis vuestro Padre? Pero si me teméis, ¿por qué no actuáis según mis órdenes? ¿No me sabéis escuchar cuando os hablo con voz de Padre que os guía, hora tras hora, con mano de amor? Pero al menos obedecedme cuando os hablo con voz de Rey. Será obediencia menos premiada, porque es menos espontánea y dulce a mi Corazón. Pero será siempre obediencia. Y ¿por qué entonces no la hacéis? La muerte no se evita. Bienaventurados los que vendrán en aquella hora con vestiduras de amor al encuentro de Aquel que llega. Plácida como el tránsito de mi padre de la tierra, que no conoció sobresaltos porque fue un justo que no tenía en su vida ningún reproche, así será la muerte de éstos. Gozosa como el sueño de mi Madre que cerró los ojos en la tierra sobre una visión de amor, ya que de amor fue toda su vida que no conoció pecado, y los abrió en el Cielo despertándose sobre el Corazón de Dios, así será el fin de los amantes. ¿Sabes, alegría mía, que bonito será también para ti? Esta mañana, cuando Yo Eucaristía venía, tu has tenido un sobresalto de éxtasis porque me has visto darte a Mí mismo. Pero esto no es nada. Un granito de éxtasis puesto en tu corazón. Uno sólo, para no destruirte, porque lo has notado... has creído morir en la emoción. Pero cuando sea el momento verteré un río de alegría, porque no será ya necesario mantener tu vida humana y nos iremos juntos. Ánimo, aún un poco de dolor por amor de tu Jesús y después tu Jesús abolirá para ti el dolor para darte a Sí mismo, completamente, a Sí mismo, alegría sin medida». En efecto esta mañana he tenido una impresión tan viva que he estado a punto de gritar. Porque se grita no. sólo por miedo o por dolor, sino también por demasiada alegría. He creído que el corazón cediera en la alegría y yo muriera así, con la hostia aún sobre la lengua. 10 de agosto Me quejo bajito al Señor porque abriendo, como de costumbre el libro del Evangelio o de la Biblia por cualquier página, me pone, también esta mañana, bajo los ojos un punto tristísimo (Jeremías cap. 9°) ¡Tendría tanta necesidad de una palabra de esperanza para mi pobre Patria!... Reconozco que somos culpables de las culpas de las que somos acusados y castigados. Pero el amor de patria me hace sentir dolor por las aflicciones con las que Dios nos hiere. Jesús me deja quejarme y después me llama la atención sobre los versículos 23, 24, y sobre la última frase del versículo 25. Entiendo que seré instruida sobre esto... y espero. 140 Dice Jesús 73: «La oración es algo bueno y santo, también es bueno meditar y estudiar la Sabiduría. Pero no hay nada más útil para el hombre que un conocimiento: estar convencido de Dios. Cuando uno ha conocido verdaderamente quién es el Señor, ya no se equivoca más, sabe orar no con un movimiento maquinal de labios de los que brotan serios propósitos de bondad, de perdón, de continencia, de humildad, sino con verdadera adhesión a Dios, con verdadero propósito de practicar cada vez mejor la Ley para ser bendecido por Dios. Cuando uno ha conocido quién es el Señor, posee para siempre la Ciencia, la Riqueza, la Fuerza, que dan la verdadera Gloria que no muere para siempre y que agrada a Dios. Vosotros hacéis oraciones y oraciones en estos tiempos 74. Pero no sirven como debieran. ¡No penséis que vuestro Dios haya cambiado su Naturaleza de infinita Bondad y de Paternidad perfecta! Es que le presentáis oraciones contaminadas de demasiadas cosas. Despojaos de la triple vestidura que oprime vuestro espíritu y lo contamina. Fuera la hipocresía, el odio, la lujuria. Habría que quitar más cosas. Pero éstas son las más viles a mis ojos. Y sois hipócritas cuando venís a Mí con funciones religiosas que cumplís con sentido humano y no sobrenatural. ¿Pero a quién queréis engañar? ¿A Mí? ¡Oh infelices! Podréis engañaros entre vosotros, mostrando un rostro de religión, mejor dicho, una máscara sobre el verdadero rostro que es de irreligión, porque Religión quiere decir obediencia a los deseos y a la voluntad de Dios, y vosotros en las grandes y en las pequeñas cosas desobedecéis a Dios. Podréis engañaros entre vosotros, pero a vuestro Dios no le engañáis. ¿Qué dirías, María, si uno te ofreciera un ramo de flores o un plato de fruta todo sucio o picado? Que haría mejor no ofreciéndotelo porque te repugna y te ofende. Así es: Yo digo lo mismo de la mayoría de vuestras oraciones. Odiáis. Seguro. Odiáis. Y tenéis el espíritu tan pesado que ni siquiera os dais cuenta de estar llenos de hastío y de egoísmo hacia todos. Pero ¿qué os he dicho Yo? "Si cuando vas a orar te sobreviene el haber ofendido al hermano o que éste tiene algo en su corazón contra ti, reconcíliate antes con él y después ven". Condición esencial para ser escuchados es el no tener en el corazón el odio que mata el amor. ¿Cómo podéis venir a Mí, que soy Misericordia, cuando no sois misericordiosos? ¿Cómo podéis juzgar y pensar que Yo, que soy Justicia, no os juzgue? ¿No veis que conservando odio hacia quien os daña -y no fue quizás el primero, sino que el primero fuisteis vosotros- no veis que vosotros mismos os condenáis? Sois lujuriosos. ¡Cuánta lujuria: de la carne, de la mente, del corazón, se propaga sobre el mundo brotando de vosotros como caños de fuente que se originan allá en lo hondo donde reina el Enemigo! Es un diluvio, no querido por Dios, sino por Satanás, a quien os habéis prestado, que se vuelca sobre la tierra y os aplasta la Luz, la Verdad, la Vida. Y Luz, Verdad y Vida, como paloma que no ama el fango podrido, se retira a los Cielos, descendiendo velozmente de ellos para recoger el vuelo sobre pocas criaturas que como cimas de montañas emergen sobre el lodo que os deshonra. Mi amado Hijo ha interrumpido su morada entre los hombres por los mismos hombres. Escuchadlo, vosotros que aún lo sabéis hacer, vosotros que resistís la ola corruptora porque Nos amáis. En Él está la salvación, porque Él es el eterno Redentor, y los méritos infinitos de su infinito dolor obran para siempre. Mas vosotros los esterilizáis bajo el corrosivo mal 73 Pero, a partir del penúltimo verso de pág. 215, parecen palabras dictadas por el Padre Eterno 74 Son los tiempos de la II guerra mundial 141 satánico del que estáis llenos. Más aún que su Sangre sobre los hebreos, este destruir vuestro en vosotros los efectos de su Sangre con el pecado, que amáis como vuestra vida de un momento, os condena y os hace dignos de mi castigo. Sois corazones incircuncisos. No sabéis, no queréis poner anillo de triple penitencia al corazón que habéis quitado a Dios y habéis dado al Enemigo de Dios y del género humano. Esto es lo necesario para que Yo intervenga: arrepentiros y hacer penitencia. Sin estas dos cosas toda oración vuestra, todo acto religioso vuestro es mentira y ofensa que hacéis a Dios. Y si el Espíritu de Amor no puede obrar ya en vosotros los prodigios del amor porque vuestro obrar neutraliza su acción, y si el Verbo del Padre no puede obrar ya los milagros de su Sangre y de su Palabra porque en vosotros hay fuerzas contrarias, el Padre, el Señor Dios, siempre puede agitar sobre vosotros el flagelo del castigo y defender en Sí a las tres Personas Divinas demasiado, demasiado, demasiado ofendidas por la humanidad». 11 de agosto Dice Jesús: «Anoche tu primo 75 se sorprendía y lamentaba porque mientras escribes no cesan tus sufrimientos. ¿Por qué deberían cesar? Las misiones son siempre penosas para la naturaleza humana. La carne sufre en el servir a Dios. Pero cuanto más sufre más fructífero se hace el trabajo del espíritu. ¿Cuando he cumplido Yo mayormente mi misión? En las horas de mayor sufrimiento. Y Yo no tenía, entonces, el bien que tú tienes, porque Yo estaba en aquellas horas abandonado por el Padre. Tú, en cambio, no lo estás por Mí. ¿No es esto más que suficiente para pagar el sufrimiento de un puñado de cenizas como es tu carne? Sí que lo es. Sería suficiente el sentirme cerca. Pero Yo te he concedido no sólo la cercanía, sino la caricia, la vista, la palabra. La cruz llevada así ya no es cruz para el alma. Lo es sólo para la carne y la sangre. Pero éstas me las has dado en ofrenda total, y es bueno que sean consumadas porque en el sacrificio se anulan sus culpas, de las que -estás convencida- no es necesario que Yo te hable para recordártelas. Me las has dado por ti y por "muchas cosas". Por esto lleven ellas la cruz del sufrimiento total, porque es justo que así suceda. ¿Sabes lo que haces escribiendo? Mi Voluntad. La voluntad de misión que quiero que tú hagas. Aunque una sola alma, una sola, encontrase el camino, a través de esta fatiga tuya querida por Mí, estaría justificada la fatiga que a los ojos humanos parece inhumana. Yo, luchando contra la angustia de la agonía, he cumplido hasta el extremo la misión de Maestro y Redentor. Recuerda a Caifás, Pilato, las mujeres de Jerusalén, Dimas. Hasta lo último, hasta lo último he consolado, instruido, salvado. ¡Sólo Yo sé lo que era mi sufrimiento! El tuyo es nada en comparación. Ningún discípulo es más que su Maestro, en ninguna cosa, y si tu Maestro ha sufrido tanto para redimir a los hombres, tú, que te has puesto en la huella del Maestro, ¿quieres sufrir menos? Por lo demás Yo sé hasta qué punto debo cargar la mano. Y si la cargo pesadamente es signo de que te doy la capacidad de soportar el agravio y de que hay una infinita necesidad de sufrimiento para la hora terrible que tenéis encima. El sufrimiento de los holocaustos es el 75 Giuseppe Belfanti, primo de la madre de la escritora. A causa de la guerra, desde Reggio Calabria se trasladó con la familia a Viareggio, y estuvo con la escritora de julio de 1943 a noviembre de 1944 142 que impide no la ruina material sino la ruina espiritual, que está para cegar los espíritus y conducirles a destruir, como nube cargada de nieblas, materialmente y cada vez más, cuanto aún queda salvo». Dice más tarde respondiendo siempre a un lamento mío por las perspectivas dolorosas (acerca de nuestro mañana) que me ilumina: «Pero, María, a las pequeñas amigas de Jesús no les es permitido librarse de la pena. Vuestro pobre Jesús, cuando estaba en su Pasión, tuvo el único consuelo de la asistencia de su Madre. María no ha perdido ni un gemido mío, no se le ha escapado una lágrima mía, ni un fruncimiento de la piel, un estremecimiento de los músculos, una contracción del rostro, un sollozo, una convulsión. Eran muchas lanzadas para su corazón de Madre, pero no se ha librado de ellas porque sabía que su presencia era el único consuelo de su Jesús. . La pequeña María no debe ser diferente de la gran María. También ahora Yo sufro, sufro mucho ante la obstinación humana. Lo repito 76: vendría de nuevo a morir para salvaros, oh hombres que precipitáis en el abismo de mil culpas. Sufro tanto... no puedo callar mi dolor. Y hablar de ello quiere decir conducir a quien me escucha a la visión de un futuro bien triste. Pero es tan dulce llorar juntos. No me quites tu hombro para que Yo apoye mi Cabeza sobre la que la Humanidad fija coronas de espinas. Las mismas espinas te pincharán también a ti. Pero piensa: nuestro llanto y nuestra sangre serán ofrecidas juntas para intentar parar el castigo. Esto es necesario, María. Las demás cosas dejan lo que encuentran y os unen nuevas potencias de mal. Pero el sacrificio salva. ¡Si de la tierra hecha infierno nacieran muchas almas de sacrificio! No repito por falta de argumentos, repito porque en estas palabras está la llave de la salvación». Crea, Padre, que sufro mucho. Las intuiciones que me vienen son más torturadoras que mi mal físico y acrecientan el mismo. Confieso que humanamente quisiera huir de ellas con la muerte. Pero, como ve, también esto entra en el campo de dolor que Dios ha sembrado para mí y que yo debo coger y comer como pan de mi vida. Y entonces... adelante. Estoy entre espinas de todo tipo, porque el buen Jesús me descubre horizontes de sangre y fuego y Lucifer intenta agitarme haciéndome notar que pronto quedaré sola (sin el Maestro) y que Él está ya cansado de mí. Le dejo hablar, pero ciertamente sufro. Menos mal que perdura viva la invisible Presencia y esto me da todo en mi nada. 12 de agosto Noche Dice Jesús: «Alma mía, escucha la parábola de la perla. Un granito de arena movido por las olas del mar viene tragado por las valvas del molusco. Una piedrecilla tosca y despreciable, un fragmento minúsculo de roca, una astilla de pómez, todas cosas que no merecen la mirada de un hombre. Aquel granito de arena tragado así añora ciertamente, en el primer momento, las inmensas lamas del mar donde rodaba libre bajo el impulso de las corrientes y donde veía 76 Ya en el dictado del 23 de abril y del 26 de julio 143 tantas cosas bellas, creadas por mi Padre. Pero pasado algún tiempo, alrededor del tosco y rústico granito se hace una película blanca, cada vez más bella, más dura, más regular. Y la piedrecilla no añora más la libertad salvaje de antes, sino que bendice el momento en el que fue precipitada, por un querer superior a su intención, entre las valvas de aquel molusco. Si el granito pudiera hablar diría: "¡Bendito sea aquel momento en que perdí la libertad! ¡Bendita sea la fuerza que me quitó la libertad y de mí, pobre y feo, hizo una preciosa margarita!". El alma es una piedrecilla por su naturaleza basta. Lleva el signo de la creación divina, pero se ha quedado en tan malas condiciones, rodando hacia abajo, que se ha hecho cada vez más áspera y más gris. La gracia, como una corriente celestial, la empuja por los inmensos espacios del universo, hacia el Corazón de Dios que está abierto para recibir a sus criaturas. Vuestro Dios está con el Corazón abierto deseándoos, pobres criaturas. Pero con frecuencia vosotros resistís a las corrientes de la gracia y a la invitación de Dios que desea encerraros en su Corazón. Creéis ser más felices, más libres, más dueños de vosotros mismos permaneciendo fuera. No, pobres hijos míos. Felicidad, libertad, dominio, están dentro del Corazón de Dios. Fuera está la asechanza de la carne, la asechanza del mundo, la asechanza de Satanás. Creéis estar libres, pero estáis atados como esclavos al remo. Creéis ser felices, pero los cuidados, ya en sí, son infelicidad. Y después está todo el resto. Creéis ser dueños, pero sois siervos de todos, siervos de vosotros mismos en la parte inferior, y no obtenéis alegría aunque trabajáis para proporcionárosla. Yo doy la alegría porque doy la Paz, porque doy la continencia, porque doy la resignación, la paciencia, toda virtud. Bienaventuradas las almas que no ponen demasiada resistencia a la gracia que les impulsa hacia Mí. Beatísimas aquellas que no sólo se dejan llevar a Mí, sino que vienen a Mí con el ansia del deseo para ser absorbidas por mi Corazón. Él no rechaza a nadie por mezquino y tosco que sea. Él acoge a todos, y más sois míseros, pero a la vez convencidos de que Yo os puedo embellecer, y más Yo trabajo vuestra mezquindad, la revisto con vestido nuevo, precioso, puro. Y mis méritos y mi amor obran la metamorfosis. Entráis criaturas y salid, a la Luz del Día de Dios, perlas preciosísimas. El alma alguna vez añora la primera libertad. Especialmente en los primeros tiempos, porque mi trabajo es severo aunque bajo aspecto de amor. Pero cuanto más voluntariosa es el alma tanto antes comprende. Tanto antes el alma renuncia a todo deseo de falsa libertad y prefiere la regia esclavitud del amor, y tanto antes gusta la bienaventuranza de su cautiverio en Mí y acelera el prodigio santificante del amor. El mundo pierde todo atractivo para aquel alma feliz que vive encerrada en Mí como perla en el cofre. Todas las riquezas de la tierra, todos los efímeros soles, todas las insinceras alegrías y las pseudo libertades pierden luz y voz y sólo queda la voluntad, cada vez más vasta y profunda, de nuestro recíproco amor, de nuestro querer ser el uno para el otro, el uno en el otro, el uno del otro. ¡Oh! bienaventuranza de las bienaventuranzas, demasiado poco conocida, vivir conmigo que sé amar. Que si Pedro exclamó sobre el Tabor, sólo por verme transfigurado: "Señor, es bueno para nosotros estar aquí", ¿qué debería decir el alma que ella misma es transfigurada haciéndose molécula de mi Corazón de Dios? Pero piensa, María. Quien vive en Mí se hace parte de Mí. ¿Comprendes? De Mí, Jesús, Hijo del Dios verdadero, Sabiduría del Padre, Redentor del mundo, Juez Eterno y Rey del siglo futuro, Rey por siempre. A todo esto llega el alma que vive hundida en mi Corazón. Parte integrante y viva del Corazón de un Dios, vivirá eternamente como Dios en la Luz, en la 144 Paz, en la Gloria de mi Divinidad». Dice Jesús: «Cuando la naturaleza humana sabe recordarse tanto de su origen para saber vivir en lo sobrenatural, se hace más alta que la angélica y es para los ángeles motivo de admiración. ¿Cuándo sucede esto? Cuando una criatura vive sumergida en mi Voluntad, totalmente abandonada a Mí, no viviendo, no amando, no actuando más que por Mí y conmigo. Entonces eleva su carne a un grado que no está concedido a los ángeles, quienes no conocen las ansias de la carne y no tienen el mérito de dominarlas. Cuando, además, la criatura se crucifica a sí misma por amor del Maestro crucificado, entonces se convierte en motivo de admiración para las legiones angélicas, las cuales no pueden sufrir por mi amor y crucificarse a sí mismas como Jesús, Redentor del mundo e Hijo del Eterno. Alrededor de mi Cruz, como ya alrededor de mi cuna, estaban legiones de ángeles adoradores, porque la cuna y la cruz eran el alfa y la omega de mi misión de Redentor. Pero alrededor de los pequeños crucificados, que se inmolan silenciosamente por ley de perfecto amor, están las legiones de los espíritus angélicos, porque ven a Mí en vosotros que morís por Mí. Déjame por lo tanto hacer. Hacer hasta el final. Dentro de poco Yo te seré padre, madre 77 además de hermano y esposo. Dentro de poco no me tendrás nada más que a Mí. Ven, el golpe es duro, pero te advierto y sé generosa. Déjame hacer. No hago nada que no tenga la sigla de amor. Sé como un cordero recién nacido entre mis manos de buen pastor. Si tu Pastor te hace comer esta hierba amarga, también ésta, es porque te quiere dar un lugar más bello en su Corazón. y no tengas miedo. Yo te ayudaré. Te ayudo siempre, lo ves. Tengo necesidad de tu dolor. Del dolor absoluto, completo, profundo. Tú no sabes qué valor tendrá en mis manos. Cuando lo sepas dirás que he valorado al mil por ciento tu sufrir y me lo agradecerás. Pero agradéceme ya desde ahora con confianza y con amor. En el coro de las voces que se elevan desde la tierra al Cielo faltan las voces que agradecen. Es una nota muda, y esto está muy mal. Es un gran demérito para la estirpe de Adán que, amada y beneficiada de manera suprema por Dios Uno y Trino, no sabe agradecer. Pero aunque esto les será perdonado a los analfabetos en el Amor, a quienes el Amor mismo instruye no les es concedido el no hacerlo. Cuando un niño pequeño comete un error o lo comete un pobre ignorante, se le compadece. No así cuando el mismo error lo hace un adulto y un culto. Tu eres educada por el Maestro y no debes faltar a la enseñanza del Maestro. Te he criado con mi amor como se cría a un pequeño con la leche. Sé fiel 'al Amor en todas, todas, todas las cosas». 13 de agosto Dice Jesús: «Repetiré cuanto ya he dicho respecto de un alma que me debes ayudar a llevar a la luz. Así también el Padre se organizará. Además este repetir responde también a preguntas del Padre el cual, esté seguro, está en su campo de apostolado y mucho tendrá que trabajar todavía en él porque los paganos están aquí y él es mi misionero aquí. Ármese por ello de fortaleza, paciencia y constancia, y trabájeme los corazones, más sordos que las piedras, para que mi Voz entre en ellos. 77 La escritora, que era hija única, perderá a su madre el 4 de octubre de este mismo año 1943. El padre había muerto el 30 de junio de 1935 145 Entre. Si después, que haya entrado, los corazones no la quieren hacer Vida, peor para ellos. Yo, mi pequeña portadora, y mi misionero, seremos justificados ante el Padre 78. Respecto a los corazones, tendrán que responder de ello porque se habrán cerrado ellos mismos a la Misericordia de Dios que usa todos los medios: desde su Hijo dilecto a los siervos fieles del Hijo, para dar ayuda sobrenatural a las criaturas. Que el Padre utilice por tanto cuanto juzga útil utilizar de lo que te digo. Son perlas que le doy gratuitamente. Pero de todas las perlas tengo detrás una, la perla madre, diré así. Detrás te tengo a ti, de quien soy celoso y sobre quien ejerzo absoluto poder de propiedad. Tú no eres María y no debes ser conocida como María. Eres un suspiro que sale de mi Corazón, un viento que sopla y refresca las frentes sin que ellas sepan de donde venga ni qué nombre tenga. Tu personalidad está anulada. Tú, como criatura, debes ser nada. Debes no ser. No siendo, ninguno te debe conocer como escritora de mi Pensamiento, ninguno menos dos o tres criaturas privilegiadas, que son tales por Voluntad mía. Tú eres el respiro de Jesús y basta. Más tarde, cuando Yo quiera, y nadie te pueda dañar, será conocido el nombre de mi pequeña voz. Pero entonces tú estarás en otro lugar, donde la pequeñez humana no llega y donde la maldad humana no actúa. Respecto a aquel alma (y a muchas como ella) es necesario ejercer una caridad superperfecta. Como la he ejercitado Yo muchas veces en mi vida terrena. Son almas a penas esbozadas. Todo en ellas anhela por instinto a un perfeccionamiento, se tiende hacia un crecimiento de forma como el recién nacido que se nutre, se agita, da vagidos, aspirando a saberse nutrir, saberse mover, saberse expresar, con verdaderos alimentos, con verdaderos pasos, con verdaderas palabras. Y deben tratarse como recién nacidas. Sin impaciencias y sin repugnancias. ¿Pero lo sabes, alma mía, cuántas veces he sentido contraerse mi carne por un escalofrío tan vivo que afloraba del Corazón a la carne cuando debía acercarme a seres de pecado? Sin embargo, si no me hubiera acercado ¿habría podido atraerles a Mí? Lo habría podido con una violencia de Dios. Pero ¡por qué usarla cuando está el Amor que es el mejor de los imanes? He iniciado mi vida pública con una fiesta de bodas, en la cual he debido escuchar las conversaciones de siempre y las alusiones que se acostumbra en similares fiestas. No he rehusado la invitación de Mateo, lo que me fue muy reprochado, por los censores, manchados por lo mismo que me reprochaban a Mí, el haber entrado en aquella casa. No he rechazado a la pecadora que consumía sobre mi Carne el último resto de sus artificios de seducción y anulaba su deuda hacia la Gracia con un acto de arrepentido y valeroso amor. No he desdeñado hablar con la samaritana que era de todos y de ninguno. No he callado porque en la muchedumbre que me escuchaba estaban mezclados paganos o pecadores. Sino más bien precisamente para ellos encontraba las miradas, las sonrisas, las palabras más dulces de amor. He venido y vengo a recoger a mis ovejas dentro de mi redil, y por las ovejas alejadas que han tomado caminos torcidos voy, Pastor bueno e incansable, entre zarzas y espinas, llorando lágrimas y goteando sangre hasta que las he encontrado y recogido. Si llamo a otros para ayudarme en la obra deben estos otros actuar como Yo. Lo sé que hay un santo pudor y un instintivo celo que producen sufrimiento cuando son forzados. Pero es necesario superar el santo pudor y el no santo egoísmo y dejar que los ''pequeños vengan a Mí" para que escuchen mi Voz a través de tu obra. Actuar ante ellos con tanto amor y con completa libertad como si fueran personas convencidas de mi Ley. 78 Dios Padre. Todas las demás veces que en el presente dictado viene nombrado el "Padre", es el Padre Migliorini 146 No penséis que cuánto decís está desperdiciado. No. Una tierra árida sobre la que llueva después de años y años de sequía parece que no se moje cuando el agua del cielo llueve sobre ella; en realidad le cuesta embeberse de agua más que a una tierra cuidada. Pero se moja siempre. Así es para los corazones. Es necesario regarles, ponerles en contacto con el agua viva que desciende del Cielo y que al conduce Cielo. El resto después lo hago Yo. . Los milagros de la gracia en los corazones suceden por un conjunto de agentes, cuya raíz está en Mí. Podría hacerlo todo solo. Pero quiero asociar a mis discípulos a mi obra de Redención para que compartan conmigo mi Gloria en el Cielo. He deseado sentarme con vosotros, amigos míos, en el banquete celestial donde serán celebradas mis glorias de Redentor, lo he deseado ardientemente antes que el tiempo fuera, porque nada es desconocido para la Inteligencia eterna. Sé el nombre de los comensales, sé quienes, después de haberse nutrido de Mí sobre la tierra, de Mí recibirán en el Cielo el pan partido por mis manos en el ágape fraterno en el que Maestro y discípulos estarán unidos para siempre sin la pesadilla de la inminente Pasión y de la sucia traición. Animo, pues. Si te chocan ideas que mi Luz te hace ver equivocadas no te retires. Como una madre ten sobre el corazón los hijos del espíritu aunque estén cubiertos de materias impuras. Ofrece tu sufrimiento por este encuentro con mi Luz para que descienda a dar luz de verdadera fe al espíritu anhelante de la Fe, pero incapaz aún de ir a ella. Quería terminar de hablarte de la perla 79. He hablado de otra cosa para guiar al Padre cuya obra contigo no ha sido inútil. Su vestido de hijo de María ha hecho huir a quien te paralizaba oído y vista espiritual y azuzaba en ti la parte inferior. Eres así porque has tenido la ayuda del Padre. Os he cogido de dos puntos de la tierra y os he conducido el uno hacia el otro porque así debía ser. Yo sé por qué. Tú, recuérdalo siempre, en mi Sacerdote debes verme a Mí. Él en ti debe verme a Mí. Y no las migajas sino todo el Pan he guardado para él, porque precisamente a él, contra tu propia voluntad, he reservado la misión de ser tu ayuda fraterna y tú la ayuda fraterna de él. Yo sé cuáles son las piedras a unir para formar las murallas de mi Ciudad. Parecen actuar por sí mismas. En realidad una sirve a la otra compaginándose perfectamente. Yo sé. No es él quien quita la mesa y recoge del suelo las migajas. Si acaso él es Lázaro que prepara la casa para el Maestro, la casa eres tú y eres también María... Pero ¿habría podido María estar escuchando al Maestro si Lázaro no hubiera preparado la casa al invitado y si Marta no hubiere atendido a los quehaceres? De María he hecho una santa. Pero ¿de Lázaro y de Marta he hecho de menos? Quien me sirve es igualmente querido, cualquiera que sea la obra que cumple. Lo importante es hacer lo que Yo quiero». He aquí la respuesta a su carta, donde ha estimado útil responder. Veo a Jesús con su cruz sobre el hombro derecho que camina, camina y nadie le sigue. Me mira con ojos de inmenso dolor. 14 de agosto Dice Jesús: . «Te he dicho 80 que eres así porque has tenido la ayuda del Padre 81. Ningún orgullo le 79 En el dictado del 12 de agosto 80 En el dictado del 13 de agosto 81 Padre Migliorini 147 debe venir a él, ningún desaliento a ti, ninguna sorpresa a quien sea por esta afirmación mía. Yo soy Dios y no tengo necesidad de intermediarios, es cierto. Pero precisamente porque soy perfecto en todo, tanto en la inteligencia como en el amor, así sé cuánto es necesario para vosotros para estimularos y haceros sentir cómo os amo. Y este pedir vuestra colaboración para cumplir mis prodigios no es prueba de debilidad por parte mía o de incapacidad para obrar solo, sino es prueba de amor y de inteligencia. Os amo tanto que me humillo a pediros que me ayudéis. Os comprendo tanto que sé que esta petición os estimula más que cualquier otra cosa. Para hacerme Alimento que nutre vuestro espíritu Yo no tendría necesidad de nadie. Sin embargo pido manos sacerdotales para obrar el milagro del pan que se cambia en Cuerpo del Hombre Dios. y así es para la recíproca elevación. Yo he fundado una sociedad verdadera en la cual los miembros son, en mi pensamiento, uno para el otro, uno de apoyo al otro. Desde el más grande hasta el más pequeño todos tenéis vuestra razón de existir en la magnífica unión de mi Iglesia, una en la esencia y trina en la forma, como su Rey y Pontífice divino que es Uno y Trino con el Padre y el Espíritu Santo. La Comunión de los santos une a los católicos que fueron con los que son, a los católicos que penan con los que luchan y con los que gozan. Cielo, tierra y purgatorio se ayudan y completan recíprocamente, y del mismo modo los miembros de la Iglesia militante deben ayudarse y completarse recíprocamente. ¡Oh! ¡sublime caridad que has nacido de mi Corazón, desgarrado por la traición antes que por la lanzada, signo vivo de la pertenencia a Mí! Si pudieras ver el valor que tiene, a los ojos de los celestes, el amaros como hermanos, según mi mandamiento de amor, ninguno, entre los dotados de inteligencia, no querría no amar al hermano con pureza, con visión espiritual y espiritual ardor. Así se amaban mis primeros seguidores y su amarse ha convencido al mundo de la verdad del Cristo. Pero ahora... ¿todavía puede ser el mundo convencido de esto cuando el odio ha sustituido al amor y la inteligencia sirve para dañar, la palabra para mentir, el corazón para traicionar, las manos para matar? Orad... Orad pues. ¿Pero puede vivir una planta apoyada sobre un granito ardiente? No. Muere porque su raíz no encuentra jugo de vida. Así muere vuestra oración no nutrida por el amor. ¡Y pensar que habría gran fiesta en el Cielo si el gran pecador: el hombre, volviera al Padre que le espera para perdonarle y cubrirle de dones! Voy, llevando la Cruz, recogiendo las cruces que Satanás derriba y que vosotros no sabéis llevar. El mundo ha rechazado la Iglesia y las iglesias caen. Pero ¡ay de aquel día en que el Hijo del Hombre no tuviera más altares para repetir el Sacrificio y más sagrarios para el Sacramento de mi amor!». 15 de agosto Dice Jesús: «De tus escritos se utiliza así. La parte que es tuya tendrá el acostumbrado valor informativo para la curiosidad del hombre que siempre quiere sondear sobre los secretos de las almas. La parte que es mía, y que debe ir separada de la tuya, tendrá valor formativo porque en ella hay voz evangélica y esta voz evangélica tiene siempre valor de formación espiritual, 148 cualquiera que sea el modo con que llega a vosotros. Aún cuando el modo, o los modos, con que ha llegado al alcance de las almas, ya no son de esta tierra, ella permanece lo que es y no pierde su valor. Estaba reacio a dar la nueva fórmula de oración para hoy porque sé que es escuchada aún menos que la de junio 82. Entonces se pedía que las bombas perdonasen casas y personas de Viareggio y esto era argumento comprensible al embotamiento y al miedo humano. Hoy se pide una cosa más alta y universal y, es doloroso constatarlo, no universalmente deseada, no deseada ni siquiera por la totalidad del pequeño núcleo de Viareggio. Guerra quiere decir ruina de muchos, pero también utilidad de muchos y ante la utilidad propia el hombre descuida la utilidad colectiva. Os amáis tan poco entre vosotros que vivís cada uno encerrado en el propio egoísmo y armado de aguijones para el prójimo. Por ello se había sentido poco por el espíritu la primera oración, pues era sentida sólo por la carne que temblaba de miedo por sí misma y por su tener casas; ésta está dicha con el espíritu aún más sordo. No es así como se obtiene lo que se pide. La tregua de las armas vendrá, porque debe venir, pero no será más que una tregua. Y una cosa es tregua y otra es paz. Paz quiere decir concordia externa e interna, buscada y querida con visión y afecto espiritual. Si supierais venir a Mí, con los labios y el alma limpia e inflamada de verdadera caridad, os daría esta paz. Os la daría contra todos los obstáculos que el Mal pusiera para impedirla, porque Yo soy el vencedor eterno. Pero incluso entre los no muchos que hoy orarán en las iglesias por esto, pocos, pocos, pocos tendrán los requisitos que hacen potente la oración. Es una verdad dolorosa y espantosa, pero no beneficia esconderla porque su mal permanece aunque esté escondido. ¡Pobres hombres, qué malos sois! Si tronase esta verdad desde los cielos, el hombre se ofendería como los fariseos cuando les denunciaba descubriendo sus vicios ocultos. Pero es como digo. La paz santa y verdadera no es deseada por todos. Estáis tan torpes y tan embadurnados de tendencias malvadas que ni siquiera lográis escuchar el tono de la verdad que Uno mayor que vosotros os revela. Pero la verdad es esa, no puede ser otra verdad porque no hay más que una. Estamos siempre en ese tema: "Si hubieran diez justos..." Pero los justos son tan pocos contra la masa de los injustos. Satanás tiene un número desmesurado de hijos y servidores. El Hijo de Dios tiene un número insignificante de verdaderos hijos y verdaderos siervos. Y en este desequilibrio está la causa de vuestra ruina». 16 de agosto Dice Jesús: «Soy el "Primogénito de entre los muertos" según el orden humano y divino. Primogénito según el orden humano porque hijo, por parte de madre, de Adán, soy el primer generado, de la estirpe de Adán, que he nacido como habrían debido nacer todos los hijos de los creados por mi Padre. No abras tanto los ojos. María ha nacido por voluntad de Dios sin mancha y esta preservación ha sido querida justamente para preparar mi venida. Pero sin un especial querer, María, nacida de hombre y mujer unidos según la ley de la naturaleza, no habría sido distinta de todas las demás criaturas venidas de la raíz contaminada de Adán. Habría sido 82 El 5 de junio 149 una gran 'justa", como muchos y muchas otras del tiempo antiguo, pero nada más. La Gracia, Vida del alma, habría sido destruida en Ella por el pecado original. Soy Yo quien ha vencido a la muerte y a la Muerte. Yo que he vuelto a llamar a la Vida a los muertos del Limbo. Dormían. Como Lázaro, cuya resurrección simboliza ésta más verdadera. Yo les he llamado. Y han resucitado. Yo, nacido de mujer hija de Adán, pero sin pecado original, o sea como hubieran debido ser todos los hijos de Adán, soy por ello el Primogénito, según el orden natural, de Adán, nacido vivo en medio a los generados muertos de Adán. Soy el "Primogénito" según el orden divino porque soy el Hijo del Padre, el Generado, no el creado, por Él. Generar quiere decir producir una vida. Crear quiere decir formar. Yo puedo crear una nueva flor. El artista puede crear una nueva obra. Pero sólo un padre y una madre pueden generar una vida. Soy por lo tanto el "Primogénito" porque, nacido de Dios, estoy a la cabeza de todos los nacidos (según la gracia) de Dios. Cuando con mi Muerte he sacudido las puertas del más allá y he sacado a los durmientes a la primera resurrección, he abierto también las cerradas de los lagos místicos en cuyo lavado se limpia el signo que mata, muere la Muerte del espíritu, la verdadera Muerte, y nace la Vida del espíritu, la verdadera Vida. Soy en fin el "Primogénito" de entre los muertos porque mi Carne fue la primera en entrar en el Cielo, donde entrarán en la Resurrección última las carnes de los santos cuyos espíritus esperan en la Luz la glorificación de su yo completo, como es justo que sea porque se santificaron a sí mismos venciendo a la carne y martirizándola para llevarla a la victoria, como es justo que sea porque los discípulos son semejantes al Maestro, por amoroso querer del Maestro, y Yo, vuestro Maestro, he entrado en la Gloria con mi Carne que fue martirizada para la gloria de Dios. Más adelante te hablaré de las dos resurrecciones, vistas siempre por vosotros con referencias humanas, mientras deben verse con visión espiritual. Mi Primogenitura divina y humana me da, en consecuencia, derechos soberanos, porque siempre es el primogénito de un rey quien hereda la corona. ¿Y qué rey más Rey que mi Padre? Rey eterno cuyo reino no tiene principio ni fin y contra el cual ningún enemigo tiene poder. Rey único sin rivales que me eleva al generarme a su misma soberanía porque Yo soy Uno con el Padre, consustancial a Él, inseparable de Él, parte viva, activa, perfecta de Él. Rey santo, santo, santo de una Perfección tal que no es imaginable por mente humana. Resplandece en el Cielo, sobre la tierra y sobre los abismos, se extiende sobre los montes, reviste de Sí cuanto existe, la santidad gloriosa de mi Padre, santidad que Nosotros adoramos porque es aquélla de la cual estamos generados y de la que procedemos. Gloria, gloria, gloria al Padre, María, gloria siempre porque de Él viene todo bien y el primer Bien soy Yo, tu Salvador. Mi reino no es de esta tierra, según cuanto quiere decir reinar sobre la tierra. Pero es Reino de la tierra. Porque Yo tendré reino sobre la tierra. Reino evidente y verdadero, no sólo espiritual cual es ahora y de pocos. Llegará la hora en que seré único y verdadero Rey de esta tierra que he comprado con mi Sangre, de la cual he sido creado Rey por mi Padre con todo poder sobre ella. ¿Cuándo vendré? ¿Qué es la hora respecto a la eternidad? Y ¿qué te importará la hora cuando estés en la eternidad? Vendré. No tendré nueva carne porque tengo ya una perfecta. Evangelizaré, no como evangelicé, sino con fuerza nueva, porque entonces los buenos serán no humanamente 150 buenos como lo eran los discípulos de mi primera venida, sino serán espiritualmente buenos, y los malvados serán espiritualmente malvados, satánicamente malvados, perfectamente malvados. Por ello la forma será conforme a las circunstancias, porque si usara la forma de hace 20 siglos estaría superada, por los perfectos en el bien, y sería ofrecer ocasión a los satánicos de realizar una ofensa que no está permitida hacer al Verbo glorificado. Como una red de malla fina arrastraré detrás de mi Luz a los llegados a la sutileza espiritual, pero los pesados, por la unión de la carne con Satanás, los Muertos del espíritu que la podredumbre del alma tiene clavados en el fango, no entrarán en mi Luz y terminarán de corromperse en la unión con el Mal y con la Tiniebla. Por ahora preparo el tiempo futuro usando singularmente la Palabra que desciende de los cielos y da luz a las almas preparadas para recibirla. Hago de vosotros los radiotelefonistas atentos a oír la enseñanza que es perfecta y que ya había dado y que no cambio, porque Una es la Verdad, pero que ha sido olvidada o falsificada, demasiado olvidada y demasiado falsificada porque era cómodo olvidarla y falsificarla. Hago esto porque tengo piedad de la Humanidad que muere sin el pan del espíritu. Como me he dado a Mí por pan de vuestra alma, así ahora entrego mi Palabra para pan de vuestro espíritu. Y repito: ''Bienaventurados aquellos que escuchan la palabra de Dios y la observan"» . Noche Dice Jesús: «He dicho que mi nueva venida tendrá forma y fuerza nueva conforme a las circunstancias y te he explicado cómo serán entonces los hombres. El tiempo del espíritu debe venir. El hombre ha partido de una tiniebla profunda y de un enorme peso de fango, después de haber perdido la Luz divina por su propia voluntad, obedeciendo a la seducción enemiga cuyo verdadero ser se simboliza en el fruto que enseña el Bien y el Mal, o sea que ha revelado al hombre cuanto por su bien Dios había escondido a la materia, a la mente, al corazón. ¡Habríais sido tan puros, tan pacíficos, tan honestos, tan píos si no hubierais mordido la triple concupiscencia que es dulce en la boca, pero amarga en el espíritu más que el vinagre y la hiel que me fue dado sobre la Cruz! Caído de la morada paradisíaca sobre la tierra, aplastado por la revelación de su carne profanada por la lujuria, torturado por el remordimiento de haber causado su mal, angustiado por la persuasión de haber suscitado la ira punitiva de Dios Creador, el hombre no era más que un pobre ser animal en el que se debatían y fermentaban todas las fuerzas inferiores. Ya te he llamado la atención 83 sobre la diferencia de los preceptos dados a Moisés respecto de los míos, preceptos necesarios, en su chocante crudeza, para frenar las tendencias del hombre, pedazo de carne apenas infuso con un movimiento anímico dado por un alma herida a muerte y desfallecida en un coma espiritual. El recuerdo de la Luz perdida, viviendo en lo profundo del alma, empujaba los pasos 84 a la luz. Un camino muy fatigoso porque la materia pesa más que el espíritu y arrastra hacia abajo. De vez en cuando la Bondad del Eterno daba a la humanidad "faros" para la travesía tempestuosa hacia la Luz verdadera. Los patriarcas y los profetas: he ahí los faros de la humanidad en búsqueda del puerto de la luz. Después ha venido Aquel que Juan, el Amado, llama "la Luz verdadera que ilumina a todo hombre". 83 En el dictado del 9 de julio 84 Pasos es lectura incierta en italiano; podría leerse también padres 151 Yo he venido Luz del mundo y Verbo del Padre y os he traído de nuevo la Paz con el Padre, el abrazo que os hace volver a ser hijos del Altísimo. Yo soy quien ha encendido de nuevo la vida desfalleciente de vuestro espíritu. Yo soy quien os ha enseñado la necesidad de nacer en el espíritu. Yo soy quien ha recogido en mi Persona toda la Luz, la Sabiduría, el Amor de la Trinidad y os la he traído. Yo soy quien con mi sacrificio he anudado la cadena, donde se había roto, soldándoos nuevamente al Padre y al Espíritu de Verdad. Yo soy quien, haciendo palanca de mi patíbulo, he levantado vuestro espíritu yaciente en el fango y le he dado un potente impulso para proceder hacia la Luz de Dios, hacia Mí mismo que os espero en el Cielo. Pero pocos en el mundo y en los siglos han disfrutado de ello porque el mundo ha preferido siempre más las tinieblas a la Luz. Yo con mi muerte atroz os he obtenido la venida del Espíritu perfecto; pero, a lo largo de los siglos, la humanidad lo ha rechazado cada vez más, como me ha rechazado a Mí, como ha rechazado al Padre. Ha sucedido como con un licor que se depura, que lo que pesa ha precipitado en el fondo y las partes puras han flotado. Así ha sucedido con el hombre a lo largo de los siglos. Quien ha querido permanecer carne y sangre ha precipitado cada vez más bajo, mientras que los que, aristocracia de mi grey, han querido vivir en el espíritu se han hecho cada vez más espirituales. En medio, los tibios sin nombre. Son dos movimientos opuestos de la masa. Una parte, y desgraciadamente es la más amplia, absorbe cada vez más a Satanás y desciende bajo el nivel de los animales. La otra parte, la pequeña, absorbe cada vez más a Cristo, nutriéndose de su Palabra, que no calla desde hace 20 siglos, y se hace cada vez más capaz de comprender el Espíritu. Cuando Yo uso medios especiales es para acelerar, porque los tiempos aprietan, la plenitud de la instrucción de la Palabra y la plenitud de la formación espiritual de los discípulos verdaderos, de los súbditos verdaderos del Rey Jesucristo. No Rey de los judíos, como irónicamente dijo y escribió un hombre débil que se creía fuerte de un pobre poder, sino Rey del Mundo antes del juicio del mundo. El hombre, avanzando hacia la última hora, debe alcanzar la espiritualidad. Pero compréndeme. Dios es espíritu, Satanás es espíritu. El primero es Espíritu de Perfección. El segundo es espíritu de pecado. La masa, dividida en dos por voluntad propia, que Dios respeta, sigue cada una la parte elegida. Los hijos del Altísimo y hermanos míos eligen la parte de Dios y por amor nuestro espiritualizan la carne. Los siervos de Satanás e hijos de la Bestia, la parte de Lucifer, y por esclavitud querida por ellos mismos matan el espíritu bajo la carnalidad, hacen de su espíritu una carne y una sangre corrompidas y repugnantes. Cuando reine sobre y en los espíritus llegados a aquella madurez que ahora es de algunos y que entonces será de toda la masa de los cristianos verdaderos, Yo me dirigiré a esta parte solamente, perfeccionándola con la última instrucción, con una nueva evangelización, distinta no en el sentido, que no puede cambiar, sino en la fuerza que entonces podrán entender y que hoy no entenderían. Prueba de ello sea que debo elegir criaturas especiales dignas de tanto por esfuerzo propio o hechas dignas por milagro de amor. Hace veinte siglos que hablé a todos. Cuando llegue el tiempo hablaré sólo a éstos, convencido de la inutilidad de hablar a los demás. Comenzará así la selección de los separados de los réprobos. Tú, pobre María, eres de estas almas hechas dignas por voluntad mía. Sólo tienes una cosa buena: la buena voluntad de amor. Pero es la que me basta. Sobre ella puedo poner mi 152 cátedra de Maestro para hacer de la pequeña alma un pedestal, para decir, volver a decir, y decir aún, las palabras de amor y de invitación al Amor, que guía y salva. Vendré con mi Carne glorificada He despertado tu curiosidad diciendo esto. No serías mujer si no fueras curiosa. Pero Yo digo lo que creo útil decir para vuestro bien y no lo que sería pasto de vuestra curiosidad inútil. Si amo ser Maestro sé elegir entre la Verdad aquellas verdades que os son útiles conocer y basta. Conténtate por ello con saber que es justo que en el Reino del espíritu, cuyos súbditos habrán espiritualizado la carne, sea Rey Aquel que revistió su Espíritu perfecto de carne para redimir a toda carne y santificada, y santificó la suya con una doble santidad, porque es carne inocente, perfectamente inocente, y carne inmolada en el sacrificio de amor. Vendré, con mi Carne glorificada, a reunir a las criaturas para la última batalla contra el Enemigo, juzgaré con mi aspecto resplandeciente de Carne glorificada a los cuerpos de los resucitados para el extremo juicio, volveré para siempre al Cielo, después de haber condenado a la muerte eterna las carnes que no quisieron hacerse espíritus; y volveré Rey fúlgido de un pueblo fúlgido en el que la obra del Padre, del Hijo, del Espíritu, será glorificada con la creación del perfecto cuerpo humano tal cual el Padre lo hizo en Adán, bello de indescriptible belleza, con la redención de la semilla de Adán por obra del Hijo, con la santificación obrada por el Espíritu». 17 de agosto Dice Jesús: «Cuando Yo hago decir por boca del Amado que "también los que me traspasaron" me verán, no pretendo hacer alusión a los que me traspasaron hace ahora 20 siglos. Cuando Yo venga habrá llegado el tiempo del triunfo de mi Reino. Te he explicado 85 cómo será el Reino y cómo serán sus súbditos. Será el tiempo del testimonio del espíritu, parte divina encerrada en. vosotros y que os da la imagen y semejanza con Dios. Siendo así, serán las partes espirituales las que estarán en causa ante las decisiones de juicio que separa a los malditos de los benditos. Y en los malditos estarán los que con su espíritu sacrílego, que ha buscado a la Bestia, adorado a la Bestia y prostituído con la Bestia, han traspasado, a lo largo de los siglos, el espíritu divino del Hijo de Dios después de haber, mediante los jefes de la serie maldita, traspasado las carnes del Hijo del Hombre. Hijo del Hombre. ¿Has reflexionado alguna vez en que en esta palabra está la verdad explicada ayer? Yo soy, por línea humana, el Hijo (primogénito) de Adán. La hilera de los que me traspasan es numerosa como arena sobre la playa del mar. No se cuentan sus granitos. Todos los delitos, todos los pecados cometidos contra Mí, ahora ya inviolable para el sufrimiento humano, pero susceptible aún a las ofensas causadas a mi Espíritu, están señalados en los libros que recuerdan las obras de los hombres. Todas las traiciones después de mis beneficios, todas las abjuraciones, todas las negaciones y los pecados contra la Verdad, traída por Mí, todos los pecados contra el Espíritu Santo que ha hablado por mi boca y que por mérito mío ha venido a iluminar la palabra del Verbo, todas estas heridas hechas a lo largo de los siglos por la raza que Yo quise salvar a pesar de saberla tan reacia al Bien, estarán presentes en el interior de los espíritus reunidos, los cuales, en la Luz fulgurante de mi refulgir, reconocerán lo que hicieron 85 En el dictado del 16 de agosto 153 con su obstinada voluntad de impugnar cuanto fue dicho y hecho por Uno que no podía mentir, ni hacer obras inútiles según la ley divina de amor. Los negadores del Amor son los que me han traspasado y conmigo han herido a Aquel que me ha generado y a Aquel que procede de nuestro amor de Padre e Hijo; Todo juicio es remitido al Hijo, pero el Hijo juzgará también las culpas cometidas contra el Padre y el Espíritu. El portador de Vida, el Viviente eterno y el eterno Inmolado que el mundo quiso muerto, matado como se mata al delincuente que daña -mientras que Yo era el Santo que perdonaba, el Bueno que hacía el bien, el Poderoso que curaba, el Sabio que instruía- es Aquel que abrirá las puertas a la Muerte verdadera e introducirá en ella los cuerpos y las almas de sus homicidas. El portador de la Vida que se vive en el Cielo cerrará las puertas del Infierno sobre el número intocable de los malditos, los cuales han preferido la Muerte a la Vida. Yo lo haré, porque Yo, Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador y Señor vuestro, Juez eterno, tengo las llaves de la Muerte y del Infierno». 18 de agosto Dice Jesús: «Continúo explicándote los pasajes que creo oportunos. Está dicho: “Al vencedor le daré a comer del árbol de vida.. .". y tal pensamiento se ha aplicado a Mí. Sí, soy árbol de vida eterna y me doy a vosotros como alimento en la Eucaristía y mi visión será alimento gozoso de los vencedores en la otra vida. Pero hay otro significado que muchos ignoran precisamente porque muchos que me comentan no son "vencedores". ¿Quién es vencedor? ¿Qué es necesario para serlo? ¿Obras resonantes de heroísmo? No. Entonces serían demasiado pocos los que vencen. Son vencedores quienes vencen en sí a la Bestia que quisiera someterles. En verdad entre el martirio atroz pero breve, ayudado por coeficientes sobrenaturales y naturales, y la lucha secreta, oscura y continua, tiene mayor peso sobre las balanzas de Dios, o al menos un peso de distinto género, pero precioso, esta última. No hay mayor tirano que la carne y el Demonio. Y quienes saben vencer la carne y el Demonio y hacer de la carne un espíritu y del demonio un vencido, son los "vencedores". Pero para serlo es necesario haberse dado totalmente al Amor. Totalmente: quien ama con todas sus fuerzas no reserva nada para sí mismo, y no reservando para sí mismo no lo hace para la carne ni para el demonio. Lo da todo a su Dios y Dios lo da todo a su amador. Le da su Verbo. Esto es lo que da de comer al vencedor, ya desde esta tierra, no podía darle nada mayor. Le da a Mí, Verbo del Padre, para ser alimento del espíritu consagrado al cielo. Mi Palabra desciende a nutrir las almas que se han dado totalmente a su Dios y Señor. Mi Palabra viene para seros sacerdote y guía a quienes buscáis la guía verdadera y veis tantas guías débiles para las turbas que perecen sin guía verdadera. Vosotros que habéis entendido la Verdad, sabéis que sólo esto es necesario: vivir de mi Palabra, creer en mi Palabra, caminar según mi Palabra. ¿Qué pensarías de uno que quisiera vivir a base de golosinas, licores y tabaco? Dirías que moriría porque ése no es el alimento que se necesita para vivir sanos. Lo mismo sucede a quien se afana con miles de exterioridades y no se preocupa de lo que es el núcleo de toda la vida del alma: mi Palabra. 154 ¿Por qué la Misa, por qué la Eucaristía, por qué la Confesión no os santifican como debería suceder? Porque para vosotros son formalismos, no las hacéis fecundas atendiendo a mi Palabra. Peor aún: sofocáis mi Palabra, que Yo lanzo desde el alto del Cielo para llamaros e iluminaros, bajo la tibieza, la hipocresía, la culpa, más o menos grave. No me amáis: eso es todo. Amar no quiere decir hacer de vez en cuando una visita superficial de cortesía mundana. Amar quiere decir vivir con el alma unida, fundida, encendida con un único fuego que alimenta a otra alma. Entonces en la fusión se realiza también la comprensión. Yo hablo, no ya lejos, desde lo alto de los cielos, sino que hago morada -y conmigo el Padre y el Espíritu, porque somos una cosa sola- Yo hago morada en el corazón que me ama y mi palabra ya no es un susurro, sino Voz plena, ya no es aislada, sino continua. Entonces soy el "Maestro" verdadero. Soy Aquél que hace ahora 20 siglos hablaba a las muchedumbres incansablemente y que ahora encuentra su delicia en hablar a sus predilectos que le saben escuchar y de los cuales hago mis canales de gracia. ¡Cuánta Vida os doy! Vida verdadera, Vida santa, Vida eterna, Vida gozosa con mi Palabra que es Palabra del Padre y Amor del Espíritu. Sí, en verdad, al "vencedor" Yo le doy de comer el fruto del árbol de la Vida. Os lo doy ya en esta tierra con mi doctrina espiritual que vuelvo a traer entre los hombres a fin de que no todos los hombres perezcan. Os la doy en la otra vida con mi estar entre vosotros para siempre. Yo soy la Vida verdadera. Permaneced en Mí, amados míos, y no conoceréis la muerte». 19 de agosto Dice Jesús: «Viendo siempre con mis ojos las palabras del Amado se comprende que también el "maná escondido" es mi Palabra. Maná porque reúne toda la dulzura de amor de nuestra Trinidad que os es Padre, Hermano y Esposo del alma y os ama con los tres amores más altos. Escondida porque está dicha en lo secreto del corazón a los merecedores de saborearla. Bien quisiera Yo poderla hacer llover sobre todos y nutrir con ella a todos. Pero está dicho: "No deis las perlas a los cerdos y las cosas santas a los perros". Y muchos son más abyectos que los cerdos y más perros que los perros, aún habiendo sido lavados en mi Bautismo y redimidos por mi Sangre. Has leído cómo a los antiguos hebreos, indignos de poseerlo, se les estropeara el maná en el desierto. Ellos desmerecían por su falta de fe y por su afán humano. ¿Puedo Yo tener menos respeto por mi Palabra de cuánto lo hayan tenido por el maná destinado a nutrir el vientre, mientras que la Palabra está destinada a nutrir el espíritu? Por ello doy el maná a quienes vencen la parte inferior con todas sus tendencias a la no fe, al sentido, a los afanes mezquinos y egoístas. Doy el maná de mi Palabra que colma de dulzura y de luz vuestro espíritu. Doy la "piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo" es decir en la que está revelada una Verdad que es silenciada a los no dignos. Es la Verdad que os abre las puertas de la Vida eterna, que os da las llaves y os pone en el Camino para llegar a la Puerta de mi celestial Ciudad. Yo soy Camino, Verdad, Vida. Fuera de Mí no hay otro camino, verdad y vida. El que vence todos los obstáculos para seguirme, será columna de mi templo y por la Palabra que ha custodiado y practicado, después de haber sido salvado en la hora tremenda de la prueba de la tentación que mata, tendrá su puesto sobre mi mismo trono, junto con el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo». 155 Dice aún: «El mundo perece porque no ha custodiado mi Palabra, porque la ha descuidado y ridiculizado. Ninguna fuerza humana servirá para parar la carrera del mundo hacia el abismo porque al mundo y a las fuerzas del mundo les falta lo que salva. Mi Ley. Se ha hecho un vacío en la mística floresta que había cultivado para vosotros para que tuvierais morada a la sombra de mi providencial amor. Lo han hecho vuestras culpas y en el vacío se ha aposentado como dueño la Serpiente eterna que os envenena con su aliento y os mata con su mordisco e impide que mi Ley sea agente de Bien en vosotros. Humo, veneno, horror, desesperación tenéis en vosotros y a vuestro alrededor. Y podíais tener Luz, Paz, Sabiduría, Alegría. Esto podíais tener si hubierais seguido mi Palabra, porque Yo he consumido todo el horror de la vida para preservaros de él y lo he hecho con esa atroz agonía que he padecido por vosotros. Pero habéis tirado mi don y habéis llamado como maestro y rey a Satanás. Y Satanás os amaestra y regula, os sazona e incita para haceros dignos de su infierno». 20 de agosto Dice Jesús: «Si se observara bien cuanto sucede desde hace algún tiempo, y especialmente desde los inicios de este siglo que precede al segundo milenio, se debería pensar que los siete sellos han sido abiertos. Nunca como ahora Yo me he inquietado por volver entre vosotros con mi Palabra y reunir las tropas de mis elegidos para marchar con ellos y con mis ángeles a presentar batalla a las fuerzas ocultas que trabajan para excavar las puertas del abismo a la humanidad. Guerra, hambre, pestilencias, instrumentos de homicidio bélico -que son más que las bestias feroces mencionadas por el Predilecto- terremotos, señales en el cielo, erupciones de las vísceras del suelo y llamadas milagrosas a vías místicas de pequeñas almas movidas por el Amor, persecuciones contra mis seguidores, elevación de las almas y bajezas de los cuerpos, no falta nada de los signos por los cuales puede pareceros próximo el momento de mi Ira y de mi Justicia. En el horror que tenéis, exclamáis: "¡El tiempo ha llegado; más tremendo de esto no puede ser!". Y llamáis con gran voz al final que os libere. Lo llaman los culpables, mofándose y maldiciendo como siempre; lo llaman los buenos que ya no pueden más de ver al Mal triunfar sobre el Bien. ¡Paz, elegidos míos! Todavía un poco y después vendré. La suma de sacrificio necesaria para justificar la creación del hombre y el Sacrificio del Hijo de Dios no está cumplida aún. Todavía no ha terminado la formación de mis cohortes y los ángeles del Signo aún no han puesto el sello glorioso sobre todas las frentes de quienes han merecido ser elegidos para la gloria. El oprobio de la tierra es tal que su humo, en poco diferente del que mana de la morada de Satanás, sube hasta los pies del trono de Dios con sacrílego ímpetu. Antes de la aparición de mi Gloria es necesario que oriente y occidente sean purificados para ser dignos del aparecer de mi Rostro. Incienso que purifica y aceite que consagra el gran, infinito altar donde la última Misa será celebrada por Mí, Pontífice eterno, servido en el altar por todos los santos que tendrán en aquella hora el cielo y la tierra, son las oraciones y los sufrimientos de mis santos, de los dilectos de mi Corazón, de los que ya están señalados con mi Signo: de la Cruz bendita, 156 antes de que los ángeles del Signo les hayan contraseñado. El signo se graba sobre la tierra y vuestra voluntad es quien lo graba. Después los ángeles lo llenan con un oro incandescente que no se borra y que hace resplandecer como el sol vuestra frente en mi Paraíso. Grande es el horror de ahora, dilectos míos; pero ¡cuánto, cuánto, cuánto tiene que aumentar todavía para ser el Horror de los últimos tiempos! Y si parece verdaderamente que el ajenjo se haya mezclado con el pan, con el vino, con el sueño del hombre, mucho, mucho, mucho más ajenjo debe gotear aún en vuestras aguas, sobre vuestras mesas, sobre vuestros lechos antes que hayáis alcanzado la amargura total que será la compañera de los últimos días de esta raza creada por el Amor, salvada por el Amor y que se ha vendido al Odio. Que si Caín anduvo vagando por la tierra por haber matado una sangre, inocente, pero siempre sangre contaminada por el pecado original, y no encontró quien le quitase el tormento del recuerdo porque el signo de Dios estaba sobre él para su castigo -y generó en la amargura y en la amargura vivió y vio vivir y en la amargura murió- ¿qué debe sufrir la raza del hombre que mató de hecho y mata, con el deseo, la Sangre inocentísima que le ha salvado? Por lo tanto pensad que éstos son los síntomas, pero aún no es la hora. Están los precursores de aquel que he dicho pueda llamarse: "Negación", "Mal hecho carne", "Horror", "Sacrilegio", "Hijo de Satanás", "Venganza", "Destrucción", y podría continuar dándole nombres de indicación clara y pavorosa. Pero él no ha llegado aún. Será persona que estará muy en alto, en lo alto como un astro. No un astro humano que brille en un cielo humano. Sino un astro de una esfera sobrenatural, el cual, cediendo al halago del Enemigo, conocerá la soberbia después de la humildad, el ateísmo después de la fe, la lujuria después de la castidad, el hambre de oro después de la evangélica pobreza, la sed de honores después de la ocultación. Será menos espantoso ver caer una estrella del firmamento que ver precipitar en las espirales de Satanás a esta criatura ya elegida, la cual copiará el pecado de su padre de elección. Lucifer, por soberbia, se convirtió en el Maldito y el Oscuro. El Anticristo, por soberbia en esta hora, se convertirá en el maldito y el oscuro después de haber sido un astro de mi ejército. Como premio por su abjuración, que sacudirá los cielos bajo un estremecimiento de horror y hará temblar las columnas de mi Iglesia en el temor que suscitará su precipitar, obtendrá la ayuda completa de Satanás, quien le dará las llaves del pozo del abismo para que lo abra. Pero que lo abra del todo para que salgan los instrumentos de horror que Satanás ha fabricado durante milenios para llevar a los hombres a la total desesperación, de tal modo que, por sí mismos, invoquen a Satanás como Rey y corran al séquito del Anticristo, el único que podrá abrir de par en par las puertas del abismo para hacer salir al Rey del abismo, así como Cristo ha abierto las puertas de los Cielos para hacer salir la gracia y el perdón, que hacen a los hombres semejantes a Dios y reyes de un Reino eterno en el que Yo soy el Rey de los reyes. Así como el Padre me ha dado a Mí todo poder, Satanás le dará a él todo poder, y especialmente el poder de seducción, para arrastrar a su séquito a los débiles y a los corrompidos por las fiebres de las ambiciones como lo está él, su jefe. Pero en su desenfrenada ambición aun encontrará demasiado escasas las ayudas sobrenaturales de Satanás y buscará otras ayudas en los enemigos de Cristo, los cuales, armados con armas cada vez más mortíferas, cuanto les podía inducir a crear su libídine hacia el Mal para sembrar desesperación en las muchedumbres, le ayudarán hasta que Dios no diga su 157 "Basta" y les aniquile con el fulgor de su figura. 86 Mucho, demasiado -y no por sed buena y por deseo honesto de repararse del mal apremiante, sino más bien tan sólo por curiosidad inútil- mucho, demasiado se ha cavilado a lo largo de los siglos, sobre cuanto Juan dice en el capítulo 10 del Apocalipsis. Pero sabe, María, que Yo permito que se sepa cuanto puede ser útil saber y oculto cuanto encuentro útil que no sepáis. Sois demasiado débiles, pobres hijos míos, para conocer el nombre de honor de los "siete truenos" apocalípticos. Mi ángel ha dicho a Juan: "Sella lo que han dicho los siete truenos y no lo escribas". Yo digo que no es aún la hora de que se abra lo que está sellado y que si Juan no lo escribió Yo no lo diré. Por lo demás no os toca a vosotros probar ese horror y por ello... Sólo os queda orar por aquellos que lo deberán padecer, para que la fuerza no naufrague en ellos y no pasen a formar parte de la turba de quienes bajo el azote del flagelo no conozcan penitencia y blasfemen a Dios en lugar de llamarle en su ayuda. Muchos de éstos están ya en la tierra y su semilla será siete veces siete más demoníaca que ellos. Yo, no mi ángel, Yo mismo juro que cuando haya terminado el trueno de la séptima trompeta y se haya cumplido el horror del séptimo flagelo 87, sin que la raza de Adán reconozca a Cristo Rey, Señor, Redentor y Dios, e invoque su Misericordia, su Nombre en el cual está la salvación, Yo, por mi Nombre y por mi Naturaleza, juro que pararé el instante en la eternidad. Cesará el tiempo y comenzará el Juicio. El Juicio que divide para siempre el Bien del Mal después de milenios de convivencia sobre la tierra. 88 El Bien volverá al manantial del que ha venido. El Mal precipitará donde ya precipitó desde el momento de la rebelión de Lucifer y de donde salió para turbar la debilidad de Adán en la seducción del sentido y del orgullo. Entonces se cumplirá el misterio de Dios. Entonces conoceréis a Dios. Todos, todos los hombres de la tierra, desde Adán hasta el último nacido, reunidos como ,granitos de arena sobre la duna de la playa eterna, verán a Dios Señor, Creador, Juez, Rey. Sí, veréis a este Dios que habéis amado, blasfemado, seguido, escarnecido, bendecido, vilipendiado, servido, huido. Lo veréis. Sabréis entonces cuánto merecía vuestro amor y cuánto mérito era servirle. ¡Oh! ¡alegría de quienes se hayan consumado a sí mismos en el amarle y en el obedecerle! ¡Oh! ¡terror de quienes han sido sus Judas, sus Caínes, de quienes han preferido seguir al Antagonista y al Seductor en lugar de al Verbo humanizado en quien está la Redención; de Cristo: Camino hacia el Padre; de Jesús: Verdad santísima; del Verbo: Vida verdadera!». 21 de agosto Dice Jesús: «En mis dos testigos están simbolizados todos los maestros en la fe: pontífices, obispos, inspirados, doctores de la Iglesia, almas invadidas por la Luz y por la Voz. Ellos, con voz pura de toda veta humana, han proclamado a Mí y la verdad de mi doctrina y han puesto sello de santidad, de dolor, y también de sangre, para confirmación de su voz. 86 Sobre una copia mecanográfica, la escritora anota a lápiz: Derrota del Anticristo, pero no Juicio Universal. 87 Como arriba, la escritora anota: Los siete truenos corresponden a las 7 plagas descritas más adelante, el día 22-8 88 Como arriba, la escritora anota: Cuando habla aquí alude al tiempo de paz que precederá al fin, tiempo en el que comenzará la selección final bajo la última manifestación de Cristo-Rey que muchos no querrán seguir. El misterio de Dios se cumple inmediatamente después. Pero en italiano la lectura de la nota es incierta. 158 Odiados como Yo, Maestro de los maestros, Santo de los santos, han sido, más o menos, atormentados siempre por el mundo y por el poder, que encuentran en ellos quienes con su propia conducta dicen al mundo ya los grandes del mundo: "Lo que hacéis no es lícito". Y cuando llegue la hora del hijo de Satanás, el Infierno, ascendente del abismo abierto por el Anticristo, promoverá guerra despiadada contra ellos y, desde el punto de vista humano, les vencerá y matará. Pero no será muerte verdadera. Será más bien Vida de las vidas, Vida verdadera y gloriosa. Porque, si tendrán Vida quienes siguen mi Ley en los Mandamientos, ¿qué infinita plenitud de Vida tendrán quienes siguen también mis consejos evangélicos de perfección e impulsan su ser conmigo hasta el sacrificio total por amor de su Jesús, el eterno Inmolado de quien se hacen imitadores hasta el sacrificio de la vida? Llamados a una resurrección fulgidísima, serán éstos quienes se despojan de lo más querido para el hombre: la vida, con tal de seguirme a Mí por amor a Mí ya los hermanos. Nunca me cansaré de repetir esto: que no hay cosa mayor que el amor en el Cielo y sobre la tierra, y no hay amor más grande que este de dar uno la vida por sus hermanos». Dice aún Jesús: «Te dije un día 89 que en esta tragedia actual están ya en movimiento las fuerzas de Satanás, el cual ha mandado sus ángeles negros a mover los reinos de la tierra el uno contra el otro. La Batalla sobrenatural ha iniciado ya. Ésa es. Está detrás de los bastidores de la pequeña batalla humana. Pequeña no por extensión de mole, sino por motivo. No es, el pequeño motivo humano no es su origen. No es. Es otro el motivo verdadero que hace de los hermanos tantas fieras homicidas que se muerden y matan recíprocamente. Os batís con vuestros cuerpos. Pero en realidad son las almas las que se baten. Os batís por orden de cuatro o cinco poderosos. Creéis que sea así. No. Uno es el ejecutor de esta ruina. Uno que está sobre la tierra, porque vosotros lo queréis, pero que no es de esta tierra. Satanás es quien mueve los hilos de esta carnicería en la que, más que los cuerpos, son las almas las que mueren. Ésta es una de las batallas iniciales. El reino del Anticristo tiene necesidad de un cemento hecho de sangre y de odio para consolidarse. Y vosotros, que ya no sabéis amar, os tomáis la obligación de servirlo y os matáis recíprocamente, y maldecís a quien no tiene culpa de vuestro mal: a Dios, quien lucha con sus ángeles para tutelar lo que es suyo; la Fe en el corazón de los cristianos, la Bondad en el corazón de los buenos. Yo no soy quien hace la selección, por ahora. Sois vosotros quienes os seleccionáis, espontáneamente. Quienes a pesar del horror saben entender que Dios es siempre Dios, o sea Bondad y Justicia, y que la salvación está en el seguir la Ley de Dios, se separan de los que niegan estas verdades. Los primeros ascienden al encuentro de la Luz, los otros precipitan hacia las Tinieblas. Verdaderamente Satanás tiende, con sus demonios, a hacer una segunda escalada al Cielo. Pero rechazado por mi arcángel precipita sobre la tierra para vencer a Dios' a través del corazón de sus hijos. Porque cada alma que se pierde es una derrota para Dios. Y Satanás lo logra fácilmente porque el corazón de los hombres ya no tiene más llama de espíritu. Ya no tiene vida de espíritu. Es un nudo de pecado en el que prospera la triple lujuria que mata el espíritu. 89 En los dictados del 4 y del 19 de junio 159 Bienaventurados los que han vencido en virtud de la sangre del Cordero y han permanecido y permanecerán siempre fieles. Bienaventurados los que hayan rechazado a Satanás y a sus halagos y no se hayan preocupado de sus triunfos aparentes, de sus esfuerzos desatados en esta hora, que él sabe que es breve para su reino de maldición, y que permanezcan fieles a Cristo y a su Iglesia, desmembrada por la persecución anticristiana, mártir invicta como el Gran Mártir su Esposo, Cristo Crucificado, pero resucitada más hermosa, tras la aparente muerte, para entrar glorificada en el Cielo, donde el Pontífice verdadero la espera para celebrar las bodas». 22 de agosto Dice Jesús: «Te dije un día 90 que el eterno envidioso trata de copiar a Dios en todas las manifestaciones de Dios. Dios tiene sus arcángeles fieles. Satanás tiene los suyos. Miguel: testigo de Dios, tiene un rival infernal; y también lo tiene Gabriel: fuerza de Dios. La primera bestia, que sale del mar, que con voz de blasfemia hace proclamar a los engañados: "¿Quién hay semejante a la bestia?", corresponde a Miguel. Vencida y herida por éste en la batalla entre las tropas de Dios y las de Lucifer, al principio del tiempo, curada por Satanás, odia a muerte a Miguel, y ama, si de amor puede hablarse entre los demonios - es mejor decir: sumisión absoluta- a Satanás. Ministro fiel de su rey maldito, usa la inteligencia para dañar a la estirpe del hombre, criatura de Dios, y para servir a su amo. Usa fuerza sin fin y sin medida para persuadir al hombre a borrar, por sí mismo, mi signo que horroriza a los espíritus de las tinieblas. Quitado aquél, con el pecado que quita la gracia, crisma luminoso sobre vuestro ser, la Bestia puede acercarse e inducir al hombre a adorarle como si fuera un Dios y a servirle en el delito. Si el hombre pensase a qué sujeción se dona desposándose con la culpa, no pecaría. Pero el hombre no piensa. Mira el momento y la alegría del momento, y peor aún que Esaú cambia la divina progenitura por un plato de lentejas. Pero Satanás no utiliza sólo a este violento seductor del hombre. Por cuanto el hombre reflexione poco, en general, todavía hay demasiados hombres que, no por amor, sino por temor del castigo, no quieren pecar gravemente. Por eso he aquí el otro ministro satánico, la segunda bestia. Bajo aspecto de cordero tiene espíritu de dragón. Es la segunda manifestación de Satanás y corresponde a Gabriel, porque anuncia a la Bestia y es su fuerza más fuerte: la que demole sin consultar y persuade con dulzura fingida de que es justo seguir las huellas de la Bestia. Es inútil hablar de potencia política y de tierra. No. Si acaso podéis referir a la primera el nombre de Potencia humana y a la segunda el de Ciencia humana. Y si la Potencia por sí misma produce rebeldes, la Ciencia, cuando es únicamente humana, corrompe sin producir rebelión y arrastra a la perdición a un número infinito de adeptos. ¡Cuántos se pierden por la soberbia de la mente que les hace despreciar la Fe y matar el alma con el orgullo que separa de Dios! Que si bien Yo segaré en el último día la mies de la tierra, ya hay un segador entre vosotros. Y es este espíritu de Mal quien os siega y no hace de vosotros espigas de grano eterno, sino paja para la morada de Satanás. Una, sólo una ciencia es necesaria. Lo repetiré mil veces: conocer a Dios y servirle, conocerle en las cosas, verle en los acontecimientos y saber distinguirle a Él de su 90 En el dictado del 19 de junio 160 antagonista para no caer en perdición. En cambio os preocupáis de aumentar el saber humano en detrimento del saber sobrehumano. Yo no condeno la Ciencia. Al contrario me gusta que el hombre profundice con el saber los conocimientos que ha ido acumulando, para poder comprender cada vez más y admirarme en mis obras. Os he dado la inteligencia para esto. Pero debéis usarla para ver a Dios en la ley del astro, en la formación de la flor, en la concepción del ser, y no usar la inteligencia para violar la vida o negar al Creador. Racionalismo, Humanismo, Filosofismo, Teosofismo, Naturismo, Clasicismo, Darvinismo, tenéis escuelas y doctrinas de todos los géneros y os preocupáis de todas, por cuanto la Verdad esté muy pervertida o abolida en ellas. Sólo no queréis seguir y profundizar la escuela del Cristianismo. Resistencia natural, por lo demás. Profundizando en la cultura religiosa estaríais obligados o a seguir la Ley -y no lo queréis hacer- o a confesar abiertamente que queréis pisotear la Ley. Y tampoco queréis hacer esto. Por ello no queréis haceros doctos en la Ciencia sobrenatural. Pero ¡pobres necios! Y ¿qué haréis con vuestras escuelitas y de vuestras palabritas cuando tengáis que hacer mi examen? Habéis apagado en vosotros la luz infinita de la Ciencia verdadera y habéis creído iluminar vuestras almas con substitutivos de luz, así como pobres locos que pretendieran apagar el sol haciendo con muchos farolillos un nuevo sol. Pero aunque las nieblas escondan el sol, el sol está siempre en mi firmamento. Pero aunque con vuestras doctrinas creéis nieblas que ocultan el Saber y la Verdad, la Verdad y el Saber existen siempre porque vienen de Mí que soy eterno. Buscad la verdadera Sabiduría y comprenderéis cómo debe comprenderse la Ciencia. Liberad vuestras almas de todas las superestructuras artificiales y alzad en ellas la verdadera Fe. Como agujas de una catedral espiritual florecerán sobre ellas Ciencia, Sabiduría, Inteligencia y Fortaleza y Humildad y Continencia, porque el verdadero sabio sabe no sólo lo cognoscible humano, sino que sabe la cosa más difícil: dominarse a sí mismo en las pasiones de la carne y hacer de su parte inferior el pedestal para alzar su alma y lanzar el espíritu hacia los Cielos, al encuentro conmigo que vengo y estoy en cada cosa y que deseo ser el verdadero y santo Maestro de mis hermanos» . Más tarde Dice Jesús: «Las siete plagas últimas corresponden a los siete truenos no descritos 91. Como siempre, son descripciones figurativas pero en las cuales no está excluida totalmente la realidad. Te explico cuanto estimo oportuno que te sea explicado de ellas. La primera es la úlcera. Desde los tiempos de Moisés castigué con enfermedades repugnantes a las criaturas que habían cometido pecados imperdonables hacia Mí. María, hermana de Moisés, tuvo el cuerpo cubierto de lepra por haber hablado mal de mi siervo Moisés. ¿Cómo no debe suceder igual y todavía más a quienes hablan mal de su Dios? La lepra, o la úlcera que sea, se extiende cada vez más porque habéis extendido cada vez más vuestros pecados contra Dios y contra la admirable obra de Dios que sois vosotros. Cuando os revolcáis en la lujuria, ¿no creéis que cometéis un pecado contra Dios? Pues sí que lo cometéis, porque profanáis vuestro cuerpo donde el espíritu reside para acogerme a 91 En el dictado del 20 de agosto 161 Mí, Espíritu Supremo. ¿Y hasta qué punto está llegando la lujuria del hombre, cumplida con fría y consciente voluntad? Es mejor no profundizar en este abismo de repugnante degradación humana. Yo te digo que se llamaban inmundos ciertos animales, pero que el hombre los ha superado ya y todavía los superará más, y que si se pudiera crear un nuevo animal, obtenido del cruce de los monos con las serpientes y con los cerdos, todavía sería menos inmundo que ciertos hombres, los cuales tienen del hombre el aspecto, pero tienen el interior más lúbrico y repugnante que el animal más sucio. Como te he dicho, la humanidad se divide cada vez más. La parte espiritual, exigua al máximo, asciende. La parte carnal, numerosísima, desciende. Desciende a una profundidad de vicio espantosa. Cuando llegue el tiempo de la ira, la humanidad habrá alcanzado la perfección del vicio. ¿Y quieres que el hedor interno de sus almas muertas no transpire al exterior y corrompa las carnes, adoradas más que a Mí y usadas para todas las prostituciones? Y como las úlceras serán provocadas por vosotros, así llenaréis de sangre el mar y las aguas de los ríos. Los estáis llenando ya con vuestras carnicerías, y los habitantes de las aguas disminuyen, matados por vosotros, contribuyendo a vuestra hambre. Habéis pisoteado tanto los dones que Dios os ha dado para vuestras necesidades materiales, que tierra, cielo y aguas se están haciendo vuestros enemigos y os niegan los frutos de la tierra y los habitantes de las aguas, de los ríos, de los bosques, del aire. Matad, matad si queréis, pisotead la ley de amor y de perdón, esparced la sangre fraterna y especialmente la sangre de los buenos, que perseguís justamente porque son buenos. Pero tened cuidado no sea que un día Dios os obligue a saciar vuestra hambre y vuestra sed con la sangre que habéis derramado, en oposición con mi orden de paz y de amor. Rebeldes vosotros a las leyes que os he dado, rebeldes hacia vosotros los astros y los planetas que hasta ahora os han donado la luz y calor que necesitabais, obedeciendo, ellos, a las reglas que Yo he señalado por bondad hacia vosotros. Enfermedades repugnantes como marca de vuestro vicio; sangre en las aguas como testimonio de toda la sangre que habéis querido derramar, y entre ésta está la mía; fuego del sol para haceros probar por adelantado las brasas eternas que esperan a los malditos; tinieblas para advertiros de que las tinieblas esperan a quien odia la Luz: todo esto para induciros a reflexionar y arrepentiros. Y no servirá. Continuaréis precipitando. Continuaréis cumpliendo vuestras alianzas con el mal, preparando el camino a los "reyes de Oriente", es decir, a los ayudantes del Hijo del Mal. Parece que sean mis ángeles quienes traen las plagas. En realidad sois vosotros. Vosotros las queréis y vosotros las tendréis. Hechos dragones y bestias vosotros mismos, por haberos desposado con el Dragón y la Bestia, daréis a luz, de vuestro interior corrompido, los seres inmundos: las doctrinas demoniacas absolutas que realizando falsos prodigios seducirán a los poderosos y los arrastrarán a batalla contra Dios. Estaréis tan pervertidos que tomaréis por prodigios celestiales cuanto es creación infernal. María, ahora te cojo de la mano para conducirte al punto más oscuro del libro de Juan. Los comentaristas del mismo han agotado su capacidad en muchas deducciones para explicar a sí mismos y a las muchedumbres quien sea la "gran Babilonia". Con visión humana, a la que las sacudidas producidas por acontecimientos deseados o por acontecimientos sucedidos no es ajena, han dado el nombre de Babilonia a muchas cosas. ¿Pero cómo no han pensado nunca que la "gran Babilonia" sea toda la Tierra? ¡Sería un Dios Creador muy pequeño y limitado si sólo hubiera creado la Tierra como mundo habitado! 162 Con un latido de mi querer he suscitado mundos y mundos de la nada y los he proyectado, polvillo luminoso, en la inmensidad del firmamento. La Tierra, de la que estáis tan orgullosos y tan feroces, no es más que uno de los polvillos rotantes en el infinito, y no el más grande. Pero ciertamente es el más corrompido. Vidas y vidas pululan en los millones de mundos que son la alegría de vuestra mirada en las noches serenas, y la perfección de Dios os aparecerá cuando podáis ver, con la visión intelectual del espíritu unido nuevamente a Dios, las maravillas de esos mundos. ¿No es acaso la Tierra la gran meretriz que ha fornicado con todas las potencias de la tierra y del infierno, y los habitantes de la Tierra no se han prostituído a sí mismos: cuerpos y almas, con tal de triunfar en el día de la tierra? Sí que es así. Los delitos de la Tierra tienen todos los nombres de blasfemia, como los tiene la Bestia con la que se han aliado la Tierra y sus habitantes con tal de triunfar. Los siete pecados están como ornamento horrible sobre la cabeza de la Bestia que transporta Tierra y terrestres a los pastos del Mal, y los diez cuernos, número metafórico, están para demostrar las 'infinitas infamias cumplidas con tal de obtener, a cualquier precio, cuanto quiere su feroz codicia. ¿Acaso no está la Tierra empapada de la sangre de los mártires, ebria por este licor santo que bebido por su boca sacrílega se ha transformado en filtro de embriaguez maldita? La Bestia que la lleva: compendio y síntesis de todo el mal cumplido desde Adán en adelante con tal de triunfar en el mundo y en la carpe, trae detrás de sí a quienes, adorándola, se harán reyes de una hora y de un reino maldito. Sois reyes como hijos de Dios, y es reino eterno. Pero os hacéis reyes de una hora y de un reino maldito cuando adoráis a Satanás, el cual no puede daros más que un efímero triunfo pagado a precio de una eternidad de horror. La Bestia -dice Juan- fue y no es. Así será al final del mundo. Fue, porque realmente ha existido; no es porque Yo, Cristo, la habré vencido y sepultado porque, entonces, ya no será necesaria para los triunfos del mundo 92. ¿No está la Tierra sentada sobre las aguas de sus mares y no se ha servido de éstos para dañar? ¿De qué no se ha servido? Pueblos, naciones, razas, confines, intereses, alimentos, expansiones, todo le ha servido para fornicar y cumplir desaforados homicidios e iscarióticas traiciones. Sus propios hijos, nutridos por ella con sangre de pecado, cumplirán la venganza de Dios sobre ella, destruyéndola, destruyéndose, llevando la suma de los delitos contra Dios y contra el hombre al número perfecto que exige el retumbar de mi: "¡Basta!". La sangre de los mártires y de los profetas hervirá en esa hora, perfumando mi trono con agradable olor grato, y los terrones de la tierra, que han recogido los gemidos de los asesinados por odio hacia Mí recibiendo sus últimas sacudidas, lanzarán un gran grito hecho de todos esos santos gemidos y temblarán de convulsión de angustia, sacudiendo las ciudades y las casas de los hombres en las que se peca y mata, y llenando la bóveda de los Cielos de voz que clama Justicia. Y habrá Justicia. Yo vendré. Vendré porque soy Fiel y Veraz. Vendré a dar Paz a los fieles y Juicio santo a los vividos. Vendré con mi nombre cuyo sentido tan sólo es conocido por Mí y en cuyas letras están los atributos principales de Dios de quien soy Parte y Todo. Escribe: Jesús 93: Grandeza, Eternidad, Santidad, Unidad. Escribe: Cristo: Caridad, Redención, Inmensidad, Sabiduría, Trinidad, Omnipotencia (de Dios condensada en el nombre del Verbo humanado). Y si te parece que falte algún atributo, piensa que la Justicia está comprendida en la santidad, porque quien es santo es justo, la Realeza en la grandeza" la Creación en la omnipotencia. Por eso en mi nombre están proclamadas las alabanzas de 92 En una copia dactilográfica, la escritora anota a pie de página, a lápiz: Después de la derrota del Anticristo y la destrucción de Babilonia 93 En el original italiano se lee "Gesú" (NdT) 163 Dios. Nombre santo cuyo sonido aterra a los demonios. Nombre de Vida que das Vida, Luz, Fuerza a quien te ama e invoca. Nombre que es corona sobre mi cabeza 94 de vencedor de la Bestia y de su profeta que serán presos, clavados, sumergidos, sepultados en el fuego líquido y eterno cuya mordaz crueldad es inconcebible para el sentido humano. Entonces será el tiempo de mi Reino de la Tierra. Por ello habrá una tregua en los delitos demoníacos para dar tiempo al hombre de volver a oír las voces de cielo. Quitada de en medio la fuerza que desencadena el horror, descenderán como cascadas de gracia, como ríos de aguas celestes, de las grandes corrientes espirituales, para decir palabras de Luz. Pero del mismo modo que a lo largo de los siglos no recogieron las Voces aisladas, comenzando por la del Verbo, que hablan de Bien, los hombres estarán sordos, siempre sordos, menos los señalados por mi signo, mis amigos dilectísimos atentos a seguirme, sordos a las voces de muchos espíritus, a las voces semejantes al rumor de muchas aguas que cantarán el cántico nuevo para guiar a los pueblos al encuentro con la Luz y sobre todo a Mí: Palabra eterna. Cuando se haya cumplido la última tentativa 95, Satanás vendrá por última vez y encontrará seguidores en los cuatro rincones de la tierra, y serán más numerosos que la arena del mar. ¡Oh! ¡Cristo! ¡Oh! ¡Jesús que has muerto para salvar a los hombres! Sólo la paciencia de un Dios puede haber esperado tanto, haber hecho tanto, y haber obtenido tan poco sin retirar a los hombres su don y hacerles perecer mucho antes de la hora señalada. Sólo mi Paciencia que es Amor podía esperaros, sabiendo que, como arena que se filtra por una sutilísima criba, escasamente algún alma llegaría a la gloria respecto de la masa que no sabe, que no quiere filtrarse a través de la criba de la Ley, del Amor, del Sacrificio, para alcanzarme. Pero en la hora de la venida, cuando, como Dios, Rey y Juez, Yo venga para reunir a los elegidos y maldecir a los réprobos, arrojándoles allí donde el Anticristo, la Bestia y Satanás ya estarán para siempre, tras la suprema victoria de Jesucristo, Hijo de Dios, Vencedor de la Muerte y del Mal, a estos elegidos que han sabido permanecer "vivos" en la vida, vivos en el espíritu esperando nuestra hora de triunfo, les daré la posesión de la morada celeste, les daré a Mí mismo sin pausas y sin medida. Aspira a esa hora, María. Llámala y llámame con todas las fuerzas de tu espíritu. He aquí, ya vengo cuando un alma me llama. Junto al Amado que vio desde la Tierra la gloria del Cordero, Hijo de Dios, la gloria de su y de tu Jesús, di, con cada latido de tu corazón: "Ven, Señor Jesús"». Soy un trapo, un pobre trapito. Sólo tengo el alma sumergida en la dulzura. Al dictarme, Jesús me hace entender que cuando dice Tierra quiere decir mundo tomado no como globo de polvo y de aguas, sino más bien, como unión de personas. No sé si lo sé explicar bien. Cuando dice Tierra quiere decir, diré así: ente moral, y cuando dice tierra quiere decir simplemente planeta compuesto de terrenos, de montes, de aguas. Culpable la primera, inocente la segunda. Por esto puede decir sin contradecirse que la sangre de los mártires ha llegado a ser veneno para la Tierra que la ha bebido (en sus habitantes) con ira sacrílega y la ha derramado (en sus potencias estatales) con abuso blasfemo de poder temporal; mientras que la tierra globo, rotante en el espacio del éter, ha bebido con respeto y acogido con amor la 94 Como arriba, la escritora anota: en el período de paz que precede el juicio 95 Como arriba, la escritora anota: La tentativa de la paz después de los castigos, de la evangelización espiritual 164 sangre de los mártires y sus convulsiones agónicas, y las presenta, la una y las otras, al Eterno, pidiendo, materna y piadosa, que no hayan sido derramadas y sufridas en vano y que se haga justicia de ellas. Estoy contenta de haber recibido la explicación directa del Libro que me gusta tanto, pero humanamente le aseguro que estoy deshecha. Me parece ser algo vacío, una cosa exprimida. No tengo nada más dentro después de haber tenido tanto. En estos días, aplastada bajo las grandes voces que escuchaba dentro, tenía una intolerancia hacia el ruido humano, ¡y he tenido tanto a mi alrededor! He sufrido muchísimo, apresada entre los obstáculos comunes de la vida y las exigencias sobrenaturales del Maestro. Bien. Ya está hecho. Y ahora digo: "Un poco de descanso, si no la pobre escritorzuela de Jesús termina rompiéndose como una máquina demasiado usada". Ahora a usted para la copia. Pero, cuando me traiga el fascículo, tráigame también este cuaderno. Me cuesta menos corregir si tengo delante el manuscrito. Si no ¿cómo hago para recordar y añadir las palabras que faltan? ¿Quién se acuerda? Después se lo devuelvo. Y en cambio todavía hay que decir. Dice Jesús: «Antes de cerrar este ciclo hay que hablar de las dos resurrecciones. La primera comienza en el momento en que el alma se separa del cuerpo y aparece ante Mí en el juicio particular. Pero sólo es resurrección parcial. Más que resurrección se podría decir: liberación del espíritu de la envoltura de la carne y espera del espíritu para reunirse con la carne y reconstruir el templo vivo, creado por el Padre, el templo del hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Una obra a la que le falta una parte está incompleta y es imperfecta. La obra hombre, perfecta en su creación, está incompleta e imperfecta si no está unida en sus diversas partes. Destinados al Reino luminoso o a la morada tenebrosa, los hombres deben estar en éstos para siempre con su perfección de carne y espíritu. Por esto se habla de la primera y de la segunda resurrección. Pero observa. Quien ha matado su espíritu con vida terrena de pecado viene a Mí, en el juicio particular, con un espíritu ya muerto. La resurrección final hará que su carne vuelva a coger el peso del espíritu muerto para morir totalmente con él. Mientras que quien ha vencido a la carne en la vida terrena viene a Mí, en el juicio particular, con un espíritu vivo que, entrando en el Paraíso, aumenta su vivir. También los purgantes son "vivos". Enfermos, pero vivos. Lograda la curación en la expiación, entrarán en el lugar que es Vida. En la resurrección final su espíritu vivo de mi Vida, a la que estarán indisolublemente unidos, volverá a tomar la carne para glorificarla y vivir totalmente con ella así como Yo vivo con ella. Por eso se habla de muerte primera y segunda, y, en consecuencia, de resurrección primera y segunda. El hombre debe llegar por propia voluntad a esta posesión eterna de la Luz -porque en el Paraíso poseéis a Dios, y Dios es Luz- , como por propia voluntad ha querido perder la Luz y el Paraíso. Yo os doy las ayudas, pero la voluntad debe ser la vuestra. Yo soy fiel. Os he creado libres y libres os dejo. Y si pensáis cuánto es digno de admiración este respeto de Dios por la voluntad libre del hombre, podéis entender cómo sería vuestro deber no abusar de ello, utilizándola para el mal, y tener respeto, reconocimiento y amor hacia el Señor, Dios vuestro. A los que no han abusado, Yo digo: "Está preparada vuestra morada en el Cielo, y deseo 165 ardientemente que estéis en mi Beatitud"». 23 de agosto 7 horas Al Padre 96 y a mí. Dice Jesús: «Te repito a ti y al Padre palabras que he dicho hace 20 siglos y que son siempre nuevas y ahora particularmente apropiadas a vuestro caso: "Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor... Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa. Vosotros sois mis amigos si hacéis aquello que os mando. Ya no os llamo siervos, porque os he dado a conocer lo que he oído de mi Padre. No sois vosotros los que me habéis elegido a Mí, sino Yo quien os ha elegido a vosotros y os he destinado a ir y dar frutos duraderos. Amaos mutuamente y amadme cada vez más. El mundo os odia porque os he elegido. El mundo sólo se ama a sí mismo y a sus propias obras y odia lo que está bajo mi Nombre. No obstante he hecho y hago en el mundo obras que ningún otro ha hecho. Por ello no tienen excusa los que me odian. Pero esto debe suceder porque está dicho: 'Me odiaste sin razón'. No obstante no tienen excusa en su obstinación en el mal, porque si Yo no hubiera venido como Maestro estarían excusados, pero Yo he venido y vengo y no se me quiere escuchar. Por esto no tienen ningún atenuante". Yo os mando, con mandamiento de amor porque sois mis amigos, que no desperdiciéis estas palabras mías. Usadlas para vosotros y para muchas almas. No están dichas sin razón. Os las he dicho para vuestra alegría, ¡oh amigos míos!, con los que me es dulce decir los pensamientos más secretos y pedir ayuda para ser amado por quien ya no sabe amar y que perece sin saber ni siquiera que está pereciendo. Quiero que vosotros viváis en alegría. Pero alegría sobrenatural, porque por mi amor seréis odiados por el mundo para el que Yo soy odioso. El mundo da penas y dolor a quien me ama. Pero no importa. Yo os digo: perseverad en mi amor. Yo seré vuestra recompensa. Id y esparcid la Palabra. Andad con discernimiento y cuidado. No la apliquéis a todos del mismo modo. Que el Espíritu de Luz, del que se hablaba ayer en la Misa, os ayude en la elección de los textos que hay que dar a conocer y los que deben, por ahora, permanecer ocultos. Es mi consejo que hagáis una selección de las palabras dichas. Hay textos que por ahora deben permanecer un dulce coloquio entre nosotros. Otros que van dados a conocer sólo a personas que, por su veste o por su alma, están ya en grado de ser admitidos a ciertos conocimientos. Otros textos pueden ser dichos y difundidos entre las almas. Todas mis palabras son santas, pero no son santas las muchedumbres. Por ello es necesario que seáis prudentes como serpientes para evitar las espirales engañosas de la gran serpiente que es el espíritu del mundo, el cual ahoga y envenena lo que es bueno o desvía de tal modo que el bien sirva de pretexto al mal. Y los momentos en que vivís, pobres amigos míos, están aún más colmados de hastío y de espíritu contrario a Dios de lo que estuvieran cuando yo fui juzgado por un puñado de hombres enloquecidos por el pecado. Por ello es necesario ser vigilantes porque se encontraría enseguida el pretexto de dañar a los enemigos, de incitar a las muchedumbres para fines no santos, que se revisten de una apariencia buena pero que por debajo son tan sólo una ebullición de pasiones y ambiciones sociales. Mi Palabra de Verdad no debe servir para la mentira. Mi Palabra de Misericordia no debe 96 Padre Migliorini 166 servir para las venganzas. Por lo tanto, atención. El Padre más que tú debe saber como regularse. Ore, orad. El Espíritu Santo os ayudará. Recordad siempre que tenéis entre las manos medicinas aptas para curar a las almas y que éstas han quedado muy mal por el escarnio que de ellas han hecho las pasiones y los pecados. Están destrozadas por las explosiones internas del Mal y desangradas por los golpes que reciben del externo. Son toda una llaga y están exhaustas. Como médicos, debéis tener toque ligero y suma paciencia para tratar a estas pobres llagadas y comunicar en ellas la Vida. Yo no puedo callar lo que digo, y vosotros no podéis no recibir lo que os digo. Pero esto no quita que se requiera buen sentido para usar mi don. Regulaos como para Sor Benigna 97. No una abierta y resonante difusión, sino un lento difundir cada vez más amplio, y que sea sin nombre. Esto para tutelar tu espíritu que la soberbia podría turbar y tu persona que no necesita otras agitaciones. Cuando tu mano esté firme en la paz en espera de resurgir en la gloria, entonces, sólo entonces se dará a conocer tu nombre. Ser perseguidos por amor mío es una gloria. Pero tengo tan pocos amigos y tan escasos portavoces que no quiero que sean molestados o destruidos por el odio del mundo. Tengo compasión de las almas y tutelo a los portadores de mi Voz como y más que a Mí mismo. No os hagáis la ilusión de obtener gran cosa con mis Palabras. Caen sobre almas casi todas muertas. Pero nosotros debemos intentar hasta lo último la salvación de los corazones. Hemos sido formados para esto, hermanos míos. Exhalamos por ello el verdadero oxígeno a las almas que sucumben por la asfixia del mundo, del sentido, del dinero. Nosotros cumplimos nuestra labor. Si ellos permanecen piedras sin vida, peor para ellos. Te he hablado con palabras de hace 20 siglos, porque son siempre recientes y siempre dulces como entonces porque Yo soy eterno y fiel y vosotros, que os sucedéis en los siglos, sois siempre mis apóstoles de la hora presente, mis amigos, los ejecutores de la Voluntad del Padre y de mis deseos. Os doy mi paz, ¡oh benditos míos!». 24 de agosto (Respecto a la señora Curie 98). Dice Jesús: «Son criaturas humanamente perfectas. En ellas todo ha alcanzado la perfección, excepto su espíritu que ha retrocedido cada vez más hasta hacerse un embrión de espíritu. Tienen un genio perfecto, una seriedad perfecta, una honestidad perfecta, una humildad perfecta. Todo humanamente perfecto. Su virtud es llama que no calienta. Es fuego frío. No tiene valor para Mí. Prefiero una espiritualidad imperfecta a una humanidad perfecta. Tanto fulgor de perfección humana es como la luminosidad de 100, de 1000 lámparas en arco. Dan luz; es innegable. Pero es luz artificial que, si un pequeño mecanismo se estropea, muere enseguida y no queda nada de ella. Mientras el espíritu, aunque sea imperfecto, es siempre un pequeño sol viviente con luz propia que brota de la Gracia que está en él. Hablo del espíritu vivo, es decir, viviente en Mí, vivificado por la Gracia. El haber poseído una inteligencia superior que les ha permitido adentrarse en los misterios de la naturaleza, también debería haberles llevado a ver la potencia de Dios y su existencia cuyo ser está escrito en todas las cosas creadas. En cambio nada de esto. Son seres llenos 97 Sor Benigna Consolata Ferrero (1885-1916) 98 Marie Curie (1867-1934) 167 de ciencia, pero faltos del hilo que lleva al conocimiento de cuanto existe. Inventores de lo nuevo, pero negadores de lo eterno. Descubridores de fuerzas secretas, pero indiferentes a la Fuerza de las fuerzas: Dios. Esto no lo buscan, mejor dicho voluntariamente lo niegan. O por lo menos lo descuidan. Y por esto la ciencia humana, innegablemente avanzada, no da frutos buenos sino envenenados. Falta en el corazón y en la mente de los científicos el fuego del amor que hace respetar y amar a Dios, que hace respetar y amar al prójimo. En el caso concreto, esa mujer no dañó, más bien benefició a los hermanos. Es ya mucho. Pero reflexiona sobre el impulso que hubiera imprimido a su escuela, a sus discípulos y a los discípulos de los discípulos si al encanto de su yo hubiera unido una religiosidad profunda. Cree también, alma mía, que en la hora del juicio aparecerán más grandes pequeñas criaturas iletradas que no lumbreras de la ciencia. Las primeras encendidas por el amor, serán vivas estrellas en mi cielo. Las demás, aunque no las condenaré, por el bien que humanamente han cumplido, serán simplemente nebulosas en mi Paraíso. Serán los salvados por mi Misericordia sin ningún mérito por su parte, salvados más que por ellos mismos, por las oraciones de los beneficiados por ellos. Ahora dime: ¿prefieres ser una pequeña nada en el campo del saber y ser mía, muy mía en ésta y en la otra vida, o te hubiera gustado ser astro aquí abajo y opaca nebulosa allí arriba? Sé ya tu respuesta y por esto te digo: "Has respondido sabiamente. Va en paz"». 25 de agosto Dice Jesús: «Para Mí no es diferente el grande que vive en los palacios o el pastor que duerme sobre la hierba en medio de su rebaño. Sois todos hermanos e hijos míos, y por ricos y pobres, por potentes y míseros he vertido mi Sangre. Por ello no aplaudo ciertas diferencias que se están siguiendo ahora. No apruebo las matanzas, sea cuál sea el lugar donde se realizan. No las apruebo porque son contrarias a la caridad y porque son serio motivo a los débiles para desesperar. Pero no apruebo tampoco que exista quien, aprovechando una posición de privilegio, se salva dejando otros lugares bajo la tormenta diabólica. Pero sabe que Yo estoy allí donde los míos sufren. Estoy por ello donde es más vivo el peligro e inminente la desgracia. Allí donde se muere, por obra del hombre, allí está el Redentor que absuelve y bendice». 26 de agosto Dice Jesús: «Es talla belleza, la potencia, la fuerza de la Fe que sólo podréis entender su plenitud en el Cielo. Aquí abajo no tenéis más que un pálido reflejo, incluso en las almas más invadidas de Fe. Pero este reflejo es ya tan amplio que basta para dar una orientación a toda una vida y conducirla derecha derecha a Mí. Hablo de la Fe. De la verdadera Fe: De mi Fe. No hay sino un Dios, no hay sino un Cristo, no hay sino una Fe. Esta verdadera Fe que ha nacido con el hombre, habitante de la Tierra, única flor en el desierto y en el exilio del primer hombre y de su descendencia, que se ha perfeccionado en los siglos, alcanzando la plenitud con mi venida -sello, que no miente y que no se puede desmentir- a la fe de los patriarcas y de los profetas, esta Fe que custodia la Iglesia, 168 depositaria de los tesoros del Verbo, no es cambiable, porque comparte con su Creador los atributos de inmutabilidad y de perfección. Fíjate bien. ¿Qué aseguraba la Fe a los antiguos padres? Mi venida, acto de una caridad tan excelsa que sólo él basta para dar seguridad en un Dios, Padre del género humano. Aseguraba la vida eterna reservada a todos los que han muerto en el Señor y anunciaba eterno castigo a los transgresores de la Ley del Señor. Aseguraba nuestra Una y Trina Entidad. Aseguraba la existencia del Espíritu Santo del que viene toda sobrenatural luz espiritual. ¿Qué asegura la Fe de los cristianos, desde hace 20 siglos hasta ahora? Las mismas cosas. ¿Acaso he cambiado Yo la Fe? No. Al contrario la he confirmado y la he construido alrededor la roca fuerte de mi Iglesia Católica, apostólica, romana, en la que está la Verdad depositada por Mí mismo. Hasta el último día y el último hombre la Fe es y permanece "aquélla". No puede ser otra. Que si vosotros me decís que el mundo evoluciona, Yo os respondo que tal evolución no es obstáculo a la Fe, sino más bien os debe hacer cada vez más fácil el creer. Creer no quiere decir ser bobalicones. Creer es aceptar y comprender según la luz de la inteligencia cuanto os viene dicho por los que no han mentido nunca: los santos de Dios, partiendo de los patriarcas; creer es entender a la luz de la Gracia, que plena y abundantemente os he traído, todo lo que aún permanece oscuro a la inteligencia. Creer es sobre todo amar. La credulidad es necia. El creer es santo porque es tener el espíritu obediente a los misterios del Señor. Bienaventurados los que no cambian su fe. Bienaventurados los que permanecen fieles al Señor. Luz sobre luz es la Fe en un ser. Las cosas, todas las cosas: sean naturales o sobrenaturales, se revelan en una luz de verdad, ignorada por los incrédulos, y el alma sube a las alturas de amor, de veneración, de paz, de seguridad. No, no se puede describir con palabra humana lo que es la Fe en un corazón. Y no se puede tampoco entender, por parte de los que creen, cuál sea el abismo de terror, de tiniebla, de aniquilamiento de un corazón falto de Fe. Pero no juzgues nunca a tus desgraciados hermanos incrédulos. Cree también por ellos. Para reparar sus negaciones. Sólo Yo juzgo. Sólo Yo condeno. Sólo Yo premio. Y sólo Yo sé cómo quisiera solamente premiar, porque os amo. Os amo hasta el punto que para poderos salvar he muerto por vosotros, por todos vosotros. Y no me podéis dar mayor alegría que la de salvar vuestra alma: dejármela salvar. Y no me podéis dar mayor dolor que el de querer perder vuestra alma rechazando mi don de salvación. Ahora piensa tú, María mía, cuánto dolor tiene tu Jesús. Tu Jesús que ve perecer a las almas como flores abrasadas por un viento de fuego que día a día acelera su obra destructora. En verdad te digo que esto es más doloroso que la bárbara flagelación. Tu Jesús llora, María. Lloremos juntos sobre las pobres almas que quieren morir. Aunque nuestro llanto no las salve, quedará siempre el tuyo como consuelo de tu Jesús, y sé bendita por este consuelo». 27 de agosto Dice Jesús: «También en el Apocalipsis parece que los periodos se confunden, pero no es así. Sería mejor decir: se reflejan en los tiempos futuros con aspectos cada vez más grandiosos. Ahora estamos en el período que Yo llamo: de los precursores del Anticristo. Después vendrá el período del Anticristo que es el precursor de Satanás. Esto estará ayudado por las 169 manifestaciones de Satanás: las dos bestias nombradas en el Apocalipsis. Será un período peor que el actual. El Mal crece cada vez más. Vencido el Anticristo, vendrá el período de paz para dar tiempo a los hombres, impresionados por el estupor de las siete plagas y por la caída de Babilonia, de recogerse bajo mi signo. La época anticristiana subirá a la máxima potencia en su tercera manifestación, es decir cuando llegue la última venida de Satanás. ¿Habéis entendido? Es necesario creer, y no cavilar. Verdaderamente tú habías entendido, precisamente porque no cavilas. Los dictados no se contradicen entre ellos. Es necesario saberlos leer con fe y sencillez de corazón. Como a quien urge el hacer entender una cosa, Yo voy siempre derecho a la cosa que más importa y que aquí es mi reino. Porque en el reino está la justificación del haberme encarnado y haber muerto. Porque en el reino está la prueba de mi infinita potencia, bondad, sabiduría. Porque en el reino está la prueba de la vida eterna, de la resurrección de la carne, de mi poder de Juez. Por ello cuando he hablado para explicar el Apocalipsis, en los puntos concretos explicados, he puesto casi siempre como corona mi Juicio, mi triunfo, mi reino, la derrota de Satanás en sí mismo, en su criatura, en los precursores. Leed bien y veréis que no hay contradicción. Lo dicho, dicho está» . 28 de agosto Dice Jesús: «Cuando Yo digo ser "el eterno Inmolado" 99 no digo un concepto nuevo. Quienes estuvieron más cercanos a Mí -Pedro y Juan- tienen el mismo concepto. Ni pueden tenerlo distinto todos los que meditan sobre las obras del Padre, del Hijo y del Espíritu. Tal vez a vosotros hombres os causa estupor que Dios, sabiendo por su infinita Inteligencia todas las cosas, haya procedido a crear el hombre, y casi os preguntáis si Dios sabía o no sabía todo lo que el hombre habría cometido. ¡Oh! ¡lo sabía! Nada es desconocido al Dios Uno y Trino. Todos los acontecimientos del Universo: nacimientos y muertes de planetas, formarse y disgregarse de nebulosas, vida o muerte sobre los astros lanzados en el espacio, cataclismos, explosiones, son conocidos, eternamente, por el Eterno. Y del mismo modo eternamente son conocidos todos los sucesos de la Tierra: uno de los millones de mundos creados por Dios, el que a vosotros es conocido porque sois sus habitantes. Y eternamente son conocidos todos los acontecimientos del hombre, tomado como habitante de la Tierra. Antes de que Adán existiera, Dios sabía que Adán pecaría. Y con él pecarían, durante milenios, la raza de Adán. Ni uno de los pecados de los hombres, ni una de las virtudes de los hombres, son desconocidas por nuestra Sabiduría, sea en el momento en que acontecen, sea por un tiempo tan anticipado que no tiene comparación con ningún límite de vuestro tiempo, remontándose hacia atrás en los siglos de los milenios hasta la no existencia del tiempo: a la eternidad. Lanza la mirada, ¡oh María!, a nuestra eternidad. Sumérgete en este signo de Dios. Es como si tú fijas la mirada hacia un cielo limpísimo y piensas que más allá de aquel azul, que te parece límite, hay otro, otro, otro espacio ilimitado, cada vez más alto... Un vórtice de éter, un remanso de azul que cuanto más subes más profundo se hace, ni le encuentras confín. Su azul, que es, que no es más que su no ser, como sustancia consistente. Su azul está hecho por millones incalculables de kilómetros de éter en el que danzan los mundos creados por mi Padre. 99 En el dictado del 17 de agosto 170 Lo mismo es nuestra eternidad. ¡Es! ¿Cuándo comenzó? ¡Nunca! ¿Cuándo terminará? ¡Nunca! ¿Cuánto durará? ¡Siempre! ¿Desde cuándo dura? ¡Desde siempre! Nunca. Siempre. Medita qué inmensa potencia hay en estas dos palabras aplicadas a la Perfección. No vuestro "siempre" unido a vuestra breve vida y que no dura ni siquiera lo que dura la vida. No vuestro "nunca" sujeto a tan rápidas desmentidas. Sino nuestro "siempre" y nuestro "nunca" que no conocen ninguna mengua y se revisten de nuestra Perfección. Nada está oculto para Dios. Nada. Y entonces, os preguntáis vosotros, pobres hombres, ¿por qué Dios ha creado al hombre? ¡Oh! ¡qué inútil porqué! ¿Quisierais vosotros juzgar la obra de Dios? ¿Hacer un proceso a sus acciones? Cuando estéis en la gloria comprenderéis todos los misteriosos por qué. Leeréis, con la mirada del espíritu libre, páginas que ahora ignoráis, que ahora inútilmente queréis ojear cayendo, por vuestra inútil soberbia de hormigas que quieren perforar un monte de mármol, en los más perniciosos errores. ¡Cuántos misterios tiene aún el Universo para vosotros! Estáis sumergidos en el misterio. Misterio de Dios. Misterio de los por qué de Dios. Misterio de la segunda vida. Misterio de las leyes cósmicas. Misterio de relaciones entre este planeta vuestro y los otros mundos. Misterios de las relaciones entre los vivientes sobre la tierra y los que ya han pasado a la segunda vida. Vuestra curiosidad humana, la necesidad de vuestra alma de volver a sus orígenes, os dan santas y no santas inquietudes. Santas, cuando os empujan a obrar bien deseando profundizar el misterio y la unión con lo sobrenatural para sentiros menos exiliados fuera del Reino del espíritu, y para haceros cada vez más capaces de entender las palabras espirituales y merecerla vida espiritual que alcanza la perfección en la otra vida, en mi bienaventuranza. No santas, cuando queréis, descartando la bella y sencilla Fe, imitar a Adán y conocer lo que no es útil por ahora conocer, violando el secreto, forzando celestiales puertas, molestando reposos paradisíacos, atravesando barreras intocables. Esto está mal, hijos míos. Creedlo. Dejad a vuestro Dios la iniciativa de instruiros sobre los misterios del más allá. Él sabe hasta qué punto os puede introducir en el secreto que está más allá de la muerte. Fiaos de vuestro Padre y Maestro. No queráis irrespetuosamente ir más allá del límite. No queráis querer más de lo que quiere Dios. Respetad. Vaya esto para todos los que no se contentan con cuanto he dicho y quieren saber más ¿Pero creéis vosotros que si hubiera sido bueno el saberlo, Yo habría desmemoriado a los tres resucitado s del Evangelio? Sin embargo ninguno de ellos dijo lo que hay en la otra parte. Ni siquiera Yo, Verbo del Padre y Sabiduría infinita, os he revelado el misterio de la muerte y con él otros, cuyo conocimiento no es necesario para vuestra santificación, sino más bien es nocivo para la misma. Creer es más alto que conocer. Creer es amar. Lo vuelvo a decir 100. Creed por lo tanto que si Dios os ha creado ha sido por impulso de amor. Creedlo con amor para responder a tal amor. Y con séptuplo amor creed que Yo, el eterno Inmolado, soy llamado así con justa palabra porque, antes de que el tiempo existiera, Yo soy el destinado a ser inmolado para salvaros. No ha iniciado mi holocausto con mi vida corporal. No. Existía antes de que Yo me hiciera carne en el seno de la Virgen. No ha iniciado con la expulsión de Adán. No. Existía antes de que Adán pecara. No ha iniciado cuando el Padre dijo: "Hagamos al hombre". No. Existía antes de tal pensamiento creativo. 100 Ya en el dictado del 26 de agosto 171 Ese holocausto, cumplido por la segunda Persona de Nuestra Trinidad santa, es como el latido en el centro del eterno corazón de nuestro Ser, desde siempre. Desde siempre, ¿entiendes? Eterno como Nosotros somos eternos. Todo previsto y todo preordenado, eternamente. Yo soy el eterno Inmolado, la Víctima eterna, Aquel que os comunica su Sangre para curaros de las enfermedades de las culpas, Aquel que os robustece con ella en Dios, Aquel que os da todas las certezas de la fe y de la esperanza y os nutre con su caridad para que podáis creer, vivir en Dios, santificaros por medio de la Palabra que no muere y que no permite que muera quien se nutre de ella. Creed en Mí, amigos míos, y pedidme la gracia de creer cada vez más. La luz de la Fe y la de la caridad os permitirán ver cada vez más claramente a vuestro Dios, vuestro Jesús, ya desde esta vida». 29 de agosto Dice Jesús: «Veamos juntos este punto del libro de Samuel: "La obediencia vale más que los sacrificios, mejor la docilidad que la grasa de los carneros. Como pecado de hechicería es la rebeldía, crimen de idolatría la contumacia" (lS, cap. 15°, v. 22). La obediencia. La virtud que no queréis practicar. Nacéis y, apenas podéis manifestar un sentimiento, es sentimiento de rebeldía a la obediencia. Vivís siendo desobedientes. Morís aún desobedientes. El bautismo borra el pecado original, pero no anula la toxina que os deja el pecado. ¿Qué ha sido, en el fondo, el pecado original? Una desobediencia. Adán y Eva quisieron desobedecer al Padre Creador, incitados a cumplir este acto de desamor por el sumo Desobediente, el cual se ha hecho demonio rechazando obediencia de amor al Sumo Dios. Este veneno anida en vuestra sangre y sólo una constante voluntad vuestra lo hace incapaz de dañar a vuestro espíritu de manera mortal. Pero, ¡oh hijos míos!, ¿qué cosa más meritoria que ésta puede ser cumplida por vosotros? Mirad bien. Todavía es más fácil hacer un sacrificio, una ofrenda, practicar una obra de misericordia, que obedecer constantemente al querer de Dios. Éste se os presenta minuto a minuto como agua que fluye y pasa trayendo otras olas de agua y detrás de éstas otras aún. Y vosotros sois como peces que aún sumergidos en la Voluntad de Dios os resbala. Si queréis salir de ella, moriréis, hijos míos. Es vuestro elemento vital. Ni hay gota de ella que no provenga de una razón de amor. Creedlo. Obedecer es hacer la voluntad de Dios. Esa voluntad que os he enseñado a pedir que se cumpla con el Padre nuestro y que os he enseñado a practicar con la palabra y con el ejemplo, llevado hasta la muerte. No obedecer y rebelarse es cumplir un pecado de magia, dice el libro. En efecto ¿qué hacéis rebelándoos? Pecáis. Y el pecado ¿qué produce? Vuestro desposorio con el demonio. ¿No hacéis por lo tanto magia? ¿No os transformáis mágicamente de hijos de Dios en hijos de Satanás? No obedecer y no quererse sujetar es como un pecado de idolatría, continúa diciendo el libro. En efecto ¿qué hacéis no sujetándoos? Rechazáis a Dios rechazando su Voluntad. Lo repudiáis como Padre y Señor. Pero como el corazón del hombre no puede estar sin adorar cualquier cosa en el puesto del Dios verdadero que rechazáis, adoráis vuestro yo, vuestra carne, vuestra soberbia, vuestro dinero; adoráis a Satanás en sus más agudas 172 manifestaciones. He aquí porqué os hacéis idólatras. ¿De qué? De dioses de lo más horrendos que os tienen esclavos y esclavos infelices. Venid, venid, queridos hijos de mi amor, venid al yugo paterno que no hace mal, que no oprime, que no degrada, sino que al contrario os sujeta y os guía y os asegura el alcanzar el bienaventurado reino donde no hay más dolor. El mundo, que quiere desobedecer, no sabe que sería suficiente este acto de obediencia para salvarse. Volver a entrar en el surco de Dios, seguir la voz de Dios, obedecer, obedecer, volver a encontrar la casa del Padre, dejada escapar por una quimera de falsa dignidad, volver a encontrar la mano del Padre que bendice y resana, volver a encontrar el corazón del Padre que ama y perdona. Pensad, hijos, que para volver a daros la gracia perdida dos Purísimos, dos Inocentísimos, dos Buenísimos, debieron consumar la Obediencia suma. La salvación del género humano tuvo, en el tiempo, inicio en el "fiat" de María ante mi arcángel, y tuvo fin en el "consummatum" de Jesús en la cruz. Las dos obediencias más dolorosas y las menos obligatorias, porque mi Madre y Yo estábamos por encima de la necesidad de expiar, con la obediencia, el pecado. Nosotros, que no pecamos, hemos redimido vuestro pecado obedeciendo. ¿Y no querréis vosotros, pobres hijos, imitar a vuestro Maestro y obtener misericordia con la obediencia que es prueba de amor y de fe? Más bello y agradable que las mismas iglesias, que me levantáis por voto, y que cualquier voto, es esta flor espiritual del alma, nacida, sobre la tierra, en el corazón del hombre pero que florece en el Cielo, eterna, para vuestra gloria». 30 de agosto Dice Jesús: «Que tu respuesta, sea al prójimo que se sorprende y te hace observar el aparente abandono de Dios hacia ti, sea al tentador que te quiere persuadir de que todo tu sacrificio no te obtiene alivio de parte de Dios, sea la misma del viejo Tobías. También a ti misma debes decir: "Nosotros somos hijos de santos, y esperamos la vida que Dios dará a quienes no pierden nunca su fe en El". Hijos de santos y llamados a la misma santidad. ¿Tú no eres hija de Dios, María? ¿Y quién es más santo que tu Padre? Si Él, que es el Santo de los santos, quiere para ti tanto dolor, es signo de que este dolor tiene por fin una alegría proporcional al dolor: o sea tanta, desmesurada alegría, y alegría sin fin. El alma que llega a creer firmemente que todo cuanto le sucede tiene origen en un amor y produce alegría eterna, está segura como dentro de una fortaleza. No puede perecer. Sufre, pero su dolor es sobrenatural y da frutos sobrenaturales de vida. Todavía un poco y después vendrá la alegría. Aún un poco y después vendré Yo. Vendré no con los límites que debo imponer ahora al encuentro para adaptarlo a tu humanidad. Sino que vendré como Dios al alma: o sea libremente, completamente. No temas. Verás entonces como mi morada es infinitamente más hermosa de como la has visto en los sueños e imaginado con el pensamiento. Verás entonces cómo el unirse conmigo será sin pena dejando un cuerpo que es lazo para el alma y peligro continuo. No pierdas nunca la fe en tu Jesús. Yo estoy cerca de ti y lo notas. Pero no rehúses ninguna de las ayudas que he puesto a vuestra disposición. El camino sobrenatural por el que caminas no te exime de recorrer el camino común a todas las criaturas vivientes en la Iglesia. 173 Un óleo te ha librado, y de esclava del Enemigo te ha hecho hija de Dios. Un óleo te ha hecho soldado de Cristo. Que un óleo te haga partícipe del Reino. El alma que entra en la gloria se hace reina. Y para los reyes, lo has leído, era necesaria la unción. Quiero que hasta las sombras de los pecados pasados se cancelen de ti. Cuando llegue la hora debes venir al encuentro, virgen sabia y prudente, con todos los adornos apropiados para las bodas. El dolor es una gran absolución cuando es sufrido con santidad. Pero, lo repito, ni siquiera mi caricia te debe llevar a pensar que estás exenta de los deberes de todos. La perla escondida, que sólo Jesús conoce, debe, a los ojos del mundo, no ser distinta en nada de las almas hermanas que, por voluntad de tu Señor, están menos transformadas que tú en gema». 31 de agosto Dice Jesús: «Es inútil horrorizarse de ciertas manifestaciones actuales. Son fruto de vuestro interior. Yo he dicho: "Es del corazón de donde salen los pensamientos malvados y los malvados sentimientos, y éstos son los que contaminan". Yo también he dicho que a cada hombre se le reconoce por sus obras y como no se pueden coger frutos dulces del ciruelo salvaje así no se pueden extraer actos honestos de quien tiene el interior deshonesto. La deshonestidad no consiste solamente en robar, en mentir, en dañar al prójimo. Es deshonestidad el faltar a Dios, el robarle aquel respeto amoroso que es deber del hombre hacia su Creador. Es deshonestidad emplear sus dones para actos malvados. Todos sus dones y especialmente el don de la vida. Ahora mira y juzga que mal uso hacéis de la vida que el Padre os da. Mira y juzga que mal uso hacéis de vuestro cuerpo en el que habita el alma, templo reservado a Dios, en el que reside la mente que debería estar orientada a comprender la Ley de Dios como el corazón debería estar ocupado en amarla y practicarla. En cambio ¿qué hacéis? Ponéis resistencia a las voces del Señor, a los deseos del Señor, a los mandamientos del Señor, a la voluntad del Señor. Como cabras salvajes oponéis vuestra dureza y vuestra rebeldía -dos cuernos bien agudos- a cada invitación de Dios. Os destruís, pero continuáis poniendo resistencia. ¿Y os decís cristianos? No, no lo sois. Yo, Cristo, no os he enseñado rebeldía, desobediencia, lujuria, crueldad, idolatría. Os he enseñado todo lo contrario. Os he mostrado cómo debe usarse la vida, os he explicado cómo sois templos de Dios que quiere vivir en vosotros, que prefiere vivir en vosotros mucho más que en suntuosos templos pero hechos sólo de piedras y de mármoles. No. Dios no quiere estas moradas hechas por mano de hombre. Os quiere a vosotros, a vosotros hechos por su mano, a vosotros templos de sangre y de alma, a vosotros a los que mi sangre ha revestido de púrpura inmortal y purificado como altares preciosos. Esto es lo que quiere Dios para volver a vivir en amorosa paz con vosotros. No insistáis en el duro camino que habéis emprendido y que os conduce a la ruina. Sed cristianos verdaderos y no cristianos solamente de palabra. Que mi signo esté realmente grabado en las fibras vivas de vuestros corazones, no sobre el frontispicio de los templos vacíos, donde no venís a orar o venís con el ánimo turbado por todos los cuidados vanos y por las fermentaciones de vuestros instintos inferiores. Abrid el corazón al Amor, hijos. Es lo que os falta más. Estáis sin caridad hacia Dios, hacia 174 el prójimo, hacia vosotros mismos. Sí, también hacia vosotros mismos, porque matáis vuestra alma. Que -recordáoslo siempre- es inevitable que existan las tentaciones, pero éstas no hacen mal. El mal lo hacéis vosotros cuando cedéis a ellas. Y no digáis que son más fuertes que vosotros. No. El Padre da según cuanto vosotros tenéis que dar. ¿La tentación necesita 10 de fuerza para resistirla? Y Dios os da 10 e incluso más. Lo malo es que vosotros no hacéis más que desear ceder al mal. Y entonces ¿qué puede Dios si vosotros destruís las fuerzas de Dios con vuestra voluntad perversa y os abandonáis al beso de la tentación? Haciendo así ponéis al alma una mordaza de muerte, y de un alma enferma o moribunda salen esos sentimientos de los que os sorprendéis. Pero no puede ser de otro modo. En cuerpo corrompido hay hedor de muerte. En almas corrompidas hay manifestaciones de pecado». 1 de septiembre Dice Jesús: «No, no estás sola. Tienes cerca a tu Jesús como bien pocos le tienen, pues aunque es cierto que estoy con todos mis hijos con la Gracia, con muy pocos estoy en la forma en que estoy contigo y que he utilizado viendo tu penosísima condición general. Yo sé hasta donde puede llegar la resistencia de un ser y, dado que el peso del dolor que debes llevar es aplastante y fuera de lo común, he provisto a ello con medios extraordinarios que reservo para muy pocos. Recuerdo mi necesidad de ayuda en las horas trágicas de la Pasión. Y lo que he deseado para Mí quiero que también lo tengan quienes me son doblemente semejantes. Semejantes en cuanto a discípulos, semejantes en cuanto apasionados y crucificados. No estás sola. Me tienes a Mí por Cirineo y tienes a mi Madre por Verónica. María es el modelo de las huérfanas y se acuerda de su aflicción de huérfana así como Yo recuerdo los atroces dolores de mi agonía. La santidad no suprime el dolor. María, en su santidad inmaculada, sufrió crudamente por la muerte de sus padres a quienes Ella no pudo consolar con sus besos. ¿Ves como te pareces a Ella? 101 María en su alma tan perfecta, sólo inferior a Dios, supo amar y sufrir como nadie porque la santidad, siendo perfeccionamiento de todas las sensibilidades buenas del corazón, trae como consecuencia el crecimiento en la capacidad de amar o de sufrir, tanto más acrecentada cuanto más santa es el alma. Y el alma de María era santísima. Pues bien, esta Mujer a la que no se le ahorró ningún dolor -y nadie, mejor que Ella, hubiera tenido que estar exenta, porque era inmaculada, y por ello libre del peso del dolor causado por la culpa de Adán- esta Mujer que ha derramado tantas lágrimas por tantos lutos y que ha visto cómo la muerte le arrebataba padre; madre, esposo e Hijo, Yo te la doy por Verónica y te la doy por madre. Es el mes del Corazón traspasado de María y de la Exaltación de mi Cruz. No rechaces el ser semejante a la Traspasada y al Inmolado». 2 de septiembre Dice Jesús: «La uva es más dulce cuanto más madura, y más madura cuanto más sol toma. El dueño 101 La escritora había sufrido profundamente al no haber podido asistir a su padre en el momento de la muerte, acaecida el 30 de junio de 1935 175 de la viña no coge su uva para hacer el vino si no está bien madura, y para que se madure la deshoja y poda de modo que el sol pueda bajar y circular entre racimo y racimo, y convertir los granos ásperos y duros en muchas perlas de azúcar líquido. Si la uva permaneciera como está en abril, esto es, cuando la vid es hermosa con sus hojas nuevas y sus racimos en flor, o como en junio, ya toda llena de sarmientos flexibles y de racimos formados, no serviría para nada aparte de para alegría de la vista. En cambio en el otoño, después de tanto sol y tantas podas, es hermosa de otro modo y, además de hermosa, útil para el hombre. Yo soy el sol y vosotros, almas mías, sois la viña en la que se tiene que formar el vino eterno. Yo soy el sol y también soy el viñador. Yo os circundo e inundo con mis rayos y os mortifico para que deis sarmientos llenos de frutos verdaderos y no vanos zarcillos que no sirven para nada. Hay que dejar que el sol y el viñador trabajen en vuestra alma totalmente a su gusto. Es necesario, María mía, imitar mucho, mucho, mucho al racimo que no tiene voces de protesta ni actos de resistencia hacia el sol y hacia el dueño de la viña, sino al contrario, se deja descubrir para recibir los rayos calientes, se deja curar con los líquidos adecuados, se deja arreglar sin reacción alguna. Y así se hace cada vez más grueso y dulce, un verdadero prodigio de jugos y de belleza. También el alma debe aún más desear el sol y la obra del Viñador eterno cuanto más se acerca para ella la hora de la divina vendimia. El racimo rebelde y enfermo, que no ha querido madurar sano y dulce, y que se ha escondido para no ser cuidado, no está destinado al místico lagar. Pero en cambio se hace digno de mi Vendimia el racimo que no ha tenido miedo de podaderas ni de medicinas y que se ha sacrificado dócilmente, en sus gustos, por Mí. Yo soy el Vendimiador y tú mi racimo. La vendimia se acerca. Aumenta tus esfuerzos para absorber cuanto más puedas de Mí. Yo me haré en ti licor de vida eterna. Aumenta tu generosidad para secundar la obra de tu amoroso Viñador. Él, tu Jesús, sólo quiere hacer de ti un racimo digno de ser depositado a los pies del trono de Dios. Es dulce tener a Jesús como Maestro, María, pero esto se hace perfecto cuando se asimila toda la enseñanza del Maestro». 3 de septiembre Dice Jesús: «Bienaventurados los labios y los pueblos en los que se pronuncia: "Dios te salve, María". Salve: yo te saludo. El más pequeño al mayor, el niño al padre, el inferior al superior, están obligados, en la ley de educación humana, a decir a menudo un saludo respetuoso, debido, amoroso, según los casos. Mi hermano no debe negar este acto de amor reverencial a la Madre perfecta que tenemos en el Cielo. Dios te salve, María. Es un saludo que limpia los labios y el corazón porque ¡no se pueden decir esas palabras, con atención y sentimiento, sin sentirse ser un poco mejores! Es como el acercarse a una fuente de luz angélica o a un oasis hecho de lirios en flor. Salve, la palabra del ángel que se os concede para saludar a Aquella que saludan con amor las Tres Personas eternas, la invocación que salva, tenedla siempre mucho en los labios. Pero no como un movimiento automático del que se excluya al alma, sino más bien como movimiento del espíritu que se inclina ante la realeza de María y se abre hacia su corazón de Madre. Si supierais decir con verdadero espíritu estas palabras, incluso sólo estas dos palabras, seríais más buenos, más puros, más caritativos. Porque entonces los ojos de vuestro espíritu 176 estarían fijos en María y su santidad os entraría en el corazón a través de esa contemplación. Si lo supierais decir nunca estaríais desolados. Porque Ella es la fuente de las gracias y de la misericordia. Las puertas de la misericordia divina se abren ya no sólo con el impulso de la mano de mi Madre, sino hasta con su simple mirada. Vuelvo a decirlo: bienaventurados los labios y los pueblos en los que se pronuncia: Dios te salve, María. Pero donde se pronuncia como se debe. Porque si es cierto que de Dios nadie se burla, también lo es que a María no se le engaña. Recordad siempre que Ella es la Hija del Padre, la Madre del Hijo, la Esposa del Espíritu Santo, y que su fusión con la Trinidad es perfecta. Por eso Ella posee las potencias, las inteligencias, las sabidurías de su Señor. Y las posee con plenitud absoluta. Es inútil ir a María con el alma sucia de corrupción y de odio. Ella es vuestra Madre y sabe curar vuestras heridas, pero quiere que en vosotros esté al menos el deseo de sanar de ellas. ¿De qué sirve dirigirse a María, la Purísima, si dejando su altar, o acabando de pronunciar su nombre, vais a cometer pecado de carne o a proferir palabras de blasfemia? ¿De qué sirve dirigirse a María, la Piadosa, si inmediatamente después, más aún si al mismo tiempo, tenéis en el corazón rencores y en los labios maldiciones hacia los hermanos? ¿Qué salvación puede daros esta Salvadora, si vosotros destruís vuestra salvación con vuestra voluntad perversa? Todo es posible para la Misericordia de Dios y para la potencia de María, pero ¿para qué arriesgar la vida eterna esperando obtener la buena voluntad del arrepentimiento en la hora de la muerte? ¿No sería mejor, dado que no sabéis cuando será vuestra llamada a mis puertas, ser verdaderos amigos de María durante toda la vida y tener así la garantía de la salvación? Porque, lo repito, la amistad con María es causa de perfección porque infunde y comunica las virtudes de la Amiga elegida, que Dios no ha desdeñado y os ha concedido como corona de la obra de redención de su Hijo. Yo, Cristo, os he salvado con el Dolor y la Sangre; Ella, María, con el Dolor y con su llanto, y quisiera salvaros con su Amor y su sonrisa». 4 de septiembre Dice Jesús: «Dios no ha mandado a su ángel para decir "salve" sólo a María. Dios os saluda, ¡oh hijos queridísimos!, con sus atenciones, Dios os manda como ángeles sus santas inspiraciones, Dios os trae sus bendiciones de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. Siempre estáis rodeados de las ondas amorosas y providentes del pensamiento de Dios. ¿Cómo es posible, entonces, que no advirtáis nada o tan poco? ¿Cómo es que no vivís en justicia y santidad? Porque estáis impermeabilizados al influjo de la gracia, porque os habéis vuelto refractarios a la acción del amor por vuestra voluntad contraria al Bien. Gabriel dijo a María: "Salve", y el sonido de la voz angélica llevó, sobre la ya inundada de gracia, una nueva onda de gracia. La luz vivísima de su espíritu inmaculado tocó la cima de la luminosidad porque la correspondencia del espíritu de María fue perfecta. Humildad, diligencia, pudor, oración..., ¿qué podría encontrar, que no fuera excelso, la palabra angélica para convertirse en la primera chispa del incendio de la Encarnación? Grande fue el don de la preservación de la culpa original, que el Eterno había hecho a la elegida para ser el primer sagrario del Cuerpo del Hijo. ¡Pero cuánta, cuanta, cuánta correspondencia en María! Si hubieran sido donados a otra criatura, no digo ya los dones secretos que sólo Dios sabía 177 que había dado, sino los dones evidentes, de los que uno se da cuenta -tal como inteligencia suma, instrucciones sobrenaturales, ardientes contemplaciones, y hablo sólo de los dones morales y espirituales- ¿como no se habría gloriado de tanto don, al menos en algunos momentos, aquella criatura? Pues no, en María no hubo nada de esto. Cuanto más la alzaba Dios hacia su trono más aumentaban en Ella gratitud, amor y humildad. Cuanto más le daba Dios a entender que se había extendido sobre Ella la mano divina para protección contra la acechanza del mal, más aumentaba en Ella la vigilancia contra el mal. María no ha cometido la equivocación que hace caer a tantas almas dotadas de la capacidad de perfección, o sea, nunca ha dicho: "Siento que Dios vela por mí, siento que Dios me ha elegido. A Él le dejo el quehacer de defenderme del Enemigo". No. María, aún reconociendo la obra de Dios en Ella, actuó como si fuese la más desamparada, en dones espirituales, de las criaturas. Desde el alba hasta el atardecer, e incluso en su sueño virginal velado por los ángeles, su alma permanecía vigilante. No creáis que la tentación haya escatimado a María. El Tentador no me ha escatimado a Mí; con doble razón no lo hizo con Ella. Doble razón. La primera de ellas: María era sin mancha pero continuaba siendo criatura, Yo era Dios. La segunda: era más importante para Lucifer corromper el seno de la mujer que habría traído a Cristo, que no el atacar al mismo Cristo. Él, el Astuto, sabía que el Verbo se habría hecho carne, por una fusión de espíritu con Espíritu, en un seno que no hubiera albergado ningún pecado. Ningún pecado, repito. Si, desde Eva en adelante, hubiera logrado inducir en tentación a todas las mujeres, estaba seguro de que nunca habría sido vencido por el Vencedor eterno. Sólo una le ha resistido siempre: María. Y sólo Uno sabe qué bordado, qué filigrana de seducción desplegó Lucifer alrededor de María para agitar y empañar su súper angélica alma. Ese Uno que lo sabe es Dios. Y dado que algunos secretos son demasiado grandes para vosotros, no os lo dirá. Por el esplendor de María en el Cielo entenderéis la grandeza de su alma. Grandeza conseguida por su voluntad, y que habría sido grandísima incluso sin los supremos auxilios, tanto quiso ser santa por amor a su Dios. Bien con razón pudo por tanto decir el Ángel: "Llena de gracia". Sí, llena de gracia. La Gracia estaba en Ella. La Gracia o sea Dios, y la gracia o sea el don de Dios, que Ella sabía hacer fructificar al mil por ciento. Esto es lo que se requiere, hijos, para lograr que las cosas celestiales hagan concebir en vosotros a Cristo: vuestra adhesión a la gracia, vuestro recoger la gracia, vuestro multiplicar la gracia, vuestro aspirar a la gracia. El cuerpo debe aspirar aire y alimento para vivir. El alma debe aspirar la gracia para vivir. Sucede entonces que la Luz desciende donde puede encarnarse y Cristo nace místicamente en vosotros como nació realmente en María. Dios te salve, María, llena eres de gracia. Miradle todos vosotros, cristianos, tan distintos del primer Hijo de María, miradle sobre todo vosotras, mujeres, tan distintas de Ella, y aprended, y pensad que el camino hacia las mil caras del mallo habéis abierto vosotras con vuestra carnalidad contraria a la vida de la gracia en las criaturas, sin la que el hombre se hace un demonio y el mundo un infierno». 5 de septiembre Dice Jesús: «"El Señor es contigo". El Señor está siempre con quien tiene el alma en gracia. Dios no se aleja ni siquiera 178 cuando se acerca el Tentador. Dios se aleja sólo cuando la criatura cede al Tentador y corrompe su alma. Entonces Dios se retira 'porque Él no puede cohabitar con el Enemigo. Se retira y como un Padre, no airado sino dolorido, espera a que llegue el arrepentimiento al corazón de la criatura y ésta reanude el lazo de amor con el Padre. Dios quisiera estar siempre con vosotros. Si todos vuestros ángeles, numerosos como las estrellas en el cielo, pudieran saludaros con las palabras: "El Señor es contigo", la alegría de vuestro Señor sería completa porque Nosotros deseamos estar con vosotros y para esto os hemos creado. María estaba con Dios y Dios estaba con María. Las dos perfecciones se atraían y se unían con un incesante movimiento de afectos. La Perfección infinita de Dios descendía, con un gozo inconcebible para vosotros mortales, a poseer esta criatura. La perfección humana de María -la única de los hijos del hombre que siempre haya sido perfecta- se lanzaba al encuentro de la Perfección divina para poder vivir. Sí, el estar con Dios era la vida de María y en la hora del terrible dolor del Calvario y del Sepulcro, cuando los Cielos se cerraron sobre el Moribundo y sobre la Traspasada, la privación de Dios fue, de las siete espadas, la más inflamada y penetrante, toque insuperable para el edificio de dolor requerido por la Redención. Yo he tocado el ápice del dolor completo desde el Getsemaní hasta la hora nona; María ha tocado el ápice del dolor, también completo en Ella aunque no haya sido crucificada materialmente, desde el Calvario hasta el momento de la Resurrección. Y el motivo de tal inmenso dolor es sólo uno: ser privados de la unión con Dios. También para vosotros debería de ser así. Pero al hombre ahora le parece gravosa la unión con Nosotros y no siente cuán mísero es cuando está privado de Nosotros. Miseria, ceguera, locura, muerte, ésta es la pérdida de la unión con vuestro Señor. ¡Y nunca os ocupáis de ello! Si perdéis algunas monedas, un objeto, la salud, un empleo, un animal, os ponéis en movimiento para encontrarlos y utilizáis todos los medios humanos y sobrenaturales para lograr este fin. Sí, para encontrar algo limitado y caduco sabéis orar. Pero cuando perdéis a Dios no lo buscáis. No os dirigís a mis Santos para que os ayuden a encontrar el camino de Dios, no utilizáis los cuidados humanos para frenar vuestros impulsos. Os parece poca cosa perder la unión con Dios. Y es lo esencial. María no se separó nunca de Dios. Los espíritus permanecieron fundidos en un abrazo de amor que tuvo su coronación en el Cielo. Esta unión fue la fuerza principal de María, como hija de Adán, porque en ella encontraba la coraza para volverse intocable ante el aguijón del Tentador. Quien está con Dios no es que no vea el mal que, como asqueroso indumento o repugnante enfermedad, recubre a tantas criaturas. Lo ve, más aún, con mayor claridad que muchos otros, pero su visión no corrompe nada. El mal no entra por los ojos para excitar los instintos encubiertos en la carne o los malvados movimientos de la mente. Esto sucede sólo en quienes, separados de Dios, tienen en sí como huésped al Enemigo. El que está unido con Dios está lleno de Dios, y cualquier otra cosa que no sea Dios permanece en la superficie, viento que encrespa levemente la superficie del ánimo y no entra para trastornar el interior. Y no sólo esto. El que está unido con Dios, verdaderamente unido con Dios, en vez de absorber el exterior en sí, difunde el interior sobre los prójimos: difunde, pues, el Bien, a Dios. Sí, es justamente así: quien está con Dios tiene un poder irradiante, mucho más potente que el de muchos cuerpos del universo, sobre los cuales el hombre ha cansado su mente y alzado un monumento de orgullo. Y sobre todo tiene un poder sobrenaturalmente útil, porque 179 quien lleva en sí mismo al Santo de los santos, y vive de Él, lo comunica a los demás. Es lo que hace decir: "Éste es un santo". María ha poseído la unión con Dios a la perfección J ha tendido con todas sus fuerzas a fundirse cada vez más con El. Se podría decir que María se anuló en Dios, de tanto como vivió sólo de El. He dicho: "María encontró aquí la fuerza principal para volverse intocable". No entendáis las cosas al revés. María, la Humildísima, no osaba pensar, ni por lo más remoto, que era la criatura perfecta. Ella ignoraba su destino y su condición inmaculada. Conoció el misterio por las palabras de Gabriel y en el abrazo nupcial con el Espíritu Eterno. Pero durante su juventud, edad llena de acechanzas, repito: encontró la fuerza en la unión con Dios. La quiso encontrar a toda costa porque habría preferido cien veces morir antes que salir un instante del halo de Dios. Yo quisiera que, más que cumplir tantos preceptos, más o menos piadosos, especialmente mis dilectos, y también los otros, tendieran a este precepto soberano de la unión conmigo. Sencilla, y realmente oración, esta oración, inflamado el corazón, casto el cuerpo, honesto el pensamiento, todo en vosotros se haría santo y bueno, y la tierra conocería los días nuevos en los que los ángeles podrían saludar a los hombres con las palabras: "El Señor es con vosotros"». 6 de septiembre Dice Jesús: «"Bendita tú eres entre todas las mujeres". Esta bendición que vosotros pronunciáis de cualquier manera o que ni siquiera decís a Aquella que con su sacrificio ha iniciado la Redención, resuena continuamente en el Cielo, pronunciada con amor infinito por nuestra Trinidad, con inflamada caridad por los salvados por nuestro sacrificio y por los coros angélicos. Todo el Paraíso bendice a María, obra maestra de la Creación universal y de la Misericordia divina. Aunque toda la obra del Padre para crear la Tierra de la nada sólo hubiera servido para acoger a María, la obra creadora hubiera tenido su razón de ser, porque la perfección de esta Criatura es tal que es testimonio no sólo de la sabiduría y del poder, sino también del amor con el que Dios ha creado el mundo. Habiendo dado en cambio, la creación terrestre, a Adán y a la raza de Adán, María testimonia el gran amor misericordioso de Dios hacia el hombre, porque a través de María, Madre del Redentor, Dios ha obrado la salvación del género humano. Yo soy el Cristo porque María me ha concebido y me ha dado al Mundo. Vosotros me diréis que como Dios podía superar la necesidad de hacerme carne en el seno de una mujer. Es cierto, todo lo podía. Pero pensad qué ley de orden y de bondad hay en mi anonadamiento en aspecto mortal. La culpa cometida por el hombre debía de ser descontada por el hombre y no por la divinidad no encarnada. ¿Cómo habría podido la Divinidad, Espíritu incorpóreo, redimir con el sacrificio de Sí misma las culpas de la carne? Era necesario, por tanto, que Yo, Dios, pagase con el tormento de una Carne y de una Sangre inocentes, nacidas de una inocente, las culpas de la carne y de la sangre. Mi mente, mi sentimiento, mi espíritu habrían sufrido por vuestras culpas de mente, de sentimiento y de espíritu. Pero para ser Redención de todas las concupiscencias inoculadas por el Tentador en Adán y en sus descendientes, debía, el Inmolado por todas, estar dotado de una naturaleza similar a la vuestra, hecha digna, por la Divinidad escondida en ella, de ser 180 dada en rescate a Dios, como una gema de infinito valor sobrenatural escondida bajo una apariencia común y natural. Dios es orden y Dios no viola y no violenta el orden, salvo en casos excepcionales, juzgados útiles por su Inteligencia. No era éste el caso de mi Redención. No debía cancelar tan sólo la culpa desde el momento en que se cometió hasta el del sacrificio y anular en los futuros los efectos de la culpa haciéndoles nacer, como Adán antes de cometerla, ignorantes del mal. No. Yo debía reparar la Culpa y las culpas de toda la humanidad con un sacrificio total, dar a la humanidad ya extinguida la absolución de la culpa, a la entonces viviente y a la futura el medio para ser ayudada a resistir el mal y para ser perdonada por el mal que su debilidad le habría inducido a cometer. Por eso mi sacrificio debía de ser tal que presentara todos los requisitos necesarios, y así podía ser tan sólo en un Dios hecho hombre: hostia digna de Dios, medio comprendido por el hombre. Además Yo venía a traer la Ley. Si no se hubiera dado mi Humanidad, ¿como habríais podido creer, vosotros, pobres hermanos míos, si tanto os cuesta creer en Mí que he vivido durante 33 años en la tierra, Hombre entre los hombres? ¿Y cómo podía aparecer ya adulto ante pueblos hostiles o ignorantes persuadiéndoles de mi naturaleza y de mi doctrina? Entonces habría aparecido ante los ojos del mundo como un espíritu que hubiera tomado aspecto de hombre, pero no como un hombre que nació y murió versando sangre verdadera por las heridas de una verdadera carne -y esto como prueba de ser hombre- y resucitó y subió al Cielo con su cuerpo glorificado y esto como prueba de ser Dios que vuelve a su morada eterna. ¿No es más dulce para vosotros el pensar que soy realmente vuestro hermano, con el destino de las criaturas que nacen, viven, sufren y mueren, que no el pensarme como espíritu superior a la exigencias de la humanidad? Por tanto era necesario que una mujer me generase según la carne, después de haberme concebido por encima de la carne, porque de ninguna unión de criaturas, por santas que fueran, podía ser generado el Dios Hombre, sino sólo de un desposorio entre la Pureza y el Amor, entre el Espíritu y la Virgen, creada sin mancha para ser matriz de la carne de un Dios, la Virgen cuyo pensamiento era el gozo de Dios antes de que existiese el tiempo, la Virgen en la que se compendia la Perfección creadora del Padre, alegría del Cielo, salvación de la Tierra, flor de la Creación más hermosa que todas las flores del Universo, astro vivo ante el cual los soles creados por mi Padre parecen apagados. Bendita la Pura, destinada al Señor. Bendita la Deseada por la Trinidad que anticipaba con el deseo el instante de fundirse a Ella con abrazo de trino amor. Bendita la Vencedora que aplasta al Tentador bajo el candor de su naturaleza inmaculada. Bendita la Virgen que no conoce más que el beso del Señor. Bendita la Madre que se hizo tal por santa obediencia a la voluntad del Altísimo. Bendita la Mártir que acepta el martirio por piedad de todos vosotros. Bendita la Redentora de la mujer y de los hijos de la mujer, que anula a Eva y se injerta en su lugar para traer el fruto de la vida allí donde el Enemigo ha puesto semilla de muerte. Bendita, bendita, tres veces bendita por tu "sí", joh Madre mía! que has permitido a Dios mantener la promesa hecha a Abrahán, a los patriarcas ya los profetas, que has dado alivio al Amor, oprimido por el tener que ser castigador y no salvador, que has aliviado a la Tierra de la condena que le había traído Eva. Bendita, bendita, bendita por tu santa humildad, por tu inflamada caridad, por tu virginidad intacta, por tu maternidad divina, múltiple, perpetua, verdadera y espiritual, Madre, que con tu amor y con tu dolor, continuamente generas hijos para el reino de tu Jesús. 181 Generadora de gracia y de salvación, generadora de la divina Misericordia, generadora de la Iglesia universal, que tú seas bendecida eternamente por cuanto has cumplido, como bendita para siempre eras por cuanto habrías cumplido. Sacerdotisa santa, santa, santa, que has celebrado el primer sacrificio y preparado con parte de ti misma la Hostia para inmolar sobre el altar del mundo. Santa, santa, santa Madre mía, que nunca me has hecho añorar el Cielo y el seno del Padre, porque en ti he encontrado otro paraíso que no es distinto de aquel en el que la Trinidad realiza sus obras divinas; María que has sido el consuelo de tu Hijo en la tierra y el gozo del Hijo en el Cielo, que eres la gloria del Padre y el Amor del Espíritu» . 7 de septiembre Dice Jesús: «"Bendito el fruto de tu vientre". La maternidad divina y virginal hace a María inferior sólo a Dios. Pero no os detengáis a mirar solamente la gloria de María. Pensad cuanto le costó conseguir esa gloria. Es necio quien mira a Cristo a la luz de la resurrección y no medita sobre el Redentor moribundo en las tinieblas de Viernes santo. No habría tenido resurrección si no hubiera padecido la muerte, y no habría cumplido la Redención si no hubiera tenido el martirio. Necio quien piensa en la gloria de María y no medita en cómo llegó Ella a la gloria. El fruto de su seno, Yo, Cristo Verbo de Dios, ha desgarrado su seno. Y no entendáis mal mis palabras 102. No lo he desgarrado humanamente. Ella era superior a las miserias humanas, sobre Ella no recaía la condena de Eva, pero no era superior al Dolor. Y el Dolor grande, mayúsculo, soberano, ilimitado, ha penetrado en Ella con la violencia de un meteoro que cae del Cielo en el momento mismo en que conoció el éxtasis del abrazo con el Espíritu creador. Beatitud y dolor han estrechado en un único lazo el corazón de María en el instante de su altísimo "fiat" y de su castísimo desposorio. Beatitud y dolor se fundieron en una cosa sola como Ella se había convertido en una cosa sola con Dios. Llamada a una misión de redentora, el dolor superó desde el primer momento a la beatitud. Ésta le vino en su Asunción. Unida al Espíritu de sabiduría, a su espíritu se le reveló el futuro que le estaba reservado a su criatura, y ya no hubo más alegría, en el sentido habitual de la palabra, para María. A cada hora que pasaba, mientras que me formaba tomando vida de su sangre de madre virgen, y escondido en lo profundo mantenía inenarrables intercambios de amor con mi Madre, un amor y un dolor sin parangón se alzaban, como olas del mar en tempestad, en el corazón de María y la flagelaban con su potencia. El corazón de mi Madre conoció .la incisión de las espadas del dolor desde el momento en el que la Luz, dejando el centro del Fuego Uno y Trino, penetró en Ella iniciando la Encarnación de Dios y la Redención del hombre; y ese tajo siguió creciendo durante la santa gestación: Sangre divina que se formaba con una fuente de sangre humana, Corazón del Hijo que latía al ritmo del corazón de la Madre, Carne eterna que se formaba con la carne inmaculada de la Virgen. Mayor fue el dolor en el momento en que nací para ser Luz de un mundo en tinieblas. La beatitud de la madre que besa a su criatura se cambió, en María, en la certeza de la Mártir que sabe que su martirio está cercano. 102 Como podría comprobarse por el dictado del 23 de junio 182 Bendito el fruto de tu vientre. Sí. Pero Yo he tenido que dar todo el dolor a ese seno que merecía toda la alegría destinada a un Adán sin culpa. Y por vosotros. Por vosotros la pena de consternar a José. Por vosotros el sobreparto entre tanta desolación. Por vosotros la profecía de Simeón que retorció el filo de la espada en la herida, remachando y agudizando el corte. Por vosotros la fuga a tierra extranjera, por vosotros las ansias de toda la vida, por vosotros las preocupaciones de saberme evangelizando y perseguido por las castas enemigas, por vosotros el horror de la captura, el tormento de la múltiple tortura, la agonía de mi agonía, la muerte de mi muerte. He sido recogido en el seno que me había llevado con tal piedad que no podía ser mayor; pero, en verdad, os digo que entre mi corazón parado, sin movimiento vital, y desgarrado por la lanzada, y el de la Afligidísima que me tenía en su seno, no había diferencia de vida y de muerte. El corazón de María y su seno estaban muertos como estaba muerto Yo, el Inocente. Añadid a los milagros relacionados con la Redención, notorios y desconocidos, evidentes para todos o revelados a los privilegiados, también éste: el que María continuase en vida por obra del Eterno después de que su corazón fue destrozado, por y para el género humano, como el de su Hijo Jesús. Vosotros, que no sabéis y no queréis soportar el dolor, ¿pensáis qué dolor habrá sido el de la Bendita, de la Inmaculada, de la Santa, llevar en sí un corazón desgarrado, muerto, abandonado, y ver recogido en su seno un cuerpo sin vida, destrozado, sangrante, lívido, que ha sido el cuerpo del Hijo, la Carne de su carne, la Sangre de su sangre, la Vida de su vida, el amor de su espíritu? Vosotros me habéis recibido porque María ha aceptado, treinta y tres años antes que Yo, beber el cáliz de la amargura. En el borde de la copa en la que he bebido entre sudores de sangre, he encontrado el sabor de los labios de mi Madre, y el amargor de su llanto estaba fundido con la hiel de mi sacrificio. Y; creedlo, hacerla sufrir, a Ella que no merecía el dolor, ha sido para Mí lo más costoso. El abandono del Padre, el dolor de mi Madre, la traición del amigo en la que estaban todas las traiciones de los futuros, éstas son las cosas atrocísimas de mi dolor atroz de Redentor. La lanzada de Longinos en un órgano vital que estaba ya insensible para el dolor, no tiene comparación. Yo quisiera que por el dolor que ha destrozado a mi Madre por vosotros, vosotros le dierais amor. Amor grande, tiernísimo, de hijos hacia la más perfecta de todas las madres, la Madre que todavía no ha dejado de sufrir llorando lágrimas celestes sobre los hijos de su amor que rechazan la casa paterna y se hacen guardianes de bestias inmundas: los vicios, en vez de permanecer hijos de rey, hijos de Dios. y si se puede dar una norma, sabed que Yo, Dios, no considero que sea disminuirme el amar con infinito y venerante amor a mi Madre, de quien veo la naturaleza inmaculada, obra del Padre, pero también recuerdo la vida martirizada de Corredentora, sin la cual Yo no habría sido Hombre entre los hombres y vuestro eterno Redentor». 8 de septiembre Dice Jesús: «Y esto para ti sola. Las otras cosas las he dicho para todos, para contentar al Padre. Pero el mundo está demasiado sordo y demasiado corrupto para oír hablar de María. No merece este don. 183 A ti, por tu fiesta 103, te doy la intuición secreta de la Belleza de María, su sonrisa, su silencio. Parecen cosas sin importancia. Tienen un valor infinito. María ha atraído hacia sí a millones de criaturas con estas suaves armas suyas. Ha evangelizado antes que Yo con su reservado callar y su indescriptible sonrisa. Bastaba que apareciera para que se acallaran las palabras acres o impuras, acabaran los rencores, se calmasen los dolores. Su mirada purificaba, su silencio ensalzaba, su sonrisa enseñaba. Nazaret quedó embalsamada por mucho tiempo después de su partida. La Iglesia naciente se consolidó por virtud de su silencio y de su sonrisa más elocuentes que todas las palabras, porque en ellas se traslucía el rostro de Dios y la verdad de su misión. Sólo te pido que mires e imites a mi Madre y la tuya. Crece en belleza espiritual para parecerte a Ella, aprende de Ella el silencio que habla a Dios y de Dios, y la sonrisa que enseña la fe, la generosidad, la caridad. Mira siempre a mi dulce Madre para verla nítidamente en la hora de la muerte. Quien muere en María tiene inmediatamente a Jesús. Contempla a María y recibe mi paz. No se necesita más para ser felices». Desde ayer veo a la Virgen, y la belleza de la visión sonriente y silenciosa supera la capacidad de descripción humana. Es el regalo de Jesús por mi fiesta. 10 de septiembre Dice Jesús: «Hija, leamos juntos los últimos versículos del Eclesiastés. Si él era muy sabio, Yo soy la Sabiduría de Dios. Por ello, infinitamente superior a él, y como tal instruyo a mi pueblo. Lo instruyo desde hace 20 siglos. He comenzado la instrucción con mi Palabra y la he continuado mediante la palabra de mis siervos dilectos. Pero entre los instruidos de mi pueblo tengo discípulos predilectos para los que el Maestro se convierte en más que maestro: amigo, y con riqueza de rey les abre las puertas de los tesoros de las confidencias y las revelaciones. A estos predilectos les cojo de la mano y les llevo conmigo a los secretos recónditos y les hago capaces de recibir mi Palabra, dada con una amplitud que está reservada para mis nuevos Juan. Mi pequeño Juan 104, te confío mi Palabra. Transmítela a los maestros, para que la usen para el bien de las criaturas. Ella viene del Único Pastor, del Pastor bueno que ha escrito la verdad de su Palabra con su Sangre. Cuando un Jefe del mundo, cuando un Genio de la Tierra, confían a un fiel seguidor una bandera' sagrada' o un precioso secreto, cuando transmiten una consigna o la fórmula de un invento, ¡con cuán sagrado respeto el fiel la lleva y la transmite! Pero yo soy mucho más que un Jefe o un Genio. Yo soy Dios, Verbo y Sabiduría del Padre, vuestro Señor y Redentor. Mi Palabra no sirve tan sólo para proporcionar un bien de la Tierra, sino para dar el Bien que no muere: la Vida eterna. Por eso no hay nada más sagrado y precioso que mi Palabra. Recíbela con el alma de rodillas y que tu amor sea el incienso que purifica tu corazón que la recibe, tu mano que la escribe, tu boca que la repite, tu ojo que la lee. Vive como un ángel y como un sacerdote, porque te he concedido oír lo que oyen los ángeles y lo que repiten los 103 El 8 de septiembre, natividad de María, era la fiesta onomástica de la escritora 104 Apelativo dado a Maria Valtorta que, por espiritualidad y misión, viene asemejada al gran Juan, apóstol y evangelista 184 sacerdotes. Y vive cada vez más como víctima, porque el sacrificio es lo que abre los oídos del espíritu, y la sangre lo que lava la lengua que habla del Señor. En estos días que preceden a la fiesta de la Cruz tengo una necesidad inmensa de almas crucificadas. Hazme la caridad de sufrir por Mí. ¡Cree en tu Jesús! ¡Si pudiera volver sobre la Cruz por vosotros, cómo, cómo volvería! Pero no puedo 2. Y entre tanta sangre enemiga, que con odio fratricida el hombre esparce sobre la Tierra, falta mi sangre que ya no puedo derramar desde la Cruz por vosotros. Mientras que Yo transformo las especies del Pan y del Vino en Cuerpo y Sangre de Cristo sobre los altares de la tierra -demasiado pocos, y demasiado poco rodeados de almas verdaderamente orantes- vosotros, pequeños míos, queridas flores de mi jardín, sustituid al Redentor y dadme vuestro cuerpo como hostia de propiciación por los pecados del mundo. Hija mía, no busques nada más, digo también Yo con el Eclesiastés. ¿Qué más quieres además de la misión de ser un pequeño Cristo en lugar de tu Jesús? ¿Y qué deseas mayor que mi Palabra? Dios es sencillo. Cuanto más te acerques a El más sencilla te volverás. Cada vez más sentirás en ti el hastío y la vanidad de la ciencia humana, incluso de la que se dirige a Dios, pero que está escrita por el hombre. Cuanto más te hable Dios más advertirás el sufrimiento del sonido áspero y acerbo de las palabras humanas respecto del tono dulcísimo y sobrenatural de mi palabra. No te canses con muchas doctrinas, no te pongas trabas con muchos reglamentos. Sé sencilla y libre. Que sobre ti esté tan sólo el yugo ligero que no es peso sino ala: el mío. Sólo hay que hacer una cosa para venir a Mí sin error. La que aconseja el Eclesiastés pero que Yo modifico así: “Ama a Dios y observa sus mandamientos". No digo: "teme". Digo "ama". El amor es mucho más alto que el temor y es más seguro para alcanzar el fin. El temor es para los que todavía están lejos de Dios, para que no se desvíen. Como una anteojera impide que la bestialidad encerrada en el hombre se imponga ante cualquier ilusoria sombra seductora. Pero para quienes ya están cerca de Dios, sobre todos para quienes están en los brazos de Dios, la guía debe de ser el amor. Dios llevará a juicio todas vuestras acciones. Pero es natural que las acciones movidas por el amor nunca sean completamente malvadas y tales como para disgustar al Señor. Tendrán el signo de vuestra cortedad humana, pero estará recubierto por la insignia fulgurante del amor que anula las culpas y vuelve las acciones del hombre agradables ante el Señor. Así es, hija mía. Mientras que el mundo está lleno de fragor homicida y el odio se desborda de los corazones, nosotros dos que nos amamos, en el silencio y en la paz, hablamos de amor. Y no hay nada que alegre tanto a tu Jesús como éstas, mis pequeñas Betania, en las que soy el Maestro que descansa y que enseña a una María enamorada que le mira y le escucha con todo su amor. ¿Ayer no pudiste escribir lo que te dije? No importa. No te atormentes. La semilla de esas palabras está en ti de todas formas. Cuando quiera la haré germinar. Y será todavía más hermosa. Sé siempre buena y paciente. Te doy mi paz». 11 de septiembre Dice Jesús: «Muchas almas se pierden por querer ''buscar lo que les sobrepasa, y tratar de escrutar lo que excede sus fuerzas" como dice el Eclesiástico: cap. 3, v. 22. Es el antiguo veneno. El hombre siempre ha tenido, y tiene, curiosidades malsanas y 185 profanaciones sacrílegas. Quiere impulsar su investigación a regiones que la sabiduría divina tiene envueltas en el misterio no por celoso poder sino por amor providente. ¡Ay si el hombre lo conociera todo del futuro y de los secretos del universo! Ya no tendríais paz espiritual ni paz natural. Dejad el futuro a Dios, creador y dispensador del tiempo, y dejad vírgenes las zonas del universo cuya posesión os daría armas para turbar cada vez más vuestra existencia de individuos y de espíritus. . Ya he dicho 105 que Yo no soy contrario a las obras de la inteligencia humana. Si lo fuese debería decir que soy incoherente conmigo mismo que he dado al hombre la inteligencia para que la use y no para que la mantenga inerte. Pero, por boca de la Sabiduría, os digo: No queráis ser curiosos escudriñadores de las obras de Dios, no tratéis de ir más allá de los confines que Yo he puesto para separar vuestra potencia de potencias más fuertes que la vuestra, de leyes del cosmos, de secretos de fuerzas naturales, y sobre todo de los misterios de ultratumba cuya verdad y cuya vida sólo Yo tengo el derecho de desvelaros, porque soy el Señor de todas las cosas mientras que vosotros sólo sois los huéspedes de esta pobre tierra y no sabéis lo que os está reservado más allá de la vida de la tierra. Creed en la otra vida. Basta con creer en esto. Creed que en ella existe un premio y un castigo, fruto de una Justicia santa, que espera ser aplicado a cada individuo. Esto os lo he hecho conocer por vuestro bien. No hace falta que sepáis más. No turbéis, con vuestras chismosas curiosidades, la paz sobrenatural de la otra vida. Aunque sea hacia los atormentados, o sea hacia aquellos que no tienen paz porque están separados de Mí, vuestro penetrar trae siempre un aumento de turbación. ¿Por qué turbar con ecos de la tierra la serenidad de los cielos? ¿Por qué aumentar el tormento de los castigados con voces que les recuerdan al mundo en el que merecieron el castigo? Tened respeto de los primeros y piedad de los segundos. Sólo Yo, Señor del Cielo y de la Tierra, árbitro supremo de todas las cosas, Potencia perfecta en todas las cosas, puedo tomar tales iniciativas y reanudar contactos del hombre con el misterio de la otra vida. Sólo Yo. Entonces es cuando os mando mis mensajeros, y siempre a fin de bien, nunca para someterme a necias y profanadoras investigaciones humanas. Bienaventurados los que creen sin haber visto, dije a Tomás, y lo digo de nuevo a todos los curiosos y a los incrédulos de la tierra. No hay necesidad de pruebas para creer en la segunda vida, que -entretanto sabedlo- no es como vosotros conjeturáis arbitrariamente, sino como Yo he dicho: una segunda vida, una, no más y más vidas. Sois hombres y no granos de trigo que sembrados de nuevo germinan una, dos, diez, cien veces cuanto son sembrados. No hay necesidad de pruebas. Basta mi Palabra. Porque si decís que creéis en ella y después buscáis pruebas sobrenaturales para creer, mentís y me dejáis por mentiroso. Mentís porque con la boca decís que creéis y con la mente no creéis y buscáis pruebas. Me dejáis por mentiroso porque vuestro buscar pruebas lleva en sí la idea, silenciada pero vivísima, de que Yo puedo haber dicho algo que no es verdad. Como castigo de tan inútiles, peligrosas, necias curiosidades y de tan irreverentes y sacrílegos pensamientos, Yo permito que en los desgraciados indagadores de lo que al hombre no le es necesario indagar, se cree, en los mejores, confusión mental, turbación de los espíritus y grave herida para la Fe, y en los peores muerte de la Fe y del espíritu. De entre estos violadores del misterio ¿quienes son los mejores? Son aquellos que se acercan a él no para hacerme un proceso, porque soy improcesable, sino para buscarme 105 En el dictado del 22 de agosto 186 porque no saben encontrarme por otras vías más seguras, humildes y altas como Aquel que las ha señalado: Cristo, que ha venido a la tierra precisamente para traer la doctrina segura que os guiase a la segunda vida y para fundar la Iglesia, depositaria y Maestra de mi doctrina. Éstos no saben abrazar los pies de la Iglesia con la sencillez de los niños y la humildad de los santos, y decirle: "Te amo, te obedezco; guíame tu". Pero me buscan con pensamiento recto. Por eso tengo aún mucha misericordia con ellos. De entre estos violadores del misterio ¿quienes son los peores? Son aquellos que se acercan a él por pura curiosidad científica, por utilidad humana, del tipo que sea: desde la moneda vil que se da como precio a sus ciencias de magia, a la utilidad directa que les puede venir (al menos creen que les pueda venir) de señales ultraterrenas. Pero no es así como se obtienen señales. Vienen espontáneamente, por mandato mío y no por llamada humana. Con éstos seré un Juez de severidad inexorable y les castigaré porque les ha faltado Fe y respeto hacia el Dueño de ésta y de la verdadera Vida, y por haber faltado de respeto a los difuntos, hacia los cuales sólo Yo tengo el derecho de hacerme emanador de órdenes capaces de apartarles de sus moradas extraterrenas. Bienaventurados, bienaventurados, tres veces bienaventurados quienes creen sin necesidad de pruebas; bienaventurados, siete veces bienaventurados quienes no han dudado nunca, ni un instante, de mi palabra y de mi doctrina confiada a la Maestra, mi Esposa: la Iglesia, y sin haber osado nunca, ni tan siquiera deseado osar, profanar los reinos ultraterrenos, están convencidos de que la vida no muere en esta tierra, sino que cambia naturaleza y se hace eterna: beata para quienes han sabido vivir de Mí y en Mí, espantosa para quienes repudiando a Dios han fornicado con Satanás. A estos puros creyentes, a estos espíritus humildes y sencillos, para los que la Fe es luz y mi Palabra vida, Yo concedo lo que niego a los indagadores: la posesión y el conocimiento de la Verdad ultraterrena» . 12 de septiembre Dice Jesús: «De entre los puros creyentes, de entre estos espíritus humildes y sencillos de los que ayer te hablé, a los que concedo la posesión de la Verdad, Yo suscito almas especiales, las elijo antes de su incorporación a la vida, porque Yo lo sé todo del hombre que ha vivido, que vive y que vivirá, y por eso sé ya anticipadamente cómo actuará cada espíritu sobre la tierra, mereciendo o desmereciendo. Y no digáis que esto es injusticia porque no os fuerzo a hacer méritos. No: esto es fidelidad a mi obra y a mi promesa de crear al hombre capaz de guiarse y libre de guiarse. A los hijos Yo les doy ayudas, todas las ayudas, pero no les fuerzo a usarlas. Lo deseo con todo mi amor, pero respeto el deseo del hombre. Dios ha llevado su amor hasta sacrificar a su Verbo para que os llevase la Palabra y la Sangre. Pero no puede hacer más, no quiere hacerlo. ¿Qué mérito tendríais al ser buenos si 'os impidiera ser malvados? Por eso a las almas que elijo, porque sé por adelantado que serán santas por amor o que se harán santas, después del error, por arrepentimiento sincero y doble amor, les doy también lo que no doy a las masas. Enseñanzas y luces que son bienaventuranzas para las propias almas y guía para las almas hermanas, menos iluminadas que ellas porque menos fundidas conmigo que ellas. ¡Ay de estas predilectas, sin embargo, si muestran avaricia o soberbia por mi don! No amo a los avaros y detesto a los soberbios. Los primeros faltan a la Caridad porque ahorran para sí mismos lo que es de todos, porque 187 Yo soy el Padre de todos y doy mis tesoros a los amados para que sean mis limosneros con los pobres de espíritu y no para que atesoren ávidamente y anticaritativamente estos tesoros, matando la caridad y desobedeciendo a la voluntad de Dios. El sólo hecho de matar la caridad rompe el canal por el que fluyen mis palabras hacia ellos y apaga la luz por la que ven la verdad de mis palabras. Por eso decaen en su misión de portadores de mi Voz. Esto explica el por qué algunas almas, anteriormente faros de la Iglesia, perecen después en un grisáceo de nieblas perniciosas. En cuanto a los soberbios, son privados inexorablemente e inmediatamente de mi don. En ellos mi palabra no se apaga despacio como una flor que muere sin agua o un pájaro aprisionado en una cárcel oscura, como sucede con los avaros. Muere inmediatamente como una criatura estrangulada. La soberbia es la quintaesencia de la anticaridad, la perfección de la anticaridad, y su veneno demoníaco mata instantáneamente la Luz en el corazón. Mientras miro con dolor y compasión vuestras debilidades, retiro la mirada cuando encuentro a un soberbio ¿Y sabéis vosotros lo que es no tener ya sobre sí mi mirada? Es ser pobres ciegos, pobres locos, ebrios miserables que van a ciegas, de peligro en peligro, y encuentran la muerte. Esto significa no tener ya sobre sí la mirada de Dios que os protege como ninguna otra cosa puede protegeros. A mi santa y bendita Madre le fue concedido ser Portadora del Verbo no tanto por su naturaleza inmaculada cuanto por su humildad perfectísima. Todas las humildades humanas no reúnen el tesoro de humildad de la Humildísima que así permaneció; así, entendéis, aun cuando supo su destino de ser la más Alta de todas las criaturas. María ha consolado a las Tres divinas Personas, heridas por la soberbia de Lucifer y de la Primera Pareja 106 con su humildad, sólo inferior a la del Verbo. ¡Mi querida Madre, nuestra alegría perenne! ¡Si la pudieras ver hoy 107 en el Cielo mientras que todo el Paraíso la rodea con su amor y exclama hosanna por Ella y por su Nombre de salvación! Verías un abismo de gloria sumido en un inmenso abismo de humildad, y la luz inconcebible de María destella doblemente por su castísima, virginal humildad que se recoge en adoración ante Nosotros y abate todos los celestes hosanna diciendo: "Domine non sum digna". ¡Santa y primera Sacerdotisa! ¡No ser digna Ella por quien crearíamos un segundo Paraíso para que recibiera redobladas alabanzas!... Mira, María. En este día de María ten la visión de la luz en que está la Madre tuya y mía. Has visto la Luz rutilante, que no puede mirarse, de nuestro triple Fuego 108. Mira ahora la luz suavísima de María. Apaga tu sed, sáciate de ella. Nunca sentirás descender en tu corazón nada más dulce. Mira, mientras te lo concedo, esta fuente, este astro de luz que es María, resplandeciente en el Cielo con su cuerpo de candor que no podía corromperse porque ha sido la santa envoltura del Dios hecho' carne además de porque ha alcanzado la perfección humana de toda santidad, y de sumo resplandor por su espíritu unido al Espíritu de Dios en nupcias eternas. Mira: el azul del Cielo circunda el Candor y lo tiñe de reflejos celestes, y la luz de María vuelve luminosos los Cielos como una sobrehumana alba de abril en la que ría el astro de la mañana sobre un mundo virgen y florido. Mira y recuerda la visión que los ángeles contemplan con perenne sonrisa de alegría. Que sea tu serenidad, como es tu fuerza la nuestra. Te han sido mostradas cosas que sobrepasan la inteligencia del hombre, y esto ha sido por voluntad de Dios. Pero, para mantener este don siempre, aprende de María a tocar los 106 La escritora anota abajo, a lápiz: (Adán y Eva) 107 Es el 12 de septiembre, festividad del Nombre de María. 3 En el escrito del!" de julio 108 En el escrito del 1° de julio 188 vértices de la humildad que se humilla para llevar el espíritu a lo más alto. Te he reservado este regalo para el Nombre de María. Para la Natividad: la sonrisa de María, la Mujer santa 109; para el Nombre: la gloria de María, la Madre de Dios». He visto, y no puedo describirla, a nuestra Madre en su morada del Cielo. Como y, casi diría que, aún más que para Dios me sirve el parangón "luz" para hablar de Ella. Una luz confortable, blanco azulada como la del rayo de luna más terso multiplicado por una intensidad sobrenatural. Ni siquiera distingo bien el rostro y el cuerpo de María. Demasiada "luz" para ser distinguidos por el ojo humano. Y explico: no una luz deslumbrante que impida mirar. Sino una luz que vuelve "luz" los contornos y las formas del cuerpo glorificado de María, por lo que no puedo decir los colores del mismo. Podría decir que si se hubieran vuelto luz montañas de perlas se tendría una comparación de lo que es la Candidísima, bienaventurada en el Cielo. Y también podría decir que si una visión tuviera el poder de cambiar el color de los ojos humanos, empapando el iris del color emanado por la visión, mis ojos, de color marrón oscuro, deberían ser ahora de un azul de pálido zafiro líquido, como el que se libera de algunas estrellas en las noches serenas. Estoy sumergida en la emoción que hace verter lágrimas de alegría espiritual... y no puedo decir más 110. 13 de septiembre (Iniciada en el momento de la Comunión) Dice Jesús: «El arcángel Miguel, que vosotros invocáis en el Confiteor, pero, según vuestra costumbre, con el alma ausente, demasiado ausente, estaba presente en mi muerte de cruz. Los siete grandes arcángeles que están perennemente ante el trono de Dios, estaban todos presentes en mi Sacrificio. Y no digas que esto está en contradicción con lo que digo: "El Cielo estaba cerrado". El Padre, lo repito 111, estaba ausente, lejos, en el momento en el que la Gran Víctima cumplía la Inmolación para la salvación del mundo. Si el Padre hubiera estado conmigo, el Sacrificio no hubiera sido total. Hubiera sido únicamente sacrificio de la Carne condenada a la muerte. Pero Yo debía cumplir el holocausto total. Ninguno de los tres aspectos del hombre: el carnal, el moral, el espiritual, debía estar excluido del sacrificio, porque Yo era inmolado por todas las culpas, y no solamente por las culpas del sentido. Ahora por lo tanto es comprensible que también lo moral y lo espiritual mío debían ser triturados, aniquilados en la piedra de molino del tremendo Sacrificio. Y también es comprensible que mi Espíritu no habría sufrido si hubiera estado fundido con el del Padre. Pero estaba solo. Levantado, no materialmente sino sobrenaturalmente, a tal distancia de la Tierra que ningún consuelo podía venirme de ella. Aislado de todo consuelo humano. Levantado en mi patíbulo había llevado a él el peso inmensurable de las culpas de toda una humanidad de milenios pasados y de milenios futuros, y eso peso me aplastaba más que la Cruz, arrastrada con tanta fatiga por un cuerpo ya agonizante por las empinadas, sofocantes, 109 En el dictado del 8 de septiembre 110 Sobre una copia dactilográfica, la escritora añade a lápiz: (lo demás... serian las palabras de M. Stma., que temo escribir porque... tengo miedo de los hombres) 111 Ya en el dictado del 5 de- septiembre 189 pedregosas calles de Jerusalén, entre las burlas y los golpes de, una plebe embrutecida. En la Cruz estaba con mi sufrimiento total de carne torturada y con mi gran sufrimiento de espíritu abatido por un cúmulo de culpas que ninguna ayuda divina hacía soportables. Era un náufrago en medio de un océano en tempestad y debía morir así. Mi Corazón se ha roto bajo la aflicción de este peso y de este abandono. Mi Madre estaba cerca de mí. Ella sí. Estábamos los dos, los Mártires, envueltos en el dolor atroz y en el abandono. Y el vernos el uno al otro era tortura sobre tortura. Porque cada estremecimiento mío desgarraba las fibras de mi Madre, y cada gemido suyo era un nuevo flagelo sobre mis carnes flageladas y un nuevo clavo clavado no en las palmas, sino en mi Corazón. Unidos y separados al mismo tiempo para sufrir más, y sobre nosotros los Cielos cerrados sobre el enojo del Padre y tan lejanos... Pero los arcángeles estaban presentes en la Inmolación del Hijo de Dios por la salvación del hombre y en la Tortura de la Virgen Madre. Y se ha dicho en el Apocalipsis que en los últimos tiempos un Ángel hará el ofrecimiento del incienso más santo al trono de Dios, antes de derramar el primer fuego de la ira divina sobre la Tierra, ¿cómo no pensáis que entre las oraciones de los santos, incienso imperecedero y digno del Altísimo, no estén, primeras entre todas, las lágrimas, orantes más que cualquier palabra, de mi Santa bendita, de mi dulcísima Mártir, de mi Madre, recogidas por el ángel que llevó el anuncio y que recogió la adhesión, del testigo angélico de los desposorios sobrenaturales por los que la Naturaleza Divina contrajo unión con la naturaleza humana, atrajo a sus alturas una carne y descendió su Espíritu a hacerse carne para la paz entre el hombre y Dios? Gabriel y sus compañeros celestiales inclinados sobre el dolor de Jesús y de María, imposibilitados para aliviado, porque era la hora de la Justicia, pero no ajenos a él, han recogido en su inteligencia de luz todos los detalles de aquella hora, todos, para explicados, cuando el tiempo ya no exista, a la vista de los resucitados: gozo para los bienaventurados y primera condena para los réprobos, anticipo para éstos y para aquellos de lo que será dado por Mí, Juez supremo y Rey altísimo». Ha iniciado a hablar Jesús mientras decía el Confiteor y mi mente ha visto a Gabriel, luz de oro, inclinado, en adoración de la Cruz, creo. Pero no veía la Cruz. Hoy, después, repasando atentamente las páginas mecanografiadas para corregir los más mínimos errores de trascripción, a fin de que no haya errores que alteren la idea, encuentro un comentario mío, de fecha 31 de mayo, acerca de la destrucción de Jerusalén... Recuerdo la impresión que tuve aquel día leyendo el capítulo 21 de S. Lucas, versículos 20 y 24. Decía aquel día: "He entendido que hay una referencia a todos nosotros. No he visto claramente. Pero me he quedado bajo la dolorosa impresión". Hoy releo a San Lucas y lamentablemente me parece que el trozo se ajusta perfectamente a nuestros desgraciados casos... Jesús me habla hoy de siete arcángeles que están siempre ante el trono de Dios. ¿Realmente están o es un número alegórico? He buscado en la Biblia, pero no encuentro nada al respecto. Ésta debe ser una de las "lagunas" de las que habla Jesús el 11 de junio. 14 de septiembre Dice Jesús: «Se llama "Fiesta de la Sta. Cruz". Sería mejor decir "Fiesta del Sacrificio", porque sobre la Cruz se ha realizado la apoteosis de mi Sacrificio de Redentor. Y diciendo: del sacrificio, se podría decir "de la Sangre", porque sobre la Cruz he terminado de derramar mi Sangre hasta la última gota, hasta cuando ya no es sangre sino suero de sangre: la última trasudación de 190 un cuerpo que muere. ¡Cuánta sangre, María! Y la he derramado por todas partes, para santificarlo todo y a todos. También este sufrimiento mío y sangrar en varios lugares tiene su porqué, que vosotros no indagáis pero que Yo, por la fiesta de la Cruz, te quiero revelar. La he derramado en el Getsemaní, huerto y olivar, para santificar el campo y las obras del campo. El campo creado por mi Padre con sus mies, sus vides, sus plantas de fruto, sus plantitas menores, pero todas útiles al hombre y de las cuales el Padre enseñó el uso y el cultivo, con sobrenatural enseñanza, a los primeros hombres de la tierra. La he derramado allí para santificar la tierra y a los trabajadores de la tierra, entre los que están comprendidos también los pastores de las distintas especies de animales concedidos por el Padre al hombre para su ayuda y sustento. He derramado mi Sangre en el Templo, porque estaba ya herido por piedras y bastones, para santificar en el Templo de Jerusalén el Templo futuro, cuyo cemento se iniciaba en aquella hora: mi Iglesia y todas las iglesias, casas de Dios, y de sus ministros. La he derramado también en el Sanedrín porque además de la Iglesia representaba también la Ciencia. Y sólo Yo sé cuánta necesidad de santificación tiene la ciencia humana, que usa de sí para renegar la Verdad y no para creer cada vez más en Ella, viendo a Dios a través de los descubrimientos de vuestra inteligencia. La he derramado en el palacio de Herodes, por todos los reyes de la tierra, investidos por Mí del supremo poder humano para la tutela de sus pueblos y de la moralidad de sus estados. También en los palacios solamente Yo sé cuánta, cuánta, cuánta necesidad habría de acordarse que U no sólo es Rey: el Rey de reyes, y que su Leyes la ley soberana también sobre los reyes de la tierra, los cuales son tales mientras que Yo no deba intervenir para privarles de la corona de la que, o por culpa evidente y personal o por debilidad -culpa no material pero no menos condenada y condenable porque es causa de muchos daños- ya no son dignos. Y así he derramado mi Sangre en el Pretorio donde residía la Autoridad. Lo que sean, porque lo sean, hasta que sean las autoridades, el poder, te lo dije hace ya tiempo 112. Lo que deberían ser para no ser maldecidas por el eterno Justo, lo pueden obtener solamente en virtud de la obediencia a mi Ley de amor y justicia y de mi preciosísima Sangre, que vence el pecado de los corazones y corrobora a los espíritus haciéndoles capaces de actuar en santidad, incluso cuando acontecimientos, permitidos por Dios para prueba de una Nación y para castigo de otra Nación, comporten que la Autoridad imperante no sea del mismo País, sino del País vencedor y opresor. Sobre todo en este caso la Autoridad debería acordarse de que es tal por permiso de Dios y siempre para un fin que tiene por base la santificación de las dos partes. Por ello la necesidad de no usar del poder para dañarse y dañar a los oprimidos y a los dominados con un abuso injusto del poder. Re dado mi Sangre, rociándola como lluvia santa en la casa de Pilatos, para redimir a esta clase de la Tierra que tiene una infinita necesidad de ser redimida, porque desde que el mundo existe, ha creído poder hacer lícito aquello que no lo es. He enrojecido con cada vez mayor aspersión de sangre a los soldados flageladores para infundir a las milicias un sentido de humanidad en el doloroso episodio de las guerras, enfermedades malditas que siempre resurgen porque no sabéis extirpar de vosotros el veneno del odio e inyectaros el amor. El soldado debe combatir, tal es su ley del deber, y no será castigado por su combatir y matar porque la obediencia lo justifica. Pero será castigado por Mí cuando, en su combatir, use crueldad y se permita abusos que no son necesarios y que, 112 Por ejemplo, en los dictados del 30 de junio, del 28 de julio y, más ampliamente, del 29 y 30 de julio 191 más aún, siempre están maldecidos por Mí por inútiles y por contrarios a la justicia, que debe ser siempre justicia incluso cuando una victoria humana exalta o un odio de raza suscita sentimientos contrarios a la justicia. Mi Sangre ha mojado las calles de la Ciudad, imprimiendo huellas que, aunque ya no se vean, han quedado y permanecerán eternamente presentes en las mentes de los habitantes de los Cielos altísimos. He querido santificar las calles por donde tanto pueblo pasa y tanto mal se comete. Y si tú piensas que mi Sangre prodigad a por doquier no ha santificado a todos los ministros de la Iglesia, no ha santificado los palacios, ni las autoridades, ni las milicias, ni el pueblo, ni la ciencia, ni las ciudades, ni las calles y ni siquiera los campos, Yo te respondo que la he derramado de todos modos aún sabiendo que para muchos sería acusación de condena en vez de ser salvación según el fin por el que la derramaba, y la he derramado por aquellos pocos de la Iglesia, de la Ciencia, del Poder, de los Ejércitos, del Pueblo, de las Ciudades, de los Campos, que han sabido recogerla y comprender su voz de amor y seguir esa voz en sus mandamientos. ¡Benditos ellos, para siempre! Pero la última Sangre no fue derramada sobre los terrones, sobre las piedras, sobre los rostros y sobre los vestidos, en lugares donde el agua de Dios o la mano del hombre la podían lavar y disolver. La última Sangre, recogida entre el pecho y el corazón que ya se helaba y brotada en el último ultraje -para que en el Hijo de Dios y del Hombre no quedase una gota de líquido vital y Yo fuera realmente el Cordero degollado para el holocausto grato al Señor- las últimas gotas de mi Sangre no han sido desperdigadas. ¡Había una Madre debajo de aquella Cruz! Una Madre que por fin podía abrazarse al madero de la Cruz, erguirse hacia su Criatura muerta, besarle los pies traspasados y encogidos en el último espasmo, y recoger en su velo virginal las últimas gotas de la Sangre de su Hijo que goteaban del costado abierto y regaban mi cuerpo sin respiro. ¡Dolorosísima Madre mía! Desde mi nacimiento hasta mi muerte Ella ha debido sufrir también por esto: por no poder dar a su Criatura aquellos primeros y últimos consuelos que aún el más mísero de los hijos del hombre tiene al nacer y al morir, y con su velo ha debido hacer ropaje para el Hijo recién nacido y sudario para el Hijo desangrado. Aquella Sangre no se ha perdido. Ella está y vive y resplandece sobre el velo de la Virgen. Púrpura divina sobre el candor virginal, será el estandarte de Cristo Juez en el día del Juicio». 15 de septiembre Dice Jesús: «Es opinión difundida en muchos cristianos, y cristianos católicos, que mi Madre no haya nunca sufrido como generalmente sufren los mortales. Creen que el dolor haya estado en Ella pero que, dada su naturaleza inmaculada, Ella lo haya podido soportar fácilmente porque la Gracia lo atenuaba. En suma creen que Ella recibiera el golpe del Dolor, pero que éste no pudiera penetrar en Ella porque estaba defendida, como por una inquebrantable coraza, por su naturaleza inmaculada y por la Gracia. Pero es un grave error. María era la "Inmaculada", exenta de la herencia de la culpa de Adán y de los frutos de tal culpa, y en este sentido, en efecto, habría debido estar preservada del sufrimiento porque el Creador había creado la raza del hombre exenta del dolor y de la muerte, que es el supremo dolor del hombre. Pero María era la Corredentora.. y la misión de redentor es siempre misión de infinito dolor. De otro modo ¿cómo podría un redentor redimir los pecados de los demás? ¿Cómo una víctima pagar por los hermanos? María era 192 redentora como Yo era Redentor. Justo por lo tanto que el Dolor fuera su compañero. ¿Me ha sido acaso evitado el Dolor? No. No obstante si María estaba, por un milagro de Dios, exenta de la culpa del hombre, Ella nacida de dos cuerpos hechos una carne sola por humano matrimonio, Yo, Dios, y por ello puro de toda y de cualquier culpa o sombra de culpa, hecho Hombre por los desposorios de la Inocencia con la Gracia y por esto infinitamente superior a Ella, he sido también sacrificado al Dolor, al Dolor más grande que nunca ha existido y nunca existirá, porque fue dolor de carne y sangre, de mente, de corazón, de alma, de espíritu. La Justicia divina, que no miente y no se contradice nunca a Sí misma, fue fiel a sus antiguas promesas, y a la Sin Culpa, como estaban sin culpa los primeros padres, no aplicó las dos principales condenas de la carne, de Eva especialmente: el dolor de la muerte y el dolor del parto. Mi nacimiento fue un éxtasis dulcísimo. En el silencio de la noche que aislaba del mundo la morada solitaria y humildísima, María se había sumergido en sus fervientes contemplaciones de Dios. La oración de María era siempre rapto en Dios. Y saliendo del rapto conoció al Hijo. Fue más bien el primer llanto del Hijo Dios el que arrancó a la Madre de la contemplación espiritual de Dios para llevar su mirada a contemplar el Milagro más grande del Universo: un Dios encarnado para la redención del hombre. La muerte de María fue otro rapto. La oración la envolvió en sus vendas de amor interrumpiéndole toda sensibilidad humana, y el Amor le vino al encuentro por segunda vez para abrazar a Sí a la Esposa deseada desde antes que el Tiempo existiera. Y si el primer encuentro fue un inclinarse del Amor sobre la Virgen para cubrir con su sombra divina a la Siempre Casta y hacerla fecunda de una Carne divina, el segundo encuentro fue el abrazo total de la Inviolada con el Amor que la atrajo a Sí hasta el altísimo Cielo. La contemplación última de María en la tierra tuvo fin en el Cielo donde la Enamorada de Dios, donde la Anhelante del Hijo pudo fijar su mirada para siempre, adorando, en el Padre, en el Hijo, en el Espíritu Santo, sus perennes deseos y a sus amores eternos. Pero antes de aquella hora, pobre Madre, ha debido empaparse a Sí misma en el Dolor. Y ya te he hablado de cuáles hayan sido sus dolores de toda una vida, cuyo vértice está en los días de mi Muerte 113. Y más de una vez te he dicho cómo, siendo destinada a corredentora, Ella sintió toda la aspereza del dolor, y por qué la sintió 114. Piensa siempre que Ella es Maestra de Dolor como Yo soy Maestro de Vida, piensa siempre que el dolor es verdadero, absoluto, sólo cuando Dios ya no está cerca de un espíritu para sujetarlo en la prueba. Piensa que María estuvo sola en la hora tremenda para conocer el horror de la soledad y para expiar vuestras desesperaciones de criaturas. Ella es la Esperanza, además de la Fe y la Caridad. Las tres virtudes teologales están personificadas en Ella, porque nadie en el mundo amó como Ella, nadie creyó y sobre todo nadie esperó. Fue un abismo de esperanza. Y por ello la he puesto como Estrella vuestra para indicaros el camino del Cielo. Si creéis siempre en Ella, nunca conoceréis el horror de la desesperación y no os mataréis a vosotros mismos con la desesperación. Que María, Esperanza de Dios que le esperaba a Ella para cumplir la Redención del hombre, sea la esperanza del hombre. No perdáis de vista, ¡oh mortales!, la Estrella de la Mañana cuyos rayos están hechos con las siete espadas clavadas en su Corazón dulcísimo y puro, clavadas por amor a vosotros. Vivid en Ella. Y en la Santa, que es Madre de Dios y que, sin descanso, ruega por vosotros 113 En el dictado del 2 de julio 114 Algunas de estas referencias están agrupados en la nota 2 de pág. 95 193 ante Nuestro Trono, morid. María, que se durmió sobre el Corazón de Dios, vive ahora en el Cielo con la carne glorificada. El alma que se duerme sobre el Corazón de María tendrá en el Cielo la carne glorificada cuando se haya cumplido el tiempo, porque Ella es vuestra Salvación». 16 de septiembre Dice Jesús: «No es en el sentido en que tú lo entiendes. Vendrá la hora de la paz y del perdón también para vosotros Italianos, la hora en la que volveréis a estrechar la alianza con el Señor después de haber estado en las manos de Satanás que os ha maltratado como si fuerais una madeja de hilo en las manos de un loco furioso. Pero las palabras de Joel (cap.H, v.18-32) no están dichas particularmente para éste o aquel pueblo. . Ellas son para mi pueblo, para el pueblo del Único, Verdadero, Gran Rey: del Señor Dios vuestro, Uno y Trino, Creador y Redentor del género humano. Aquel período de bienestar del que habla Joel es el anticipado anuncio de cuanto habla Juan en su Apocalipsis mucho tiempo después. Después de las tremendas guerras que Satanás habrá traído a la Tierra a través de su Mensajero de tinieblas, el Anticristo, vendrá el período de la tregua en el que, después de haberos mostrado con la cruenta prueba de qué dones puede ser autor Satanás, intentaré atraeros a Mí colmándoos de mis dones. ¡Oh! ¡mis dones! ¡Serán vuestra dulzura! No conoceréis hambre, estragos, calamidades. Vuestros cuerpos y más vuestras almas estarán apacentadas por mi mano, la Tierra parecerá nacer para una segunda creación, totalmente nueva en los sentimientos que serán de paz y concordia entre los pueblos y de paz entre el Cielo y la Tierra, porque haré propagar mi Espíritu sobre vosotros que os penetrará y os dará la visión sobrenatural de los decretos de Dios. Será el Reino del Espíritu. El Reino de Dios, lo que vosotros pedís -y no sabéis lo que pedís porque no reflexionáis nunca- con el Padrenuestro. ¿Dónde queréis que se realice el Reino de Dios sino en vuestros corazones? Es desde allí desde donde debe iniciarse mi Reino sobre la Tierra. Reino grande, pero siempre limitado. Después vendrá el Reino sin confines ni de tierra, ni de tiempo. El Reino eterno que hará de vosotros eternos habitantes de los Cielos, porque, es natural, Yo hablo a aquellos que son mis súbditos y no a los réprobos que tienen ya su horrible rey: Satanás. Vuestro Dios obrará todos los prodigios para atraer a Sí el mayor número de vivientes, porque Yo soy Dios de Misericordia, de Perdón y de un Amor tan infinito que por mucho que pudierais estudiar y penetrar su medida no lo lograríais. Lo que creéis que sea la infinidad de mi amor por vosotros, es como una pequeña piedrecilla del arenal de un río respecto a una entera cadena montañosa, cuyas bases dividen los continentes y cuyas cimas se ciñen entre las nubes. ¿Pero crees tú que tantos prodigios de Amor y tantas luces de Espíritu convertirán a los hombres a su Dios Eterno? Desengáñate. Si Yo tuviese los cuidados que tendré con vosotros para las necesidades de vuestro cuerpo -sólo éstas- hacia pobres animales faltos de razón, esos animales, con sus lenguajes informes, me alabarían del alba al anochecer, y si supieran dónde encontrarme partirían de todas las partes del globo para venir a dar las gracias a su benéfico Tutor. Pero los hombres no. Están prácticamente en su totalidad absolutamente sordos a las voces y a los dones espirituales, y casi del todo sordos a los dones corporales, en lugar de reconocer mi Bondad 194 y de amarme por gratitud, aprovecharán del bienestar que les daré para descender cada vez más en el abismo que les gusta, donde se revuelcan como bestias inmundas en un pantano, y les espera lo que seduce a los nueve décimos de la humanidad: codicia, lujuria, fraudes, violencia, robo, herejía, supersticiones y otras corrupciones del sentido y de la mente, tan horribles que a los honestos les parece imposible que puedan ser verdaderas, pero verdaderas son y hacen enrojecer a los Cielos y soliviantar con indignación nuestra Divinidad. Ni el paterno regalo de dones ni los aterrorizantes signos del cielo serán capaces de hacer de los vivientes en aquel tiempo hijos de Dios. Y entonces vendrá mi día grande y terrible. No día de veinticuatro horas. Mi tiempo tiene distinta medida. He dicho "día" porque en el día se obra, y Yo en aquel tiempo obraré. Obraré la última selección de los vivientes sobre la tierra. Y ésta ocurrirá en el último desenfreno de Satanás. Entonces se verán los que tienen en sí mismos el Reino de Dios y los que tienen el reino de Satanás. Porque estos últimos con boca, actos, y sobre todo con corazón blasfemo cometerán los últimos desprecios hacia mi Ley y los sacrilegios postreros hacia Dios, mientras que los primeros, los hijos y súbditos del Señor -en tanto que la última batalla azote la Tierra con un horror indecible- se agarrarán a mi Cruz, invocarán mi Nombre que salva; y mi venida de Juez no les aterrará, al contrario, será su júbilo porque los fieles son los salvados, los que Joel llama los "restos" del Señor, o sea los que le quedan al Señor después de los asaltos de Satanás. Benditos, benditos, benditos para siempre estos hijos míos. De ellos es el eterno Paraíso. Unidos a los fieles al Señor de todos los tiempos, poseerán a Dios cuya posesión es bienaventuranza eterna». Dado que esta mañana parecía que Jesús me dejase en reposo, después de haber dicho el "Veni, Sancte Spiritus" como es mi costumbre, he abierto la Biblia al azar. Casualmente era el II capítulo de libro de Joel, y precisamente los versículo s que van del número 18 al 32. Yo daba a estas palabras una interpretación tal y como mi corazón de italiana sueña con todas sus fuerzas. Pero Jesús me explica un significado mucho más alto... y María, como un asno, lo escribe diciéndose a sí misma que sólo el Señor es sabio. 17 de septiembre Dice Jesús: «Cuanto ha dicho la Sabiduría en el capítulo 6° v. 1-10 ya ha sido explicado por Mí más de una vez 115 desde cuando te soy Maestro más ampliamente de cuanto lo sea para muchos de tus hermanos. Por tanto no nos paremos a considerar esas palabras. La Sabiduría verdadera te las ha explicado mucho antes de que el Libro se abriera para ti por esa página. Y no te sorprendas si en otras ocasiones encuentras en el Libro sentimientos y palabras iguales a las que has oído directamente de Mí. Yo soy la Palabra del Padre. Y la Palabra es una. Por ello es la misma ahora que en la época de los patriarcas y profetas. Es natural, entonces, que leyendo las antiguas palabras las tengas que encontrar iguales a las novísimas que oyes de Mí. Soy Yo quien te hablo como era Yo quien hablaba a los antepasados. Y aunque vuestros tiempos y vuestros pensamientos hayan cambiado tanto, y aunque tú, mi pequeño Juan, seas tan distinta de los solemnes patriarcas y de los vehementes profetas, Yo soy siempre aquél, igual, inmutable en la palabra, en la doctrina. 115 Por ejemplo, en los dictados del 24 de julio, del 28 de julio, del 25 de agosto, etc 195 Dios no cambia. Se adecua a vuestros cambios, a vuestra, llamémosla también, evolución, en los márgenes de su trabajo, pero el núcleo de éste, el verdadero contenido de su enseñanza en lo que se refiere no a lo pasajero de la vida sino al alma que no muere, ése permanece y permanecerá siempre. Incluso si la Tierra permaneciera Tierra aún por mil y diez mil años y el hombre alcanzara una evolución material -nota bien- tal que le permitiera abolir las leyes del espacio, de la gravitación, de la velocidad, y llegase a ser casi omnipresente mediante instrumentos que abolieran las separaciones, y a los que está encaminado, y que vosotros llamáis con los nombres científicos de televisión, teléfono y semejantes, o, mediante otros instrumentos, aboliera la imposibilidad de actuar a distancia, creando mandos a distancia que desencadenarán sobre la tierra la venganza demoníaca de las explosiones a distancia, de los rayos mortales y semejantes creaciones de marca satánica. Yo nunca podré deciros -aunque llegarais a convertiros en asaltantes de otros planetas y creadores de rayos potentes como el rayo de mi sol y captadores de ondas que anulan, para el oído y el ojo, las más infinitas distancias- que os sea lícito abolir la Ley de la Caridad, de la Continencia, de la Sinceridad, de la Honestidad, de la Humildad. No, nunca os lo podré decir, nunca. Sino más bien ahora y siempre os digo y os diré: "Sed benditos si usáis la inteligencia para descubrimientos de bien común. Sed malditos si prostituís vuestra inteligencia con un ilícito comercio con el Mal para dar a luz obras de maldad y destrucción". Y basta sobre esto 116. Te hablo en cambio por cuanto puede serte consuelo y guía. Está dicho en el Eclesiástico cap. 33 v. 11-15 que varios son los destinos del hombre. ¿Quién señala vuestro destino? Éste es un gran punto que debe establecerse para no caer en el error. Error que puede ser causa de pensamiento blasfemo y también de muerte del alma. El hombre dice a veces: "Puesto que el destino lo hace Dios, Dios fue injusto y malvado con éste porque le ha abatido la desventura". No, hija. Dios nunca es malvado y nunca es injusto. Vosotros sois miopes y veis muy torpemente y sólo las cosas que están cerca de vuestra pupila. Entonces ¿cómo podéis saber el porqué -escrito en el Libro del Señor- de vuestro destino? ¿Cómo podéis vosotros, desde la Tierra, granito de polvo revoloteando en el espacio, comprender lo que es la verdad verdadera de las cosas y que está escrita en el Cielo? ¿Cómo dar un nombre justo a una cosa que os sucede? El niño, al que la madre da una medicina, llora, la llama fea y mala, trata de rechazar ese medicamento que a él le parece inútil y repugnante. Pero la madre sabe que ella hace esto no por maldad, sino por bondad; sabe que en la autoridad que utiliza en aquel momento para hacerse obedecer no es fea, sino que se reviste de una majestad que la embellece; sabe que a su criatura le sirve esa medicina y con caricias o con voz severa le obliga a tomarla. Si la madre pudiera tomarla para curar a su pequeño enfermo, ¡cuánta tomaría! También vosotros sois niños respecto al buen Padre que tenéis en los cielos. Él ve vuestras enfermedades y no quiere que permanezcáis enfermos. Vuestro Padre de amor os quiere sanos y fuertes. y os da medicinas para robustecer vuestras almas, para enderezarlas, curarlas, para hacerlas no sólo sanas sino también hermosas. Si Él pudiera evitar el haceros llorar, ¿creéis que no lo haría Él cuyo Corazón, todo amor, está regado por las lágrimas de sus hijos? Pero a cada uno su tiempo. Él lo ha hecho todo por vosotros, para llevaros a la salvación eterna. Hasta se ha exiliado de los Cielos, ha exprimido su Sangre hasta la última gota para dárosla, medicina santísima que sana toda llaga, vence toda enfermedad, refuerza toda debilidad. 116 Ya expresado, por ejemplo, en el dictado del 21 de julio 196 Ahora es vuestro tiempo. Porque a pesar de la Palabra descendida de los Cielos para daros la guía de la Vida y a pesar de la Sangre prodigada para redimiros, vosotros no habéis sabido separaros del pecado y recaéis siempre en él; Él, el Eterno que os ama, os da un castigo de dolor, más o menos grande según la altura a la que quiere llevaros o el punto hasta el que quiere haceros expiar aquí abajo vuestra deuda de hijos desertores. Hay, es cierto, criaturas que padecen el dolor para hacerse resplandecientes, con gran luz, en la otra vida. Pero hay otras criaturas que deben soportar el dolor para limpiar su estola manchada y alcanzar la luz. Son la inmensa mayoría. Mas -es un contrasentido pero es cierto- son precisamente éstas las que más se rebelan ante el dolor y llaman injusto a Dios, y malvado, porque les empapa de dolor. Son las más enfermas y se creen las más sanas. Cuanto más uno está en la Luz tanto más acepta, ama, desea el dolor. Acepta cuando está una vez en la Luz. Ama cuando está en la Luz dos veces. Desea y pide el dolor cuando está tres veces en la Luz, sumergido en ella y viviente por ella. Mientras, en cambio, cuanto más uno está en las tinieblas más huye, odia, se rebela ante el dolor. Huye: las almas débiles que no tienen fuerza para realizar ni gran mal ni bien, sino que van viviendo una pobre vida espiritual envuelta en las neblinas de la tibieza y de las faltas veniales, tienen un miedo incontenible ante cada pena, de la naturaleza que sea. Son espíritus sin esqueleto, sin fuerza. Odia: los viciosos, para los que el dolor es un obstáculo para continuar con sus vicios de toda clase, odian este gran maestro de la vida espiritual. Se rebela: el gran pecador, completamente vendido a Satanás, que acumula delito tras delito espiritual alcanzando las cimas de la rebeldía que son blasfemia y suicidio u homicidio, con tal de vengarse (al menos él lo cree) del sufrimiento. Sobre éste, la obra paterna de Dios se transforma en fermentación de mal, porque ese gran pecador está amasado con el Mal como harina amasada con la levadura. y el Mal, como levadura bajo la elaboración del dolor, se hincha en ellos y les hace pan para el Infierno. ¿A cuál de estas tres categorías has pertenecido? ¿A cuál perteneces ahora? ¿En cuál quieres permanecer? No es necesaria la respuesta. La sé. Por esto te hablo y estoy contigo. Otras veces el hombre dice: "Si cada uno tiene un destino señalado es inútil afanarse y luchar. Despreocupémonos, qué más da, todo está señalado". Otro pernicioso error. El destino es conocido por Dios, sí. Pero ¿lo conocéis vosotros? No lo conocéis por el momento. Te pongo un ejemplo. Pedro me renegó. En su destino estaba señalado que él conociera este error. Pero él se arrepintió de haberme renegado y Dios le perdonó y lo hizo su Pontífice. Si hubiera persistido en su error, ¿hubiera podido llegar a ser mi Vicario? No digas: estaba destinado. Nunca olvides que Dios conoce vuestros destinos, pero el destino lo hacéis vosotros. Él no violenta vuestra libertad de acción. Os da los medios y los consejos, os da las advertencias para poneros de nuevo en el buen camino, pero si vosotros no queréis estar en ese camino, Él no os fuerza a permanecer. Sois libres. Os ha creado mayores de edad. La alegría de Dios es que permanezcáis en la casa del Padre, pero si decís: "Quiero irme de ella" Él no os detiene. Llora sobre vosotros y se aflige por vuestro destino. Y no quiere hacer más, porque haciendo más os quitaría la libertad que os ha dado. La alegría de Dios es cuando, comprendiendo, bajo el daño de la carestía, que sólo en la casa del Padre hay alegría, volvéis a Él. Alegría y complacencia de Dios hacia aquellos que con su sacrificio y sus oraciones, sobre todo estas dos cosas, y des- 197 pués con sus palabras, logran devolverme un hijo. Pero no más. Que sepas que quienes están en mi mano como arcilla mojada en la mano del alfarero, son los predilectos de mi Corazón. Sobre ellos mi mano es dulce como una caricia. Mis caricias les modelan dándoles mi huella y semejanza de mansedumbre, humildad, caridad, pureza, y la más bella de todas las semejanzas: la mía de Redentor. Porque son éstas las almas que continúan la misión de Redentor y a las que Yo digo continuamente "gracias" que es la más protectora de las bendiciones. Y si el velo de la Verónica es sagrado porque lleva mi semblante, ¿qué serán estas almas que son mi verdadera imagen? ¡Ánimo, María! Mi Paz está contigo. Yo estoy contigo. No temas». 18 de septiembre Dice Jesús: «He dicho ayer: "El destino os lo hacéis vosotros". Ahora añado: El destino os lo hacéis vosotros. Pero cuando uno hace la Voluntad que el Padre le propone está seguro de lograr un destino de luz, mientras que cuando uno se cierra los oídos y los ojos para no oír y no ver la Voluntad del Padre y cierra el alma al amor que lleva a la obediencia, siguiendo no la voz del espíritu sino la de la carne y la sangre, atizados por Satanás, este uno se crea un destino de tinieblas cuyo fin es la muerte del espíritu. Ahora, si reflexionas como en vuestra vida quien ama -sea hijo, hermano, esposo, alumno, inferior, sea quien sea- trata siempre de complacer al amado, puedes intuir ágilmente que quienes aman mucho a Dios sigan los deseos de Dios, sean los que sean; los que le aman poco le sigan menos y sigan sólo aquellos deseos que les cuestan poca fatiga; y aquellos que de hecho no le aman no le sigan en los deseos de su santa Voluntad, sino más bien se rebelen arrojándose en el sendero que lleva a las antípodas de la meta que Dios aconseja y se alejen del Padre blasfemándolo. Se podría concluir por ello, sin miedo a errar, que la medida con la que la criatura ama a su Creador está dada por la medida con la que ella sabe obedecer a los deseos de su Señor y Padre. Miente aquel que dice de amar a Dios y después no sabe seguir su Voz que le habla con amor para conducirle a su morada. Y ¿a quién quiere engañar con su mentira? ¿a Dios? a Dios no se le engaña. Vuestras palabras tienen el significado verdadero que tienen, y no aquel que vosotros les dais, y Dios comprende ese significado verdadero. Por lo tanto si decís amar al Señor y después rechazáis obedecerle, que es una de las pruebas básicas del amor, Él no puede sino llamaros hipócritas y mentirosos y trataros como tales. ¿ Queréis quizá engañar a Satanás, disfrutando de los cómodos arreglos de conciencia que os sugiere y al mismo tiempo hacerle saber que queréis gozar en esta vida, pero gozar también en la otra contemporizando entre Dios y Satanás, entre el Cielo y el Infierno? jOh necios! Al Astuto no se le engaña y, menos paciente que Dios, exige inmediata recompensa y hay que pagarle enseguida, porque él no acuerda demora. Y en verdad os digo que su yugo no es ala, sino pesada piedra que aplasta y hunde en el fango y en la oscuridad. ¿Queréis quizá engañaros a vosotros mismos diciéndoos que no es sino una necesidad de la tierra la que os empuja a hacer vuestra voluntad pero que, en el fondo, vosotros quisierais hacer la de Dios porque la preferís? Hipócritas, hipócritas, hipócritas. En vosotros hay un juez que no conoce el sueño, y es vuestro espíritu. Aunque lo herís de muerte y lo condenáis a perecer, él grita en vosotros, mientras estáis en esta tierra, grita sus ansias de Cielo. Vosotros lo cargáis y amordazáis para volverlo inmóvil y mudo, pero se agita 198 hasta librarse de vuestra mordaza y arroja su grito en el silencio desolado de vuestro corazón. Y, como el grito de mi Precursor, esa voz es tan atormentadora para vosotros que tratáis de apagarla para siempre. No lo lograréis nunca. Mientras viváis la oiréis y en el más allá gritará más fuerte reprochándoos vuestro delito de homicidas de vuestra alma. La llave de ciertas aberraciones humanas que crecen cada vez más y llevan al individuo a delincuencias monstruosas, está en esta voz de la conciencia que vosotros tratáis de mitigar con nuevos rebotes de crueldad, así como el intoxicado trata de olvidar su merecida desgracia envenenándose cada vez más, hasta el aturdimiento. Sed hijos, criaturas mías. Amad, amad a nuestro buen Padre que está en los Cielos. Amadlo cuanto podáis. Entonces os resultará fácil seguir su bendita Voluntad y lograr un destino de gloria eterna. Yo, que le he amado a la perfección, le he complacido hasta el sacrificio de mi divinidad que por treinta y tres años se ha exiliado de los Cielos, y de mi vida destruida con el martirio más atroz de la carne, de la mente, del corazón, del espíritu. Mi Madre, que fue la segunda tras de Mí en el saber amar y que amó con toda la perfección posible para la criatura -porque, dicho sea entre paréntesis y como respuesta a una objeción que te ha sido hecha, porque María poseía la plenitud de toda virtud y atributo, siempre y naturalmente como criatura, perfecta pero siempre criatura humana. Teniendo en sí la plenitud de la Gracia, es decir poseyendo a Dios como sólo Ella lo ha poseído, es obvio que su perfección alcanzara alturas solamente inferiores a las de Dios-. Y bien, María, que fue segunda tras de Mí en el saber amar, se ha adherido a la Voluntad de Dios hasta el sacrificio de su vocación, que era la de dedicarse únicamente a las contemplaciones de Dios, y de su corazón que le fue pedido por Dios para ser triturado. La divina Maternidad de María es la prueba viviente de su adhesión a la Voluntad de Dios. Yo, el Hijo que no ha quitado a la Madre su candor de lirio inviolado, soy el testimonio de la condescendencia de María a los deseos de Dios. Ella ha desafiado la opinión del mundo, el juicio del esposo, además de abrazar su patíbulo de Madre del Redentor, sin vacilar. Cierta de que Dios no rechazaba el don de su candor, dijo el más alto "fiat" pronunciado por labios mortales y no tuvo temores: su fuerza era Dios y a Él confiaba su honor, su futuro, todo, sin reservas. He aquí vuestros modelos: Yo y María. Seguidnos y lograréis el destino que Dios desea para cada una de sus criaturas. Seguidnos y poseeréis la Paz, porque poseeréis a Dios que es Paz y sentiréis el bienestar de vuestro espíritu. Las bienaventuranzas que he proclamado las tenéis ya en esta tierra si hacéis la Voluntad de vuestro Padre. Después, en el Cielo, serán setenta veces mayores porque entonces nada obstaculizará vuestro fundirse en Dios». 19 de septiembre Ayer por la noche: 18 de septiembre, sufría terriblemente. Llevaba todo el día sufriendo así y estaba agotada. Cada respiro, cada movimiento, incluso pequeño, me era penosísimo y me obligaba a lamentarme, yo que no me lamento nunca. Después toser... hubiera preferido una fusilada a un golpe de tos. A la hora de la cena, es decir de las 20 a las 21 horas, mientras me había quedado sola, mi vista mental fue beatificada por la visión de María Stma. Intento describírsela. Pero ¿cómo hacer para mostrarle su belleza y sus colores? Está vestida de blanco: una túnica cerrada a la altura del cuello, como si estuviera rizada, porque veo que sobre el pecho la tela forma delicados pliegues que modelan castamente las 199 formas de María. Las mangas son más bien estrechas y largas hasta la muñeca. En la cintura un cinturón mantiene recogido el vestido. Pero no es de oro ni de plata. Parece un cordón de seda, del mismo color y brillo del vestido. No tiene lazos, no desciende sobre el vestido. Solamente la ciñe. Sobre la cabeza un manto de la misma tela, ligera pero no velada, que el vestido. Desciende a lo largo de las mejillas de María, se acerca al cuello como si tuviera un broche. Pero un largo broche, porque veo la garganta candidísima de María. En fin está apoyado en los hombros y desciende a lo largo del brazo y los costados hasta el suelo. Pero ¿cómo lograr explicarle el resplandor de ese candidísimo y . sencillísimo vestido? La nieve es gris y opaca, el lirio es aún menos hermoso. Parece plata hecha tela, tanto resplandece su blancura. ¡Oh! ¡impotencia de la palabra para describir la luz! ¡Sólo en el Cielo, y para revestir a María, puede existir esa tela de un blanco fulgurante, diamantado, nacarado, opalino, que es una gema sin ser gema ni conocer la alianza de las gemas para resplandecer así! Veo el óvalo, más bien redondo, del rostro de María. De un color marfil como esos pétalos de magnolia, de igual color que el de su Hijo, distinto en la forma que en Jesús es más alargada y delgada. Sobre el rostro de flor sólo los labios y las cejas finísimas, ligeramente oscuras, ponen un color. Los ojos, no abiertos, sino con los párpados entreabiertos, tienen la misma mirada del Hijo, y tienen el color azul de los de Jesús, pero más pálido. Siempre para poner una comparación humana, podría decir que Jesús tiene los ojos de zafiro y María de turquesa. La mirada seria y melancólica de Jesús es en María de una melancolía pero unida a la sonrisa: la sonrisa buena de quien está afligido, pero quiere consolar y estimular al mismo tiempo. Los cabellos son del color del grano maduro u oro cequí, si le gusta más, con tendencia al rubio rojizo, pero más rubios que rojizos, mientras en Jesús hay más tendencia al rubio cobre. Las manos largas y sutiles, con los dedos muy largos y ahusados, salen de las mangas estrechas con su muñeca delicada y blanquísima. Son dos pétalos de magnolia unidos en oración. Me parecen que deben oler a flor, tanto es el aspecto que tienen de flor en capullo. Ningún collar, absolutamente ninguno. Toda María es Gema de una luminosidad de alabastro, mejor de ópalo iluminado interiormente por una llama. Su cuerpo glorificado emana luz, una dulcísima luz que me hace pensar precisamente en una lámpara ardiente ante el Sagrario: una lámpara de cándido alabastro o, repito, de ópalo. No veo los pies porque la túnica es tan larga que los cubre. He aquí descrita nuestra Madre. Me ha hecho y me hace compañía y me parece que todo a mi alrededor se haga luminoso y virginal, y luz y pureza me descienden en el corazón y con ellas un gozo que me hace llorar de beatitud. Creo que si María dijese tan sólo una palabra mi alma desfallecería en el éxtasis, porque sólo un hilo me detiene de caer en él, y esto sólo por ver a la Bendita y sentirme besada por su sonrisa y por su mirada. Ya es noche y digo a Jesús: "Señor, ¿no dices nada hoy?". Él responde que mi lección hoy me la da María y que contemplarla a Ella no necesita otras palabras. En efecto el sólo verla enseña la belleza de la pureza, de la oración y del silencio. Tres grandes cosas muy poco y malamente practicadas. En medio de mi dolor físico y moral me encuentro en la alegría, porque la luz de la más bella Estrella, de María, resplandece sobre mí y me ha sido dado mirarla. 200 Más tarde... ... Y María me dice sin hablar que me enseña otra cosa: a ver, incluso en los enemigos, hijos suyos. También por ellos Ella ha dado a su Hijo y los ha aceptado por hijos como nos ha aceptado a nosotros. Me hace entender que mirar a éstos con hastío es causarle dolor a Ella y hacerse distintos de Ella que miró con amorosa compasión a los que crucificaron al Hijo y a los que traspasaron su Corazón inmaculado. 20 de septiembre Dice Jesús: «¿Sabes por qué te he elegido? Porque eres una miseria, y estás convencida de serlo, y porque estás animada por el amor. Yo voy buscando humildad y amor para depositar mis palabras y mis gracias y para hacer resplandecer mis misericordias, ya que el mundo necesita siempre pruebas de la misericordia para conservar un mínimo de amor y de fe en Mí. Si la futura formación de la Iglesia y el afirmarse del Cristianismo en el mundo hubieran dado los frutos que el primer florecimiento hacía esperar, no hubiera habido necesidad de nada más. Yo había dado a los creyentes en Mí todo cuanto les era necesario para crecer cada vez más en la Fe y en mi Doctrina. Y lo había dado en forma perfecta como Yo sólo, el Perfectísimo, podía darla. Ahora ha sucedido no que cuanto os he dado ha perdido con el tiempo su eficacia, sino que se ha menoscabado en vosotros la facultad de comprender. Se ha menoscabado porque habéis ofuscado vuestra vista espiritual con el humo de las humanas soberbias, vuestro oído espiritual con el ruido de demasiadas palabras humanas, vuestro gusto espiritual con el sabor de tanta corrupción, vuestro tacto espiritual con el abuso de demasiados contactos carnales, vuestro olfato espiritual con vuestra perversión que os empuja a preferir lo que está podrido a lo que es puro. Se ha menoscabado porque habéis aplastado vuestro espíritu bajo las piedras del sentido, de la carne, de la soberbia, del mal de mil formas. " Había hecho manar de los Cielos -mejor, de mi Corazón que os ama- mi Doctrina, como un reguero de agua destinado a regar las flores de vuestras almas, pero vosotros habéis lanzado en él piedras y escombros, subdividiéndolo en mil y mil hilos de agua que han terminado perdiéndose sin aprovechamiento para vosotros, cristianos que más o menos habéis renegado a Cristo. Y además, las herejías evidentes han hecho desaparecer muchas venas que, partiendo de mi Corazón, descendían a nutrir el organismo de la Iglesia Una, Católica, Romana, Universal, y gran parte del organismo se ha vuelto un miembro paralizado, muerto a la vida, destinado a llevar células gangrenosas. Pero las pequeñas herejías individuales están -¡y cuántas!-repartidas en el núcleo de los católicos. Y son las más perniciosas, las más condenadas. Porque -piénsalo bien- porque, si a distancia de años y siglos es condenable hasta un, cierto punto el protestante, de cualquier iglesia que sea, el ortodoxo, el oriental, el cual sigue con fe lo que sus antepasados le han dejado como Fe verdadera, no es perdonable el viviente bajo el signo de la Iglesia de Roma que se crea la herejía particular de su sensualidad del sentido, de la mente, y del corazón. ¡Cuántos pactos con el Mal! ¡Cuántos! Y que Yo veo y condeno. De todo se preocupan los noventa centésimos de los católicos, de todo menos de la vida en y por mi Fe. Y entonces Yo intervengo. Intervengo con la enseñanza directa que sustituye, con sus luces y sus llamas, a tantos púlpitos demasiado helados y demasiado oscuros. Intervengo para ser el Maestro en 201 el lugar de los maestros que prefieren cultivar sus intereses materiales a vuestros intereses espirituales y sobre todo míos. Porque he confiado a ellos los talentos vivos que sois vosotros, almas que he comprado con mi Sangre, viñas y graneros de Cristo Redentor, no para que los dejasen inactivos e incultivados, sino para que se consumaran a sí mismo en el hacerlos producir y fructificar. Pues bien, María. ¿Sabes quienes son los más tardíos en aceptar esta ayuda que doy para reparar los daños de la inanición espiritual por la que los católicos morís? Son justamente mis sacerdotes. Las pobres almas esparcidas en el laicado católico acogen con devoción este pan que Yo parto para las turbas esparcidas en el desierto porque tengo compasión de ellas que desfallecen. Pero los doctores de la doctrina no. Por otra parte es lógico. Como hace 20 siglos, mi Palabra que os acaricia, pobres almas, es reproche hacia ellos que os han dejado empobrecer. Y el reproche pesa siempre, aunque sea justo. Pero ahora, como hace 20 siglos, no puedo sino repetirles: "¡Ah de vosotros, doctores de la Ley que habéis usurpado la llave de la ciencia y no habéis entrado vosotros y habéis puesto obstáculos a los que entraban!". Aquellos que no han entrado porque vosotros habéis obstruido el camino con vuestras mezquindades y escandalizado los corazones, que os miraban como maestros, porque os han visto más indiferentes que ellos mismos ante las Verdades eternas, serán juzgados con piedad. Mas vosotros, vosotros que habéis preferido el dinero, los honores, las comodidades, el provecho de vuestros familiares a la misión de ser los "maestros" en nombre y para dar continuidad al Cristo docente; mas vosotros que sois tan severos hacia vuestros hermanos, pretendiendo que den aquello que vosotros no dais y fructifiquen lo que vosotros no habéis sembrado en ellos, mientras sois tan indulgentes con vosotros mismos; mas vosotros que no creéis en mis manifestaciones provocadas, en el fondo, por vosotros, porque si vengo a amaestrar a los corazones esparcidos por el mundo es para reparar los destrozos provocados por vosotros, y observad que vengo más cuanto más los tiempos se cargan de herejías, también en el interior de mi Iglesia; mas vosotros que os burláis y perseguís a mis portavoces y los insultáis llamándoles "locos" y "poseídos", como vuestros lejanos antepasados me llamaron a Mí; mas vosotros seréis tratados con severidad. Purificaos los sentidos del alma con el fuego del amor y de la penitencia, y me oiréis, veréis, gustaréis, oleréis, me sentiréis en las palabras que digo a los humildes, y que callo para vosotros soberbios, porque sólo quien tiene un corazón de niño entrará en mi reino, y sólo a los pequeños revelo los secretos del Rey, porque el más grande entre vosotros católicos no es quien se reviste con vestiduras de autoridad, sino el que viene a Mí con corazón puro, confiado como un niño, amoroso como una criatura hacia la mamá que lo nutre. ¡Bienaventurados los pequeños! Yo les haré grandes en el Cielo». 22 de septiembre Dice Jesús: «De mi Evangelio sale una enseñanza para vosotros, humanos tan divididos por el odio. Ayer te he dejado tranquila para darte tiempo de cambiar el pensamiento y la mirada - también esto, sí, porque hay miradas culpables por el odio que las colma como y más que cada palabra- filtrando los movimientos de tu corazón a través de la enseñanza dulcísima de María. Las tempestades que perturban un lago no se calman de golpe y sobre todo, calmándose, 202 no restituyen inmediatamente a las aguas el aspecto anterior. Lo turbio permanece por algún tiempo corrompiendo color y limpieza de las aguas y sólo cuando las olas se han calmado totalmente, hasta en la profundidad, el agua se aclara y se vuelve azul y serena como el cielo. Es lo mismo cuando el odio se lanza en un corazón con su viento de infierno. Se necesita tiempo para que el alma se depure de su tóxico anticristiano. Considera, María, que Yo comprendo que bajo determinados agentes dolorosos es humano que surja el odio. Pero vosotros no sois solamente humanos. Más bien la humanidad es fase transitoria de vuestra vida, mientras que lo sobrehumano es lo que no conoce brevedad, porque desde el momento en el que sois creados por el Padre vosotros existís y existiréis siempre, en luz o en tinieblas, dependiendo de vuestro actuar sobre la tierra, no hasta el fin del mundo, sino en la eternidad que no tiene fin. ¡La tierra! La larga, diez y diez y diez veces milenaria vida de la tierra cristiana y la siete veces milenaria vida de la Tierra, planeta creado por el Padre, ¿qué es en mi tiempo? un instante de eternidad. Ayer te estabas purificando y te he dejado sumergida en este trabajo necesario para todos y especialmente para mis dilecto s porque Yo no puedo permanecer donde hay odio. Recuérdalo siempre. Aunque fuera el más humanamente justo y comprensible de los odios. Y ahora hablo para ti y para todos. La enseñanza de la que te hablo y que os da mi Evangelio, y que vosotros poco o nada meditáis, es enseñanza de alta caridad. Tres son los episodios que os la dan. Están explicados de otras maneras, pero Yo, en esta hora de odio entre las razas del mundo, os la explico a mi modo: el modo que os sería tan necesario meditar para salir de este piélago de infierno en el que habéis transformado la tierra. El centurión que implora por su siervo paralizado, la mujer cananea cuya respuesta es grito de enorme confianza, la mujer de Poncio Pilato. Tres gentiles, tres fuera de la Ley del Padre. Pero entre los hijos de Abrahán, porque entre los vivientes en la Ley dada por el Señor a su Profeta entre los fulgores del Sinaí, ¿quién tenía un corazón semejante a estos tres corazones? Han tenido más fe en Mí que mis compatriotas, a la luz de esta fe han reconocido quien soy, y su creer no ha quedado sin premio. Ahora quiero que esto os persuada de que en todas las razas, en todas las naciones, existen buenos, desconocidos hijos de Dios, porque es hijo mío quien cree en Mí y me busca con pureza de corazón. Ni siquiera en Israel había encontrado tanta fe cuanta encontré en estos tres corazones venidos a Mí sin que Yo les hubiera llamado materialmente. Y como estos remotos, ¡cuántos hay entre los vivientes! No juzguéis, hijos, y no despreciéis. Solamente amad, amad a todos; tenéis un único Padre Creador, recordáoslo, por ello sois hermanos entre vosotros. Un único polvo os ha compuesto y un único soplo os ha animado. ¿Por qué, entonces, tanto odio el uno hacia el otro? No seáis duros hacia los hermanos. Mirad a Jesús, el Maestro que no falla y que no ha rechazado al centurión pagano y a la cananea, juzgada en Israel, una leprosa del alma. Cuidad que no sea Dios quien os juzgue tales a vosotros, corrompidos como estáis de crueldad, de fraude, de lujuria y de soberbia. Limpiaos en el fuego del amor. Él es agua bendita que vuelve el alma nuevamente blanca y es toque que abre vuestros ciegos ojos, y vuestros oídos tapados, que vivifica vuestro ánimo paralizado y os hace capaces de entender lo que el Divino Espíritu dice a vuestro espíritu necesitado de tanta luz y de tanto perdón». 23 de septiembre 203 Dice Jesús: «Vuelvo a una de las notas dominantes de mi hablar. Dos son las notas dominantes, María. Necesidad del amor: la primera. Necesidad de la penitencia: la segunda. Verdaderamente el Dios Uno y Trino -que os creó dándoos un reino en el que todos eran vuestros súbditos, de donde el dolor estaba desterrado y la muerte no hubiera existido para truncar entre los estremecimientos de los moribundos y los gemidos de los supervivientes las vidas de los más queridos, sino sólo una dormición, como la de María, para atravesar, entre las apacibles nieblas de un sueño inocente, las puertas que se abrían tan fácilmente sobre el paraíso terrestre para inundado de la luz del Paraíso más alto y de la voz paterna del Señor, que tenía la alegría de estar con los hijos- verdaderamente vuestro Dios os había puesto sólo una necesidad: la del amor. Amor de hijos al Padre, amor de súbditos al Rey, amor de creados a Dios Creador. Y si no hubierais corroído con el ácido de la culpa las raíces del amor, éste hubiera crecido potente en vosotros, sin costaros alguna fatiga. No fatiga, sino alegría para vosotros, sino necesidad que da alivio cuando se explica, así como el respiro lo es para vosotros. Y en efecto el amor estaba destinado a ser el respiro de vuestro espíritu, la sangre de vuestro espíritu. Después ha venido la culpa ¡Oh! ¡el destrozo de la culpa! Vosotros que os horrorizáis por las ruinas de vuestros edificios, de vuestros templos, de vuestros puentes, de vuestras ciudades, y maldecís los explosivos que lo destrozan, pulverizan y lesionan todo, ¿no pensáis qué destrozo ha producido la culpa en el hombre? En el hombre, la obra más perfecta de la creación, porque no fue hecha por mano humana, sino por la Inteligencia eterna que, diré así, os ha fundido, metal sin escorias, en su misma forma y os ha sacado hechos a su imagen y semejanza, tan bellos y puros que el ojo de Dios se alegró ante su obra y se estremecieron los cielos de admiración y la Tierra cantó con voz altísima, en medio de la armonía de las esferas, por la gloria de ser el planeta que, en los orígenes del Universo, se hacía inmenso palacio del rey-hombre, hijo de Dios. La culpa, más nefasta que toda dinamita, ha alterado las raíces del hombre. Y ¿sabes dónde estaban éstas? En el pensamiento de Dios, que había hecho al hombre 117. La culpa ha alterado, en las raíces del hombre, ese compuesto perfecto de carne y espíritu, de carne que no era distinta, en los movimientos del sentimiento, del espíritu, siendo sólo más pesada que éste pero no contraria a él y mucho menos enemiga; de espíritu no prisionero, y prisionero oprimido en la cárcel de la carne, sino de espíritu gozoso en la carne dócil que conducía a Dios porque, molécula del espíritu de Dios, era atraído hacia Dios, como por un imán divino, mediante las relaciones de amor entre el Creador: el Todo, y el espíritu: la parte 118. La culpa ha alterado aquel armonioso entorno que Dios había puesto alrededor de su hijo para que fuera rey, y rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cae el amor de la Tierra hacia el hombre. La crueldad se desencadenó sobre la Tierra entre los inferiores, entre los inferiores y el hombre, y, horror de los horrores, entre el hombre y el hombre. Aquella sangre, que debía ser sólo ardor de amor de Dios, se hizo ardor de odio y fermentó y goteó, contaminando el altar de la Tierra sobre el que Dios había puesto a sus primeros para que lo amaran amándose, y enseñaran el amor a los futuros: único rito que Dios quería de vosotros. He aquí entonces que nació una planta de la semilla de la culpa; y fue una planta de fruto 117 Había hecho al hombre es construcción del editor de el hombre había hecho, a lo que exactamente sigue, quizá por mano del Padre Migliorini, la siguiente anotación a lápiz: (El pensamiento de Dios ha hecho al hombre) 118 En el sentido explicado en el dictado del 17 de agosto 204 amargo y de punzantes ramas: el dolor. Primeramente el dolor sufrido como el hombre lo podía sufrir en su embrional espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho de los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas causadas a la carne hermana, un dolor cruel de aullidos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas. Después, refinándose en la crueldad pero no en el mérito, también el dolor se desarrolló haciéndose más amplio y complicado. Yo he venido a santificar el dolor, sufriendo el Dolor por vosotros y fundiendo vuestros dolores relativos con el mío infinito, dando así mérito al dolor. Yo he venido a confirmar con mi Vida y mi Muerte la advertencia dada numerosas veces por los Profetas: lo que pide Dios para perdonar y bendecir a sus hijos, cada vez más y más culpables, no es la circuncisión material sino la circuncisión de los corazones, de vuestros sentimientos, de vuestros estímulos que el germen del pecado original vuelve siempre estímulos de carne y sangre o de la más alta lujuria: la de la mente. Es ahí, hijos, donde debéis trabajar con hierro y fuego para señalar vuestra alma con el signo que salva: el de Dios. Es ahí, no con el hierro y el fuego de vuestras leyes crueles y de vuestras guerras malditas. Es ahí: en el lugar donde se forman las leyes y las guerras del hombre, porque es inútil decir lo contrario. Si vivierais en el signo del Señor, circuncidados espiritualmente para quitar lo que lleva toda suerte de impurezas, no seríais los que sois: insensatos, por no decir fieras. Y; nótalo, en poco se diferencian las fieras y los insensatos, porque en ninguno de ellos está la razón, o sea lo que Dios ha puesto en el hombre para hacerle rey sobre todos los seres de la tierra. Dos son las necesidades del hombre: el amor y el dolor. El amor que os impide cometer el mal. El dolor que repara el mal. Ésta es la ciencia que hay que aprender: saber amar y saber sufrir. Pero no sabéis amar y no sabéis sufrir: sabéis hacer sufrir, pero esto no es amor, es, más bien, odio. ¿Por qué sois sabios en el mal y tan ignorantes en el bien? ¿Por qué? ¿No os saciáis nunca de odio y crueldad? ¿Y queréis que Dios os perdone? Volved al amor, hijos, y sabed soportar el dolor. Que si no sois tan hijos míos como para saber querer el dolor para expiar el pecado de los demás, como Yo supe y quise, sed al menos hijos hasta el punto de no maldecirme por el dolor que vosotros habéis generado y del que me acusáis. ¡Abajo vuestra necia soberbia! Aprended del publicano a reconocer que sois indignos, que os habéis hecho indignos de vivir bajo la Mirada que es protección. Arrojad lejos de vosotros la vana sed de la tierra y acercaos a la Fuente de Vida que fluye para vosotros desde hace veinte siglos. Injertaos la Vida en los corazones que mueren engangrenados en el pecado o consumidos en la indiferencia. Llamadme a vuestros sepulcros. Soy el Cristo, el Resucitador. Sólo pido que me llaméis para acudir y decir: "Sal fuera". Fuera de la muerte. Fuera del mal. Fuera del egoísmo, fuera de la lujuria, fuera del odio maldito que os consume sin alegraros. Fuera de lo que es horror para entrar en Mí, para entrar conmigo en la Luz, para renacer en el Amor, para conocer la verdadera Ciencia, para conseguir la Paz y la Vida, que siendo mías tienen de Mí la eternidad» 119. 24 de septiembre Dice Jesús: 119 La escritora añade a lápiz: Jeremías cap. 4° v. 4 y v. 22 205 «Animo, María. Piensa que sufres los dolores de mi agonía. También Yo tenía muy mal los pulmones y el diafragma, y cada respiro, cada movimiento, cada latido, era un dolor añadido al dolor. Y no estaba como tú sobre una cama, sino cargado de un peso y por calles en cuesta. Y después suspendido, bajo el sol, con tanta fiebre que me golpeaba en las venas como si fueran infinitos martillos. Pero no eran éstos los dolores más graves. La que me era más tormentosa era la agonía del corazón y del espíritu. Y mucho más tormentosa, después, la certeza de que para millones de hombres mi sufrimiento era inútil. No obstante esta certeza no ha disminuido en un átomo mi voluntad de sufrir por vosotros. ¡Oh! ¡dulce sufrir, María, porque ofrecido para reparación al Padre y por vuestra salvación! Saber que aquel signo que había quedado sobre vosotros, ofensa, que hubiera sido eterna, de la raza humana a Dios, era lavada con mi Sangre, y que mi morir os daba de nuevo la Vida. Saber que, pasada la hora de la Justicia, el Amor os habría mirado a través de Mí, Inmolado, con amor. Todo esto injertaba una vena de bálsamo en el océano de una amargura tal que a su lado es poco menos que nada la mayor de las amarguras padecidas sobre la tierra desde que el hombre existe, porque sobre Mí pesaban las culpas de toda una humanidad y la ira divina. He dicho: "Sed semejantes a Mí que soy manso y humilde de corazón". Lo he dicho a todos porque sabía que en esta imitación estaba la llave de vuestra felicidad sobre esta tierra y en el Cielo. Tenéis todas las calamidades que tenéis, porque no sois mansos y no sois humildes. Ni en las familias, ni en vuestras ocupaciones y profesiones, ni en el ámbito más amplio de las Naciones. La soberbia y la ira os dominan y generan tantos de vuestros delitos. El tercer agente de delitos es vuestra lujuria; esto os parece individual, pero éste y los dos primeros implican a muchos, muchos y muchos individuos, continentes enteros, tales que trastocan la Tierra, sólo con haber alcanzado la perfección del mal en el alma de unos pocos hijos de Satanás, que le obedecen para colmar de mies malditas los graneros de su padre. Y en verdad os digo que ahora es un momento en el que, por orden del padre de la mentira, sus hijos siembran entre las almas, que estaban creadas por Mí y que inútilmente he fertilizado con mi Sangre. Mies más abundantes de cuanto pudiera concebir toda diabólica esperanza, y los Cielos se estremecen por el llanto del Redentor que ve la destrucción de los dos tercios del mundo de los cristianos. Y decir dos tercios es todavía poco. He dicho a todos: "Sed mansos y humildes de corazón para ser semejantes a Mí". Pero a mis benditos, amadísimos hijos, a los predilectos de mi corazón, a mis pequeños redentores, cuyo sacrificio que mana gota a gota da continuidad al fluir del manantial redentor que brota de mi Cuerpo desangrado, Yo digo, y lo digo estrechándoles al Corazón y besándoles en la frente: "Sed semejantes a Mí que fui generoso en el sufrimiento por el gran amor que todo me infundía". Más se ama y más se es generoso, María. Sube. Toca la cumbre. Yo te espero en la cima para llevarte conmigo al Reino del Amor». 25 de septiembre Dice Jesús: «Puede causarte asombro el que te hable a ti, que eres célibe, de este tema. Pero tú no eres sino la "portavoz" y por ello debes sujetarte a transmitir cualquier cosa. Lo que digo ahora sirve a los demás. Sirve para corregir uno y más errores, cada vez más arraigados en el mundo. 206 El mundo se divide en dos grandes categorías. La primera, que es amplísima, es la de los sin escrúpulos de ninguna clase: ni humanos ni espirituales. La segunda es la de los piadosos, la cual, sin embargo, se subdivide en otras dos clases: la de los justamente piadosos y la de los pequeñamente piadosos. Hablo a la primera gran categoría y a la segunda clase de la segunda categoría. El matrimonio no está condenado por Dios, tanto es así que Yo he hecho de él un sacramento. Y aquí no hablo ni siquiera del matrimonio como sacramento, sino del matrimonio como enlace, como Dios Creador lo ha hecho creando hombre y mujer para que se unieran formando una sola carne, que una vez unida ninguna fuerza humana puede separar, ni debe separar. Yo, viendo vuestra dureza de corazón, cada vez más dureza, he cambiado el precepto de Moisés sustituyéndole con el sacramento. El fin de mi acto era ayudar a vuestra alma de cónyuges contra vuestra carnalidad de animales y un freno contra vuestra ilícita facilidad de repudiar lo que antes habéis elegido para pasar a nuevos cónyuges ilícitos, con daño de vuestras almas y de las almas de vuestras criaturas. Se equivoca tanto quien se escandaliza de una ley creada por Dios para perpetuar el milagro de la creación -y generalmente éstos no son los más castos sino los más hipócritas, porque los castos no ven en el enlace sino la santidad del fin, mientras que los otros piensan en la materialidad del acto- como quien con ligereza culpable cree poder sobrepasar impunemente mi prohibición de pasar a nuevos amores, cuando el primero no ha sido deshecho por la muerte. Adúltero y maldito es ese viviente que separa una unión antes querida, por capricho de la carne o por intolerancia moral. Que si él o ella dicen que el cónyuge es ahora para ellos causa de peso y repugnancia, Yo digo que Dios ha dado al hombre reflexión e inteligencia para que la usen, y mucho más para que la usen en casos de tan grave importancia como es la formación de una nueva familia; Yo digo aún que, si en un primer momento se ha errado por ligereza o por cálculo, es necesario después soportar las consecuencias para no crear mayores desgracias que recaen especialmente sobre el cónyuge más bueno y sobre los inocentes, llevados a sufrir más de lo que la vida conlleva, y a juzgar a los que Yo he hecho injuzgables por precepto: el padre y la madre. Digo en fin que la virtud del sacramento, si fuerais verdaderos cristianos y no los bastardos que sois, debería actuar en vosotros, cónyuges, para hacer de vosotros un alma sola que se ama en una carne sola y no dos fieras que se odian atadas a una misma cadena. Adúltero y maldito es ese viviente que con engaño obsceno tiene dos o más vidas conyugales y vuelve al lado del otro cónyuge y al lado de los inocentes con la fiebre del pecado en la sangre y el olor del vicio sobre los labios mentirosos. Nada os hace lícito ser adúlteros. Nada. Ni el abandono o la enfermedad del cónyuge; y mucho menos su carácter más o menos odioso. La mayoría de las veces es vuestro ser lujuriosos lo que os hace ver odioso al compañero o compañera. Lo queréis ver tal para justificar ante vosotros mismos vuestro vergonzoso obrar que la conciencia os reprocha. Yo he dicho, y no cambio mi decir, que es adúltero no sólo quien consuma el adulterio, sino quien desea consumarlo en su corazón porque mira con hambre de sentidos a la mujer o al hombre no suyo. Yo he dicho, y no cambio mi decir, que es adúltero quien con su modo de actuar pone en condiciones de ser a su vez adúltero el otro cónyuge. Dos veces adúltero, responderá por su alma perdida y por la que ha llevado a perderse con su indiferencia, descuido, villanía e infidelidad. A todos éstos incumbe la maldición de Dios, y no creáis que esto sea un modo de hablar. 207 El mundo se quiebra en ruinas porque antes se han arruinado las familias. El río de sangre que os sumerge ha tenido los diques de contención resquebrajados por vuestros vicios singulares que han empujado a gobernantes más o menos grandes -de los jefes de estado a los jefes de pueblecitos- a ser ladrones y prepotentes para tener moneda y lustre para sus codicias. Mirad la historia del mundo: está llena de ejemplos. La lujuria está siempre en la triple combinación que provoca el surgir de vuestras ruinas. Han sido destruidos estados enteros, naciones desarraigadas del seno de la Iglesia, grietas seculares creadas para escándalo y tormento de razas por el hambre de carne de los gobernantes. Y es lógico que sea así. La codicia extingue la Luz del espíritu y mata la Gracia. Sin Gracia y sin Luz no os diferenciáis de las bestias y por eso cometéis acciones de bestias. Hacedlas, si así os gusta. Pero recordad, viciosos que profanáis las casas y los corazones de los hijos con vuestro pecar, que Yo veo y recuerdo y os espero. En la mirada de vuestro Dios, que amaba a los niños y ha creado para ellos la familia, veréis una luz que no quisierais ver y que os fulminará» 120. 26 de septiembre Dice Jesús: «Habéis leído en mi Evangelio el envilecimiento del hijo pródigo que ha malgastado en vicios las riquezas recibidas del padre y se reduce a cuidar cerdos. Pero ¿pensáis que esto sea la mayor bajeza? En verdad os digo que si os fuera concedido subir a mi presencia con vuestro cuerpo y vuestros vestidos y uno de vosotros subiera, por la muerte que os lo lleva, con su vestido más sucio de porquero que muriendo hubiera caído en medio a la pocilga cubierta de suciedad, no causaría tanto asco a los celestes habitantes de mi Reino y no suscitaría mi indignación cuanto lo hace el aparecer del alma de un apestado por los vicios carnales. El primero tendría una suciedad que desaparece y que no es juzgada con rigor: fruto de su penoso trabajo atrae, más bien, sobre el honesto mayoral la bendición divina. La segunda es una suciedad que no desaparece: lepra del alma, la ha cubierto de gangrenas fétidas que la han corroído sin límite en el tiempo. Por los siglos de los siglos el vicioso impenitente tiene su alma digna de Satanás. Y cuando digo "vicioso" no aludo solamente a ciertas formas de vicio que vosotros mismos juzgáis tales. Las juzgáis así y de todas formas las practicáis porque sois necios que no sabéis reaccionar a los estímulos del mal. No tenéis en vosotros mi Fe. Si la tuvierais venceríais la carne. Pero no la tenéis y el sentido predomina sobre el alma. Cuando digo "vicioso" aludo también a vuestros ocultos pecados de sentido, por los que hacéis del matrimonio una prostitución y destruís el motivo por el que fue creado. Dios no hizo hombre y mujer para que llegaran a cansarse y sentir náuseas en sus vicios. Los ha hecho por una altísima razón. Cuando ha dicho: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza y démosle una ayuda para que no esté solo", con su divino Pensamiento ha supuesto que además de la parte espiritual e intelectiva, que os hace semejantes a Dios, fuerais semejantes a Él en el crear otras vidas. ¿Os dais cuenta de la sublime semejanza que os ha dado Dios? La de crear otras criaturas: creadores vosotros también, hombres y mujeres que os casáis, creadores de hombres como el eterno Dios. Y bien, ¿qué habéis hecho con tal misión? Renegáis contra la culpa de Eva, vosotras, 120 La escritora añade a lápiz: S. Marcos cap. 10, v. 5-16 208 mujeres, cuando sufrís; maldecís la culpa de Adán, vosotros, hombres, cuando trabajáis. Pero la Serpiente ¿no está aún entre vosotros, en el interior de vuestras casas, y no os enseña con su rastrero y baboso abrazo y susurro la inmoralidad que os hace repudiar vuestra misión creadora? Y ¿no es vicio éste de adherir al sentido hasta la náusea y de negarse a la paternidad y a la maternidad? Sed continentes si teméis no tener vestidos y alimentos para los recién nacidos. La castidad no es exclusividad de los vírgenes. La virginidad es la máxima esencia de la castidad, y está depositada en el corazón de los elegidos para seguir al Cordero y para hablar un lenguaje concedido sólo a ellos. Pero si el candor de los vírgenes se tiñe con el fulgor que emanan el Verbo de Dios y la purísima Madre del Verbo, la estola de los cónyuges santos que supieron ser castos se dora con la luz que emana del más casto, bueno y santo de los cónyuges: mi padre putativo que es ejemplo de todas las virtudes conyugales. . Sed castos en el interior de vuestras casas como fuera de ellas. Pensad que para Dios nada hay escondido. Dejad a los hijos de Satanás ciertos delitos ocultos. No seáis inferiores a las bestias que comprenden la belleza del procrear y que saben imponerse un freno cuando la estación adversa negaría nutrición a sus pequeños. Amaos y amadme pensando no en el pequeño día de aquí abajo, sino en el día eterno, y haced que sea para vosotros de Luz plena. Benditos desde ahora, cónyuges, que sabéis ser santos y vivir en mi Ley. En vuestro hogar toman asiento los ángeles y no rehúsan velar vuestro reposo, porque nada de vosotros ofende a estos luminosos espíritus que ven mi rostro y, bienaventurados por su Luz, no pueden mirar lo que está en absoluta antítesis con la Luz. Y vosotros, cónyuges que no sois tales, volved al recto camino. Vuestras riquezas no aumentarán negando el surgimiento de una vida. Éstas, como en una criba sin fondo, se escaparán por mil regueros, porque otros vicios y pecados asaltarán vuestros haberes y seréis pobres en el mundo y en el Cielo por vuestra culpa. Recordad mis mandamientos y mis palabras. A quien vive en Dios, Dios provee». 27 de septiembre Dice Jesús: «He dicho: "Si permanecéis fieles a mi Palabra seréis verdaderamente mis discípulos, conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres". Permanecer fieles a mi Palabra quiere decir ser fieles a Cristo, porque la Palabra del Padre es Jesucristo, vuestro Redentor. Por eso permaneciendo fieles a mi Palabra permanecéis fieles a nuestra eterna Trinidad, porque si amáis al Verbo amáis también su origen y amándole a Él amáis también al Espíritu Santo que, junto al Padre, ha provisto a enviar a Cristo a la tierra para daros la Doctrina de Vida y la Redención. He aquí por qué no es verdadero fiel quien me ama pero no ama a mi Origen y no ama a mi Hacedor: el Amor; porque es el Amor quien ha generado Cristo a los vivientes, como el Padre ha generado el Hijo Verbo 121, es el Amor quien ha generado al hombre el Redentor uniendo las dos naturalezas divina y humana en un único nudo de fuego del que ha venido al mundo la verdadera Luz. Quien ama sólo a Uno de la Trinidad Santa y no ama a los Otros Dos, no es un verdadero fiel y falta hacia la Caridad y la Fe. Faltando hacia la Fe falta también hacia la Verdad, porque pone en duda la Verdad que Yo he venido a traeros y se niega a conocerla poniendo un 121 El Hijo- Verbo es lectura incierta en italiano. Podría leerse también el Hijo, el Verbo 209 impedimento a su inteligencia. ¿Cómo lo pone? Rechazando a Dios. Porque Dios es Caridad, y quien tan poco conoce la caridad de ser incapaz de amar lo que Dios ha hecho y lo que Dios ha donado, ¿cómo puede decir que está en Dios? Y si no está en Dios así como un hijo en el seno del padre, ¿cómo puede tener en sí la capacidad de entender el lenguaje sobrenatural del Padre? ¿Veis como la esencia de la Fe sea como un círculo maravilloso que no conoce interrupción y que os rodea con un único abrazo vital? Pero si vosotros lo rompéis violentamente por soberbia de la mente, por dureza de corazón, por el peso de la carne, entonces presenta una laguna que ninguna razón humana es capaz de colmar. Y pasa con vosotros lo que siempre sucede. Que precipitáis fuera en el abismo abierto por vuestra voluntad que no acepta con sencillez de niños lo que la Bondad os dice que creáis, y en vuestro precipitar no os detenéis en el fango de la tierra. Ya sería una culpa, porque habéis sido hechos para el Cielo y no para ensuciar el alma con el fango de la tierra. Pero precipitáis más allá de la tierra, en los reinos de Satanás, porque quien vive separado de Dios, de su Palabra y de su Amor, mata en sí la Vida y su ser es alimento para el horrible fuego donde merodea el Odiador de Dios. Creed también, hijos míos, que es suficiente rechazar una parte de Verdad para que en vosotros se produzca un caos. Que basta no acoger una verdad de mi doctrina para que se destroce todo el edificio de la Fe y encontraros como entre las ruinas de un edifico derrumbado, lleno de oquedades y de peligros. ¿No hace ahora el mundo moderno exactamente así? ¿No elige de mi decir lo que le resulta más cómodo y rechaza el resto? ¿No cree quizá en los puntos particulares negando los otros? Pero, hijos de mi amor, pensad. ¿Puedo Yo haber venido a deciros palabras inútiles? ¿Engañosas? ¿Imposibles de creerse y de practicarse? No, criaturas de mi dolor. Yo no he dicho una sola palabra que sea inútil y no la digo. No he dicho una sola palabra que no sea verdadera y no la digo. No he dicho una sola palabra que sea imposible para el espíritu -digo para el espíritu que es generado por Dios, parte de Dios mismo encerrada en vosotros- que el espíritu no pueda creer. Yo no he dicho una sola palabra que vosotros no podáis practicar, basta que queráis hacerlo, porque Yo soy Inteligente, Justo, Bueno, y no doy órdenes necias, pesos superiores a vuestras fuerzas, ni tengo exigencias que por su severidad estén en contraste con la bondad. Sedme fieles, queridos hijos. Aceptad mi Palabra sin quererla censurar, y donde no llega a entender vuestra debilidad volveos a Mí: Luz del mundo. Por la millonésima vez Yo, Dios, os digo que no quiero vuestra destrucción sino vuestra salvación, y os tengo bajo mi abrazo como gallina clueca, temerosa de su prole porque me urge vuestra vida eterna. No salgáis de mi abrazo. Yo fiel a mis hijos y vosotros fieles a Mí. Que hermoso será el día en que, después de habernos amado, a través de tanta distancia celeste, vendréis a Mí para siempre y nos podremos amar eternamente: luces retornadas a la Luz; vidas retornadas a la Vida; espíritus retornados al Espíritu; hijos retornados al Padre; desterrados retornados a la Patria; herederos de un Rey elevados al reino de vuestro Dios, Rey de los reyes y Señor del Universo» . 28 de septiembre Dice Jesús: «Un ejemplo de fe limitada y de las consecuencias que acarrea lo tenemos en Pedro. Pedro en la pesantez de su ser no aun encendido por el Espíritu Santo y no corroborado por mi Inmolación que descendería sobre él como sobre todos -porque Yo amaba mucho a 210 mi generoso, impulsivo y también tan humano Pedro, en el que habían tantas dotes y tanta humanidad: verdadero campeón del hombre humanamente bueno y que para llegar a ser santo necesita injertar su bondad en la Bondad de Dios- Pedro no había aceptado totalmente mi Palabra. Su gran amor por Mí -yeso le ha absuelto de toda culpa- le llevaba a rechazar esas verdades de sangre que Yo anunciaba como reservadas para Mí. "Señor, que esto no suceda nunca" había dicho una vez. Y aunque después de mi reproche no lo había vuelto a repetir, en el interior de su corazón se rebelaba ante la idea de que a su Señor le pudiera ser reservada una suerte tan horrible y que el reino de su Rey tuviera por palacio la cima de un monte y por trono una cruz. Juan en cambio lo aceptaba todo; con el corazón que se le despedazaba pero también con el corazón de niño, para el que la palabra de quien le ama es verdad absoluta, inclinaba la cabeza y el corazón ante las predicciones de su Jesús y se preparaba a sí mismo, con fidelidad absoluta en su vida, a ser fiel al Maestro también en la hora de la Pasión. Juan, el puro y devoto creyente, permaneció fiel. Pedro, que quería acoger de la Verdad las verdades que seducían su espíritu todavía demasiado amalgamado con la carne, me renegó. Y su culpa de aquel momento era una falta de valor, pero también y sobre todo una falta de fe. Si hubiera creído fielmente en Mí, habría entendido que su Maestro no había sido nunca tan Rey, Maestro y Señor, como en ese momento en que parecía un delincuente común. Entonces alcancé el vértice de la enseñanza porque hice de mi enseñanza no ya una teoría, sino un hecho verdadero. Entonces asumí el reino sobre todos los que existieron, que existían y que existirían, y me puse púrpura y corona tales que no podía asumirlas más resplandecientes, porque la primera venía dada por la sangre de un Dios y la segunda era el testimonio de cuanta fuerza alcanza el amor de Dios por vosotros, de Dios que muere de martirio para quitar a los hombres de los martirios eternos. Entonces tomé de nuevo plena y completamente mi aspecto de Señor del Cielo y de la Tierra, porque sólo el Señor del Cielo podía satisfacer al Señor Dios y sólo el Señor de la Tierra podía borrar la culpa de la Tierra; de Señor de la Vida y de la Muerte, porque ordené a la Vida que volviera a vosotros y a la Muerte que no matara más. Hablo de la vida y de la muerte del espíritu, porque ante mis ojos sólo tiene valor lo que es espíritu. Bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados los que saben ser verdaderamente creyentes en Mí. Siempre. Suceda lo que suceda y se muestre bajo cualquier luz. Que si una apariencia se levanta como muro escabroso y negro para amedrentar vuestra alma, pensad siempre que detrás del obstáculo, que dura poco, Dios, su Luz, su Verdad, están siempre, iguales e igualmente operantes hacia vosotros. Pensad esto, con todo vuestro corazón y con toda vuestra mente, y sabréis actuar como verdaderos discípulos míos. Actuando así poseeréis la Verdad. Y la Verdad, que residirá como vida en el centro de vuestro ser, os conducirá a la Vida». 29 de septiembre Dice Jesús: «"Pedros" siempre han existido y existen tantos. Ellos quisieran de Mí dones de bienestar terreno que nunca he prometido dar, porque Yo os encamino al Cielo y no a las cosas de aquí abajo, y todo cuanto os doy de felicidad terrena es una añadidura que no merecéis y no podéis exigir, y que doy únicamente porque el noventa por ciento de los hombres es de tan carne y sangre que sin tener dones de esta tierra se rebelarían todos. 211 De todas formas os rebeláis, hijos ingratos, dándome la culpa del mal creado por vosotros mismos. ¡Si al menos supierais soportar con resignación el mal que es obra de vuestras malvadas acciones, de vuestras lujurias, de vuestras prepotencias y desenfrenos, de vuestros intereses y fraudes! Si supierais soportarlo diciendo: "Nos lo hemos merecido" ese mal se mutaría en bien, porque Dios tendría piedad de vuestra irreflexión. Sí, si os viera humildes en el reconocimiento de vuestros errores, resignados a sufrir las consecuencias, filiales en el dirigir hacia Mí la mirada lagrimosa y la palabra suplicante, Yo que soy el Dios de la Misericordia y del Perdón, Yo que he venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido, y que no he perdido ni perderé en el transcurrir de los siglos -átomos de mi eternidad- mi sed de traeros salvación y bien, intervendría para salvaros aún, haciendo desbordar mi Amor y mi Misericordia sobre mi Justicia que me hiere antes a Mí que a vosotros, creedlo, pobres hijos míos, porque el deberos castigar, el deber dejar que vosotros mismos os castiguéis con sufrimientos creados por vuestro duro corazón y necio intelecto, es lo que constituye el dolor de vuestro Jesús, cuyo nombre es "Salvador" y no Justiciero, de Jesús que con tal de salvaros ha obrado, con el Padre y el Espíritu, ese milagro de indescriptible, inmensurable amor, ese milagro que ha dejado inmóviles con reverente estupor a los Cielos, que ha hecho temblar de ira a los abismos infernales y parar por una hora el curso de los astros y las leyes del universo, ese milagro que ha sido la separación de la segunda Persona de la divina Trinidad para descender: Luz eterna, Corazón de Dios, para hacerse corazón de hombre en el seno de una Virgen y luz para los hombres que habían apagado en ellos la luz. Estos numerosos y nuevos Pedros -y nunca como ahora el mundo está lleno de elloscuando ven que no les doy lo que su humanidad desea, llegan a creer que Yo no soy lo que digo ser: es decir el Potente. Y ante esta creída impotencia mía, juzgan que no merece la pena seguirme y reniegan de Mí, exactamente como Pedro en aquella hora en que las apariencias estaban contra Mí. Sin embargo, pobres hijos míos, son precisamente los momentos en los que, humanamente, parece que Yo esté ausente, aquellos en los que estoy inclinado sobre mis hijos y trabajo por ellos. Si no tuvierais en vosotros un espíritu contrario a Dios, y muchas veces ya en posesión de Satanás, sentiríais mi invisible Presencia y mi deseo de ayudaros. Pero huís de Mí. Preferís daros al amigo de un momento que seduce vuestra carne con satisfacciones dulces sólo en la superficie, pero después atosigantes en lo profundo y dañosas como un veneno mortal. Preferís daros, atados de pies y manos, al Enemigo en acecho. Renegáis no sólo de Mí, vuestro Dios, sino de vuestra dignidad de hombres, vuestra inteligencia que os hace semejantes a Dios por encima de todos los animales creados por el Padre, únicos capaces de pensar y actuar no con el rudimental instinto de las bestias, sino con un fulgor de inteligencia que os alza a esferas muy próximas a Nosotros. ¡Oh! ¡esto sí que os hace semejantes a Nosotros, y no el conocimiento del Mal! Pero vosotros escucháis siempre el silbido de la Serpiente y queréis conocer también el Mal para ser semejantes a Dios. ¡Oh necios, necios, necios! Dios en su esencia perfecta puede conocer el Mal, porque el mal no tiene poder sobre Dios. Pero vosotros no. Vosotros no sois perfectos y el Mal no os deja indiferentes cuando lo queréis investigar, conocer y probar. El haber masticado esa experiencia trajo la condena del hombre al trabajo, de la mujer a la maternidad dolorosa, de la raza al Dolor y a la Muerte. Pero vosotros, no persuadidos aún, queréis siempre ese alimento de infierno, que se desarrolla en vosotros cada vez más en obras malditas que aumentan dolor y muerte, fatigas, hambre y todo castigo sobre esta tierra y más allá, porque, repito, me acusáis hacedor 212 del mal que creáis, y me maldecís por lo que soy inocente. Salís de Dios con ira, hijos cegados por vuestro rencor, y caéis en el barrizal de Satanás. Estáis en el barrizal hasta el cuello y no queréis agarraros a la Fe, amarra espiritual que os lanza a vosotros, náufragos, la Bondad eterna. Si tuvierais esa Fe verdadera, como Yo os dije que deberíais tener, ninguna prueba contraria podría hacérosla perder, y venceríais los sucesos adversos porque forzaríais las puertas de la Misericordia, tan poco cerradas y que no piden sino ser abiertas y atrincheraríais las de la Justicia, abiertas para castigar vuestros delitos y que, por el amor infinito que os tenemos, deseamos cerrar. ¿ Qué debéis hacer con mis renegadores? Lo que Yo hice por Pedro. Llorar y orar para reconducirlos a Mí. No os toca elegir un puesto en el Cielo, se lo he dicho a Santiago y a Juan y os lo digo también a vosotros. Y sabéis cuáles son las obras que hay que cumplir para merecerlo. Sólo tenéis que mirar a vuestro Jesús para saber cómo debéis actuar. Caridad, caridad, sobre todo caridad. En todos verme a Mí, vuestro Dios, servir a los hermanos como Yo os he servido hasta el holocausto de mi vida para arrancar almas a Satanás. Almas, he dicho. Con esto no quiero decir que no debáis tener caridad también por los cuerpos de vuestros hermanos. Las obras de misericordia corporales sirven para preparar el camino a la más alta obra de misericordia que es la de dar de beber, de comer, vestir, cuidar las almas desnudas y pobres, hambrientas y sedientas de vuestros pobres hermanos, alejados de mi Redil o crecidos fuera de él, y que mueren en el desierto. Os toca a vosotros, cristianos, y sobre todo a vosotras, mis amorosas, benditas, dilectísimas víctimas, flores vivas que exhaláis para Mí todo vuestro espíritu de flor y que viviréis como eternas rosas en el Cielo, os toca a vosotros, mis verdaderos amigos, reconducir hasta Mí a los errantes, sin juzgar si merecen ser dignos del Cielo. No os toca a vosotros juzgar sobre el premio o el castigo. Sólo Yo soy Juez. A vosotros sólo os concierne reconducir, con mis mismas armas: oración y sacrificio, y después por último la palabra, a los pródigos a la casa del Padre; para poder colmar de júbilo el Corazón de Dios y llenar de gozo los Cielos por un nuevo pecador que se convierte, deja las tinieblas y vuelve a la Luz, a la Verdad, al Amor». 30 de septiembre Dice Jesús: «Es el signo que diferencia a mis verdaderos discípulos de los falsos. El verdadero discípulo no ambiciona ser conocido como superior a los demás. Humilde como su Maestro y como mi Madre dulcísima, custodia con todo cuidado sus potencias sobrenaturales bajo un aspecto de vida común. Para él es sufrimiento el ver descubierta su verdadera naturaleza y, si fuera posible obtenerlo, quisiera que nadie se diera cuenta de ello y sobre todo que no hablara de ello. El falso discípulo, al contrario, se auto eleva, se auto celebra y atrae la atención de todos sobre sus actos y sobre sí mismo; los unos y el otro igualmente hipócritas. Con falsa humildad se las ingenia de tal modo que obliga a los demás a verlo en la luz que a él le gusta, esto es, en una luz de santidad que en cambio es doble pecado de mentira y de soberbia. Pero, hija mía, como una flor de papel se diferencia de una flor verdadera, así el falso discípulo se diferencia del verdadero. Puede engañar a quien mira superficialmente, pero no engaña a quien se acerca a él con atención. Además -sábelo- sobre quien es otro pequeño Yo, tanto vive en Mí y obra por Mí, hay un 213 signo que las almas advierten. Las almas, he dicho. Es inútil apenarse si los demás no se dan cuenta. El alma poseída por Dios exhala un perfume y una luz que son de Dios, de Dios viviente en ella. Y tú sabes que, cuando son intensos, el perfume y la luz traspasan cualquier cerrojo. Y ¿qué luz y perfume serán más intensos que los de Dios? Pues si una vista y un olfato humano, o sea limitados, logran percibir luz y perfumes aunque estén bien encerrados, ¿quieres tú que el alma, cuya sensibilidad no es humana sino espiritual, no perciba el olor de Dios y la luz de Dios viviente en un corazón? Ya te lo he dicho otras veces, que vosotros, mis predilectos, sois luz y perfume en el mundo y embalsamáis de Mí a los hermanos y a ellos transmitís mi Luz que está en vosotros. Y entonces ¿por qué te sorprendes? Deja que el mundo diga, que el mundo bueno y también el menos bueno diga: "Tú eres una hija de Dios". También esto sirve para conducir a Mí. Sé tú "María" también en esto y di tu Magníficat. María no se exaltaba en la soberbia por las alabanzas de los demás, pero tampoco negaba las grandes cosas que Dios hacía en Ella. Que María, o sea tú, no se exalte nunca. Como una flor bajo el sol, deja que los demás vean cómo el Sol la abraza y humildemente diga: "Soy hermosa por tu gracia", y caritativamente done a todos la alegría que Dios pone en ella con su caricia de luz y con su perfume de verdad. Y haga todo esto imitando mi silencio y el de María. ¡Santa virtud el saber callar! El silencio, María, habla más que cualquier palabra cuando es silencio de amor». 1 de octubre 19 horas Pongo como premisa que desde ayer me he quedado tan trastornada ante la profanación del secreto de Dios en mí, que he sufrido incluso físicamente con un buen colapso del corazón que me ha atormentado desde las 10 hasta las 17 horas. Y aun he sufrido más espiritualmente. Entiendo y compadezco la pequeña curiosidad de muchas almas y les aplico todos los atenuantes. Muchas veces, midiendo a los demás con su medida, alaban etc. etc., creyendo que esto guste a algunos como les gusta a ellos. Pero cuando estos tales están ya totalmente trabajados por el buen Dios, tienen reacciones muy distintas de las comunes. Y no gozan sino que sufren, sufren y sufren de oír ciertas alabanzas y de ver irrupciones en su secreto. Y yo he sufrido (y sufro aún). He sufrido tanto que me habían venido unas ganas locas de no escribir nada más, resistiendo (y sufriendo por ello, naturalmente) a la querida Voz, si ésta no hubiera querido contentarme con callar para no darme ocasión de servir a los demás de curiosidad. Pero... María nunca es escuchada por Jesús en ciertas cosas. Es Él quien impera, y lo que quiere, quiere. ¡Amén! Abro la Biblia al azar con los propósitos antedichos en el alma de poner fin a mi misión de "escritorzuela del buen Dios". Y el libro se abre en el cap. 58 de Isaías; y Jesús habla así, respondiendo a todos mis ''pero'' y "si". Dice Jesús: «Quiero, absolutamente quiero que tú seas la que grita las palabras del Señor Dios tuyo, las palabras de indignación por los pecados de este pueblo mío que no quiere convertirse a Mí, y las palabras de amor que como aceite sobre olas revueltas se derraman de mi Corazón turbado por vuestro modo de actuar y aplacan la tempestad de la Justicia ofendida para atraeros a Mí, ¡oh infelices hijos que tan atrozmente y tan diabólicamente morís en cuerpo y 214 alma! Te lo he dicho infinitas veces, bajo forma de luz o de sonido y te lo he hecho entender: "Tú ya no te perteneces. Eres una célula mía y debes obedecer al Todo que soy Yo, tu Maestro y Salvador y Salvador del mundo entero. Por eso sigue adelante y nunca te permitas rechazar mi Querer. Yo me ocuparé de tutelarte a ti. Tú sigue adelante siendo mi pequeño Juan a quien me es de tanto alivio confiar mi pensamiento y encomendar mi voluntad. Mira, María. Este pueblo mío, hecho más extranjero y rebelde que verdadero pueblo mío - porque es mío solamente de nombre, pero en realidad milita bajo otras banderas y obedece otras leyes que no son ciertamente la bandera de Cristo y la Ley de Dios- este pueblo me va buscando. Pero ¿cómo me busca? Un día, lo he comparado con un ciego. Hoy lo comparo con un ebrio. Está en efecto ebrio por haberse saciado, hasta el embrutecimiento, de sus vicios. El ebrio es un incapaz de comprender y de guiarse. Su mente va a ciegas en las neblinas del vino y esto lo hace inferior a las mismas bestias. ¡Me busca! ¡Oh! pueblo de locos y de desleales, que habéis minado la integridad de vuestro espíritu con las fiebres de los sentidos y de los pecados y que habéis traicionado a Dios ¿cómo puedes encontrarme, pueblo que eras mío, si no te quitas el vestido de suciedad y no vuelves con el espíritu a tu Señor, pero lo haces realmente, y no por hipócrita y esporádico culto cuyo estímulo viene dado no por el amor sino por la necesidad, por el miedo, por el interés, los tres terrenos útiles sólo para vuestra parte que muere y no para el alma inmortal? Pero si además vosotros, en vuestra jactanciosa injusticia, creéis ser vivientes en la Justicia y os auto alabáis como fieles a la ley de vuestro Dios y acusáis a Dios de no ser bueno porque os castiga por culpas que no habéis cometido, si además hacéis todo esto, Yo, la Verdad que no yerra, os digo que está más vivo uno, enterrado no desde hace cuatro sino desde hace diez veces cuatro días en el hedor de un sepulcro, que vosotros que tenéis el alma corrompida en siete y diez puntos por las gangrenas de vuestros evidentes o solapados pecados. Y los solapados no son los menos graves. Sino que con frecuencia son doblemente culpables porque huyen de la ley humana y engañan a los demás en el juzgaros por lo que sois. Los demás: hombres. No Dios quien ve el hormiguero de gusanos que ha sustituido vuestra alma de luz, esa alma que os di y que redimí y que quiero como si fuera una parte de Mí mismo, y místicamente, lo es porque sois los miembros de mi místico Cuerpo y el más pequeño de vosotros, en la tierra, es ante mis ojos igual e incluso superior al más grande, porque Yo no miro las fangosas glorias de la tierra sino vuestro verdadero valor que viene dado por lo que sois respecto de las leyes eternas. Vuestra injusta reprobación sube a mi trono y, si el pecado me ofende como suciedad lanzada a mi Sublimidad, vuestro reproche inmerecido e irrespetuoso es como un humo que me molesta y me fuerza a alejarme de vosotros cada vez más para esquivarlo. ¿Habéis orado? ¿Habéis frecuentado las iglesias? ¿Habéis ayunado? ¿Habéis evitado matar y robar? ¿Y qué? ¿Qué habéis hecho de más de cuanto no fuera vuestro estricto deber? ¿Y cómo lo habéis hecho? ¿Habéis orado cómo y por qué? Mal, con el alma ausente o con el alma sucia de odio, y casi siempre por vuestros intereses personales, por lo tanto egoístas. Por eso vuestra oración estaba separada de la caridad. Y ¿cómo queréis que me haya sido ofrecida por vosotros si no tenéis el áureo cáliz en el que posada para alzada a mi trono? ¿Habéis frecuentado la iglesia? ¿Cómo y por qué? Por costumbre, por hipocresía, por cotilleo. Cuanta murmuración se hace incluso en el templo santo de vuestro Dios, ante Mí 215 humillado en el Sacramento de amor para enseñaros qué entrega debe alcanzar el ser para ser agradable al Eterno y útil a los hermanos. ¿Habéis ayunado? ¡Ay de mí, vuestros ayunos que, cuando verdaderamente los hacéis, son tan pequeños, no por cantidad, sino por espiritualidad! Y os negáis un bocado de pan y después acontentáis la gula con la superficialidad. Vuestros ayunos hechos sin voluntad de amor, sino sólo por temor del castigo divino. ¿Pero no sabéis que es mejor ayunar de una palabra áspera que de una suntuosa comida? . ¿Habéis evitado el matar y robar? ¡Oh! no por Mí. Por miedo a vuestras cárceles. He aquí por qué. Y este miedo no siempre os detiene. Y además, ¿pero creéis que haya mucha diferencia, mentirosos en el espíritu, entre quien mata un alma arrastrándola al malo mata una reputación o roba un edificio, una mujer a un marido, un marido a una mujer, un hijo a los padres, y aquel que da una cuchillada o roba un bolso? Al contrario, en verdad os digo, que entre quien mata un cuerpo en un ímpetu de ira y quien mata un alma o una reputación. con lenta y premeditada acción, que entre quien roba un bolso y quien roba una persona a sus familiares, es mucho más culpable el culpable hacia el espíritu que no el otro. Y ésta es la verdad. Yo quiero, para amaros y ayudaros, desgraciados hijos que por vosotros mismos os hacéis todo el mal por el que morís, que impongáis a vosotros mismos otro ayuno bien distinto, más bien otra oración, más bien otro modo de actuar. Poned en ayunas vuestros sentidos, criaturas hambrientas de toda sensualidad; sabed orar con vuestras obras más que con vuestros labios; actuad como Yo os he dicho que actuéis, Yo y ningún otro, que uno sólo es el Maestro y aquel Uno soy Yo: la Inteligencia, la Justicia, la Caridad. ¡Oh! ¡entonces cómo cambiará todo para vosotros! No seréis ya los bastardos, los extranjeros, los rebeldes de vuestro Señor, sino que volveréis a ser mis hijos, volveréis a ser mi alegría y Yo seré la vuestra. Qué lejano os parecerá entonces el tiempo en el que erais como ovejas desperdigadas que golpeaban todos los que pasaban, y a todos les era lícito reírse de vosotros y criticaros como locos que viven de la limosna que les proporciona la miseria de la que tantos se ríen. Volved al Señor Dios vuestro. La hora es plena. Plena de todas las maneras. Cuatro son los cálices colmados. Dos divinos y dos infernales. En estos últimos hay destrucción para la tierra y muerte para el espíritu. En. los otros, divinos, hay Justicia en uno y Misericordia en el otro. A vosotros, que atraéis con vuestro actuar las olas desbordantes de los cálices infernales, os toca lograr que el otro cáliz de castigo -el divino- no se vacíe sobre vosotros, sino que más bien sea mi Misericordia la que descienda sobre el mundo que muere, sobre el hombre que muere, sobre el espíritu que muere. Ella es Vida, queridos hijos. No tardéis más en atraer mi Piedad sobre vosotros. Venid a vuestro Salvador. En mi Corazón abierto, que habla de amor, encontráis lo que habéis malgastado: el amor. Si amáis seréis salvados. Todo es fácil para quien ama y todo le es perdonado a quien ama. Soy el Cristo que ha absuelto a la pecadora porque mucho amó. Soy aquél y no cambio. Estoy aquí, inclinado sobre vosotros, como un padre sobre el lecho del hijo enfermo y un médico sobre un paciente para salvaros aún, para salvaros siempre. Dejaos abrazar por vuestro Dios, dejaos curar por vuestro médico, dejaos salvar por vuestro Salvador. Sólo pido esto: que os dejéis salvar por Mí viniendo a Mí con vuestra alma enferma, pero llena de buena voluntad. Mis manos que han sanado a los leprosos cuando aún no habían sido doblemente santificadas por el martirio, además de por su naturaleza de manos de un Dios, vierten de los agujeros gloriosos de sus palmas el agua que limpia y el bálsamo que hace incorruptibles. Venid a Mí. Os exhorto a ello como Maestro. Os lo ruego como uno que os ama porque os 216 amo y con un amor tan grande que sólo en el Cielo podréis ver su inmensidad sin quedar demolidos. Y tú, pequeña hija de mi Corazón, vete en paz. Porque has sabido amarme hasta el extremo, te he confiado la mayor Palabra que existe. Ella es en ti como una estrella cerrada en tu espíritu y te ilumina con luz de paz y de vida. Permanece en lo que eres y sé bienaventurada en Mí. Mi Paz pone su bálsamo sobre todos tus distintos modos de sufrir. Te bendigo y soy Jesús». 2-3 de octubre Veo toda la justicia de tu actuar, mi Jesús, pero siento también todo el tormento de este nuevo dolor. ¡Qué dolorosos son algunos "fiat", amor mío! Pienso que Tú sobre tu Cruz veías, al menos la veías, a tu Madre, y que yo en cambio en mi larga agonía la he tenido tan poco cercana, poco por causas justas y poco por causas injustas, debidas a su modo de pensar. Y estaré sola, en manos de extraños, en la hora de la muerte. Pienso que Tú has asistido también a tu Padre putativo, y yo no. Por ello me viene el pensar que en esto no soy semejante al Maestro, sino que he superado al Maestro con un sufrimiento moral que Tú no has tenido. Y miro a tu Madre que ha conocido este dolor de no asistir a su padre y a su madre... Tampoco digo: que ha conocido el de no tenerte cerca en la última hora, porque pienso que Tú habrás estado con Ella para rendirle el amoroso ministerio de acunar su último sueño como Ella acunó el primero tuyo. Pero yo no he sido acunada por mamá en el momento del nacimiento y estaré sola en la muerte. Jesús, ¡estate cerca de mí! Nunca te he pedido que te hagas notar, porque pienso que es bonito dejarte libre de hacer como te plazca, pero ahora te lo digo, ahora te lo suplico porque no resisto mi dolor tan privado de consuelos. ¡Ayúdame, Jesús! Ayúdame a saber sufrir y a no enloquecer, porque en mi pobre cabeza, tan llena de sufrimiento y de dolor moral, Tú sabes mejor que yo lo que puede suceder. Tómamela entre tus queridas manos, Jesús. Me has prometido 122 serme madre, padre, además de hermano y esposo. Ha llegado la hora de serIo 123. Tómame, porque Tú ves lo que sufro... Dice Jesús: «Sólo pido tomar entre mis manos, esta cabeza tuya coronada de dolor y tu corazón traspasado por él. Yo no falto nunca a mis promesas. Estoy contigo y ni siquiera te digo: "No llores" sino más bien te digo: "Llora entre mis brazos". Hay dolores que requieren lágrimas, y Yo no impido lo que es justo. Nunca. Llora y escucha. Las lágrimas se secarán al calor de mis palabras. Es verdad que tú tienes lo que Yo no he tenido: o sea la lejanía de tu madre. Pero piensa, hija mía, que tú no eres inocente y que ella no es inocente. Yo y mi Madre lo éramos, y sin embargo estuvimos unidos y separados en la muerte. Te dije 124 que el verme, en lo alto de la cruz, era desgarro sobre desgarro para mi Madre. ¡Y éramos los Inocentes! 122 En el dictado del 12 de agosto 123 Al día siguiente, 4 de octubre de 1943, moría Iside Fioravanzi, madre de la escritora. Nacida en Cremona en 1861, había sido profesora de francés antes de casarse, en 1893, con el suboficial de caballería José Valtorta (nacido en Mántova en 1862 y muerto en Viareggio en 1935). De carácter autoritario, fue siempre muy severa con el dócil marido y con la única hija. 124 En el dictado del 13 de septiembre 217 Tu sufrimiento y el sufrimiento de tu madre no son sin un fin, María. ¿Te parece que tu Jesús pueda hacer algo inútil? ¿Te puede surgir la sospecha de que Él, que te ama tanto y ama a tu madre porque también ella es una hija de mi Redención, pueda dar dolores sin un fin santo? No, María. No me has pedido que tenga todas las misericordias con el alma de tu madre? Que sepas, entonces, que su sufrimiento sobre la tierra, en esta larga enfermedad, es para disminuir su expiar futuro, y que tu sufrimiento tiene el mismo fin. Sé que esto te hace trizas. Pero si la aceituna no fuera triturada, ¿podría dar el aceite que nutre, que sana y que consagra? Dije a la hermana de Lázaro: "Quien cree en Mí no morirá para siempre". No todos llegan a tener esa fe en Mí necesaria para tener rápida resurrección en la gloria de mi Paraíso. Necesito que existan aquellos que crean, que crean no una sino siete veces, por aquellos que creen tibiamente, para dar a los tibios un último resplandor de fe, y tan absoluta, que les haga aparecer en mi presencia revestidos de este extremo resplandor. Voy mendigando heroísmos de fe y de generosidad a los obreros de la última hora, para que paguen por estos obreros que están privados de celeste moneda. Y te lo he dicho ya 125 la primera de estas limosnas espirituales va destinada a los de la propia sangre. Nunca te ha dicho "gracias" sobre esta tierra, con su boca mortal. Pero piensa en tu alegría futura, cuando sea el alma inmortal de tu madre la que volviéndose a unir a ti te diga: "Gracias, María, por la verdadera vida que me has dado". Será como si tu madre naciera de ti, y para la eternidad. Deja tu corazón entre mis manos. Quisiera poder tener todos vuestros pobres corazones débiles, enfermos, heridos, doloridos, para fortalecerlos, para curados, para sanarlos, para consolarlos. ¡Si los hombres me dieran su corazón! No existiría más pecado sobre la tierra, no existirían más los vicios que os enferman carne y espíritu, no existirían más las crueldades recíprocas que hieren, no existiría más ese dolor sobresaltado de quien llora solo e incomprendido. Darme vuestros corazones sería la salvación del mundo. Confiadme vuestros afectos, vuestros intereses, vuestras esperanzas, vuestros dolores, hijos que amo como a Mí mismo, así como os he enseñado. Ved en Mí no sólo al Señor, sino sobre todo al Amigo, al Hermano, al que os ama con un amor perfecto como perfecta es su naturaleza de Dios. Mi pequeña discípula que sufres y escuchas, piensa que tu Maestro sufre más que tú. Consolémonos mutuamente. Yo lo soy Todo para ti y te tengo sobre el Corazón». 4 - 5 de octubre 1a noche de huérfana Dice Jesús: «Una pena es más leve cuando se lleva entre dos. Yo estoy contigo. Al mundo puede parecerle una crueldad este no dejarte tranquila ni siquiera en esta noche dolorosa. Pero dejemos que el mundo hable. Él ve, juzga y habla mal. La verdad es otra y esta verdad es también una irrefutable prueba de quién es Aquel que te habla. Prueba para los infinitos Tomases del día de hoy que no me perciben a Mí y mi Voz en tus páginas. Sólo Dios justo y santo puede, en una hora de dolor como ésta, hacerte escribir palabras como las que escribirás. Sólo Dios. Y soy Yo. 125 En el dictado del 17 de julio 218 Una de las cosas que más sorprendían al mundo pagano y conseguía nuevos y cada vez más numerosos prosélitos para la Iglesia, era la calma, la serenidad, la fortaleza de los mártires en la hora del martirio. Solamente de Dios les podía venir esta inquebrantable y serena paz. Pero el martirio de corazón no es menos atroz que el de la carne, y a los que tienen el corazón desgarrado sólo Dios puede comunicar el heroísmo de una resignación que verdaderamente es la cuarta frase del "Pater" vivida con toda la carne y el alma, la inteligencia y el espíritu. El mundo ciego podrá incluso confundir tu calma heroica, don de tu Todo, por indiferencia. El mundo ensucia cuanto toca. Pero la suciedad no penetra en un bloque de oro o de diamante. Se os posa encima y después cae con la más pequeña ola de lluvia o de viento. . Deja por tanto que los ciegos del mundo no vean. Los otros, en los que mi Espíritu es luz, leen ni Nombre en tu valor de martirio. Y tú, sufriendo con este valor, eres más misionera de tu Jesús que no cien predicadores de palabras no corroboradas por un hecho. Hay una parábola mía que te presento en este momento. Es la de la higuera estéril. No llores, María. Ya sabes a quien quiero referirme. No llores. He tenido hacia tu madre los mismos cuidados que el viñador con la planta negligente. Alábame por ello, María, porque he tenido . infinita misericordia con el alma que te era tan querida. La hora de su juicio era mucho antes de ahora. He venido dos veces en el transcurso de estos años tuyos de dolor para observar esta planta espiritual, que ni siquiera tu orar inducía a producir frutos de vida eterna. Y las dos veces el hacha estaba ya en mi mano para abatir esa vida que se resistía a las invitaciones de la Gracia. Y las dos veces he detenido el golpe para dar ocasión a esa alma de no venir a Mí desnuda de buenas obras, realizadas con el alma reconciliada conmigo. Soy el Jesús misericordioso y tenía piedad de ella y de ti que te consumías por ella. He predispuesto los medios para un último trabajo. He enviado a un Siervo mío 126 para cumplir la mística fertilización de esa alma a través del Sacramento, más bien de los Sacramentos en los que mi Sangre fluye y mi Carne se hace alimento para daros salvación, perdón y vida eterna. He cumplido todo cuanto podía cumplirse sobre esa materia, para obrar el milagro de adornar de frutos ese espíritu próximo a presentarse ante Mí. Y tú me has ayudado. La he tomado ahora porque no podía dar más que esto y, dejándole más tiempo, la ventolera del sentimiento humano habría quemado, con el calor de sus resentimientos y de sus egoísmos, los frutos provocados por mi amor y por el tuyo. Ella no te ha dicho "gracias". Pero Yo te lo digo por ella. Y ella, ahora, ya te lo dice, porque mi Luz le ha iluminado horizontes que su humanidad le velaba. Hija, no llores. Lo demás vendrá después. Sigue orando y sufriendo por ella. Y espera en Mí. Vete en paz, alma fiel. Yo no te abandono. Estás entre mis brazos que son más dulces que los de todas las madres». 5 de octubre Alba Dice Jesús: «He dicho: “A quien cree en Mí le haré brotar en el corazón fuentes de vida eterna". Pero ¿quizás no hago brotar, ya desde esta vida, fuentes de bálsamo que os curan a vosotros atosigados por el dolor? ¡Oh! Venid a Mí, todos los que lloráis. Creed en Mí todos los que 126 En los días precedentes Padre Migliorini había dado la Comunión a la señora Iside, fallecida al mediodía del 4 de octubre 219 sufrís. Amadme, todos los que estáis desamparados. Si cree firmemente en Mí, vuestra alma, que lucha y sufre sobre la tierra, será como pan caído en un barril de miel que lo penetra con su dulzor. Creer en Mí quiere decir amar, quiere decir esperar, quiere decir vencer. Creer en Mí quiere decir poseer. Poseer aquí abajo las armas para la lucha contra el Mal que avanza por todas partes y que trata de abatiros con mil asechanzas, y quiere decir poseer en mi Reino ese premio que soy Yo mismo para toda la eternidad». 7 de octubre Dice Jesús: «Oh tú que lloras porque la separación 127 te es dolorosa y te parece total, piensa en lo que te dice Jesús. Y verás que esa separación no es total y que el dolor disminuye. Mi apóstol 128 dice una palabra inspirada a la que habitualmente viene dado significado referido sólo a los vivientes de la tierra. Pero tiene uno más amplio y profundo que Yo revelo a todos vosotros, hijos que lloráis, a todos vosotros dolientes que sufrís por la muerte de un dilecto. Aquél o aquélla que ahora están muertos, ¿no se nutrieron acaso de mi Sangre y de la Carne que se ha hecho pan para los hombres? Y, si se nutrieron de ella, ¿la virtud de la Sangre y de la Carne de vuestro Salvador no permanece acaso en ellos también más allá de la muerte? ¿Y qué hace la muerte humana respecto al espíritu sobrehumano? ¿Quizás tiene poder, la pequeña muerte, de separar de Mí, que vivo eterno, parte de mis miembros, sólo porque están muertos sobre la tierra? Y vosotros ¿acaso no vivís en Mí, constituyendo esa parte de mi Cuerpo místico que vive en la tierra? ¿Acaso no son éstas verdades indiscutibles? Sí que lo son. Sabed, sabed, vosotros los que lloráis por el dolor de un luto reciente, que aquél al que lloráis no está muerto, sino que vive en Mí. Sabed que el mismo Pan que os ha saciado el alma mientras estabais unidos en la tierra, mantiene la vida y la comunión entre vuestros espíritus vivientes aquí abajo y los que han transcendido su humanidad, vivientes en Mí. Ningún mal puede hacer la pequeña muerte a los espíritus inmortales. La que hay que temer es la gran muerte, esa que verdaderamente os quita para siempre un pariente, un cónyuge, un amigo. La gran muerte, o sea la condenación del alma, la que separa realmente de Mí células de mi Cuerpo místico caídas en poder de las gangrenas de Satanás. Pero por los que han muerto en mi Nombre y han nutrido en sí la vida del espíritu con el Alimento eucarístico, que no perece y que preserva siempre de la muerte eterna, no, por ésos no hay que llorar, sino alegrarse, porque han salido del peligro de morir para entrar en la Vida. Piensa, pensad que quien se ha nutrido de Mí, difícilmente puede ser hermano de Judas, semejante a él para quien mi Pan no fue Vida sino Muerte. Mi Pan, o sea Yo mismo hecho alimento para dar a los hombres la fuerza de conquistar el Cielo y la moneda para entrar en él, les dará entrada en el Reino de la gloria, más o menos prontamente, según su capacidad de asimilación espiritual, pero en el 99 por ciento de los casos produce siempre la salvación del alma. Por eso, no lloréis, padres sin hijos, cónyuges sin consorte, huérfanos sin padres. No 127 La muerte de la madre, a la que se refieren pasajes y dictados del 2-3 de octubre, del 4-5 de octubre 128 La escritora anota a pie de página, a lápiz: S. Pablo, I carta a los Corintios, c. 10, v. 16-17 220 lloréis. Yo, que no miento nunca, os digo como a la madre del Evangelio: "No lloréis". Creed en Mí: os devolveré el ser que amáis y os lo devolveré en un reino al que no tiene acceso la triste muerte de la tierra y en el que ya no es posible la horrible muerte del espíritu. No lloréis. Descienda sobre todos vosotros esta esperanza que es fe y mi bendición». 8 de octubre Dice Jesús: «Mi Misericordia es tan infinita que obra prodigios, cuya fuerza y forma veréis sólo en la otra vida, para conquistar el mayor número de almas a la Resurrección de la carne en Cristo. No quiero que vosotros, señalados con mi Nombre, muráis para siempre. Os quiero resucitar. He muerto para poder resucitaros. He exprimido mi Sangre de mis carnes como racimo prensado para poderos resucitar. Las gotas de mi Sangre están en vosotros y anhelan volver al Corazón del que proceden. Repito cuanto dije ayer. Pocos son aquellos en los que mi Sangre no produce un mínimo de méritos, no por culpa de la Sangre sino de su correspondencia a Ella, capaz de salvar el alma. Los Judas no son la masa, porque muchas veces, tras una vida infame vivida por un cuerpo en el que el alma fue tenida esclava, se logra un triunfo del alma sobre la materia con el hecho de que en la hora última esa alma, en los umbrales de la muerte que libera al espíritu de la carne, se vuelve a Dios de quien conservaba un recuerdo, y se refugia en Él. Y creedme: en verdad basta un latido de amor, de intimidad y de arrepentimiento, para hacer que el baño de mis méritos descienda sobre el pecador y lo lleve a la salvación. Mi Justicia no es la vuestra, y mi Piedad es muy distinta de la vuestra. Cuando se vea el número de los salvados por mi Amor todo misericordia, serán proclamadas las virtudes del Cordero con voz de júbilo por todos los espíritus vivientes en su Reino. Porque vosotros sois los salvados por el Cordero que se ha hecho inmolar por vosotros. Y si los que siempre han vivido en Él y de Él, hasta el punto de no conocer el sentido, le seguirán cantando el cántico conocido sólo por ellos, los salvados por su Misericordia, en la última hora terrena, postrados en adoración de amor, le bendecirán eternamente porque Él es para ellos doblemente Salvador. Salvador de Justicia y Salvador de Amor. Por la Justicia ha muerto para limpiaros en su Sangre. Por el Amor os da su Corazón abierto para acogeros aún manchados de culpas y limpiaros en el incendio de su amor cuando, muriendo, le llamáis a Él que os ama y que os promete un Reino». 9 de octubre 1 hora Dice Jesús: «Por eso no os entristezcáis los que lloráis. Confiad en Mí y confiadme la suerte de vuestros amados. El tiempo de la tierra es breve, hijos. Pronto os llamaré donde la vida dura. Sed pues santos para conseguir la vida eterna, donde os esperan ya vuestros dilectos o donde os alcanzarán tras la purificación. La separación actual es breve como una hora que pasa pronto. Después viene nuevamente la unión de los espíritus en la Luz y, en el futuro, la dichosa resurrección, por la que no sólo gozaréis de la unión con vuestros amados, sino también de la visión de esos rostros tan queridos cuya desaparición os hace llorar como si un robo os hubiera despojado de la piedra preciosa que más queríais. 221 Nada ha cambiado, hijos. La muerte no os separa, si vivís en el Señor. Quien ha ido más allá de la vida terrena no está separado de vosotros. No lo puede estar porque vive en Mí como vosotros vivís. Sólo -para panera s una comparación humana- ha salido de los miembros inferiores a las partes más altas y nobles, y por eso os ama con mayor perfección porque está aún más unido a Mí, y de Mí toma perfección. Sólo los condenados están "muertos". Sólo ellos. Pero los demás "viven" Viven, María, Entiendes: viven. No llores 129. Ora. Pronto vendré. El obrero, según va cayendo la tarde, apura el trabajo para finalizar la obra de su jornada e ir contento al reposo después de haber tenido digna recompensa. También cuando para una criatura cae la tarde de la vida en la tierra, es necesario apurar el trabajo para dar los últimos retoques a la obra casi terminada. Y darlos con alegría, pensando que está cercano el reposo tras tanta fatiga y que la recompensa será abundante porque mucho se trabajó. Yo soy un Amo que retribuye bien. Yo soy un Padre que te espera para premiarte. Yo soy aquel que te ama, que te ha amado siempre y que siempre te amará. Ni una de tus lágrimas me es desconocida y no quedará sin premio. Está cada vez más en Mí y no temas. No temas que Yo te deje sola. Incluso, cuando no hablo, estoy contigo. ¿Sola tú? ¡Oh! ¡no lo digas! Tienes contigo a tu Jesús, y donde está Jesús está todo el Paraíso. No estás sola. María no estaba sola en la casita de Nazaret. Los ángeles estaban alrededor de su soledad humana. Tú, María, no estás sola. Me tienes a Mí por Padre, tienes a María por Madre, tienes a mis santos por hermanos y a los ángeles por amigos. Quien vive en Mí lo tiene todo, hija mía. No te digo: "No llores". También Yo he llorado y ha llorado María. Pero te digo: No llores con ese llanto humano que es negación de fe y de esperanza. No llores nunca así. Ten fe no sólo en las grandes cosas de la Fe, sino también en mis palabras secretas. Son mías, está segura de ello. Y ten esperanza en mis promesas. Cuando venga a darte la Vida verás que no has perdido a los que has llorado. Perdido es quien muere sin Jesús en el corazón. Tú permanece en Jesús. En Él encontrarás todo lo que suspiras. Yo secaré para siempre toda lágrima de tus ojos así como ahora consuelo todo tu dolor, que no puedo evitarte porque sirve para la gloria de tu Dios y para la tuya. El invierno de la vida pasa pronto, paloma mía, y cuando llegue la eterna primavera vendré para coronarte de flores quitándote las espinas que llevaste por amor mío». Aún el 9 de octubre, en plena mañana y después de mi tremenda crisis y de la Comunión. Dice Jesús: «Están los que han venido a Mí por vía ordinaria y están los predestinados a ser cualquier cosa a mi servicio. Entre los predestinados están los que vivieron como ángeles desde su nacimiento y los que se hicieron ángeles, por amor, después de haber sido hombres. Pero son, de todas formas, los predestinados a ser estrellas que iluminen el camino de los hermanos que van y necesitan tantas luces para caminar. Yo soy la Luz. Luz potentísima. Y debería bastar para guiar a los pueblos por el camino que lleva al Cielo. Pero los hombres, cuyos ojos están demasiado inclinados sobre el fango, no soportan ya la Luz absoluta. Ya no la pueden acoger porque les falta el ejercicio espiritual de la mente dirigida a Dios y la confianza en Dios. Los hombres miserables o están separados por Mí, y no me miran porque no piensan en 129 Por la muerte de la madre 222 Mí, o bien están aplastados por su pequeña mentalidad que les hace ver y pensar a Dios a su medida. Por ello dicen, no humildemente sino sólo con vileza: "Soy demasiado distinto de como Dios quiere que sea el hombre, y no puedo alzar la mirada a Dios". ¡Oh! ¡Ciegos y necios! Pero ¿acaso son los sanos los que van al médico? Pero ¿acaso son los ricos los que van al benefactor? No. Son los enfermos y los pobres quienes recurren a quien les puede ayudar. Y vosotros sois pobres y enfermos y Yo soy vuestro Señor y vuestro Médico. Inútilmente lo digo. Tenéis miedo de Mí. No teméis pecar y desposaros con Satanás, pero tenéis miedo de mirarme y de acercaros a Mí. Y entonces, para que no muráis fuera de mi Camino, os doy las estrellas de luz suave que no son mas que emanaciones de Mí, parte de Mí que viene a vosotros de modo tal que no os induzca a necio terror. Yo: Sol eterno compenetro de Mí a mis predestinados y ellos irradian mi Luz entre vosotros y emiten corrientes de atracción espiritual para atraeros a Mí que os espero en el umbral de los cielos. ¡Ay de la tierra si llegase un día en el que el ojo de Dios ya no pudiera escoger entre los hijos del hombre los seres predestinados a ser mis portadores de Luz y de Voz! ¡Ay! Querría decir que entre los miles de millones de hombres ya no queda un justo y un generoso, porque los predestinados están entre los justos que nunca ofendieron a la Justicia, y los generosos que lo han superado todo, empezando por sí mismos, para servirme. Tú estás entre éstos, pequeña criatura que vives de amor. Estás entre éstos. Después de tanto tormento has comprendido que sólo Yo podía ser para ti lo que tu alma quería, y has venido. Pero Yo te había elegido antes de que existieras, para ser la voz de la Voz de Jesús Maestro. He esperado esta hora, María, con corazón de padre y de esposo, te he incubado con mis miradas, esperando paciente el momento de comunicarte mi Voluntad y mi Palabra. Nada me estaba escondido de cuanto de menos bueno habrías hecho, pero tampoco nada de cuanto habrías osado desde el momento en que te lanzaras en la corriente del amor. "Tarde" dirás "te manifestaste, Señor". Tarde. Hubiera querido que fuera mucho antes, hija, pero he tenido que trabajar en ti como hace el orfebre con el oro bruto. Yo te he formado dos veces. En el seno de tu madre para darte al mundo, pero después en mi seno para darte al Cielo y hacerte portadora de mi Luz en el mundo. Sabía cuándo vendrías y sabía cuándo serías adulta para servir. Dios no tiene prisa porque lo sabe todo de la vida de sus hijos. Ha llegado la hora en la que tú ya no eres una mujer, sino sólo un alma de tu Señor, un instrumento, como tú has dicho. Y cuando lo escribías 130 no sabías que mi amor se habría servido de ti así, después de tantos años de prueba. Ahora vete, actúa, habla según mi deseo. No digo mandamiento. Digo deseo, porque se manda a un súbdito y se pide al amigo, y tú eres mi amiga. Y no tengas miedo. De nada ni de nadie. Ni las fuerzas de la tierra ni las fuerzas del infierno podrán dañarte, porque tú estás conmigo. Cuanto dices no es tu palabra; es mi palabra que Yo pongo en tus labios para que tú la vuelvas a decir a los sordos de la tierra. Cuanto haces es mi fuerza que Yo te doy para el bien de quien muere en la debilidad del espíritu. Ya no eres la pobre María, una mujer débil, enferma, sola, desconocida, sujeta a insidias. Eres mi discípula predilecta, y Yo te juro que aunque todo el mundo se propusiera hacerte la guerra no podría quitarte lo que te he dado, porque Yo estoy contigo. Has entendido bien. El septentrión 131 son los pueblos que ahora invaden o intentan invadir 130 En la Autobiografía 131 En el renglón la escritora anota a lápiz: Jeremías cap. 1 v.14-16 223 la tierra cristiana por excelencia: aquélla donde está Roma, sede de mi Iglesia. Castigo merecido por los prevaricadores que han inclinado la cabeza, ya señalada con mi signo, ante los ídolos de las falaces potencias extranjeras que ahora son las primeras en traer tormento. Esta hora es de dolor para los honestos. Pero no querido por Mí. Procurad que el dolor tenga un límite. Hacedlo volviendo a Mí. Si las cuatro fuerzas del septentrión se aliaran contra vosotros en una espantosa conjura de potencias tenebrosas, la luz se apagaría sobre vuestro suelo y la sangre de los mártires lo refrescaría con nueva sangre que gotearía sobre él. Es necesario rezar mucho, mucho, mucho, hija de mi amor. Ya no puedo pedirte más sacrificios de afectos, porque estás desnuda como Yo en la cruz. Pero, si fuera posible, te pediría muchos más con este fin. Te ayudaré; pero dado que necesito lágrimas que sean agua bendita para esta Italia enfangada, te advierto que haré que tu pena sea acerba, para que' valga por muchos lutos, y por muchos perdones de Dios para Italia. Di conmigo: "Señor, acepto beber el cáliz de dolor para preservar a Italia de nuevas desgracias y, en particular, de las del espíritu. Quédate conmigo, Señor, mientras que apuro mi Pasión de pequeña redentora", y Yo me quedaré siempre contigo, hasta que llegue la hora de llevarte allí donde la Pasión cesa y se inicia la gloriosa Resurrección en Mí». 10 de octubre Dice Jesús: «Una de las imprudencias más perniciosas y quizá la más común entre los hombres, es el prometer sin reflexionar. ¡En un primer momento cuántas promesas juradas hacen los hombres con irreflexión, y después con ligereza no las mantienen! ¡Y cuánto mal viene al mundo por ello! Votos sagrados que no son observados por negación de la criatura a la vocación que siguió porque le vino en mente, confundiendo un sentimentalismo del corazón con la llamada de Dios. Uniones matrimoniales transformadas en sacrílegas desuniones porque ante la realidad de la convivencia el más débil e irreflexivo de los dos se hace perjuro. Desilusiones causadas a amigos que creían en vuestra promesa. Y; lo que es más grave, agitaciones mundiales producidas por imprudencias de gobernantes irreflexivo s los cuales, árbitros de sus pueblos, prometen en su nombre alianzas que son después un impuesto de sangre para el propio pueblo y para los demás, sea porque obligan a los súbditos a combatir para el aliado, o sea porque, con perjura audacia, quebrantan la alianza ya estipulada, imposible de sostenerse, y se hacen enemigos. ¿Cómo puede el hombre, dotado de una inteligencia superior, don directo de Dios, actuar con tan brutal irreflexión? Porque en él se ha herido o apagado del todo la fuerza del espíritu con el pecado que quita la Gracia. Mira, María. Veamos juntos el episodio en el que Herodes hace degollar a mi primo y precursor. Y veámoslo a través de mi modo de ver, tan distinto del de los hombres. Desde los púlpitos de mis iglesias se habla mucho de este episodio. Pero los comentadores, irreflexivos como el mismo Herodes, se paran en lo "No lícito" y no extraen del episodio otra enseñanza, tan útil a las almas. Dice San Marcos (cap. 6, v. 21-27) que Herodes fue el hazmerreír de la propia inconsciencia. Movido por la complacencia sensual, había jurado a la jovencita darle cuanto ella le pidiese. Y dice el evangelista que, cuando supo lo que se le pedía, se entristeció, porque en el fondo Herodes respetaba a mi primo en quien había reconocido su santidad heroica y su inteligencia sobrenatural, a la que recurría para ser iluminado. Pero la promesa 224 dada debe ser mantenida, especialmente si es promesa de rey, dada ante toda la corte. Y la cabeza del más santo de entre los hombres -porque fue santificado antes de su nacimiento por el abrazo de la Portadora de Dios: mi Madre santísima, llena de Espíritu Santo- cayó por necio juramento de rey. ¿Por qué Herodes pudo hacer esto? Porque la Gracia ya no estaba en él. Satanás lo tenía a merced del pecado. Y cuando Satanás tiene a un hombre, ese hombre está ciego y sordo a las luces y a las voces del Espíritu de Dios, quien es inspirador de las acciones de los hombres y no aconseja sino acciones de justicia y santidad. ¿Veis la necesidad, digo "necesidad", del vivir en gracia? ¡Oh hombres, que os afanáis por conquistar y conservar las riquezas que perecen!, ¿cómo no os afanáis por conservar en vosotros esta inmensa riqueza sobrenatural de la Gracia? De la Gracia que os mantiene en contacto con Dios y os nutre con sus luces como a recién nacidos en el seno de una madre, a través de las fibras que unen a ella. En efecto vosotros sois los recién nacidos a la Vida del Cielo. No es esta la Vida, ésta que vivís sobre la tierra en la jornada mortal. Ésta es solamente formación de vuestro ser futuro de viviente eterno. La existencia humana es la gestación que os forma para daros a la Luz. A la Luz verdadera, y no a la pobre luz sombría de esta tierra. Yo os llevo en Mí como madre que forma a su criatura, Yo mismo os rodeo y reparo, os nutro con mi alimento para haceros nacer inmortales en la hora de la que vosotros llamáis "muerte", y que no es sino "pasaje". Pasaje de una fase incompleta a la completa, de la segregación en espacio limitado a la libertad sin límites, de las tinieblas a la Luz, de las cohibidas caricias, al abrazo absoluto del alma con su Padre. Esto es lo que vosotros llamáis "morir". Vosotros que, con vuestro orgulloso saber, aún no sabéis dar el justo nombre a las cosas, y como niños de pocos años llamáis a las cosas con nombres equivocados. Yo quiero enseñaros lo que es la "muerte" y quienes son los "muertos", Muerte es separarse de Dios como el que está por nacer y antes de tiempo se separa del órgano materno y se pudre en el álveo que lo expulsa con dolor. Muertos están quienes, habiendo sido expulsados así, no se diferencian del despojo de un animal que se descompone al sol y bajo la lluvia a lo largo de un carretera de la tierra, motivo de repugnancia, para quien lo ve. Esto es lo que es "muerte". Esto es lo que significa estar "muertos". El pecado es la causa que os separa de Dios y hace de vosotros una putrefacta carne corrompida, alimento de Satanás que os ha envenenado para devoraros, presa de su hambre de devorador de almas y de enemigo de Dios, Creador de las almas. ¿Cómo podía y cómo puede el Espíritu de Luz y Caridad ser guía de Herodes y de los muchos Herodes que hay siempre sobre la tierra si su pecado les desarraiga de Dios? En verdad os digo que el pecado, que separa al hombre de la Gracia, es la base de todos los errores que se cometen sobre la tierra. Vivid en Gracia si no queréis errar. Entonces, como criaturas sostenidas por el velo de la madre, caminad en los asuntos de la tierra y no caigáis en las trampas del mundo y del amo del mundo, que ha renegado al Amo santo y verdadero que es Dios. Entonces, como criaturas que se forman y crecen en el seno materno, alcanzaréis el desarrollo completo para nacer a la Vida de los Cielos. Entonces Yo, Sangre tres veces santa, circulo en vosotros y os nutro de Mí, tanto que el Padre mío y vuestro, estrechándoos contra el seno, ya no distingue vuestro ser de hijos de Adán y os llama "hijos". Hijos como Yo, su Verbo, porque la sangre del Verbo está en vosotros y, abrazándoos a vosotros, el Padre Santo abraza a su propio Hijo, hecho hombre para daros la Vida. Entonces el Eterno Espíritu os saluda con sus resplandores de Luz a vuestra entrada en la Vida, porque reconoce en vosotros una parte de 225 Sí que vuelve al Manantial divino del que ha brotado. ¡Oh! ¡día santo y feliz de vuestro nacer al Cielo! ¡Oh! ¡día que Dios Uno y Trino anhela que llegue para vosotros! ¡Oh! ¡beatitud que he preparado a los hombres! ¡Alzaos, dilectos míos! La vida de la tierra es el tiempo que os dono para crecer a la Vida verdadera y, por cuanto pueda ser largo y penoso, es un instante fugaz respecto a mi eternidad. Eternidad que os prometo y que os tengo reservada. Alegría que os he conquistado con mi dolor. Vivid en Mí y de Mí, hijos que amo. La alegría que os espera es desmesurada como la gloria de Dios». El mismo día 132 Dice Jesús: «Si temer al Señor es sabiduría y huir del mal es inteligencia, ¿qué será amar al Señor con todas las potencias del ser? Será perfección de sabiduría y de inteligencia, porque el amor es lo que depura las potencias del ánimo al punto de llevar, como consecuencia, a la perfección en todos los ámbitos. Quien ama ha conocido la verdadera sabiduría, en medida que no puede ser aumentada porque es perfecta 133. El amor le instruye para comprender y le conduce a obedecer, el amor le preserva del mal, el amor le hace volar en el camino del Bien. El amor, el santo amor que Dios ha querido como su principal atributo -Dios es amor- es la ciencia de las ciencias porque os hace maestros en la ciencia que da Vida: la ciencia de conocer a Dios. Quien ama posee la verdadera inteligencia. Dios no se separa de quien lo ama. Ahora, si Dios está en vosotros, poseéis a la Inteligencia misma, y Ella os comunica sus luces, así como la llama encerrada en un cristal transluce y calienta fuera. Y Dios es llama que vive en vosotros cuando le amáis. Vuestra naturaleza humana se deifica con el contacto. El hombre, animal dotado de razón, cae como crisálida de mariposa y entra en su lugar el verdadero superhombre que no es como lo cree el mundo: un pobre soberbio lleno de errores y de vanidad, sino un ser que, sin ser aún un ángel y no siendo ya hombre, tiene las luchas del hombre que dan el mérito y la libertad de los espíritus sobre el sentido, la luminosidad y la clarividencia, por la que se descubre la Verdad y aparece Dios - Padre y Señor- en su supraesencial Belleza. Bienaventurados los que aman a Dios. Siete veces bienaventurados porque su amor es el compendio de toda hambre, de toda sed mística, de todas las virtudes, de cada cosa, y obtiene para ellos el premio prometido a los mencionados en el sermón de la montaña. Bienaventurados porque desde la tierra ven, gozan de Dios, anticipo de la extasiante, eterna visión, que será su vida futura y que les espera en el Cielo». 11 de octubre Dice Jesús: «¿Cómo me debes llamar? .¿ Cuáles son los nombres más dulces? Los del Cantar de los Cantares, hija y esposa de mi amor y de mi dolor. Tú dices que sólo la oración y mi palabra te calman en tu sufrimiento presente. Sí, has llegado a esto que es el punto más alto que el hombre pueda alcanzar de unión conmigo. Esto ya es éxtasis. 132 Sigue la anotación a lápiz: (Job. 28, 28) 133 En una copia dactilográfica la escritora anota a pie de página: de la perfección que puede ser alcanzada por una criatura. 226 Porque el éxtasis no es solamente el permanecer fuera de los sentidos por la alegría de contemplar visiones de Paraíso. Es éxtasis -e incluso desde un punto de vista espiritualmucho más profundo que el primero, este ser abstraídos del dolor moral, además que del de la vida material, pero sin perder los sentidos, al hablar conmigo o al oírme hablar 134. Es más profundo. porque es obra producida únicamente por el amor. El éxtasis contemplativo mucho es obra de la Voluntad de Dios, que quiere que una criatura suya tenga la visión de cosas celestiales, o para atraerla mayormente a Sí, o para premiarla por su amor. Este éxtasis, en cambio, de fusión en vez que de contemplación, es obra cumplida por iniciativa de la criatura enamorada, llegada a tal potencia de amor de no poder nutrirse, respirar, actuar más que con el amor y en el amor. Es la "fusión". Es el ser "dos en uno". Algo que copia -con las proporciones impuestas por la naturaleza humana que por muy espiritualizada que esté por el amor siempre es humanalos inefables, indescriptibles, encendidísimos actos que regulan las relaciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Tres que son Uno, tres Amores que se buscan, se contemplan, se alaban mutuamente, envueltos y apretados en un único remanso de amor incandescente que hace de los Tres distintos una Unidad inseparable. Canta el Gloria, María, porque has llegado a la semejanza de Dios en el punto más difícil y alto, y has llegado con tu amor que ya más no puede crecer, porque ahora amas a Dios con todas tus fuerzas: tu cuerpo y tu alma, y si atravesaras este límite que has alcanzado morirías abrasada por el ardor. ¿Ves, alma mía, que tu Jesús tiene razón al decir que el amor es el fin de la perfección humana? Renuncias, penitencias, enclaustramientos, nada son respecto al amor total. Puede existir un ermitaño penitente que es pobre respecto a un viviente en la sociedad que sepa amarme totalmente, hasta el anulamiento de sus sentimientos en Mí. ¿Ves, querida alma, que tu Maestro tiene razón cuando dice que el amor es superación del dolor? Si no hubiera amado así, ¿crees tú, María mía, que habría podido soportar la Pasión? Y ¿crees que mi Madre y la tuya habría podido soportar la suya? ¿Y que los mártires hubieran resistido las torturas? El amor no debilita el sentido doloroso del hombre, sino que le mezcla un licor de dulzura tan fortificante, que el más tremendo de los dolores se hace soportable para la criatura que lo sufre. El licor es la fuerza de Dios mismo que viene a vosotros con toda su potencia, más bien son las potencias de Dios que se precipitan en vosotros, atraídas por vuestro amor, y anulan vuestras fragilidades dándoos un vigor de luchadores celestiales. Yo, el Victorioso, os comunico mi victoria sobre la debilidad de la carne, del corazón, y sobre la muerte. Yo vivo en el alma enamorada con una unidad inseparable como -Hombre entre los hombres- viví en unidad con mi Padre. María, la Unida a la Santa Trinidad, os comunica su potencia de amor que atrajo a Dios en Ella desde el profundo de los Cielos, y con su sonrisa os enseña a amar con la perfección que tuvo. Ve por tanto, alma mía, las divinas y excelsas potencias y semejanzas a las que lleva el amor total. Yo, que te he escogido para la misión de dolor y de luz, quiero verter sobre ti las olas del éxtasis del amor. Te quiero saturar de manera que tú huelas a Mí, y mucho más celestialmente que la reina Esther cuya cabeza estaba impregnada de perfumes de la tierra para gustar a su rey. Yo, en la hora en que te conviertas en reina del Reino que te he preparado y esposa unida al Esposo en el Palacio del Rey de reyes, quiero que tú estés macerada de amor, o sea de Mí mismo, hasta el punto que ya no quede nada de ti y sea Yo, 134 Nota del editor: La frase, un poco retorcida, significa: Es éxtasis... cuando el hablar conmigo o el oírme hablar os abstrae del dolor... sin haceros perder los sentidos 227 sólo Yo, quien viva en ti. Ven. Sígueme. Cada vez más cerca. Tu ojo sólo tiene que buscarme y tu oído estar atento a oírme. Tu gusto debe encontrar insípido todo alimento que no sea el mío, y tu tacto repeler todo contacto que no sea el mío. Tu olfato debe gustar únicamente la fragancia de tu Esposo, ya no escondido, sino que camina delante de ti para señalarte el camino que conduce a la bienaventuranza celestial. Te he atraído y te atraeré cada vez más emanando olas de olores y de luces que te raptarán de las cosas de la tierra. Eres mía. Te he querido y te tengo. Ahora te tengo, y sólo un deseo tuyo, que no vendrá, podría apartarte de Mí. Pero no vendrá. Antes vendrá la llamada "muerte", o sea las bodas de tu alma conmigo. Entonces la alegría será completa. Yo te cogeré de la mano y delante a mi Corte diré: "He aquí a mi pequeña reina cuyo vestido fue entretejido con penitencias y adornado con lágrimas, cuya corona está hecha de amor. Se ha preparado para esta hora con tanto dolor. Ahora el dolor ha terminado para ella y llega el amor libre y eterno del Cielo. Alegraos, habitantes celestes, por esta nueva hermana que ha terminado las luchas y entra en la paz" 135». Oraba, esta mañana a las 5,30, y tenía entre las manos las oraciones de Sor Benigna Consolata 136. Leía el punto: "Cómo se debe hacer en estado de aridez". Todos los días leo un punto que permanece como pensamiento religioso de toda la jornada. Leía: "Llamarlo con los nombres más dulces", y he preguntado a Jesús: "¿Cuáles son los nombres más dulces para Ti?". Me ha respondido al instante, con las palabras que he escrito. Creo que quiera hablarme del Cantar de los Cantares para llevarme al verdadero fulgor. Creo... porque a veces cambia de tema después de un punto y a mí no me queda más que ir detrás de Él. Crea, Padre 137, que he llorado de dulzura y me he sentido envolver y encender de llamas, incluso materialmente. 12 de octubre Dice Jesús: «También tú, como la esposa del Cantar, has venido a Mí un poco oscura. Son rarísimas las almas que,' atraídas por mi amor, no vienen a Mí un poco oscuras. La vida del mundo quita ese candor de lirio que tiene el alma que ha salido de las moradas del Cielo para bajar a animar una carne nacida de dos amores hechos uno. Es la tierra, la atmósfera de la tierra, no la atmósfera astronómica creada por mi Padre, sino la atmósfera moral de la tierra -ésa creada por vosotros, que por haber sido envenenados en el origen por el Espíritu del Mal lleváis en la sangre gérmenes del mal injertado a los progenitores- la que ofusca el resplandeciente candor sobre el que sólo hay una mancha que limpia mi Bautismo. ¡Oh! ¡fulgor del alma después del lavado bautismal! Si os fuera dado ver ese luminoso candor, veríais algo que arrebata vuestros sentimientos. El lirio es opaco y la perla es gris en comparación con el alma envuelta en la luz bautismal. Ésta es como la de los dos Primeros antes de la seducción de Satanás, así como era cuando el Padre se la infundió para hacerles 135 Nos recuerda la frase: He terminado de sufrir pero continuaré amando, que la escritora, desde 1952, predispuso para el recordatorio de su muerte, acaecida en Viareggio el 12 de octubre de 1961 136 Sor Benigna Consolata Ferrero (1885-1916) 137 Padre Migliorin 228 semejantes a Él. y, en verdad, el alma revestida por la gracia bautismal es como un espejo que refleja a Dios, es un pequeño Dios que espera, amando, volver al Cielo donde le espera su Amor creador. Si el hombre pensara -y por esto mi Bondad no calcula las culpas cometidas antes del uso de razón- si el hombre, ya capaz de distinguir el Bien del Mal -y nota que los instintos del sentido se despiertan después del uso de razón; primero sólo están vivos los instintos de la vida que empujan al niño a buscar la mama o el alimento, el calor de la madre o del sol, la mano de la madre o el apoyo de los objetos- si el hombre pensara en lo que hace, en lo que pierde haciendo, a qué delito, a qué hurto llega quitando a su alma el candor bautismal, qué sacrilegio cumple profanando en sí la verdadera imagen de Dios: Espíritu de Gracia, de Belleza, de Bondad, de Pureza, de Caridad infinita; si pensara en el deicidio que comete matando su alma, ¡oh! ¡no! el hombre, ser dotado de razón, no pecaría. Pero el hombre es un rey necio que, con su voluntad enferma, malgasta los tesoros de su reino y pone en peligro la posesión de su mismo reino. Y, nota María, que no hablo en mi Nombre. No digo que pecando me ofendéis a Mí que he muerto por vosotros. Hablo sólo defendiendo los intereses y los sentimientos de mi Padre que os ha creado semejantes a Él, que os ama con perfección de amor paterno y que el hombre insulta con su desamor y defrauda en sus esperanzas, que son las de poderos estrechar contra su seno el día de vuestra entrada en la Vida. Pocas son las almas que no vienen a Dios un poco oscuras, oscurecidas a consecuencia de la vida que no han sabido conducir con esa santa y atenta reflexión necesaria por respeto al alma que tiene derechos superiores a la carne. Os acordáis mucho de los derechos de la carne, algo que muere y que sólo vivida como sierva del espíritu, y no dueña del espíritu, puede hacerse, a su tiempo, habitante del palacio de los Cielos. Os preocupáis de vuestra estética, de vuestra salud física, de prolongar al máximo la vida en la tierra. Pero no os preocupáis de vuestra alma, de conservarla bella, de adornarla cada vez más para añadir a su belleza creada por Dios las piedras preciosas conquistadas por vuestra voluntad de hijos absortos en el Padre al que quieren volver enriquecidos de méritos: verdaderas joyas, verdaderas riquezas que no perecen eternamente. Os preocupáis de la salud física, pero no veláis para preservar vuestra alma de las enfermedades espirituales. Os preocupáis de prolongar lo que llamáis "vivir" y que sería más justo llamar "esperar", y no os preocupáis de esperar de tal modo que os conquistéis la verdadera Vida que ya no perece. Os preocupáis de todo en este periodo oscuro, que os parece tan luminoso, de vuestra pausa en la tierra -y que ya te he explicado 138 que es semejante a una gestación para ser dados a la Luz, a la Vida- y miráis con horror la fosa, hoyo oscuro donde este cuerpo vuestro que amáis, como idólatras que sois, vuelve a la verdad de su origen: fango. Fango del que emana una llama, una luz: el alma. He aquí lo que da valor al cuerpo, hombres necios. El alma que es don de Dios, el espíritu que es manifestación de Dios, y que tiene un valor ante el cual los de la carne son una nada despreciable. Pero ¿cómo podéis vosotros, que os decís cristianos, no recordar las palabras de Cristo, del Verbo, de la Verdad? ¿No he dicho Yo: "Quien querrá salvar su vida la perderá, y quien la pierda por amor mío la salvará"? ¿No he dicho Yo: "Y de qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma. Qué dará el hombre a cambio de su alma”? ¿Acaso no he dicho: "El grano de trigo caído si no muere no produce fruto, pero si muere produce fruto 138 En el dictado del 10 de octubre 229 abundante”? Y todo esto ¿no os ha abierto los ojos del espíritu? Pero, ¿cómo puede vuestro espíritu abrir los ojos si lo habéis sepultado bajo las piedras de vuestra carnalidad? Es como un mártir lapidado. Con la diferencia de que en el mártir lapidado morirá la carne y el espíritu entrará en la gloria, mientras que en cambio vosotros lapidáis vuestro espíritu y le impedís la Luz aquí y en la Vida verdadera. ¡Y tenéis miedo de la oscuridad de la tumba para vuestra carne ya insensible como terrón de barro! De esto tenéis miedo. Sí. Pero no os horroriza condenar a la oscuridad eterna lo que en vosotros es luz y que anhela la Luz infinita. Vuestro espíritu. Y no pensáis que vosotros, buscadores sedientos de riquezas, perdéis la verdadera riqueza. Y no pensáis, hambrientos de vida, que os producís la Muerte. La muerte que no muere: la muerte del espíritu. Os apagáis a vosotros mismos en vuestra inmortalidad de ciudadanos celestes. Mejor dicho hacéis peor aún: ponéis vuestra luz en la mano de Satanás para que haga de ella un claror tenebroso en su Reino de Tinieblas. ¡Oh! ¡profanadores! Peor que si con vuestros demoniacos descubrimientos, dirigidos al mal, lograrais desarraigar las estrellas de mi firmamento y apagar su luz de diamante vivo en un pantano pútrido. Sabed hacer morir la carne, y no el alma, para germinar en espiga eterna. Vuestra posteridad sobre la tierra es siempre fugaz. Los siglos han destruido estirpes que parecían inmortales y de ellas sólo sobrevive el recuerdo, y de muchas ni siquiera eso. Pero lo que hacéis en el espíritu no muere. Tampoco muere en parangón a la tierra. Mirad a mis santos. Pasan los siglos y el culto hacia ellos permanece como el primer día. Y además no trabajéis nunca por la gloria de ser conocidos sobre los altares. Esto es todavía humanidad y el verdadero santo no piensa en ella. Piensa sólo en aumentar el gozo de Dios añadiendo en los prados eternos una nueva flor de esplendor, y en satisfacer su alma que grita y se agita en él por su sed de poseer completamente a Dios. Somos dos sedientos que se anhelan, dos amores que se buscan. Alma y Dios, Dios y alma: he aquí los dos perennes amantes. ¿Por qué impedir que Dios y el alma alcancen su fin que es unirse, más allá de la vida terrena, en la eterna morada? Yo, la Piedad perfecta, no miro si venís a Mí "un poco oscuros" por las reverberaciones del sol terreno de vuestras tendencias. Sólo quiero que luchéis para que el sol abrasador de la carnalidad no os vuelva irreconocibles ante mi mirada y repelentes para mi ojo. Poned un reparo alrededor del tan peligroso arder de la humanidad: que lo constituya vuestra asidua atención, vuestra ansia de ser buenos, vuestro deseo de complacerme. Esto me basta. Y si hacéis esto, ya lo hacéis todo, porque atención, voluntad, deseo, son como tres piquetas sobre las que se extiende la tienda que preserva a un corazón de lo que puede desagradar a Dios. Que, si después una repentina tempestad desencadenada por Satanás, envidioso de Dios, arranca el reparo y permite a los nubarrones y a los rayos ensuciaros y oscureceros, Yo, que veo y sé, no os acuso de ello, sino que os justifico y acudo en vuestra ayuda. Entonces soy Yo quien me convierto en vuestro reparo, pobres hijos. Os estrecho contra mi seno y os digo: "No lloréis. Os compadezco. Estoy aquí para limpiaros, para ayudaros. Venid. El Dios de amor os da su Sangre para limpiaros del fango, y su Corazón por asilo seguro. Venid, hombres que Satanás acecha. Cerca de Mí no viene Satanás. Levantad la cabeza hacia Dios. No os desaniméis. He querido ser tentado, como hombre, para probar lo que es la seducción de Satanás y compadeceros, no con mente de Dios, sino con experiencia de hombre, en vuestras tentaciones. No os desaniméis. Me basta con que no queráis pecar. Me basta con que no desesperéis tras el pecado. Lo primero me ofende a Mí: Dios. Lo segundo me ofende a Mí: Salvador. No hay que dudar nunca de vuestro Salvador. 230 Nunca. A quien tiene fe en la potencia del Salvador le está reservado todo perdón. Os lo digo Yo que soy la Verdad". ¿Ves, pequeña María, cuánto hay que decir sobre una simple frase del Cantar 139? ¿Y te das cuenta de que tu sufrimiento ha cesado? No. No has perdido una madre. Estoy Yo que te acuno y te canto las nanas más sublimes para consolar tu corazón que. llora. Estoy Yo que te cojo de la mano y te hago pasear conmigo por los jardines eternos. Lo he prometido y lo mantengo. Te soy madre y padre, además de hermano y esposo. De tu madre me ocupo Yo: Redentor. De ti me ocupo Yo: Amor. Vete en paz. Yo estoy siempre contigo». 13 de octubre Dice Jesús: «Que Yo esté contigo es acto de mi bondad. El deseo de un Dios de amor es estar con sus criaturas, y cuando las criaturas no le echan con sus traiciones Dios no se aleja. En ciertos casos, y por especiales correspondencias del alma, la cercanía es más sensible. Pero ¡ay si el alma que goza de la bendición de la presencia sensible de Dios cayese en pecado de soberbia! Cuanto más grande es la humildad de la criatura, más desciende Dios a ella. María tuvo a Dios en sí, no sólo espiritualmente sino como Carne viva, porque alcanzó el vértice de la santa humildad. Pero si Dios desea estar con sus criaturas, las criaturas deberían desear estar con Dios. ¡Demasiadas son las divagaciones de las almas! Corren detrás de los intereses humanos, se extravían tras las huellas del placer humano, se desvían tras engañosas doctrinas, se deslumbran con demasiados espejismos de ciencia humana. Llega la tarde de su vida y ¡se encuentran tan lejos de Mí! Cansadas, asqueadas, corrompidas, ya no les queda fuerza para acercarse al Señor. Ya es mucho si queda en ellas un residuo de nostalgias celestes y de recuerdos de Fe que les haga lanzar el grito de los antiguos leprosos: “Jesús, ten piedad de mí". Es el grito que salva, porque nunca se pronuncia mi Nombre inútilmente. Yo, que velo esperando ser llamado, acudo al lado de quien me invoca y por mi Nombre, ante cuyo sonido tiemblan de alegría los Cielos y de terror los abismos, obro el milagro. Pero no convendría, hijos indiferentes e imprudentes, que vinierais a Mí tan sólo en la última hora. ¿Sabéis vosotros con antelación si tendréis tiempo y manera de llamarme? ¿Y sabéis vosotros si Satanás, con astucia final, os jugará el último engaño para esconderos la cercanía de la muerte, a fin de que ésta os coja como el ladrón que os llega de improviso? El mundo está lleno de muertes repentinas. Son uno de los productos de vuestra manera de existir. Habéis multiplicado el placer y la muerte, habéis multiplicado el saber y la muerte. El primero os conduce a la muerte, y no sólo a vosotros que pecáis, sino también a los hijos y a los hijos de vuestros hijos, así como vosotros expiáis los pecados de los padres de vuestros padres, mediante las consecuencias de vuestras codicias y de vuestras embriagueces. El segundo os conduce a la muerte a través de vuestro llamado "progreso", tres cuartas partes del cual son obra de la enseñanza de Satanás, porque las obras y los medios de refinada destrucción que creáis son fruto de vuestro progresar, y el otro cuarto viene por un excesivo amor a la comodidad, bajo el que se cela, además del epicureismo, también la antigua soberbia de querer emular a Dios en la velocidad, en el vuelo, y en otras cosas 139 La escritora anota a pie de página, a lápiz: Cantar de los Cantares, cap. 1, u. 5. 3 La madre de la escritora había fallecido el 4 de octubre. 231 superiores al hombre y mal usadas por el hombre. Si Salomón conoció que quien aumenta el saber aumenta el dolor, y lo supo entonces, ¿qué se debería decir ahora que habéis reducido el mundo a un caos de saber al que le falta el freno de la ley de Dios y de la caridad? Hubierais tenido tanto para estudiar sin devanaros la mente en galimatías dañinas o tras obras homicidas. En mi Universo hay páginas inmensas en las que el ojo humano podía, y Yo habría querido que fuese así, leer enseñanzas sobrenaturales y leyes de belleza y bondad. Yo lo he creado, Yo, Dios Uno y Trino, este universo que os rodea, en el que no he puesto ningún mal para vosotros. En el universo todo obedece a una ley de amor hacia Dios y hacia el hombre. Pero vosotros no aprendéis nada del ordenado curso de los astros, del sucederse de las estaciones, del fructificar del suelo, nada que os sirva para conquistar los Cielos. Sois los únicos que no obedecéis, sois el desorden del Universo. Y pagáis vuestro desorden con continuas destrucciones, en las que perecéis como rebaños enloquecidos que se precipitan por un barranco como un estrepitoso torrente. Miserables hombres que habéis embotado el espíritu bajo el pecado; embotado hasta el punto de no saber ya entender la armonía de las cosas universales, que cantan todas las alabanzas del Dios Creador y hablan de Él, y a Él obedecen con un amor que inútilmente busco en el hombre. Dejad el vano deambular tras tanto saber humano, tantas hambres humanas y venid a Mí. Mi Cruz está para algo, bien alzada sobre el mundo. Mirad esta cruz en la que un Dios se inmola por vosotros y, si tenéis entrañas de hombres y no de brutos, proceded en proporción a mi amor por vosotros. No os he dado mi vida para que continuéis perdiendo la vuestra. Os la he dado para daros la Vida. Pero debéis querer tener esta vida eterna y actuar en consecuencia, y no imitar a los animales más inmundos viviendo en el pantano. Acordaos de que poseéis un espíritu. Acordaos de que el espíritu es eterno. Acordaos de que un Dios ha muerto por vuestro espíritu. Teméis tanto un malestar que dura poco y no teméis el horror de la condenación cuyos tormentos no tienen fin. Volved sobre el camino de la Vida, pobres hijos. Os lo ruega Aquel que os ama. Y a ti, que escuchas y escribes enseño, para que tú lo enseñes a los hermanos, el modo seguro de llegar hasta Mí. Imitar al Maestro en todas las cosas. Éste es el secreto que salva. Si Él ora, orar. Si Él obra, obrar. Si Él se sacrifica, sacrificarse. Ningún discípulo es más que el Maestro y distinto del Maestro. Y ningún hijo es diferente del Padre, si es un buen hijo. ¿No te has dado cuenta de que a los niños les gusta imitar al padre en las acciones, en las palabras, en el andar? Ponen sus pequeños pies sobre las huellas paternas y al hacer esto les parece que son adultos, porque para ellos alcanzar la perfección es imitar al padre que aman. María mía, haz como estos pequeñuelos. Hazlo siempre. Sigue las huellas de Jesús. Son huellas sangrientas, porque tu Jesús está herido por amor a los hombres. También tú, por amor a ellos sangra por mil heridas. En el cielo se transformarán en piedras preciosas, porque serán testimonios de tu caridad, y la caridad es la gema del Cielo. Condúceme las almas. Son tercas como cabritos. Pero si las atraes con dulzura se plegarán. Es difícil ser dulces entre tanto amargor que destila continuamente el prójimo. Pero es necesario filtrarlo todo a través del amor a Mí. Hay que pensar que, por cada alma que viene a Mí, mi júbilo es grande y me hace olvidar las amarguras que el hombre me da continuamente. Hay que pensar que la Justicia está muy airada y que para aplacarla es necesario ser, más que nunca, víctimas redentoras. 232 No quiero que me sigas sólo con amor. Quiero que me sigas también con dolor. Yo he sufrido para salvar al mundo. El mundo necesita sufrimiento para seguir siendo salvado. Esta doctrina, que el mundo no quiere conocer, es verdadera. Hay que utilizar todos los medios para salvar a la humanidad que muere. El sacrificio escondido y la dulzura evidente son dos armas para vencer esta lucha de la que Yo te premiaré. Sé, como tu Señor, heroica en la caridad, heroica en el sacrificio, dulce en las pruebas, dulce hacia los hermanos. Recibirás entonces la faz y la túnica de tu Rey, reflejarás mi Faz como límpido espejo. Hay que saber imitar a María que llevaba a Cristo entre las gentes: Salvación del mundo». Noche Dice Jesús: «Te hablo a ti para todos, para explicar las relaciones de amor entre Dios y el alma. No en vano vengo llamado "esposo" de vuestras almas. Os he desposado con rito de dolor y os he dado mi Sangre como dote, porque por vosotras mismas sois tan pobres, que habríais sido un deshonor para la morada del Rey. En el Reino de mi Padre sólo entran los que se han desnudado de toda vestidura. Yo os he tejido el vestido nupcial y lo he teñido con púrpura divina para hacerlo aún más hermoso ante los ojos de mi Padre; os he coronado con mi corona nupcial, porque quien reina lleva corona, y os he dado mi cetro. Verdaderamente habría querido darlo a todas las almas, pero son innumerables las que han despreciado mi don. Han preferido las vestiduras, las coronas y los cetros de la tierra, cuya duración es tan relativa y cuya eficacia es nada respecto de las leyes del espíritu. Honores, riquezas, glorias, no las maldigo. Sólo digo que no son fines en sí mismas, sino que son medios para conquistar el verdadero fin: la vida eterna. Si vuestra misión de hombres os los confías, hay que utilizarlos, con el corazón y la mente llenos de Dios, haciendo de estas riquezas injustas motivo de victoria no de destrucción. Ser pobres de espíritu, ganar el Cielo con las riquezas injustas: he aquí dos frases que entendéis poco. Pobres de espíritu quiere decir no estar apegados a lo que es terrenal; quiere decir ser libres y estar desligados de cuanto es vestidura pomposa, como humildes peregrinos que van hacia la meta gozando de las ayudas que les proporciona la Providencia. Pero no gozarlas con soberbia y avaricia, sino más bien como los pájaros del aire que contentos picotean los granitos que su Creador desparrama para sus pequeños cuerpos y después cantan de gratitud, tan agradecidos están por la plumosa vestidura que les protege y no buscan más, y no se amargan airados si un día la comida es escasa y el agua del cielo moja los nidos y las plumas, sino que esperan pacientes en Quien no puede abandonarles. Pobres de espíritu quiere decir vivir donde Dios os ha puesto, pero con el ánimo despegado de las cosas de la tierra y preocupados tan sólo en conquistar el Cielo. ¡Cuántos reyes, cuántos poderosos en riquezas de la tierra fueron "pobres de espíritu" y conquistaron el Cielo utilizando la fuerza para domar lo humano que se agitaba en ellos hacia las glorias efímeras, y cuántos pobres de la tierra no son tales porque, aun no poseyendo riquezas, las han anhelado con envidia, y muchas veces han matado el espíritu vendiéndose a Satanás por una bolsa de dinero, por una vestidura de poder, por una mesa aderezada siempre con cuanto sirve para formar el alimento para los gusanos de la corrupción de la tumba! Ganar el Cielo con las riquezas injustas quiere decir ejercer toda forma de caridad en las glorias de la tierra. 233 Mateo, el publicano, de las riquezas injustas ha sabido hacer escalera para subir al Cielo. María 140, la pecadora, renunciando a .las artes con las que hacía más seductora su carne y usándolas para los pobres de Cristo, comenzando por Cristo mismo, ha sabido santificar esas riquezas de pecado. A través de los siglos, cristianos, muchos en número y bien pocos respecto a la multitud, han sabido hacer su arma de santidad de la riqueza y del poder. Son los que me han entendido. ¡Pero son tan pocos! Mi vestidura, la vestidura que os dono, es la que Yo he impregnado con mi Sangre durante la agonía espiritual, moral y física que va desde el Getsemaní hasta el Gólgota. Mi corona es la de espinas y mi cetro es la cruz. Pero ¿quién quiere estas joyas de Cristo? Tan sólo mis verdaderos amantes. Y a éstos los desposo con rito de alta caridad. Cuando termine el tiempo de la tierra, vendré resplandeciente para cada uno de mis amantes, a fin de introducirlos en la gloria. Vendré, María, vendré. Por ahora es el tiempo del deseo recíproco. Porque, por mucho que pueda estar cerca de ti, incluso sensiblemente, soy siempre como el amante que da vueltas alrededor de las murallas que le impiden llegar hasta la amada. Tu espíritu se asoma por cada rendija para verme y lanza su grito de amor. Pero la carne lo tiene prisionero. Y aunque Yo entre forzando la carne, porque soy el Dueño del milagro, siempre son contactos fugaces y relativos. No puedo llevarte conmigo. Mataría tu carne, y ésa tiene todavía un hoy y un mañana de provecho por mi causa. Todavía no se ha cumplido todo tu trabajo 141 y sólo Yo sé cuando detendré el transcurrir de tu hora terrena. Y entonces vendré. ¡Oh alma que deseas salir de la tierra hostil! ¡Qué hermoso te parecerá el Cielo! ¡Y cuán encendidos te resultarán, comparándolos con los presentes, los abrazos del Amor! Dices que ha cesado en ti el ansia por las adversidades que, en estos tiempos de desventura, podían turbar los últimos días de tu madre, lo que pone una veta de paz en tu sufrir de huérfana. ¡Piensa cuándo podrás decirte a ti misma que ha cesado toda ansia y todo peligro y nada podrá separarte de tu Señor! . Ama más allá de tus fuerzas, porque Yo te he amado y te amo sobrepasando la medida. Mi Caridad te ha lavado y vestido para no ver tu desnudez sobre la que había muchas sombras de polvo humano. Mi Caridad lo ha predispuesto todo para tu bien inmortal. A los ojos del mundo puede parecer que haya cargado la mano sobre ti. Pero el mundo es un necio que no sabe ver las verdades sobrenaturales. Tú siempre has sido amada por Mí con un amor de predilección. Yo he velado y velo sobre ti como el jardinero que ha creado una nueva flor de un tosco arbusto hasta entonces falto de corola, y está celoso como con un tesoro. Me has dicho que tengo una celosa prepotencia. Esto es lo que hago con los predilectos que reservo solamente para Mí. Y si he hecho un desierto a tu alrededor, es porque he querido ponerte en tales condiciones que no tengas más lugar de atracción que el Cielo. Allí, en la otra vida, está todo cuanto amaste con tanta fuerza humana. Ya no te queda nada en la tierra y eres como un pájaro prisionero que mira al cielo, en el que sus compañeros están libres y felices, a través de las barras de la jaula, y están junto a la puertecita esperando a que se le abra para alzar el vuelo. Vendré, tenlo por seguro. La nostalgia de ahora también sirve para adornar tu diadema. Sé constante y paciente. Descansa sin ansias sobré el amor de tu Jesús como un niño que sabe que su mamá está cerca. Él no te pierde de vista, no te deja, no te olvida. Desea, aún más 140 María Magdalena 141 Aún debía darse la monumental obra sobre la vida del Señor 234 que tú, pronunciar la palabra que libera al espíritu y lo introduce en el Reino. Después de tanto hielo, después de tanta desnudez, después de tanto llanto, vendré para darte mi Sol, para revestirte de flores eternas, para enjugar todo tu llanto. Tú que has tenido una visión de la Luz que colma los Cielos 142, piensa lo que será entrar en ella, de la mano de tu Rey. Piensa lo que será cuando poseas la Luz, si un rayo de luz apenas entreabierto sobre ese Reino de Luz y apenas entrevisto permanece en ti como un recuerdo que te colma de gozo. Entonces, ya sin las limitaciones de ahora, Yo viviré en ti y tú en Mí, y como la esposa del Cantar podrás decir que tu Jesús es tuyo y tú suya. Por ahora llámame con todo tu afecto. No importa que esté cerca. Me gusta oírme llamar y cuanto más me llaman antes vengo, porque no sé resistir a la voz del amor. Vendré antes de que caiga la tarde de la edad. No volveré, ya que eras tú la que volviste a Mí, no Yo a ti, pues nunca te he dejado. Vendré. Estaba allí, como un pobre en la sombra, esperando que me dieras el corazón, que me abrieses la puerta y me hicieras entrar en ti como Rey y Esposo. Entonces vendré. Vendré para los desposorios. Está a punto de acabarse el tiempo del noviazgo mortal y de iniciarse el rito de las bodas eternas. Todavía tengo que darte algunos retoques, viña mía, para embellecerte completamente ante mis ojos. No gimas si te hacen daño las tijeras de podar. Cuando es el tiempo de podar es el signo de que es primavera. Y vendré en la época de la primavera porque es el tiempo de los amores. El alma entra en la primavera cuando cesa para ella el invierno mortal y comienza el gozo en el jardín de Dios». 4 de octubre Dice Jesús: «Te he dicho que los libros de la Sabiduría deben leerse siempre con referencias sobrehumanas. Justamente lo contrario de lo que hace el mundo, y la ciencia del mundo que no sabe elevarse a nivel sobrenatural, sino que se esfuerza por bajar lo sobrenatural de las cosas a su nivel terreno. De este modo, coge el sentido artístico de las páginas inspiradas, siente y percibe la poesía y la música, en fin, todo lo que acaricia sus sentimientos humanos, pero no se las ingenia para abrir las puertas tras las que está encerrado su espíritu, que esa humanidad niega o se olvida que posee por lo poco que se cuida de él. Y el espíritu, oprimido como un esclavo en una cárcel oscura,. no recibe el reflejo -digo "reflejo" porque el rayo no desciende a través de las estrechas murallas de la soberbia y de la lujuria humana- ni siquiera recibe el reflejo del Sol de la Sabiduría radiante para todos y él, sepultado en el oscuro pozo de la indiferencia ante lo sobrenatural, tan lejano; ni siquiera recibe la más lejana onda de ese reflejo de luz, la más lejana vibración de esa armonía que no está hecha sólo de palabras sino de significados excelsos, y se embrutece cada vez más en una reclusión homicida. ¡Pobres espíritus encerrados en seres dominados por la triple sensualidad de la carne! Cuando una palabra sobrenatural franquea su prisión, como un eco venido de lejos, se sobresaltan, y tratan de esforzarse para hacerse oír por la carne que les oprime. Pero son vanos intentos de un débil oprimido por un gigante. Para oír la Palabra tal cual es y para volver al espíritu como debería ser, señor de la carne no su esclavo, la humanidad debería poner el hacha al pie de bosques enteros, y abatir los árboles malignos, plantados por la imprudencia de algunos o por su pensamiento rebelde y 142 En el escrito del 1° de julio 235 dejados crecer libremente, más aún, ayudados a crecer por otros imprudentes y otros rebeldes a la ley del Señor. La humanidad debería hacer esto y hacer luz. Permitir a la Luz descender desde los Cielos a los prados de la tierra donde, como la hierba que pasa, surgís, florecéis y caéis en poco tiempo. Y bienaventurados los que florecen en manera tal de ser dignos del trasplante a mi Paraíso. Éstos son aquellos para los que no se ha apagado e interrumpido la luz del espíritu. Son los fuertes que saben resistir las. corrientes humanas. Son los fieles que saben creer incluso contra las afirmaciones humanas. Son los seguros que saben continuar sintiendo el Sol incluso tras las sombras creadas por el hombre, y nada les aparta de esta certeza. Se orientan hacia la Luz como la sensible aguja de una brújula, siguen su Sol como aves migratorias. Saben dejar casa y familiares para ir al Sol de su alma. Y no me refiero, María, a quien entra en un monasterio. Hay criaturas que aún viviendo en familia la "dejan por mi amor" más que si se metieran tras la doble reja de un monasterio. Tú sabes algo de esto y sabes cuántas lágrimas cueste "seguirme" contra la voluntad hostil de los familiares. "Vienen a Mí" quienes saben seguir a su Rey de Amor contra el egoísmo, la burla, la incredulidad de los parientes, quienes no se turban ni enfrían ante el asalto cotidiano de los comentarios injustos y de la indiferencia religiosa de los demás. Sino que, al contrario, los sufren y se afanan por multiplicar la Luz en ellos para. llevarla al centro de su familia oscurecida, se extenúan tutelando los intereses de Dios en el seno de la primera de las sociedades humanas: la familia, y llegan a donarme su vida con tal de lograr la Vida para los muertos de su familia: los muertos de espíritu. ¡Oh! ¡benditos! ¡bienaventurados! ¡heroicos hijos míos! Sé lo que quiere decir ir contra el dulce vínculo del amor y la áspera cadena del prejuicio familiar para romperlos y seguir la orden del Señor. Lo sé. Lo recuerdo. Y recompenso con un premio especial a los escondidos mártires del egoísmo familiar y del amor familiar, a los santos mártires de mi Amor, poderoso en ellos como la muerte y que les funde como un fuego. La frase del Cantar: "Por la noche en mi lecho busqué el amor de mi alma sin encontrarlo" debe leerse así sobrenaturalmente: Muchas veces y por distintos motivos llega la noche para el alma. Las necesidades de la vida, que a menudo convertís en "afanes de la vida", crean sombras crepusculares, a veces tan profundas que se parecen a una noche sin estrellas. Para probar vuestra constancia, la voluntad de Dios suscita entonces otras tinieblas nocturnas. Durante estas oscuridades "el amor de vuestra alma" se retira. El alma, a no ser que esté completamente muerta, ama espontáneamente a Dios su Creador. Esta llama vuestra, escondida entre las opacas barreras de la carne, tiende con nostalgia al Reino del 14 oct. que vino y suspira por la unión con su Origen, aunque no os deis cuenta. Sobre la tierra el alma se encuentra perdida entre extraños y busca la cercanía del Único que le da seguridad: Dios. Cuando Dios se retira por vuestra desidia, porque habéis creado la noche con vuestros afanes humanos, el alma sufre. Primero le viene como un aturdimiento. Pero después llega el momento en que se despierta de nuevo y entonces busca a "su amor" y sufre al sentirlo lejos por culpa de su relajación que ha permitido predominar a la carne con sus preocupaciones sin valor alguno. En cambio, cuando es Dios quien se retira de un espíritu para probarle y permite que la noche le envuelva, entonces este espíritu vigilante se da cuenta enseguida de que su Amor le ha dejado y se levanta de golpe para buscado, y no encuentra paz hasta que no lo haya alcanzado y estrechado contra su corazón. 236 Este espíritu, que ha penetrado la Luz, opone a los afanes de la tierra el único afán que deberíais tener: "el de la búsqueda de Dios". Santo afán del alma enamorada, a la que corresponde el divino afán de Dios enamorado de las almas de sus criaturas hasta el punto de darse a Sí mismo para su salvación. Ya sea que hayáis perdido mi cercanía por vuestra culpa o por mi voluntad, sabed imitar a la esposa del Cantar. Salid sin demora, buscad sin cansancio y sin titubeos, sin temor. Si la lejanía depende de vosotros, sería vergonzoso que no tratarais de haceros perdonar siendo pacientes e insistentes en la búsqueda. Si depende de Dios, sería ofensivo que mostrarais impaciencia humana y con ésta casi reprocharais a Dios que es incensurable. Y ni siquiera debéis tener temores. Cuando uno busca a Dios, Dios, aunque esté escondido, vela sobre él. Por eso el mundo no puede hacer ningún "verdadero" mal al buscador de Dios. Aunque se ensañe con burlas o persecuciones, pensad siempre que estas cosas tienen una duración relativa mientras que el fruto de vuestro valeroso amor no perecerá jamás. Cuando vuestras amorosas búsquedas os concedan, al fin, reuniros con el amor de vuestra alma, estrechaos contra él con un abrazo cada vez más fuerte hasta que se convierta en fusión total e indisoluble entre vosotros y él. Mira, pequeña esposa mía, cuando se ha llegado a este punto Jesús no se separa nunca. Basta que tú dirijas la mirada del espíritu para verme cerca. Tal como un esposo enamorado que deambula por la casa nupcial y basta que la esposa se vuelva o se asome a la puerta para vede cerca de sí o en la habitación de al lado. ¿No es agradable todo esto? ¿No te da tanta seguridad, tanta paz y consuelo? Pues todavía no es nada. Cuando Yo atraiga tu alma, desde tu pequeña casa y de la frágil morada de carne en que está encerrada, a la morada eterna, te darás cuenta de lo que es la bienaventuranza del amor. La alegría de ahora es como una gota de miel comparada con el río de dulzura que verteré sobre ti». Más tarde Dice Jesús: «Cuando el amor se ha hecho tan fuerte que ha llegado a ser "fusión", también es inútil temer las violencias humanas que destrozan la vida o la largura de la vida misma. Cree, alma que escuchas, cree que nada es tan violento como el amor ni tan destructivo cuanto el amor. Si la espada o las flechas de los tiranos no hubieran desangrado y atravesado a mis mártires, si el fuego y la brea no les hubiera fundido e incinerado, si el agua no les hubiera hundido o las bestias despedazado, habrían muerto de todos modos, llegados a ese punto de incandescencia de amor al que les había llevado el amor recíproco entre el cristiano y Cristo. El amor abre las venas y el corazón más que una espada y una flecha, el amor consuma más que el fuego y la brea, el amor sumerge más que el agua, más que una bestia hambrienta aspira hacía Sí el Amor. Pero esta anulación de la criatura en el Amor separa a la gema de su envoltura, abre el cerrojo al ángel encerrado en la carne, mejor dicho, al espíritu, para prevenir las objeciones de los indagadores humanos que se pierden analizando los matices y no miran el núcleo del pensamiento. Esta anulación libera al espíritu inmortal y lo hace nacer en los Cielos que le han esperado y que se abren para que entren y se cierran tras él, poniendo barreras de paz entre él y la tierra que es hostil a los santos. Por esto os he dicho: "No temáis a quien puede matar vuestro cuerpo", porque la muerte del cuerpo es liberación del espíritu. 237 El Amor es inmolador como la espada y el fuego, como el agua y las fieras. Y, en vuestros días, en los que no existen las grandes persecuciones que coronaron de púrpura la Iglesia naciente, en verdad os digo que no faltan los mártires para los que la espada, el fuego y la fiera es la llama del amor. Aquella que llamáis "Pequeña flor" 143 no es menos mártir que Inés, porque la espada que asumió la vida de la una y de la otra tiene, en el fondo, un único nombre: "el Amor". Y en el Cielo el martirio de la una y de la otra, si bien fueron consumados de forma distinta, tienen el mismo premio, porque la gloria de Dios fue el agente que les impulsó a salirle al encuentro y el amor por las almas el que les impulsó a pedirlo. Del mismo modo es inútil temer lo prolongado de la separación. El amor la abrevia porque consuma. Un ser preso en un remolino de fuego no resiste durante mucho tiempo. El fuego lleva rápidamente hacia el Fuego, hacia Dios Uno y Trino que es la perfección del Amor, que es el Amor mismo, y que en cada instante renueva y difunde su ardor, que va desde el Centro a los Tres y de los Tres a la Unidad con inefables, e incomprensibles para la mente humana, movimientos de amor, y después se desborda como riada de una fuente escondida y se difunde por el Universo, y lo abraza, lo fecunda, lo atrae, da la vida por él y pide recibir las vidas creadas para llevarlas a conocer el Amor, o sea a Sí mismo, con una perfección tal que ya no es la de las criaturas separadas del Creador, sino la de las criaturas que están recogidas de nuevo en el seno del Creador. ¡Oh! ¡Oh Luz beata! Amor tres veces santo, ¿por qué mi sacrificio de Dios no ha bastado para donarme todas las criaturas? ¿Por qué, al contrario, el Enemigo ha actuado de tal forma sobre la debilidad del hombre que ha hecho impenetrable mi sacrificio en casi la totalidad de las criaturas? ¡Oh! ¡Dolor del Hombre Dios, de Dios que ha dejado los celestiales resplandores para venir a la tierra con el fin de dar el Amor a los terrenos y de llevarles al Amor, y ve que su holocausto de Dios que deja los Cielos, y de Hombre que se inmola, ha sido cumplido inútilmente para millones y millones de seres! Os alejáis del Bien, del Amor que es Bien, y morís. Morís después de que Yo os he dado la Vida. Morís por no saber amar y no quereros dejar amar por Dios. Vosotros, que habéis conocido el amor, permaneced fieles entre los hombres infieles a Jesús, vuestro Señor y Salvador, infieles al Dios Uno y Trino, Padre, Redentor, Amor vuestro. Nunca os separéis de este camino seguro que termina en mi Corazón. Que el amor no sea sólo la guía de vuestra vida, sino que os impulse en una carrera tan veloz que sea un vuelo hasta Mí. Volad hacia la Luz como la mariposa que la luz atrae. Está aquí para recibiros y aumenta sus resplandores de alegría porque os ve fieles. Venid. Subid. Sólo Dios es la alegría de la criatura». 15 de octubre Dice Jesús: «La Iglesia ha aplicado a María, mi Madre bendita, las alabanzas que el esposo del Cantar dedica a su amada. Y cierto es que ninguna criatura en el mundo tiene tanto derecho como ella de que se le apliquen esas alabanzas, incluso dejando especialmente de lado la sensualidad que celebra las bellezas físicas, también grandes en María, porque su exclusión del pecado original había hecho de María una criatura perfecta como los dos primeros que había creado el Padre. Y los dos primeros, obra excelsa del Creador, tenían, además de la 143 Sta. Teresa de Lisieux 238 belleza incorpórea del alma inocente, la belleza física del cuerpo creado por el Padre. La fealdad física le vino al hombre como una de las muchas consecuencias del pecado. El pecado no lesionó sólo el espíritu. También lesionó la carne. Del espíritu, que había perdido la Gracia, vinieron los instintos contra natura, que han tenido como fruto las monstruosidades de la raza. Si el hombre no hubiera conocido el pecado no habría conocido ciertos estímulos y no habría contraído alianzas solicitantes y malditas que después le han pesado, a lo largo de los siglos, con el sello de la fealdad sobre su primera belleza original. Y aún cuando el hombre no llegó a envilecerse con determinadas culpas, la maldad, llevada hasta la delincuencia, signó con estigmas los rostros de los malvados y de sus descendientes, marcas que todavía hoy estudiáis para reprimir la delincuencia. Pero deberías ser vosotros, científicos que las estudiáis, los que comenzarais quitando la primera marca de delincuencia de vuestro corazón: la que os hace rebeldes a Dios, a su Ley, a su Fe. Hay que curar el espíritu, no reprimir las culpas de la carne y de la sangre. Si el hombre, curándose a sí mismo en primer lugar, cuidase la educación espiritual de los hermanos, reconociendo este espíritu que es el motor de vuestros actos y no negándolo con las palabras, y todavía más con las obras de toda la vida, la delincuencia disminuiría hasta convertirse en una manifestación esporádica de algún pobre enfermo mental. Tanto era signo, la fealdad física, de propia o remota conjunción con el mal, que en la época mosaica, cuando por una serie de razones, que un día te expliqué 1, era necesario recurrir a un rigor y un extremismo que después modifiqué con mi doctrina de amor, el deforme venía excluido de los servicios divinos. Esa ley no había sido impuesta por la Justicia para enseñar a los hombres a faltar a la caridad contra los infelices, sino para poner un freno a la animalidad de los hombres, con el temor y el terror de que sus culpas contra natura generasen deformes excluidos del servicio divino, máxima aspiración de los hijos de Israel. Después vine Yo, Sabiduría eterna, encarnada por vosotros, y modifiqué la Ley con el fuego de mi Caridad y a la luz de mi Inteligencia. Habían pasado siglos y siglos desde la época de Moisés y, a pesar de todas las leyes, el hombre fornicaba con el Mal, con la Lujuria llevada hasta monstruosas aberraciones, con la Crueldad llevada también hasta realizar obras de arte de criminalidad. En los hijos de los hijos de estos millones de pecadores se señalaban las marcas de las antiguas culpas de sus padres mientras que, bajo el revestimiento de una carne poco favorecida y deformada por defectos físicos o por horribles enfermedades, palpitaba un corazón más digno de Dios que el de muchos seres físicamente hermosos. Entonces Yo, fruto del Amor y portador del amor entre los hombres, os he enseñado a amar a los infelices para enseñaros el amor; he llamado a Mí tullidos, ciegos, leprosos, locos, y les he curado cuando convenía, siempre les he amado con amor de predilección y os he enseñado a amarles así. Esto respondía también a una razón de alta justicia. Yo, que había venido para redimir las deformidades del espíritu y para amar hasta el holocausto vuestros espíritus deformes, para devolverles la belleza digna de entrar en el cielo, ¿cómo podía no amar a los deformados de la carne, cuya deformidad era una cruz que ya por sí misma redimía el espíritu de quien la sabía llevar? No, el Salvador ha amado y ama a los infelices de la tierra. Y si bien no puede obrar sobre todos el milagro de volver perfectos sus miembros destinados a perecer -no puede por motivos que es inútil explicar a los hombres- puede dar, a cuantos están humillados por una enfermedad, la divina certeza de la posesión del Cielo, si saben sufrir su prueba de martirio sin dudar de la bondad del Eterno y sin rebelarse a su suerte acusando a Dios. Que también me amen por el dolor. Yo les premiaré por su amor y los desamparados de la 239 tierra se convertirán en triunfadores en el Cielo. Mi Madre, la Sin culpa, la Toda Hermosa, la Deseada de Dios, la Destinada a ser mi Madre, poseía la armónica integridad de sus miembros, en los que estaba patente el dedo modelador de Dios que la había creado a su perfecta semejanza. La obra del artista se las ha ingeniado durante siglos para representar a María. Pero ¿cómo representar la perfección? Ésta resuma desde dentro hacia fuera. Y aunque pudierais hacer una forma perfecta con el pincel y con el cincel, no podríais infundirle la luz del alma que es algo espiritual, y que es el inefable toque divino puesto sobre una carne que es santa, toque que veis traslucir desde el interior sobre vuestros hermanos y que os hace exclamar: "¡Qué santo rostro!". ¿Cómo podéis representar a María? ¡La Toda Santa del Señor! Siempre que se ha aparecido, y después os afanáis por reproducir sus facciones, los beatos que le han visto han exclamado: "Esta obra es hermosa, pero no es María. Ella es bella de otro modo, con una belleza que no podéis reproducir y que no se puede describir". ¿Acaso tú podrías reproducir a María, tú a quien concedí ver a la Madre mía y tuya 144 como consuelo en la prueba que te era inminente, podrías acaso tú hacerlo si fueras una pintora o escritora excelsa? No. Has declarado que, también tu eficaz palabra de mujer instruida y capaz de componer es pobre, insuficiente, para describir a María. Has dicho que es "luz" para decir que es lo más hermoso e indescriptible que haya en el mundo y comparada a mi Madre, la nuestra. Es el espíritu de María que aflora tras los velos de la carne inmaculada, lo que no podéis describir, hijos suyos y hermanos míos. Santificaos para ver a María. Aunque, haciendo una suposición, en el Paraíso sólo la vierais a Ella, ya seríais bienaventurados. Porque Paraíso quiere decir lugar en el que se goza de la visión de Dios, y quien ve a María ya ve a Dios. Ella es el espejo sin mancha de la Divinidad. Ves, por tanto, que las alabanzas del Cantar son adecuadas precisamente a María, quien con su alma pura y enamorada, ha herido el corazón de Dios que es su Rey, pero que la complace en sus deseos de amor por vosotros, como si Ella fuese su Reina. Quisiera que en la medida de vuestras fuerzas, así como debéis amar a Dios con todas vuestras fuerzas, os esforzarais en amar a María. Amar quiere decir imitar, por espíritu de amor, a quien se ama. Y Yo he hecho de esto un dulce mandato: "Se sabrá que me amáis cuando se vea que hacéis las obras que Yo hago". Ahora os doy el mismo mandamiento hacia mi Madre: "Se verá que la amáis cuando la imitéis". ¡Oh! ¡si el mundo se esforzara en imitar a María! El Mal, en todas sus manifestaciones que van desde la destrucción de las almas a la destrucción de las familias, y de la destrucción de las familias a la destrucción de las Naciones y de todo el globo terráqueo, caería vencido para siempre, porque María tiene al Mal bajo su calcañal virginal y, si María fuera vuestra Reina y vosotros fuerais realmente sus hijos, súbditos e imitadores, el Mal no podría ya haceros mal. Sed de María. Automáticamente seréis de Dios. Porque Ella es el Jardín cerrado donde está Dios, el santo Jardín donde Dios florece. Porque Ella es la fuente de la que mana el Agua Viva que asciende al Cielo y os proporciona el medio para subir al Cielo: Yo, Cristo, Redentor del mundo y Salvador del hombre». 145 16 de octubre 144 En los escritos del 12 de septiembre y del 19 de septiembre 145 El comentario al Cantar continúa en el dictado del 18 de octubre. También lo anota la escritora sobre una copia mecanografiada 240 Dice Jesús: «Hoy quiero hablarte sobre una frase pronunciada por Mí en la cruz. Podrá parecer un intermedio discordante con el tema del que te he hablado en estos días. Pero no lo es. Todo cuanto digo se refiere a la piedra preciosa que tenéis en vosotros: al espíritu. Porque el espíritu es el señor de vuestro ser. A menudo vosotros lo convertís en un esclavo, pero ésa es una culpa de la que daréis cuenta. El hecho de que lo oprimáis y lo matéis no cambia vuestra característica de señor de vuestro ser. Quiero llamaros la atención sobre una frase pronunciada por Mí en la Cruz. Tú también estás en la cruz, pobre María. Y tu cruz ya habitual se ha hecho más dura y áspera con el dolor presente que te consuma la carne y la sangre y que te oprime la moral hasta quebrarla. Si fuera sólo por la muerte sufrirías menos. Pero al dolor por el fallecimiento de tu madre se une otro dolor por cómo se fue de ti sin una palabra. Tienes un nudo de lágrimas en el corazón por tu insaciada hambre de caricias, que te acompañó durante toda tu vida de hija y te acompañará durante toda tu vida de huérfana. Dame también este sacrificio. Hay tantos hijos sin madre. ,Sin ella, porque la madre no les ama, y sin ella, porque la madre les ha rechazado. ¿Crees que los hijos del pecado, cuando salen de las nieblas de la infancia y comienzan a pensar, no sufran por su condición? La, caridad humana les da pan y cobijo, ¡oh! no mucho más, y a menudo menos de cuanto se le da a un cachorro perdido o a un animal abandonado. Pero si el cachorro y el animal son felices tan sólo con tener un alimento, un refugio y una caricia, los hijos de la mujer, que la mujer ha repudiado porque representan para ella el testimonio de su culpa, tienen una mentalidad superior a la del cachorro y del animal, tienen un alma que sufre y que puede, en su sufrimiento de bastardos extraviados fuera del nido donde nacieron, echados fuera del nido, convertirles en injustos y malos. Injustos conmigo y malos hacia los hombres, hacia los semejantes de quien les ha generado para condenarlos a un destino de vergüenza. Sólo Yo, que soy Aquél a quien no se le escapa una lágrima del hombre y ni siquiera le pasa inobservada la necesidad del pájaro que tiene hambre, sólo Yo conozco las lágrimas y las rebeliones de estas pobres criaturas mías, que no han tenido siquiera ese mínimo de familia que está constituido por el recuerdo de los padres desaparecidos. Las lágrimas las recoge mi Amor, y las rebeliones las compadece mi Misericordia. La Justicia no es severa con estos pobres hijos generados para el llanto y la vergüenza, sino que va, con rostro severo, a juzgar a quien les ha generado para tal suerte. Pero no es esto de lo que te quiero hablar. Para esto te pido sólo tu sufrir de hija que no ha conocido el consuelo del adiós materno. Tú me tienes a Mí como pocos me tienen. No saben verme y oírme, si no estaría con todos como contigo. Dame tu dolor de hija para que ellos sientan que tienen un Padre, que no son bastardos, que hay quien les ama. Y les ama como ningún padre de la tierra puede ni sabe amar. Hay que saber aplicar el propio dolor particular para el alivio del dolor de los demás. Y tú, que conoces la amargura de algunas situaciones, la desolación del corazón y el consuelo que sólo viene de Dios, sufre con buena voluntad para impedir ésta que es una de las más amargas, desoladas y peligrosas desesperaciones. Y ahora hablamos de la frase pronunciada por Mí en la cruz. Si en las palabras de la Sabiduría no hay ni siquiera una relativa al espíritu que sea inútil, ¿qué será de las palabras pronunciadas por Mí, Sabiduría divina? En la cruz completé mi misión de Redentor, pero también de Maestro. Os enseñé el perdón perdonando a mis asesinos y a quien me ofendía como Dios y como moribundo. Os enseñé a tener fe en la Misericordia concedida a quien se arrepiente prometiendo el Paraíso a Dimas. Os enseñé a quién ir para no sentiros solos: a María que es 241 vuestra Madre. Os enseñé a pedir humildemente y a sufrir pacientemente también en las necesidades corporales pidiendo un sorbo para mis labios. Os enseñé a no quejaros si el sorbo es vinagre e hiel.. vinagre e hiel, María, que a menudo viene dado no sólo a los labios sino al corazón que pide amar y recibe repulsión y ofensas. Recuerda que tu Jesús ha tenido saturado el Corazón de esta mezcla realmente amarguísima. Os enseñé a Quién invocar en los momentos en los que el dolor se precipita sobre vosotros y os parece que todos, incluso Dios, os hayan abandonado. Yo estaba, por necesidad de Redención, realmente abandonado por el Padre, pero le he invocado de todas formas. Así hay que hacer, hijos, en los momentos de prueba y de dolor. Aunque Dios os parezca lejano pedirle igualmente ayuda. Dadle filial amor siempre. Él os dará sus dones. Podrán no ser los que invocabais. Serán otros aún más necesarios para vosotros. Confiad en el Señor y Padre vuestro. Él os ama y provee por vosotros. Creed siempre en esto. Dios premia a quien cree en su Bondad. Pero antes de pronunciar la última palabra, a la que estaba unida, junto al dolor angustioso de esa muerte, la alegría de haber conquistado la Vida para vosotros, he pronunciado la frase de la que te quiero hablar: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". ¿Veis, hijos queridos, qué valor tiene el espíritu? Mi último pensamiento fue para él, para encomendado en las manos del Padre. El espíritu es el valor inmensurable de nuestro vivir como hombres, digo "nuestro", porque quien moría sobre la cruz era verdadero Hombre además de verdadero Dios, por ello semejante a vosotros en la humanidad. Mi último cuidado va para mi espíritu próximo a liberarse de la carne para volver al Origen del que había venido. El espíritu del Cristo no necesitaba la piedad divina. Era el espíritu divino e inocente del Hijo del Padre y de la Inmaculada. Pero Yo os quise enseñar que sólo hay una cosa que sea preciosa en la vida y preciosa en la otra vida: el espíritu. Éste debe recibir todos vuestros cuidados durante la existencia y vuestras previsiones para la hora de la muerte. Todo cuanto poseéis en la tierra muere con la carne. Nada os sigue a la otra vida. Pero el espíritu permanece. El espíritu os precede. Es quien se presenta al Juez y recibe la primera sentencia. Es quien removerá la carne en el momento del Juicio final y la hará revivir de nuevo para escuchar el decreto que la haga bienaventurada con ese espíritu o maldita con él. La carne conocerá siglos o instantes de muerte antes de su resurrección, pero el espíritu sólo conoce una muerte y no resucita de ella. ¡Ay de aquellos espíritus muertos que infundirán muerte a la carne que habitaron! La "segunda muerte" que no conoce resurrección, y que es la. que debéis de temer para este cuerpo que amáis más que al espíritu, hombres necios que invertís los valores de las cosas. Tratad de tener piedad de vosotros mismos, no desde el punto de vista humano sino desde el sobrenatural. Piedad de lo que no muere como carne, pero que puede morir únicamente como espíritu, perdiendo la Luz de Dios aquí abajo, la visión y la posesión de Dios en mi Cielo. Tratad. Y dado que sois débiles por la carne que os tienta, porque está presa en las seducciones de Satanás, en la vida y en la muerte confiad vuestro espíritu al Potente, al Santo, al Misericordioso Dios. Cuando os enseñé a decir: "No nos dejes caer en la tentación más líbranos del mal", ¿no os enseñé a confiar vuestro espíritu al Padre, que os ha creado y que no reniega de su paternidad como, en cambio, vosotros renegáis de vuestra filiación? Poco puede dañar Satanás en la tierra al espíritu que se confía a Dios; al espíritu que en la agonía invoca a Dios se le ahorrarán los terrores que la Bestia suscita como última 242 venganza; al espíritu que expira en Dios, Dios le abrirá el Corazón, y pasará de la muerte a la vida eterna, santa, bienaventurada». 17 de octubre Dice Jesús: «Quiero explicarte lo que es y en qué consiste el Purgatorio. Y te lo explico Yo de manera que chocará a muchos que se creen depositarios del conocimiento del más allá y no lo son. Las almas sumergidas en aquellas llamas sólo sufren por el amor. Ellas no son indignas de poseer la Luz, pero tampoco son dignas de entrar inmediatamente en el Reino de la Luz; son investidas por la Luz, al presentarse ante Dios. Es una breve, anticipada beatitud, que les asegura su salvación y les hace conocedoras de lo que será su eternidad y expertas de cuanto cometieron contra su alma, defraudándola de años de bienaventurada posesión de Dios. Después, sumergidas en el lugar de purgación, son investidas por las llamas expiadoras. En esto aciertan quienes hablan del purgatorio. Pero donde se equivocan es al querer aplicar distintos nombres a esas llamas. Éstas son incendio de amor. Purifican encendiendo de amor las almas. Dan el Amor porque, cuando el alma ha alcanzado ese amor que no alcanzó en la tierra, es liberada y se une al Amor en el Cielo. Te parece una doctrina distinta de la conocida, ¿verdad? Pero piensa. ¿Qué es lo que Dios Uno y Trino quiere para las almas que ha creado? El Bien. Quien quiere el Bien para una criatura, ¿qué sentimientos tiene hacia la criatura? Sentimientos de amor. ¿Cuál es el mandamiento primero y segundo, los dos más importantes, de los que he dicho que no los hay mayores y en ellos está la llave para alcanzar la vida eterna? Es el mandamiento del amor: "Ama a Dios con todas tus fuerzas, ama al prójimo como a ti mismo". ¿Qué os he dicho infinidad de veces por mi boca, la de los profetas y los santos? Que la mayor absolución es la Caridad. La Caridad consuma las culpas y las debilidades del hombre, porque quien ama vive en Dios y viviendo en Dios peca poco, y si peca se arrepiente inmediatamente, y el perdón del Altísimo es para quien se arrepiente. ¿A qué faltaron las almas? Al Amor. Si hubieran amado mucho, habrían cometido pocos y leves pecados, unidos a vuestra debilidad e imperfección pero nunca habrían alcanzado la persistencia consciente en la culpa, ni siquiera venial. Habrían visto la forma de no afligir a su Amor y el Amor viendo su buena voluntad, les habría absuelto incluso de los pecado veniales cometidos. ¿Cómo se repara, también en la tierra una culpa? Expiándola y, cuando es posible, a través del medio con el que se ha cometido. Quien ha dañado, restituyendo cuanto quitó con prepotencia. Quien ha calumniado, retractándose de la calumnia, y así todo. Ahora, si esto lo requiere la pobre justicia humana, ¿no lo querrá la Justicia santa de Dios? ¿Y qué medio utilizará Dios para obtener reparación? A Sí mismo, o sea al Amor, exigiendo amor. Este Dios al que habéis ofendido, y que os ama paternalmente, y que quiere unirse con sus criaturas, os lleva a alcanzar esta unión a través de Sí mismo. Todo gira entorno al Amor, María, excepto para los verdaderos "muertos": los condenados. Para estos "muertos" también ha muerto el Amor. Pero para los tres reinos -el que tiene el peso de la gravedad: la Tierra; aquél en el que está abolido el peso de la materia pero no el del alma cargada por el pecado: el Purgatorio; y, en fin, aquél cuyos habitantes comparten 243 con el Padre su naturaleza espiritual que les libera de todo peso- el motor es el Amor. Amando sobre la Tierra es como trabajáis para el Cielo. Amando en el Purgatorio es como conquistáis el Cielo que en la vida no habéis sabido merecer. Amando en el Paraíso es como gozáis el Cielo. Lo único que hace un alma cuando está en el Purgatorio es amar, pensar, arrepentirse a la luz del Amor que esas llamas han encendido para ellas, que ya son Dios, pero que, para su castigo, le esconden a Dios. Esto es el tormento. El alma recuerda la visión de Dios que tuvo en el juicio particular. Se lleva consigo ese recuerdo y, dado que el haber tan sólo entrevisto a Dios es un gozo que supera todo lo creado, el alma está ansiosa de volver a gustar ese gozo. Ese recuerdo de Dios y ese rayo de luz que le revistió cuando compareció ante Él, hacen que el alma "vea" la importancia que realmente tienen las faltas cometidas contra su Bien, y este "ver", junto a la idea de que por esas faltas se ha impedido voluntariamente, durante años o siglos, la posesión del Cielo y la unión con Dios, constituye su pena purgante. El tormento de los purgantes es el amor y la certeza de haber ofendido al Amor. Un alma, cuanto más ha faltado en la vida, tanto más está como cegada por cataratas espirituales que le hacen más difícil conocer y alcanzar ese perfecto arrepentimiento de amor que es el primer coeficiente para su purgación y entrada en el Reino de Dios. Cuanto más un alma lo ha oprimido con la culpa, tanto más pesado y tardío se hace vivir el amor. A medida que se limpia por poder del Amor, se acelera su resurrección al amor y, de consecuencia, su conquista del Amor que se completa en el momento en que, terminada la expiación y alcanzada la perfección del amor, es admitida en la Ciudad de Dios. Hay que orar mucho para que estas almas, que sufren para alcanzar la Alegría, sean rápidas en alcanzar el amor perfecto que les absuelve y les une conmigo. Vuestras oraciones, vuestros sufragios, son nuevos aumentos de fuego de amor. Aumentan el ardor. Pero -joh! ¡bienaventurado tormento!- también aumentan la capacidad de amar. Aceleran el proceso de purgación. Alzan las almas sumergidas en ese fuego a grados cada vez más altos. Las llevan a los umbrales de la Luz. Abren las puertas de la Luz, en fin, e introducen el alma en el Cielo. A cada una de estas operaciones, provocadas por vuestra caridad hacia quien os precedió en la segunda vida, corresponde la sorpresa de la caridad hacia vosotros. Caridad de Dios que os agradece el que proveáis por sus hijos penantes, caridad de los penantes que os agradecen el que os afanéis por introducirles en el gozo de Dios. Vuestros seres queridos nunca os amaron tanto como después de la muerte de la tierra, porque su amor ya está impregnado de la Luz de Dios y a esta Luz comprenden cómo les amáis y cómo deberían haberos amado. Ya no pueden deciros palabras que invoquen perdón y den amor. Pero me las dicen a Mí para vosotros, Yo os traigo estas palabras de vuestros Difuntos que ahora os saben ver y amar como se debe. Os las traigo junto con su petición de amor y su bendición, que ya es válida desde el Purgatorio porque ya está animada por la inflamada Caridad que les quema y purifica. Perfectamente válida, además, desde el momento en que, liberados, salgan a vuestro encuentro a los umbrales de la Vida o se reúnan con vosotros en ella, si les hubierais precedido en el Reino de Amor. Fíate de Mí, María. Yo trabajo por ti y por tus seres queridos. Conforta tu espíritu. Vengo para darte la alegría. Confía en Mí». 244 18 de octubre 146 Dice Jesús: «El secreto del alma que no quiere perder a su Amor, Dios, debe ser -ya te hablé de ello 147 - permanecer siempre unida a Dios con las potencias del alma. Hagáis lo que hagáis, tened el espíritu firme en Mí. De este modo santificaréis todas vuestras acciones haciéndolas agradables a Dios y sobrenaturalmente útiles para vosotros. Para quien sabe permanecer en Dios todo es oración, porque la unión no es otra cosa que amor, y porque el amor transforma en adoraciones gratas al Señor hasta las acciones más humildes de la vida humana. En verdad te digo que, entre quien está muchas horas en la iglesia repitiendo palabras con el alma ausente, y quien está en su casa, en su oficina, en su negocio, en su ocupación, amándome a Mí y al prójimo por Mí, permaneciendo unido a Mí, quien reza es el segundo y es a él a quien bendigo, mientras que el primero sólo está cumpliendo un precepto hipócrita que Yo condeno y desecho. Cuando el alma ha sabido alcanzar esta amorosa ciencia de saber permanecer con sus potencias firmes en Mí, produce actos continuos de amor. Hasta en el sueño material me ama, porque la carne se adormece y se despierta con mi Nombre y pensando en Mí, y mientras que el cuerpo descansa el alma continúa amando. Oh! ¡santos desposorios del alma con su Dios! Vínculo espiritual que no ve el ojo humano pero que, si pudiese vedo vería un círculo de fuego que rodea a Dios y a la criatura, y aumentando el gozo de Dios aumenta la gloria de la criatura, círculo santo que en el Cielo será aureola sobre la frente glorificada. El alma, encerrada como está en la carne, padece a veces, de rebote, los cansancios de la carne. Las tentaciones de Satanás, faltas más o menos graves -no hablo del pecado mortal, que separa violentamente al alma de su Dios, sino que hablo de las faltas más leves las cuales, en cuanto leves, tienen como consecuencia una postración del espíritu- desilusiones, dolores, acontecimientos de la vida que provocan con las otras causas, en los menos formados en la vida del espíritu, cansancios del alma. Pero tenéis que reaccionar ante éstos. Son como esos languideceres físicos que preceden al agotamiento de la carne. ¡Ay si no se combaten desde el inicio! Pero tres veces peor si no se combaten los languideceres del espíritu que llevan al sopor espiritual y lentamente a la muerte del alma. Dios no ama a los perezosos, no ama a quienes prefieren sus comodidades al buen Señor. Dios castiga a los que se vuelven tibios. Se retira. Vuestro buen Dios os llama para despertaros, os ruega que le acojáis, se os muestra fatigado por haberos cercado y os pide el corazón para ampararse en él. ¿Pero no sabéis que el tabernáculo más hermoso para vuestro Señor es vuestro corazón? El buen Dios lo intenta todo para sacaros del sueño espiritual y de la pereza espiritual. A veces incluso trata de forzar las místicas rejas del corazón e intenta entrar. Después se retira porque sólo en escasas ocasiones recurre a la violencia. Siempre os deja libres, aunque el dejaros tales sea dolor para Él, porque ve que hacéis mal uso de la libertad. Algunas veces, más bien casi siempre, el alma advierte la venida de su Dios, siente su intento de entrar y, dado que el alma recuerda que ha sido creada por Dios, se siente estremecer de dulzura. Vosotros oprimís el alma, no la seguís en sus deseos, pero ella se resiste a morir en 146 La escritora añade sobre una copia mecanografiada: Continúa comentando el Cantar 147 En los dictados del 26 de junio y del 10 de octubre 245 vosotros. Es la última que muere, muere después de que ha muerto la mente y ha muerto el corazón por la soberbia y la lujuria; muere sólo cuando vosotros la matáis quitándole la Luz, el Amor, la Vida, o sea Dios. Pero hasta que no está muerta, se estremece de alegría y late de amor cuando Dios se le acerca. ¡Ay de quienes no quieren secundar estos movimientos del alma! Se parecen a los enfermos que, con continuas imprudencias y desobediencias al médico, agravan cada vez más la enfermedad hasta volverla mortal. Cuando vuestra alma se deshace de dulzura porque siente a Dios tras las rejas, seguid el movimiento del alma, dejad toda atención a la carne, poned de rodillas vuestra carne soberbia, reconoced los derechos de la reina encerrada en vosotros, de la reina que quiere seguir a su Rey y adorar la benevolencia del Rey que ha venido hasta vosotros para amar vuestra alma que teníais apartada, que ha venido para amaros, para daros la garantía de salvación también para vuestra carne, que tanto os importa pero por la que no sabéis hacer nada realmente provechoso. Dios quiere que en la resurrección final también vuestras carnes resplandezcan de luz y de belleza sobrenatural y eterna. Resplandezcan por las obras santas cumplidas en la vida terrena, por las obras cumplidas siguiendo los impulsos del alma movida por Dios. ¡Si supierais qué enorme gracia supone cada venida de Dios Amor! Si lo comprendierais diríais a cada momento: "¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven a guiar mi alma! Sé mi Rey y mi Maestro". Si lo supierais, señalaríais cada encuentro, cada venida, entre los días más dichosos de vuestra vida de hombres. Y en verdad ningún acontecimiento es tan dichoso como el que Yo entre con mi amor en vuestro corazón para salvaros y conduciros, más allá de la vida, a la Vida verdadera, eterna y bienaventurada. Cuando por vuestra negligencia habéis dejado pasar de largo a vuestro Maestro, afligido por vuestra indolencia espiritual; cuando el remordimiento, grito de la conciencia que nunca calla completamente, ni siquiera en los más depravados, despierta vuestra alma que habéis aturdido en la tibieza y en la materialidad, sed diligentes en la reparación. Buscad inmediatamente a Dios. Pensad que sin Dios se vaga por caminos de muerte hasta perecer para siempre. Pensad también que Dios es piadoso y tiene entrañas de caridad con vosotros. Él escucha inmediatamente vuestro grito que lo llama y, aunque si para vuestro castigo está escondido durante algún tiempo, no está lejos. Vosotros no le veis, pero Él está cerca de vosotros con el corazón de Padre que perdona al hijo desviado y anhela estrecharlo contra su corazón. Buscad inmediatamente a Dios. Rebasad las guardias de ronda: las insidias que el Enemigo emplaza a lo largo del camino para impedir que un alma se le escape para refugiarse en Dios. No os importe que Satanás, envidioso y cruel, os despoje por venganza. Es mejor para vosotros entrar desnudos de humanidad en la vida eterna, ricos tan sólo de riquezas espirituales, que acompañados a los umbrales de Dios por afectos, honores, alegrías terrenas, para ser arrojados fuera porque ya lo habéis tenido todo y no merecéis más, habiendo preferido tener este "todo", que cae y os arrastra al caer, a lo único que es necesario tener: la moneda para entrar en la Vida eterna, acumulada con fatigas, esfuerzos, paciencia espiritual, brotes santos que van granando poco a poco obedeciendo mi Ley por amor, perlas místicas adquiridas con dolor sufrido por amor, rubíes eternos creados por vuestro querer ser mis hijos, contra las voces de la naturaleza carnal, contra los escarnios y las venganzas del mundo, contra las seducciones y las iras de Satanás, queridas venciéndose a sí mismos y a los enemigos de sí mismos: sean hombres o demonios, queridas triturando la carne con tal de hacer triunfar al espíritu que quiere seguir la Voluntad de Dios, queridas hasta sudar sangre viva como Yo ante la mayor de las tentaciones, el mayor de los temores, la mayor Voluntad divina que hombre alguno haya podido sufrir. 246 ¡Si supierais qué es un vuestro "no" dicho a las fuerzas de la carne, de los afectos, de las riquezas, de los honores, para ser fieles a Quien os ama! ¡Si supierais lo que significa estar preparados para dejarse despojar aún de las cosas queridas con tal de ser totalmente de Dios! Ciertas privaciones, sufridas con resignación si bien no con júbilo, porque aún puede uno regocijarse con la salud inmolada según los fines de Dios, pero no puede hacerlo ante una tumba que se cierra sobre un padre, una madre, un esposo, un hijo, un hermano - también Yo he sido Hombre entre los hombres y recuerdo lo que es el no volver a oír una voz querida, el no volver a ver la casa animada por un pariente y vacía de su presencia la morada de un amigo-ciertas privaciones, sufridas con resignación tienen el valor de un martirio, María, recuérdalo. Lo tienen como lo tiene el de la vida ofrecida por el adviento de mi Reino en los corazones, las fiebres, las enfermedades padecidas porque caigan las fiebres de las almas y las enfermedades de los espíritus. El uno y el otro martirio tendrán el premio del martirio: la estola escarlata de quienes vinieron a Mí a través de una gran tribulación, cortejo de fuego que seguirá al Cordero junto al cándido cortejo de las vírgenes, el segundo a mi derecha, el primero a mi izquierda, porque estos héroes del espíritu son verdaderamente los hijos de mi Corazón desgarrado por un martirio de amor, así como los primeros son los nacidos de María que más se parecen a la Madre y al Hijo de la Madre, son los que vivieron con aspecto de hombres y sentimientos de ángeles: más allá de la carne y de la sangre. Buscad al Señor con todos vuestros medios, con santa audacia. Buscadlo para reparar la desidia anterior. Y una vez que lo hayáis encontrado no volváis a separaros de Él. En Él está el Bien que no muere. En Él está la Vida y la Verdad. Si permanecéis en Él no pereceréis. Si vivís en Él no moriréis, no os equivocaréis. Como la barca que entra segura en el puerto porque su piloto la ha sabido conducir, vosotros, guiados por Cristo, entraréis en el puerto de la Paz. Os lo digo Yo, que no miento. No os resignéis nunca, hijos que amo. Sed fieles a Mí y Yo os daré la gloria». 19 de octubre 148 Dice Jesús: «Y ahora, alma mía, ahora que estamos al final del Cantar, te enseño las últimas artes de la ciencia de amor. Sé pura, porque tu Amado es más puro que el lirio y que la nieve, y la esposa debe vestir las mismas vestiduras que su Señor y apreciar lo que Él aprecia. La Luz se acerca, María. Quita hasta los matices de la sombra de tu carne para ser también tú pura luz para el momento en que vendré y la Luz, Jesús, te estrechará contra el corazón para llevarte a su morada donde no existirán ya las separaciones impuestas por el estar sobre esta tierra. Aumenta cada vez más tu belleza porque las bodas están próximas. Cíñete con los adornos de los últimos sacrificios, cíñetelos con alegría porque te han sido dados por Quien te ama con amor eterno. Enciéndete con el fulgor del amor para dar viveza a tu aspecto espiritual. Una esposa fría, o tan sólo tibia, no es una esposa. Yo te quiero ardiente de amor total. Sé intrépida contra todas las fuerzas del Enemigo que trata de inquietarte por envidia infernal. Lanzará inútilmente contra ti sus demoniacas cuadrigas. Mientras que permanezcas fiel, cuatro y cuatro y diez veces cuatro demonios serán menos que la brizna de hierba bajo 148 Sobre una copia mecanografiada la escritora añade: Continúa con el Cantar 247 tu pie que da los últimos pasos para atravesar cuanto le separa aún de la morada de tu amor. Nada te turbe. Sigue apoyada en Mí. Quédate así hasta el final, y tu pasaje será dulce y luminoso, como la salida de un camino semioscuro y difícil y la entrada en un prado florido y lleno de sol y de canto de pájaros. En verdad, para quien amando ha merecido la posesión del Cielo, la muerte no es más que entrada en la Belleza eterna y en la Alegría eterna. Y dado que en el pasado no fuiste sin culpa, cancela también el recuerdo de aquellas sombras con el medio que te he enseñado. Con un amor cada vez más vivo. Vive únicamente para Mí, de Mí, conmigo. Haz que el Padre, mirándote, te vea tan unida a Mí que no pueda separarte de su Hijo. Que mi Caridad te cubra como manto nupcial bajo el que oculto los desgarros de tu vestidura. ¡Ay de vosotros si os presentarais solos ante la Justicia! Por cuanto buenos podáis ser, siempre tenéis algún daño. Pero si os presentáis conmigo ante el Padre, el fulgor del Hijo orna de tal modo vuestra alma que la vuelve hermosa, y mi fulgor nunca es tan vivo como cuando puedo presentar al Padre un espíritu que me ama y que no ha vuelto inútil, para sí, mi Sacrificio de Redentor. La Justicia del Padre no tiene corazón para afligir al Hijo, Salvador de un nuevo ciudadano de la Jerusalén santa, y con una bendición anula la deuda de ese espíritu y le abre el Cielo. Huye de las distracciones de la tierra, aíslate conmigo. Cuando se está a punto de entrar a residir en un país extranjero se aprende su lengua para no ser incapaces de vivir en él, al menos se trata de aprender las primeras nociones de ese idioma, y es imprudente quien va sin saber ni siquiera una palabra. Le costará mucho en los primeros momentos. En la morada eterna la Sabiduría os instruye en el primer instante, es cierto. Pero mira, alma mía, los últimos tiempos de la tierra son preparación para el Cielo. Cuando mi Bondad da todas las señales y todo el tiempo para prepararse para la Vida, cuando no sólo por obra de mi Misericordia sino por voluntad humana os viene dada la manera de proveer a vuestros últimos enseres para venir a la Vida, bienaventurado quien se prepara con un cuidado que nunca es excesivo. Si pusierais este cuidado, todos vosotros a quienes la edad o la larga enfermedad, o la despiadada eventualidad de las guerras, ponen prácticamente en condición de morir, no habría tantas penosas esperas en el Purgatorio. Cumpliríais vuestra transformación en Mí con el amor por Mí, con un verdadero arrepentimiento por haberme afligido, con verdadera generosidad, con verdadera resignación, con todas las virtudes practicadas con buena voluntad, y no tendríais que cumplir esta labor que hace del hombre, amasijo de carne y sangre en el que el espíritu ha reinado poco, un espíritu que ha conocido la Verdad, o sea que Dios es lo único que merece todos los movimientos del ser. Tú tienes todo el tiempo de prepararte para la Morada. Recuerda que si mucho le viene perdonado a quien mucho amó, también mucho se le pide a quien mucho le ha sido dado. Y pocos mortales han tenido cuanto Dios te ha dado con un amor de predilección. Que nada te pese, nada te repugne, nada descuides para rematar. los últimos detalles de tu vestido nupcial. Aunque el camino sea cada vez más pesado, piensa en tu Jesús que también encontró tan duro el último sendero que le llevaba al Gólgota. Cada víctima es un pequeño redentor: de sí mismo y de los hermanos. Y los caminos de la redención no son placenteros senderos florecidos: son cuestas pedregosas, llenas de espinos, que se recorren con una cruz sobre los hombros, la fiebre en las venas, la flaqueza en la carne moribunda, el sabor de la sangre en la boca reseca, las espinas sobre la cabeza y la perspectiva de la tortura final en el corazón. La redención se cumple en la cumbre. Y la última pompa del rito expiatorio tiene las piedras preciosas de los tres clavos, el desgarro de las últimas dulzuras de afectos, la 248 soledad entre Cielo y tierra, la oscuridad no sólo en la atmósfera sino en el corazón. Después viene el sol a besar al inmolado. Pero antes están las tinieblas y el dolor. Permanece unida a Mí, permanece unida. Cuanto más llegue la hora más unida a Mí permanece. Sólo Jesús ayuda y sólo Jesús instruye, porque ha vivido esa experiencia, instruye para sufrir el martirio de amor. Pero como antes de sufrirlo tuve que crecer a la vida y nutrirme de la leche de mi Madre como primer sustento, y después con el alimento preparado con sus santas manos, así cada pequeño redentor debe vivir en María para formarse a ser un Cristo. Jesús es la fuerza de vuestra alma. María es dulzura. Antes de beber el vinagre y la hiel hay que tomar el vino aromático. Y éste os lo da la sonrisa reconstituyente de María. Bálsamo que me hizo feliz en la tierra, bálsamo que me hace feliz en el Paraíso, y con Dios hace feliz a todo -el Paraíso; la sonrisa de mi Madre es estrella en la vida y estrella en la muerte. Y sobre todo estrella en el dolor de la inmolación. Yo he mirado esa heroica sonrisa desgarrada de mi Madre, único consuelo, infinito consuelo que subía hacia mi patíbulo. La he mirado para no permitir que la desesperación se me acercara. Mírala también tú. Miradle, vosotros, hombres que sufrís. La sonrisa de María hace huir al demonio de la desesperación. Vivid unidos a María de quien sois hijos como lo soy Yo. Vive sobre el corazón de María, alma que quiero llevar al Cielo. Las manos de esta Madre que no decepciona a sus hijos están llenas de caricias para ti. Sus brazos te estrechan contra el seno que me ha llevado y su boca te dice las palabras que me han consolado a Mí. Para que no puedas perderte en las últimas paradas en la tierra, te encierro en la morada de María. Allí no entra la agitación porque es la Madre de la Paz. Allí no entra el Enemigo porque Ella es la Victoriosa. Que María te enseñe las sumas llamas de la Caridad, Ella que es la Hija, la Madre, la Esposa de la Caridad. Corta todos los puentes entre el mundo y tú. Vive en Jesús y María. Recuerda que, aunque el hombre hubiera dado todos sus bienes por poseer el amor, eso no sería nada porque el Amor es algo tal que respecto a Dios -Amor de vuestra alma, auténtica finalidad de vuestra vida- todo pierde valor. Poseer el Amor es lo único que cuenta. Y el Amor se posee cuando se sabe renunciar por Él a todo cuanto se tiene. Después vendrá la paz, María. Ahora es lucha. Pero para quien ama es lucha con coronación de victoria. Vendré pronto para cambiar tu corona de espinas por otra de alegría. Persevera. Pon mi sello a cada latido tuyo, a cada trabajo. Grábalo con lágrimas en las fibras de tu corazón. Yo soy Quien salvo y amo». 20 de octubre Dice Jesús: «El episodio de la mujer encorvada curada en sábado es precisamente el tuyo. Tu humanidad y la de los demás te habían encorvado. Antes estabas tan derecha, pequeña alma que caminabas por mi Camino, empujada por una fuerza de amor hacia tu Jesús de quien sobre todo habías comprendido su majestad de Mártir, y querías ser como Él en el martirio porque el Amor te había revelado que el martirio es amor profesado, confesado, cumplido a la perfección. Después te habías encorvado. Habías inclinado hacia la tierra tu alma que antes miraba sólo al Cielo. Los cuidados y los afectos humanos habían sustituido a los cuidados 249 espirituales por los que te preocupabas tan sólo de los intereses de Dios y, en consecuencia, incluso sin quererlo hacer deliberadamente, por los intereses de tu alma. Los afectos humanos tomaron el lugar del amor por Mí. Estos cuidados y estos afectos, más aplastantes que mi Cruz, porque aunque la cruz es peso también es apoyo y elevación, te habían "encorvado". Y el Insidiador de las almas, que se aprovecha de vuestras debilidades para convertirlas en medios de pecado, había trabajado sobre tu dejarte encorvar por motivos humanos. Y has pecado ¿sabes? Sí, has pecado produciéndome tanto dolor. Mi Conocimiento sabía que era una fase transitoria, pero no habría querido que tú la vivieras. Te alejaba mucho de mi Camino y mucho del Cielo. Ámame mucho, María; porque mi Misericordia ha obrado prodigios por ti. Te he impedido el Mal con amor de Padre, con obra de Médico y con paciencia de Dios. Por fin me has oído y te has vuelto hacia Mí. Estabas ya sobre mi Camino y querías seguirme y amarme. Pero estabas encorvada. Tu espíritu no lograba librarse de todos los restos de tus enfermedades espirituales y de las tendencias de la carne. Durante demasiado tiempo habías estado oprimida e irritada por demasiadas cosas y, verdaderamente, la otra humanidad que te rodeaba no era por cierto cooperadora de una resurrección total. Más aún, con su modo de actuar anulaba los progresos de tu espíritu y paralizaba totalmente tus esfuerzos por resurgir. Ésta es tu única excusa. Pero incluso esta situación quiero que la conviertas en un motivo de amor hacia Mí y de amor por tu prójimo que te ha obstaculizado tanto. Cualquier prójimo, recuérdalo. Si quien tanto te hizo llorar y te arrancó las nuevas plumas que el amor, ya conocido y practicado, te daba para volar hasta Mí, hubiese tenido, durante toda la vida, el amor de predilección que te he dado, piensa que habría sido mejor que tú. Este es el pensamiento que he tenido presente al juzgar estos espíritus torpes, y éste es el pensamiento que tú debes tener para perdonarles completamente y amarles totalmente. Cuando te he juzgado suficientemente castigada por tu deserción, cuando he pensado que la habrías expiado, te he enderezado, alma mía. Sabía que el dolor estaba a punto de abatirse sobre ti, y con el dolor la soledad. No soy llamado "Misericordia" en vano. Soy Misericordia. Y he venido para serte Parentela, Amistad, Alegría, Todo. Pero antes te he "liberado" de los últimos vínculos que aún te obstaculizaban. Los ''jefes de las sinagogas" -existen aún y son quienes ven como vigas las pajitas de los demás y no ven sus propias vigas; quienes se creen autorizados para analizar, censurar, criticar la obra de Dios- si conocieran el momento y el motivo que he elegido para obrar el milagro se quedarían escandalizados. ¿Y qué? ¿Acaso no soy dueño de obrar cómo y cuando quiero? Y si de tu nada oscurecida he querido hacer una fuerza luminosa y operante, si de ti, miseria, he querido hacer una riqueza ¿acaso no me es lícito? Y si he juzgado que tu prueba ya había sido suficiente, y que ahora tu constancia, tu confianza, tu arrepentimiento, tu amor merecían el premio de mi ayuda y de mi amor, ¿puede haber alguien que critique mi obra? Me gusta servirme de las nadas, que el amor y la humildad hacen tan queridas de mi Corazón, para hacer resplandecer mi Potencia. Si cogiese tan sólo a los "perfectos", ¿los pobres hombres cómo podrían tener esperanza de entrar en el Cielo? Tomo a los débiles, los pecadores que sólo saben tener confianza, esperanza, afecto por Mí -no digo "amor", porque si amaran no serían débiles y pecadores- tomo a estos hijos que mezclan en sus imperfecciones vetas de perfección, y les convierto en luces y maestros de sus pobres hermanos más débiles y pecadores que ellos. Les inflamo de amor, les hago 250 hambrientos de sacrificio, acepto sus ofrendas. Llegados al estado de "víctimas", les consagro en su misión. Todos los días son "sábado'~ para Mí. Porque todos los días sois indigentes, si se os observa desde la Perfección, pero también todos los días Yo puedo decir, si lo retengo oportuno: "Basta" a cuanto os encorva y poner a mi servicio al alma que he elegido. Ten siempre presente tu pasado y mi obrar. Lo primero te servirá para mantenerte humilde y para limpiarte cada vez más con el arrepentimiento. Lo segundo para inflamarte cada vez más de amor. Vive de esperanza en tu Jesús. Si te he amado tanto no seré severo contigo. Vive de constancia. Tan sólo tu voluntad podría separarte de Mí y desplomarte en la oscuridad. Vive de humildad. Me comunico con las almas humildes. Vive de amor. Cuanto más me ames más exactamente me comprenderás. Vive con la paz en tu corazón. Te la doy para consolarte». 21 de octubre Dice Jesús: «Vuelvo a reanudar el tema 149 de las almas acogidas en el Purgatorio. Si has aferrado todo el sentido de mis palabras, no importa. Estas páginas son para todos, porque todos tienen seres queridos en el Purgatorio y así todos, por la vida que llevan, están destinados a detenerse en esa morada. Sigo por tanto para los unos y para los otros. He dicho que las almas purgantes sólo sufren por amor y expían con amor. Éstas son las razones de este modo de expiación. Si vosotros, hombres inconscientes, consideráis atentamente mi Ley en sus consejos y en sus mandamientos, veis que gira totalmente alrededor del amor. Amor hacia Dios, amor hacia el prójimo. En el primer mandamiento Yo, Dios, me impongo a vuestro amor reverencial con toda la solemnidad digna de mi Naturaleza respecto de vuestra nada: "Yo soy el Señor tu Dios". Os olvidáis de ello demasiadas veces, hombres que os creéis dioses y, si no tuvierais en vosotros un espíritu vivificado por la gracia, sólo seríais polvo y podredumbre, animales que unís a la animalidad la astucia de la inteligencia poseída por la Bestia, que os hace cometer obras de animales, peor que de animales: de demonios. Decíoslo mañana y noche, decíoslo a mediodía y a media noche, decíoslo cuando coméis, cuando bebéis, cuando vais a dormir, cuando os despertáis, cuando trabajáis, cuando descansáis, decíoslo cuando amáis, decíoslo cuando contraéis amistades, decíoslo cuando mandáis y cuando obedecéis, decíoslo siempre: "Yo no soy Dios. La comida, la bebida, el sueño no son Dios. Él trabajo, el descanso, las ocupaciones, las obras del genio, no son Dios. La mujer, o peor: las mujeres, no son Dios. Las amistades no son Dios. Los superiores no son Dios. Uno sólo es Dios: es mi Señor que me ha dado esta vida para que con ella merezca la Vida que no muere, que me ha dado vestidos, alimentos, moradas, que me ha dado el trabajo para que me gane la vida, la genialidad para que dé muestra de ser el rey de la tierra, que me ha dado capacidad de amar y criaturas para amar "con santidad" y no con concupiscencia, que me ha dado el poder, la autoridad para que los convierta en medios de santidad, no de condenación. Yo puedo hacerme semejante a Él porque Él lo ha dicho: 'Dioses sois', pero sólo si vivo su Vida, esto es su Ley, pero sólo si vivo su Vida, esto es su 149 Ya tratado en el dictado del 17 de octubre 251 Amor. Uno sólo es Dios: ÉL Yo soy su hijo Y súbdito, el heredero de su reino. Pero si deserto y traiciono, si me creo un reino mío en el que quiero ser rey y dios humanamente, entonces pierdo el verdadero Reino y mi condición de hijo de Dios decae y se degrada a la de hijo de Satanás, porque no se puede servir a la vez al egoísmo y al amor, y quien sirve al primero sirve al enemigo de Dios y pierde el Amor, o sea, pierde a Dios". Quitad de vuestra mente y de vuestro corazón todos los falsos dioses que os habéis colocado, comenzando por el dios de barro que sois vosotros mismos cuando no vivís en Mí. Acordaos de cuanto me debéis por cuanto os he dado -y más os habría dado si no hubierais atado las manos a vuestro Dios con vuestra forma de vida- lo que os he dado para la vida de cada día y para la vida eterna. Por ésta, Dios os ha dado a su Hijo, para que fuera inmolado como cordero sin mancha y lavase vuestras deudas con su Sangre y no hiciera así, como en los tiempos mosaicos, recaer la iniquidad de los- padres sobre los hijos hasta la cuarta generación de los pecadores, que son "quienes me odian" porque el pecado es ofensa a Dios y quien ofende odia. No alcéis otros altares a dioses no verdaderos. Tened sólo y exclusivamente al Señor Dios vuestro, y no en altares de piedra, sino sobre el altar vivo de vuestro corazón. Servidle a Él y ofrecedle verdadero culto de amor, de amor, de amor, hijos que no sabéis amar, que decís, decís, decís palabras de oración, sólo palabras, pero que no hacéis del amor vuestra oración, la única que agrada a Dios. Recordad que un verdadero latido de amor, que suba como una nube de incienso de las llamas de vuestro corazón enamorado de Mí, tiene para Mí un valor infinitas veces mayor que miles y miles de oraciones y ceremonias realizadas con el corazón tibio o frío. Atraed mi Misericordia con vuestro amor. ¡Si supierais qué activa y grande es mi Misericordia hacia quien me ama! Es una ola que pasa y lava cuanto constituye mancha en vosotros. Os da una estola cándida para entrar en la Ciudad santa del Cielo, en la que la Caridad del Cordero que se ha dejado inmolar por vosotros resplandece como el sol. No utilicéis el Nombre santo por costumbre o para reforzar vuestra ira, para desahogar vuestra impaciencia, para corroborar vuestras maldiciones. Y sobre todo no apliquéis el término "dios" a la criatura humana que amáis por hambre de los sentidos o por culto de la mente. Este nombre debe decirse sólo a Uno. A Mí. Y a Mí se me debe decir con amor, con fe, con esperanza. Entonces ese Nombre será vuestra fuerza y vuestra defensa. El culto a este Nombre os justificará, porque quien obra poniendo mi Nombre como sello de sus acciones no puede cometer acciones malvadas. Hablo de quien actúa con sinceridad, no de los mentirosos que tratan de cubrirse a sí mismos y sus obras con el resplandor de mi Nombre tres veces santo. ¿Y a quien tratan de engañar? Yo no estoy sujeto a engaño, y los hombres mismos, a no ser que sean enfermos mentales, al comparar las obras de los mentirosos con su decir comprobarán que son unos falsos y sentirán desprecio y asco de ellos. Vosotros que no sabéis amar más que a vosotros mismos y a vuestro dinero, y os parece perdido cualquier momento que no esté dedicado a satisfacer la carne o henchir el bolsillo, que sepáis, en vuestro gozar o trabajar como glotones y rudos, hacer un inciso que os permita pensar en Dios, en su bondad, en su paciencia, en su amor. Deberíais, lo repito, tenerme siempre presente hagáis lo' que hagáis; pero como no sabéis obrar manteniendo el espíritu fijo en Dios, una vez a la semana cesad de obrar para pensar sólo en Dios. Ésta, que puede pareceros una ley servil, es en cambio prueba de cómo Dios os ama. Vuestro buen Padre sabe que sois máquinas frágiles que se desgastan por el uso continuo, y ha provisto a vuestra carne, también a ella porque igualmente es obra suya, ordenándoos que la hagáis descansar un día de cada siete para darle su justo reposo. Dios no quiere 252 vuestras enfermedades. Si hubierais permanecido hijos suyos, realmente suyos, desde Adán en adelante, no habríais conocido las enfermedades. Éstas son fruto de vuestras desobediencias a Dios, junto con el dolor y la muerte; han nacido y nacen como setas sobre las raíces de la primera desobediencia: la de Adán y brotan unas de las otras, trágica cadena, del germen que os quedó en el corazón, del veneno de la Serpiente maldita que. os produce fiebres de lujuria, de avaricia, de gula, de desidia, de imprudencias culpables. Y es imprudencia culpable el querer forzar vuestro ser a un trabajo continuo para ganancia, como lo es el querer excederse en el gozo de la gula o del sentido al no querer contentaros con el alimento necesario para la vida y con la compañera necesaria para la continuidad de la especie, sino saciándoos desmesuradamente como animales de un cenagal extenuándoos y envileciéndoos como -no como bestias, que no son semejantes sino superiores a vosotros en el connubio al que van obedeciendo las leyes del orden- sino envileciéndoos más que las bestias: como demonios que desobedecen a las santas leyes del recto instinto, de la razón y de Dios. Habéis corrompido vuestro instinto y ahora éste os lleva a preferir alimentos corrompidos, formados por lujurias en las que profanáis vuestro cuerpo: mi obra; vuestra alma: mi obra de arte; y matáis embriones de vida negándoles la vida porque los suprimís antes de tiempo voluntariamente o mediante vuestras lepras que son veneno mortal para las vidas incipientes. ¿A cuántas almas vuestro apetito sensual llama del Cielo para cerrarles después las puertas de la vida? ¿Cuántas las que apenas alcanzan el confín y ven la luz ya moribundas o muertas, y le impedís el Cielo? ¿Cuántas aquéllas a las que imponéis un peso de dolor, que no siempre pueden soportar, con una existencia enferma, marcada por dolencias dolorosas y vergonzosas? ¿Cuántas las que no pueden resistir esta clase de martirio no deseado, sino impuesto por vosotros como una marca de fuego sobre la carne, que habéis generado sin pensar que, cuando se está corrompidos como sepulcros llenos de podredumbre, ya no es lícito generar hijos para condenarles al dolor y al desprecio de la sociedad? ¿Cuántas las que, no pudiendo resistir esta suerte, se suicidan? ¿Pero qué os creéis? ¿Qué las condenaré por este delito contra Dios y contra sí mismas? No. Antes que ellas, que pecan contra dos, estáis vosotros que pecáis contra tres: contra Dios, contra vosotros mismos y contra los inocentes que generáis para llevarles a la desesperación. Pensadlo. Pensadlo bien. Dios es justo, y si pesa la culpa, pesa también la causa de la culpa. Y en este caso el peso de la culpa aligera la condena del suicida, pero carga vuestra condena, verdaderos homicidas de vuestras criaturas desesperadas. En ese día de descanso que Dios ha puesto en la semana, y os ha dado su ejemplo de reposo -pensad, Él: el Agente infinito, el Generante que por Sí mismo se genera continuamente, Él ha mostrado la necesidad de descanso, lo ha hecho por vosotros, para seros Maestro en la vida. Y vosotros, insignificantes potencias, ¡no lo queréis tener en cuenta como si fuerais más poderosos que Dios!-. En ese día de reposo para vuestra carne que se quiebra por el excesivo cansancio, sabed ocuparos de los derechos y de los deberes del alma. Derechos: a la verdadera Vida. El alma muere si se la mantiene separada de Dios. Dadle el domingo a vuestra alma -dado que no sabéis hacerlo todos los días y a todas las horas- para que en el domingo se nutra de la Palabra de Dios, se colme de Dios, para tener vitalidad durante los demás días de trabajo. ¡Qué dulce es el descanso en la casa del padre para un hijo al que el trabajo ha mantenido alejado durante toda la semana! ¿Por qué no dais a vuestra alma esta dulzura? ¿Por qué ensuciáis este día con embriagueces y concupiscencias en vez de transformarlo en brillante luz para vuestra bienaventuranza de ahora y de después? 253 Y; tras el amor hacia quien os ha creado, el amor a quien os ha generado y a quien es vuestro hermano. Si Dios es Caridad ¿cómo podéis decir de estar en Dios si no tratáis de pareceros a Él en la caridad? ¿Y podéis decir que os parecéis si sólo le amáis a Él y no a los demás creados por Él? Sí, debe amarse a Dios más que a nadie, pero no puede decir que ama a Dios el que menosprecia amar a quienes Dios ama. Por tanto amad en primer lugar a quienes, por haberos generado, son los segundos creadores de vuestro ser en la tierra. El Creador supremo es el Señor Dios, que forma vuestras almas y, dueño como es de la Vida y de la Muerte, permite vuestro nacer a la vida. Pero los creadores segundos son los que de dos carnes y de dos sangres hacen una nueva carne, un nuevo hijo de Dios, un nuevo futuro 21 oct. habitante de los Cielos. Porque estáis creados para los Cielos, y para los Cielos debéis vivir sobre la tierra. ¡Oh! ¡Qué sublime dignidad la del padre y la de la madre! Episcopado santo -lo digo con una palabra osada pero verdadera- que consagra un nuevo siervo a Dios con el crisma de un amor conyugal, le lava con el llanto de la madre, le viste con el trabajo del padre, le hace portador de la Luz infundiendo el conocimiento de Dios en las mentes infantiles y el amor de Dios en los corazones inocentes. En verdad os digo que los padres son poco inferiores a Dios sólo por el hecho de crear un nuevo Adán. Pero luego, cuando los padres saben hacer del nuevo Adán un nuevo pequeño Cristo, entonces su dignidad es apenas un grado inferior a la del Eterno. Amad, pues, con un amor sólo inferior al que debéis tener por el Señor Dios vuestro, a vuestro padre y vuestra madre, esta doble manifestación de Dios que el amor conyugal hace ser una "unidad". Amadla porque su dignidad y sus obras son las más semejantes a las de Dios hacia vosotros: los padres son vuestros creadores terrenos, y todo en vosotros debe venerarles como tales. Y amad a vuestra prole, padres. Recordad que a cada deber le corresponde un derecho, y si los hijos tienen el deber de ver en vosotros la mayor dignidad después de Dios y de daros el mayor amor después del amor total que debe darse a Dios, vosotros tenéis el deber de ser perfectos para no disminuir el concepto y el amor de los hijos hacia vosotros. Acordaos de que generar una carne es mucho y nada al mismo tiempo. También los animales generan una carne y muchas veces la cuidan mejor que vosotros. Pero vosotros generáis un ciudadano de los Cielos. De esto debéis preocuparos. No apaguéis la luz en el alma de los hijos, no permitáis que la perla del alma de vuestros hijos se acostumbre al fango para que esa costumbre no la empuje a sumergirse en el fango. Dad amor, amor santo a vuestros hijos, y no necios cuidados a la belleza física, a la cultura humana. No. La que debéis cuidar es la belleza de su alma, la educación de su espíritu. La vida de los padres es sacrificio como la de los sacerdotes y los maestros convencidos de su misión. Las tres categorías son "formadores" de lo que no muere: el espíritu, o la psique, si os gusta más. y dado que el espíritu es a la carne en la proporción de 1000 a 1, pensad qué perfección deberían alcanzar padres, maestros y sacerdotes para ser verdaderamente como debieran. Digo ''perfección''. No basta "formación". Deben formar a los demás, pero para formarles no deformes deben modelarles sobre un modelo perfecto. ¿Y cómo pueden pretenderlo si ellos mismos son imperfectos? ¿Y cómo pueden llegar a ser perfectos ellos mismos si no se modelan sobre el Perfecto que es Dios? ¿Y qué puede hacer al hombre capaz de modelarse según Dios? El amor. Siempre el amor. Sois hierro basto e informe. El amor es el horno que os purifica y derrite y os vuelve líquidos para colaros, mediante las venas sobrenaturales, en la forma de Dios. Entonces seréis los "formadores" de los demás: cuando os hayáis formado sobre la perfección de Dios. Muchas veces los hijos representan el fracaso espiritual de los padres. A través de los hijos 254 se ve lo que valían los padres. Porque, si bien es verdad que a veces nacen hijos depravados de padres santos, ésta es la excepción. Generalmente al menos uno de los padres no es santo y, dado que os resulta más fácil copiar el mal que el bien, el hijo copia al menos bueno. Y también es verdad que a veces de padres depravados nace un hijo santo. Pero también aquí es difícil que ambos padres sean depravados. Por ley de compensación el más bueno de los dos es bueno por los dos, y con oraciones, lágrimas y palabras, cumple la obra de los dos formando al hijo para el Cielo. De todas formas, hijos, sean cuales sean vuestros padres, Yo os digo: "No juzguéis, sólo amad, sólo perdonad, sólo obedeced, salvo en las cosas que son contrarias a la Ley. Vosotros tenéis el mérito de la obediencia, del amor y del perdón, de vuestro perdón de hijos, María, que acelera el perdón de Dios para los padres, y lo acelera más cuanto más sea perdón total; a los padres la responsabilidad y el justo juicio, sea relativo a vosotros, sea por cuanto corresponde a Dios, de Dios, único Juez". Es superfluo explicar que matar es faltar al amor. Amor hacia Dios a quien quitáis el derecho de vida y de muerte hacia su criatura y el derecho de Juez. Sólo Dios es Juez, y Juez santo, y si ha permitido al hombre el crearse tribunales de justicia para poner un freno tanto al delito como al castigo, ¡ay de vosotros si, como faltáis a la justicia de Dios, faltáis a la justicia del hombre erigiéndoos en jueces de un semejante que ha faltado o creéis que haya faltado contra vosotros! Pensad, pobres hijos, que la ofensa, el dolor, trastornan la mente y el corazón, y que la ira y el mismo dolor ponen un velo a vuestra visión intelectual, velo que os impide la visión. de la auténtica verdad y de la caridad como Dios os la presenta, para que sepáis regular con ella vuestra indignación, aunque sea justa, y no cometáis una injusticia con una condena demasiado despiadada. Sed santos también mientras os quema la ofensa. Acordaos de Dios sobre todo entonces. y también sed santos vosotros, jueces de la tierra. Pasan por vuestras manos los horrores más vivos de la humanidad. Examinadlos con mente y con ojos llenos de Dios. Mirad el "porqué" verdadero de algunas "miserias". Pensad que aunque sean verdaderas "miserias" de la humanidad que se degrada, muchas son. las causas que las producen. Buscad en la mano que mata la fuerza que la movió a matar y recordad que también vosotros sois hombres. Preguntaos si vosotros: traicionados, abandonados, provocados, hubierais sido mejores que ése o ésa que está delante vuestra en espera de sentencia. Haciendo un examen severo sobre vosotros, pensad si no hay alguna mujer que pueda acusaros de ser los verdaderos asesinos del hijo que le suprimió, porque tras el momento de alborozo os habéis sustraído a vuestro compromiso de honor. Y; si lo podéis hacer, sed también severos. Pero si, tras haber pecado contra la criatura nacida de vuestra insidia y vuestra lujuria, aún queréis obtener perdón de Aquél a quien no se engaña y que no olvida, aún a pesar de años y años de vida correcta, esa incorrección que no habéis querido reparar, o ese delito que habéis provocado, afanaos por lo menos en prevenir el mal, especialmente allí donde la frivolidad femenina y la miseria del ambiente predisponen a las caídas en el vicio y en el infanticidio. Recordad, hombres, que Yo, el Puro, no he rehusado redimir a las mujeres sin honor. Y por el honor que ya no tenían, he hecho surgir de su ánimo, como flor de un suelo profanado, la flor viva del arrepentimiento que redime. He dado mi piadoso amor a esas pobres desgraciadas que un así llamado "amor" había postrado en el fango. Mi verdadero amor las ha salvado de la lujuria que el así llamado amor les había inyectado. Si las hubiera maldecido y huido de ellas, las habrías perdido para siempre. Las he amado también por el mundo, que tras haber gozado de ellas las recubre de burla hipócrita y falso desprecio. En lugar de las 255 caricias de pecado las he acariciado con la pureza de mi mirada; en lugar de palabras de delirio, he tenido palabras de amor por ellas; en vez de la moneda, vergonzoso precio de su beso, les he dado las riquezas de mi Verdad. Así se hace, hombres, para sacar del fango a quien se está hundiendo en él, no se agarra uno al cuello para que sean dos los que perezcan, ni se tiran piedras para hundirle todavía más. Es el amor, siempre el amor el que salva. . Ya os he hablado 150 de cuanto sea el adulterio un pecado contra el amor, y no lo repito, al menos por ahora. Hay mucho que decir acerca de esta regurgitación de animalidad -tanto que ni siquiera entenderíais, porque os vanagloriáis de ser traidores del hogar- pero callo por piedad hacia mi pequeña discípula. No quiero agotar las fuerzas de la criatura exhausta y turbar su ánimo con crudezas humanas porque, cercano de la meta, sólo piensa en el Cielo. Es obvio que quien roba peque contra el amor. Si se acordase de no hacer a los demás lo que no quisiera que se le hiciera a él, y amase a los demás como a sí mismo, no quitaría con violencia y estafa lo que es de su prójimo. Entonces no faltaría al amor, como en cambio hace cometiendo rapiñas que tanto puede ser de mercancía o de dinero como de empleo. ¡Cuántos robos se cometen hurtando un puesto al amigo, una ocurrencia al compañero! Sois ladrones, tres veces ladrones, haciendo esto. Lo sois más que si robarais una cartera o una piedra preciosa, porque sin éstos aún se puede vivir, pero sin un trabajo remunerado se muere, y con ése a quien le robaron el puesto muere de hambre su familia. Os he dado la palabra como signo de superioridad sobre todos los demás animales de la tierra. Por tanto deberíais amarme por la palabra, mi don. Pero ¿puedo decir que me amáis por la ,palabra cuando de este don del Cielo os hacéis un arma para hundir al prójimo con el falso juramento? No, no me amáis ni a Mí ni al prójimo cuando afirmáis la mentira, al contrario, nos odiáis. ¿N o pensáis que la palabra no sólo mata la carne sino la reputación del hombre? Quien mata odia, quien odia no ama. La envidia no es caridad: es anticaridad. Quien desea descomedidamente las cosas de los demás es envidioso y no ama. Contentaos con lo que tenéis. Pensad que bajo la apariencia de alegría a menudo se encuentran dolores que Dios ve y que se os ahorran a vosotros, aparentemente menos felices de quienes envidiáis. Qué si, por otra parte, el objeto de vuestro deseo es la mujer o el marido del prójimo, sabed entonces que unís al pecado de envidia los de lujuria y adulterio. Con eso cometéis una triple ofensa a la Caridad contra Dios y contra el prójimo. Como veis, si transgredís el decálogo transgredís el amor. Así es para los consejos que os he dado que son las flores de la planta de la Caridad. Entonces, si transgrediendo la Ley transgredís el amor, es evidente que el pecado es falta contra el amor. Y por eso debe expiarse con amor. El amor que no habéis sabido profesarme en la tierra me lo tenéis que dar en el Purgatorio. Por eso os digo que el Purgatorio sólo es sufrimiento de amor. Durante toda la vida habéis amado poco a Dios en su Ley. Os habéis echado a la espalda la idea de Él, habéis vivido amando a todos y amándole poco a Él. Es justo que, no habiendo merecido el Infierno y no habiendo merecido el Paraíso, os lo merezcáis ahora, encendiéndoos de caridad, ardiendo por cuanto habéis sido tibios en la tierra. Es justo que suspiréis durante miles y miles de horas de expiación de amor lo que no habéis suspirado miles y miles de veces en la tierra: por Dios, finalidad suprema de las inteligencias creadas. A cada vez que habéis vuelto la espalda al amor corresponden años y siglos de nostalgia amorosa. Años o siglos según la gravedad de vuestra culpa. 150 En el dictado del 25 de septiembre 256 Estando ya seguros de Dios, conocedores de su suprema belleza por el fugaz encuentro del primer juicio, cuyo recuerdo tenéis con vosotros para haceros aún más viva el ansia de amor, suspiráis por Él, lloráis su lejanía, os lamentáis y arrepentís de haber sido vosotros la causa de tal lejanía y os hacéis cada vez más permeables a ese fuego encendido de la Caridad hacia vuestro supremo bien. Cuando, por las oraciones de los vivientes que os aman, los méritos de Cristo son lanzados como esencia de ardor en el fuego santo del Purgatorio, la incandescencia de amor os penetra más fuerte y más adentro, y entre el resplandor de las llamas, cada vez se hace más lúcido en vosotros el recuerdo de Dios visto en aquel instante. Así como en la vida de la tierra cuanto más crece el amor más sutil se hace el velo que cela al viviente la Divinidad, del mismo modo en el segundo reino cuanto más crece la purificación, y por ello el amor, más cercano y visible se hace el rostro de Dios. Ya trasluce y sonríe entre el centelleo del santo fuego. Es como un Sol que cada vez se acerca más, cuya luz y calor anulan cada vez más la luz y el calor del fuego purificante, hasta que, pasando del merecido y bendito tormento del fuego al conquistado y bienaventurado alivio de la posesión, pasáis de llama a Llama, de luz a Luz, salís para ser luz y llama en El, Sol eterno, como chispa absorbida por una hoguera y como candelero arrojado en un incendio, ¡Oh! gozo de los gozos cuando os encontréis elevados a mi Gloria, pasados de ese reino de espera al Reino de Triunfo. jOh! ¡conocimiento perfecto del Perfecto Amor! Este conocimiento, María, es misterio que la mente puede conocer por voluntad de Dios, pero que no puede describir con palabra humana. Cree que merece la pena sufrir toda una vida por poseerla desde el momento de la muerte. Cree que no hay caridad mayor que procurarla con las oraciones a quienes amaste en la tierra y que ahora comienzan su purificación en el amor, a quienes en vida tantas y tantas veces cerraron las puertas del corazón. Animo, bendita a la que son desveladas las verdades escondidas. Actúa, obra y sube. Por ti misma y por quienes amas en el más allá. Deja consumar en el Amor el estambre de tu vida. Vierte tu amor sobre el Purgatorio para abrir las puertas del Cielo a quienes amas. Serás bienaventurada si sabes amar hasta la incineración de cuanto es débil y pecó. Los Serafines salen al encuentro del espíritu purificado con la inmolación de amor y le enseñan el "Sanctus" eterno para cantar al pie de mi trono». 

Cumprimento do Pai Nosso

 Thy Will be done on Earth as It is in Heaven This petition in the Prayer of Jesus to our Father in Heaven is of the highest importance for ...