domingo, 30 de agosto de 2020

 


las cosas que les encargaba todos los días antes de irse era que arreglaran
el oratorio con flores
135
.
Sor Guadalupe Madrigal declaró:
El domingo 28 de febrero de 1937
supe que Conce
(Conchita)
ya no admitía ni el más ligero alimento. Le
habían hecho dos ligeras transfusiones de sangre; le hicieron después una
tercera, la que no dio ya el resultado apetecido: se puso Conce más grave
y agotada.
No sé si el domingo o el lunes comenzó nuestra santa enferma a
padecer dolor agudo de estómago y otros trastornos. El martes por la
tarde, el día 2 (víspera de su muerte), tuvo una hemorragia
abundantísima. Tenía la lengua casi llagada, roja, llena de úlceras y decía
el doctor que así tenía el interior. Por tanto el lunes por la mañana la
desahució el doctor Escobar, declarando que no había esperanzas...
Dicen las Madres Catalina y Concepción que en la última tarde,
como a las 3, le oyeron ya el estertor; pero anhelando que no fuera, le dijo
la M. Catalina: “Conce, procure arrojar esa flema que le molesta” y ella
contestó: “No es flema, es el ruido de la muerte, es el estertor”.
Pasaron a despedirse todos: c
hicos y grandes. Cuando le llegó el
turno a Chabela, le dijo Conce: “Gracias, Chabela”, y Chabela entre
lágrimas le pidió perdón por lo que la hubiera mortificado alguna vez.
Chabela fue hasta el final imponderablemente fina y abnegada en su
atención a Conchita... Entre tanto el doctor que estaba allí, declaró que el
momento decisivo había llegado. Los hijos de ella fueron todos entrando...
Como el momento era crítico, se inició la recomendación del alma,
entrando a hacerlo Monseñor Martínez y toda la gente que estaba en la
casa entró.
Su nieta Teresa Lafarga nos dice:
Sucedió que mostró cierta mejoría
en la tarde del día 2 de marzo y a mí me despacharon a mi casa. Cuando
ya murió en la mañana del día tres, muy temprano, ya estaba yo en su
casa y una cosa muy peculiar fue que, debido a esa enfermedad que tuvo
mi Mane, la pobrecita olía horrible, y era una pena para todos sus hijos y
para las personas. El origen del olor era la enfermedad que tuvo, que
estaba toda llagada por dentro y por fuera; su cuerpo despedía así como
supuración y agua
136
.
La Madre Clara Cabrera informa:
Serían como las 9 de la noche,
después de cenar y estando pendientes de ella, sabiendo que las Madres
135
Sum Ap, p. 264.
136
Sum Ap, p. 390.
65
estaban y que mientras no nos avisaran era que más o menos seguía igual,
nos fuimos otra vez con ella a ver cómo seguía y viendo que más o menos
se había estabilizado su salud, se fueron a descansar. Yo me había
quedado para estar con ella. En ese momento nos quedamos las Madres
que ya nombré y yo con ella. Habíamos puesto la luz a medias para que
no le molestara, todos se habían ido ya a acostar pero con la advertencia
de que cuando viéramos algún síntoma grave, inmediatamente, a la hora
que fuera, les avisaríamos... Al rato de que se habían ido, vimos que
entraba en una quietud demasiado alarmante para un enfermo grave...,
nos alarmamos e instintivamente las tres nos levantamos para ver su
fisonomía y ya en ese momento, su cara se estaba desencajando, como
cuando entra la agonía.
Corrimos y en un momento les avisamos a todos: a Monseñor
Martínez, al tío Primitivo, a mis tíos, al padre Guadalupe Treviño, M.Sp.S.
Entonces llegaron todos y en ese momento tío Salvador, viendo que ella
estaba en una actitud tan dura, que no se podía acostar bien, la cogió
entre sus brazos y entonces Monseñor Martínez se acercó a su cama y le
dijo: “Conchita, usted ahora va a consumar el sacrificio de su vida, es el
momento en que se ofrece por su Iglesia, por sus sacerdotes, por las
Obras de la Cruz. Entonces, Conchita, póngase en sus manos”. Cuando él
le dijo esto, ella levantó la cabeza y en ese momento me dio a mí la
impresión de una persona que estaba desolada, envuelta en una amargura
tremenda, pero con una confianza grande en el cielo. Monseñor le dijo:
“Acuérdese que se entrega por Él, acuérdese que su vida es para Él, que
es el momento en que va a consumar su sacrificio”. En ese momento me
dio a mí la impresión de ese Cristo desolado. Le dijo Monseñor Martínez:
“Conchita, recuerde cómo Jesús en el momento de morir le dice a su
Padre: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y cuando Monseñor
Martínez le dijo estas palabras, ella, que estaba mirando hacia el cielo,
inclinó su cabeza y su corazón dejó de latir. En ese momento murió”.
Era
el 3 de marzo de 1937 a los 20 minutos de ese día.
Su nieta la señora Teresa Lafarga Armida de Madero manifiesta:
Cuando ella murió, yo sólo oí: “Ya se murió Mane, ya está gozando de
Dios”. Recuerdo que mi mamá me decía: “Me extrañó mucho que a la
hora de la muerte de mi mamá, que yo me sentía tan mal, las religiosas de
la Cruz gritaron: ¡Feliz encuentro!, y que Monseñor Martínez en vez de
rezar “Requiem aeternam dona eis, Domine”, empezó a rezar el Te
Deum”
137
.
137
Sum Ap, p. 390.
66
Todos los que estuvieron presentes a la muerte de la sierva de Dios,
concordemente dicen que su rostro en el momento de morir tomó una
expresión semejante a la de Cristo
138
.
Se procedió después a amortajarla, cosa que hicieron con mucho
respeto las religiosas de la Cruz. Se le puso el hábito de religiosa de la
Cruz y se le colocó sobre su cama; eran como las 2 de la mañana, pues
ella murió entrados los primeros minutos del día 3 de marzo de 1937.
Desde el amanecer empezaron a desfilar ante los restos de la sierva
de Dios multitud de personas. Su hijo Francisco se encargó del entierro.
M. Ma. Guadalupe Labarthe Cabrera dice: “Cuando ella murió, ellos
consiguieron una caja, así lo expresa Pancho, lo más fuerte posible.
Aunque ella había pedido que fuera la más pobre, no quisieron de ninguna
manera, sino consiguieron la mejor, tanto por el cariño de hijos como por
lo que les había dicho el médico, de que aquello iba a ser una
descomposición muy grande. Entonces decidieron no volver a abrir la
caja, pero era tal la afluencia de gente que llegaba, que quería tocar
rosarios, verla, que decidieron en un momento determinado abrir la caja;
ya habían pasado varias horas y ningún mal olor; al contrario, algunas
personas dicen que hasta había un olor agradable. Entonces ya la
abrieron durante todo el tiempo que estuvo el cadáver antes de ser
sepultado”
139
.
Y continúa:
Días antes Nacho le había dicho a su mamá que dónde
quería que la enterraran y ella le contestó que por supuesto en la cripta
de las Madres. Y ella también, días antes, les había dicho a las hermanas
que llevaran un hábito para que la enterraran con un hábito de las
religiosas de la Cruz. Desde el año de 1912 había hecho sus votos por
concesión de San Pío X, como religiosa de la Cruz, válidos a la hora de su
muerte; después que murió, sus hijos, sabiendo esto, salieron para que las
hermanas la vistieran con el hábito de las religiosas de la Cruz
140
.
Cuando ella murió el padre Félix les escribió a sus hermanos de
Roma, misioneros del Espíritu Santo:
Hoy murió nuestra Madre. Esta
mañana a las 12:23 minutos, después de 3 ó 4 días de mortal agonía,
murió muy santamente nuestra Madre. Hemos asistido llenos de
edificación a los últimos días de esta terrible agonía y nos despedimos
138
Sum Ord, p. 19.
139
Sum Ap, p. 263.
140
Sum Ap, p. 269.
67
anoche entre 9 y 10. Es día de duelo y de gloria. Tenemos ya una gran
protectora en el cielo
141
.
A la hora del entierro, del día 4, muchísima gente acompañando el
cortejo fúnebre, pasó por la Casa de las religiosas de la Cruz para que,
aunque fuera desde las ventanas, la vieran pasar. Iban unos 150 coches
particulares y dos camiones de la agencia funeraria. Al llegar a la capilla
del panteón español, se rezó un responso y los misioneros del Espíritu
Santo cargaron la caja hasta la cripta de las religiosas de la Cruz. Al llegar
a la cripta no podían poner la caja en la fosa que le habían designado, del
número 3 y tuvieron que ponerla en la número 1. Allí permaneció hasta
mayo de 1974. Hubo que cambiar sus restos por estar poco accesibles, a la
gente que quería visitarla y la trasladaron a la cripta del Altillo, donde
están los misioneros del Espíritu Santo, y allí está en la actualidad.
Cuando la enterraron en 1937 una de las cronistas de la Congregación
anotó que una mujer que, con gran escándalo, había renegado de la fe
católica y se había cambiado de religión, se conmovió a la vista del
cadáver, se convirtió, se confesó, comulgó y, a partir de entonces, tuvo una
vida muy cristiana.
Milagros después de su muerte
El señor R.V. había sufrido una embolia cerebral de la que fue
operado, pero quedó sin movimiento. Se le puso una reliquia de la sierva
de Dios debajo de su almohada y después se la pasó por el brazo y la
pierna paralizada. Al día siguiente sintió deseos de levantarse, lo intentó y
pudo hacerlo con ayuda de su padre. Mes y medio más tarde había
reanudado su vida normal
142
.
Graciela de Madero declaró:
Otro favor de este tipo es el de Ma.
Luisa Cano de Fernández Arche, hermana de mi sobrino político, Raúl
Cano, ayudó mucho a las Obras de la Cruz. Esta señora estaba casada y
estaba embarazada de tres o cuatro meses, y resulta que tenía un tumor en
el ovario y tenía muchas molestias, y la llevaron a ver a un doctor español
141
Sum Ap, p. 268.
142
Documenti p. 344.
68
que acababa de llegar y le diagnosticó que tenía aquel tumor en el ovario
y que era necesario operarla, a pesar del embarazo. Ya estaba fijada la
fecha de la operación, pero se enferma el doctor de gripe, la posponen: y
mientras, el padre Tomás se pone a decirle misas a nuestro Señor,
pidiendo por intercesión de Conchita la curación de la señora. Se alivia el
doctor Otero, va la señora a verlo para fijar el día de la operación y el
doctor, serio, la estaba auscultando, y el esposo de ella le decía: “¿Qué
pasa, doctor?”. Dice: “No hay nada, se siente como si hubieran
arrancado el tumor, no hay restos de nada”. La señora siguió
perfectamente bien, su embarazo siguió, era un par de gemelitos, nacieron
perfectos. Eso me consta
143
.
María Guadalupe Labarthe certifica:
Hace poco atendí a una familia
que venía de Saltillo: el señor estaba desahuciado con un cáncer maligno;
ya en Houston le habían dicho que no había más que hacer, andaba en
silla de ruedas; todos los fieles del santuario de Guadalupe de Saltillo,
que atienden los misioneros del Espíritu Santo, estuvieron pidiendo al
Señor su curación por intercesión de la sierva de Dios y él se reincorporó
totalmente a su vida normal y entonces, en la primera oportunidad que
tuvo, vino con toda su familia a darle gracias a la sierva de Dios.
También Bela Armida, hija de Nacho, de la que he sido compañera
desde que estábamos en el colegio, poco tiempo después de muerta la
sierva de Dios, se enfermó, cuando hubo una epidemia aquí en México de
parálisis infantil. Entonces la atendía el doctor Sotres, que era el médico
de la familia, y diagnosticó parálisis infantil y que no había qué hacer,
porque estaba avanzado. Entonces su mamá, la nuera de nuestra Madre,
que la quería tanto, Isabel Morán de Armida, con mucha fe cogió una
prenda de ropa de la sierva de Dios y se la puso a la niña e invocó a
muestro Señor para que por intercesión de la sierva de Dios le concediera
la salud a su hija, y, cuando llegó el doctor, la niña no tenía nada. Eso
también está en nuestro archivo. Yo se lo oí contar a Bela, a mi tío Nacho
y a la M. Ma. Teresa Morán, hermana de la esposa de Nacho. Eso no fue
en el sepulcro, fue en su casa
144
.
La hermana María de la Luz García declaró que,
estando en Orizaba
la señora Ligia García de Fougerat, esposa del presidente municipal, que
tendría 35 ó 40 años, recibió una estampita de la sierva de Dios con la
oración. Entonces ella tenía a una niña de dos años muriéndose,
desahuciada. La habían traído a México y nadie le atinaba lo que tenía:
143
Sum Ap, p. 302.
144
Sum Ap, p. 278.
69
una calentura muy alta y la niña ya estaba a punto de morir; entonces
dice que, al arreglar un ropero, se le cayó la estampita. No se acuerda ni
quién se la dio; entonces la vio y la leyó y dijo: “Esta señora que fue
madre de familia, que fue tan piadosa, debe saber mi pena”, y le pidió con
mucho fervor y le puso la estampita a la niña; eso fue en la noche, y se
acostó y dice que vio que la niña se pacificó y al día siguiente ella se
durmió un rato, y al despertar dijo: “Yo creo que ya esta criatura se
murió, porque ya no se queja, ya no respira, está rara”; la fue a despertar
y la niña estaba perfectamente, le puso el termómetro y ya no tenía nada
de calentura, después de haberla tenido altísima, y luego le pidió
alimento, y entonces la llevó al médico, porque había estado en el
hospital, pero no quiso dejarla. El doctor le dijo: “Su niña está
completamente sana, poco a poco se va a ir recuperando, quién sabe qué
habrá pasado”. Desde entonces esa señora tiene mucha fe y devoción a
nuestra Madre
145
.
Reflexiones
Desde muy niña y, especialmente desde los seis años, cuando vio al
Niño Jesús, tuvo siempre un deseo muy grande de amar a Jesús y le
hablaba constantemente. Era para ella como un amigo cercano. Su deseo
de orar y hablar con Jesús iba de la mano con su deseo de hacer penitencia
para agradarle y ofrecerle flores de amor. Ella misma dice:
Fui creciendo y
también por beneficio de Dios ese espíritu de penitencia en mí.
Cilicios,
disciplinas, espinas, vestidos de jerga y aun de ixtle; ayunos, dar a los
pobres el alimento, etc. Todo esto, y otras cosas más, formaban mi delicia
146
.
A los 18 años supo que para hacer penitencias debía pedir permiso a
su confesor. Así lo hizo, pero el confesor le prohibió usar cilicios. Sin
embargo, ella tenía un gran deseo de agradar a Jesús y ganarle almas. Jesús
le había dicho claramente:
Tu misión es salvar almas
147
.
145
Sum Ap, p. 366.
146
Vida I, 16-17.
147
Vida I, 159-160.
70
Conchita era muy amorosa. Sus nietos le llamaban Mane, Conce o
Conchita. A su nieta Teresita le decía:
La última mirada del día debe ser
para Jesús crucificado.
Ella tenía un Cristo de tamaño natural en la
cabecera. En 1914 el Papa Pío X le había concedido la gracia de poder
tener en el oratorio de su casa al Santísimo Sacramento y allí se pasaba
horas ante Jesús Eucaristía. Allí oía misa todos los días a las 7 a.m. y los
domingos a las 8 a.m.
Ella se sentía madre de todos los hombres y, en particular, de los
sacerdotes. Un día le decía al Señor:
Señor, quiero ser madre de millones
de almas que te den gloria, madre de sacerdotes santos... Quiero llevar en
el corazón al Santo Padre con todo el peso de la Iglesia amada, a los
cardenales, arzobispos, obispos, párrocos, sacerdotes y aun seminaristas
con sus vacilantes y combatidas vocaciones... Seré feliz en poderte servir
en lo que más amas: tus sacerdotes
148
.
Al Espíritu Santo lo quería mucho y lo llamaba
palomita amadísima.
Desde que recibió la gracia de la Encarnación mística en 1906, su
devoción a las tres divinas personas se hizo más intensa. Su principal amor
era Jesús crucificado y Jesús Eucaristía. Muchas veces miraba su crucifijo
y conversaba con él con toda confianza.
El año 1891
compró un crucifijo grande, pero sin cruz, para ser ella
la cruz de Jesús. Ese año 1891 vio a Jesús que se le acercaba y le ponía la
mano en el corazón y le decía:
Llámame esposo
. Y ella un día, al poco
tiempo, en la oración de la noche, se ofreció a Jesús por esposa. Fue un día
inolvidable. Ella escribió:
¡Esposa de Jesús! ¿Puede haber mayor dicha?
¡Cuánta ternura Dios mío! Sólo el amor puede hacer tamaños prodigios...
Hoy en mi comunión en medio de los ángeles y santos, testigo la santísima
Virgen, renové mi ofrecimiento con todas las fuerzas de mi alma... Ya sé lo
que significa ser tu esposa: tener una misma voluntad, ayudarte con la
cruz. Pues yo la acepto
149
.
En otra ocasión tocaban el piano y, al oírlo, le dice a Jesús:
“Oye, mi
Jesús, qué bonita música, recíbela”. Jesús le respondió: “A mí no hay
música que me deleite tanto como estas palabras de un alma pura y
crucificada: “Te amo”. Me agrada esto más que la música de los ángeles,
para oírla vine al mundo, para escucharla derramé mi sangre en la cruz.
Dímelas tú siempre, a cada instante si puedes, y que se me repita en los
Oasis
150
.
148
Sum Ap, pp. 35-38.
149
Autobiografía IV.
150
CC 6, 67-68.
71
Y ella decía como resumiendo su vida entera:
Tres clases de vida he
llevado con criados, costuras y familias y sociedad: de luchas y penas,
desolaciones y desamparos, favores y gracias; de Oasis y Apostolado, y
vocaciones y sacerdotes y obispos y arzobispos, y de correspondencia
epistolar y guerras y partidos; de crueles ingratitudes, de vergüenzas y de
triunfos, de martirios ignorados y de lágrimas sin fin. No lo sé; o sí lo sé:
Jesús y María son los que me han ayudado a llevarlas con todo el peso de
sus innumerables cruces.: la de familia con todos sus trabajos y
consecuencias, que no han sido pocas entre ser madre y esposa; la del
espíritu, particular, que ha sido muy laboriosa y llena de favores y
martirios y la de las Obras que, desde que el Señor me las inició, cargo su
peso, aumentando a medida de su desarrollo.
Jesús y María han sido mis cirineos; y en las terribles luchas, y en
las multiplicadas borrascas, y en los mares de amargura, y en las mil
negras noches de mi espíritu, ellos han sido mi faro... ellos el piloto que
me ha sacado a flote, sin dejar que me ahogue, ni entre las olas de la
persecución, ni entre los torrentes de miserias y del dolor que he bebido a
grandes tragos. ¡Oh, qué bondades del Señor! Él ha llevado a cabo sus
designios, contra todo viento y marea y yo sólo puedo ver y adorar esa
providencia, ese poder, ese amor sobrenatural y divino
151
.
Conclusión
Después de haber leído detenidamente la vida de la sierva de Dios
Concepción Cabrera de Armida, podemos elevar los ojos al cielo y decir:
Gracias. Señor, por haber establecido en el mundo tantas Obras por su
medio y habernos hecho entender el valor redentor de la cruz.
Conchita
nos enseña con su vida de esposa y de madre que no es necesario entrar a
un convento para ser santos. Que también nos podemos santificar en medio
del mundo y que Dios a todos sin excepción les da su gracia para ser
santos.
Estas son las maravillas de Dios, que una mujer casada y madre,
cumpliendo sus obligaciones familiares normales, pueda elevarse a las más
151
Vida II, 309-312.
72
grandes alturas de la santidad. Dios es maravilloso en sus santos. Y cada
uno de ellos tiene su característica particular. El tono peculiar de
Concepción fue su amor a Cristo crucificado y al Espíritu Santo.
Las Obras de la Cruz que ella inspiró o fundó siguen haciéndola
presente en el mundo por medio de sus seguidores, a quienes transmitió el
carisma de la Cruz.
Por todo ello podemos alabar a Dios y decirle con sinceridad:
Gracias, Señor, por la vida de Concepción Cabrera de Armida, una santa
para nuestros días, que dejó en el mundo varias Obras, no solo para
religiosos y religiosas o sacerdotes, sino para todos.
Los laicos también
pueden vivir su carisma.
Que Dios los bendiga por medio de María. Y no se olviden que un
ángel bueno siempre los acompaña.
Tu hermano y amigo del Perú.
P. Ángel Peña O.A.R.
Agustino recoleto
* * * * * * * *
Pueden leer todos los libros del autor en
www.libroscatolicos.org
73
Bibliografía
Beatificationis et canonizationis servae Dei Mariae Conceptione Cabrera,
vid. Armida, Positio super virtutibus
, vol I, Roma.
Cabrera de Armida Concepción,
A mis sacerdotes
, México, cuarta edición,
1979.
Cabrera de Armida Concepción,
Cuenta de conciencia
en 65 volúmenes.
Esquerda Bifet Juan,
El sacerdocio de Cristo y el sacerdocio ministerial
en la vivencia y mensaje de Concepción Cabrera de Armida
, Ed. Cimiento,
México D.F., 1991.
M. Philipon,
Diario espiritual de una madre de familia, Concepción
Cabrera de Armida
, Bilbao, Desclée, 1987.
Padilla J.M.,
Concepción Cabrera de Armida
, dos tomos, México, 1982.
Pueden leerse todas las obras de Concepción Cabrera de Armida para
conocer y vivir mejor su carisma

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